3 comentarios

  1. Creo que Nisman fue la encarnadura casi perfecta de un personaje como Isidoro Cañones. Claro, pero el fiscal no era un personaje de historieta, era un funcionario público en cuyas manos estaba una de las causas más traumáticas de nuestra historia, un atentado en donde perdieron la vida 85 personas.

    El caso es doblemente interesante: Por un lado, se sabe que hay sectores de la sociedad que ven con simpatía (y hasta con envidia) el comportamiento de esos individuos:;» !qué bien que la hizo!» «vivía como un rey «Un dandy, viejo» «Joda, viajes, minas, mucha guita a su disposición» (claro, plata que le pagábamos todos nosotros con nuestros impuestos) «¿Sabés las influencias que tendría»? «Se le abrían todas las puertas, el tipo era un duque»

    Pero para Nisman, estas últimas conjeturas, típicas del imaginario colectivo o de una clase media cuyas certezas son las sospechas ( muchas veces corroboradas por la realidad) todo resultó ser lo contrario.
    Eran muchísimas más las influencias a las que estaba sometido (Stiusso, la CIA, el Mossad, los sectores más conservadores de la AMIA, Alonso, Bullrich et altri) que lo que él podía llegar a influenciar.

    No supo, no pudo darse cuenta de que cuando abría una puerta, a sus espaldas esa misma puerta se le cerraba. Y cuando abrió la última se encontró en un lugar sin salida. Encerrado en su propio laberinto de soberbia, narcicismo falta de escrúpulos, deslealtad (hacia Canicoba Corral, hacia el propio gobierno), El rey terminó siendo un simple peón en un ajedrez fatal en donde los que movían las piezas eran otros.

    Y por otro lado, si el proceder de Nisman fue tan impúdico, tan deshonesto, cuasi delictivo, corrupto al fin y al cabo, no es de extrañar que los grandes medios opositores no hicieran de él un ejemplo escandaloso de la corrupción generalizada de este gobierno, tal suelen proclamar sus plumas más conspicuas.

    Claro, si lo más rancio del sistema judicial acusa el gobierno, bienvenido sea para esos actores mediáticos golpistas. Se constituye (mejor, lo constituyen) en un héroe al que en su memoria convocan a una marcha en donde todos «son Nisman»

    Y él fue un espejo de muchos.

    Por eso cada vez son menos los que van a esa convocatoria

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