CONFIESO QUE HE LEÍDO / 2. Otra vez el Caso Milani, esta vez por Brienza y Verbitsky

Ojo, hubo novedades al cierre. No dejen de leer la tercera nota de este post.
 
 

¿Un ejército como el yanqui?

Leía entusiasmado a Hernán Brienza: “… alguien que realmente comprenda lo que se está jugando debería tener como principal objetivo no exponer a la conducción a situaciones críticas que la dejen en situación de peligro. En ajedrez nunca se deja al rey delante de las filas enemigas. Lo que ocurrió el lunes pasado por la mañana en la Comisión de Acuerdo con el nombramiento de César Milani como jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército fue exactamente eso: retener la pelota más de lo debido para que la presidenta de la Nación quede fuera de juego. Cuando la pelota llegó a sus pies, ya en off side, no tuvo más remedio que patear la pelota para adelante. ¿Qué interna política justificaba esta desacertada maniobra por parte del Centro de Estudios Legales y Sociales, de aconsejar el retiro de ascenso el lunes a la mañana? El mensaje también está en la forma del mensaje. ¿Qué cruce de “bandas de inteligencias” era tan importante como para permitir ese traspié? ¿Cometió delito de lesa humanidad Milani en los años setenta? ¿Está probado? ¿O, como dijo la presidenta el martes a la noche, no hay un solo dato nuevo? Y si no hay informaciones nuevas ¿por qué hacer la jugada el lunes por la mañana? ¿Cuántos “Milani” hay en las Fuerzas Armadas capaces de articular un discurso y una pragmática acorde al proyecto nacional y popular que encabeza Cristina Fernández de Kirchner? Si hay diez, el kirchnerismo no pierde mucho con su remoción; pero ¿si hay menos?”.

Leía Brienza con atención no exenta de aprobación: “lo que la presidenta sugiere es que hay que comenzar a abandonar la mirada hacia el pasado y recomponer la relación con las FFAA cuya mayoría de cuadros –más allá de su corpus ideológico liberal conservador– no tuvo relación directa con la dictadura militar.”

Pero no esperaba este final. Con punto seguido después de “dictadura militar”:

“¿Es posible que, como en Estados Unidos por ejemplo, las Fuerzas Armadas estén en un futuro cercano para proteger los intereses de las mayorías, para defender el trabajo de los argentinos y no la acumulación de capitales de las minorías?”.

Qué fuerte. “Ay, patria mía, quiero un ejército como el de la CIA”.

La marcha de los Marines es muy popular en Argentina, ya que la gente cree que es la cortina de Radio Colonia y Crónica TV. La infantería de Marina de la Armada se hizo a imagen y semejanza del cuerpo de Marines, copiando sus uniformes y armamento. Y su primer acto de guerra fue sublevarse el 16 de junio de 1955. Desde entonces, sus jefes se jactaron de haber inspirado a Aldo Cammarota, que inventó el vocablo “gorilas” después de ver el film Mogambo. Mi tío Fernando, uno de los cabecillas de aquella sublevación, amaba a los Marines y a John F. Kennedy y tenía un enorme poster de un gorila en su casa.

Un ejército como el (que teledirige) la CIA, que tiene un cuerpo de intervención en el extranjero como el de los Marines (ya como cuarta fuerza, independizado de la US Navy) es, necesariamente, un ejército gorila.

Nota de Brienza completa aquí.

Si te pisé al recular, fue sin querer

Ante tantas críticas como recibió, Horacio Verbitsky, salió a proclamar que no busca “lesionar al único gobierno comprometido con esta problemática (la de los derechos humanos) sino perfeccionar la mecánica de sus mecanismos decisorios”. Destacó que en el último mes Página/12 publicó 25 notas sobre temas de derechos humanos y Clarín sólo dos, y que 25 a 2 parece el resultado de un partido de rugby, burlándose del súbito entusiasmo de “la corpo” por temas que siempre le fueron ajenos excepto en épocas de la dictadura militar, cuando se plegaron decididamente al exterminio. Le echó un cable a Joaquín Morales Solá escribiendo que “en los peores años fue solidario” tal vez en referencia a su intervención para rescatar de un ccd ubicado en Campo de Mayo y una muerte segura al periodista Héctor Chimirri, quien desde entonces y hasta su fallecimiento vivió en Barcelona. Asegura que no es verdad “como aún repiten Clarín y La Nación, que el CELS apoyaba a Milani y cambió de posición”, escudándose detrás de la institución ya que era él, personalmente, y no el CELS, quien apoyaba a Milani. El meollo de su nota -que invito a leer completa- es a mi juicio su muy tardía postulación (pero nunca mejor dicho: más vale tarde que nunca) de que “es necesario discutir sobre los estándares que se aplican para establecer quiénes no pueden ocupar los más altos cargos estatales a treinta año de concluida la dictadura, ahora que se realizan juicios por crímenes de lesa humanidad en todo el país” y, luego de describir su diferente visión del tema de la del Gobierno, tal como la expresó la Presidencia (que en un estado de derecho no debe cederse ante los linchamientos mediáticos, sino guiarse por los procesamientos judiciales) sitúa el eje al que deberían circunscribirse quienes quieren investigar realmente cómo desapareció el soldado Alberto Agapito Ledo: que “lleva cinco años sin responder al pedido de indagatoria de quienes todos sindican como el autor (…) el capitán Esteban Sanguinetti”.  Con lo que llegamos a un punto de acuerdo, en este caso criminal como en otros (pienso en los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA) es inútil  ponerse a buscar complicidades e instigadores si primero no se establece la materialidad de los hechos y quienes fueron sus ejecutores. La oposición (y por qué no decirlo, todos los demócratas que sospechan que Milani intervino en aquella desaparición) tienen de aqui a diciembre que ahondar para impugnar al general Milani. Por lo pronto se abre una situación inédita: Si llamado a declarar como imputado en tiempo récord, el ahora teniente coronel retirado Sanguinetti dijera que Milani fue el que le informó que Ledo era “zurdito” y que obviamente sabía de su verdadero destino ¿bastaría con esta declaración posiblemente vengativa –los procesistas del Ejército odian al “traidor” Milan-i- para que el Gobierno se viera obligado a pasarlo a retiro?

Tampoco la pavada

Este es el punto, me parece. Pero no darle bola a las tonterías que dijo Gerardo Morales (siempre cómplice de Carlos Blaquier) acerca de que el desempeño de Milani en la detención del padre del denunciante Olivera y en el traslado de éste de una cárcel a un juzgado configuran crímenes de lesa humanidad. En algunas de las muchas veces que en los años ’70 (antes del golpe de marzo de 1976) me detuvieron a punta de pistola -o metralleta- me insultaron y golpearon con la culata o caño de las armas y ninguna de esas cosas (aunque hubieran ocurrido luego del golpe) son crímenes de lesa humanidad imprescriptibles.

Nota de Verbitsky completa aquí. 

ÚLTIMO MOMENTO

Un peronista antikirchnerista tucumano acaba de presentar una denuncia contra Milani por la desaparición y asesinato de Ledo, otros conscriptos y un subteniente médico. El último párrafo es muy sugestivo. Saquen sus propias conclusiones cliqueando aquí.

 

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