CRISTINA SIGUE VIVA. Textos escogidos de Christian Cirilli, Nahuel Coca, Juan José Becerra y Marcelo Figueras acerca de la gravedad de la hora

Para leer con placer en momentos tan aciagos y/o límites. El primer texto (en realidad, dos publicados en FB) de Christian Cirilli (de quien no tengo el gusto) me lo mando alguien, lo leí, me gustó y lo publico porque creo que, como los demás, motiva a mover el caletre (el título es mío); el segundo es de Nahuel Coca, un gran amigo que fue algo así como el partero de este sitio; el tercero es de mi tocayo Becerra y fue publicado en Diario.ar y el último es de Marcelo Figueras y salió en El cohete a la luna. ¡Tela marinera!
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Como aperitivo, un fragmento de la intervención de Victoria Montenegro en la Legislatura porteña y, arriba, una premonición: No fue solo Ubeira el que tuvo negros presagios.

El límite de la tolerancia

C.C.

Apenas ayer me preguntaba si se estaba inaugurando una nueva etapa de violencia política argentina, atento al grado de declaraciones absolutamente irrefrenables, lanzadas cual vómitos compulsivos, cargadas de un odio que sobrepasa la rivalidad política.

Estuve a punto de mandarme y escribir sobre la hipótesis de un magnicidio contra Cristina Kirchner, dado el grado de apoyo popular que venía acumulando y su (posible) proyección política para 2023.

Algún desequilibrado mental, sin tapujos ni consciencia, podría creerse un héroe al perpetrar un atentado, máxime, con un coro de aprobaciones mediática que – al menos previamente – dan a entender como viable y hasta deseable un delirio de tal dimensión.

No obstante, luego me replegué porque no quería quedar como un pájaro de mal agüero ni mucho menos tirar ideas maliciosas.

Y hoy me encuentro con esta horripilante imagen, gravísima, impensable en una democracia.

Sinceramente me pone los pelos de punta, me aterroriza y me hace preguntar:

1) En el rol cargatintas y manipulador de los medios de comunicación, que parecen esperar como buitres este tipo de divisorias traumáticas de aguas.

2) En el contexto internacional signado por la violencia como ‘solución’ de las diferencias.

3) En la pasividad exasperante del poder ejecutivo, relegado a un diagnosticador de los acontecimientos.

4) En la cooptación vergonzosa de un poder judicial que no brinda justicia y está al servicio del establishment.

5) En una sociedad, alguna vez culta y con potencialidad como para ser faro civilizador del mundo, corroída por los odios fratricidas y la dialéctica de la confrontación.

Argentina se está espesando de una manera que recuerda nuestras peores pesadillas de desintegración.Quizás suene absurdo exigir cordura en un clima de tanta locura, pero algo huele mal …. y no es en Dinamarca.

Algunas reflexiones un poco arremolinadas:

1/ Que uno se refiera al hecho estremecedor que inaugura o podría inaugurar (solo Dios sabe…) un periplo de violencia política en Argentina no implica que tenga intención de ocultar o disipar el difícil momento económico, ni la heterogénea y a veces desconcertante dirección política del oficialismo, ni siquiera las medidas de ajuste tomadas recientemente de acuerdo al cronograma pactado con el FMI.

2/ Que uno se refiera en el escrito a dos posibles motivaciones por parte del ejecutor del atentado, no significa que haya otros sucesos paralelos a dilucidar, como la posibilidad de una zona liberada por parte de la Policía Federal –que no esposó al detenido, algo que deberá dar cuenta el Ministro de Seguridad Aníbal Fernández– y la increíble desatención de la guardia personal de CFK, que ni siquiera fue participe de la detención, lo cual también podría hablar, aunque dudo mucho, de su ineficiencia y/o amateurismo.

3/ Que cuando me referí a que olfateaba clima de violencia política en ciernes, siendo apenas un ciudadano con cierta captación de los datos del entorno (una mujer que saca un cuchillo, un repartidor con llave inglesa en mano, enajenado, diciendo «odio a Cristina», y la usina de periodistas de la corporación mediática incitando con desprecio homicida 24 horas diarias imponiendo soluciones terminales como una «guerra civil»), no estaba haciendo uso de la precognición, sino simplemente interpretando la realidad.

Lo que no se entiende es cómo la AFI [Agencia Federal de Inteligencia] – especializándose en asuntos de seguridad interna y teniendo todos los medios ideales a su disposición – no llegó a la misma conclusión.

4/ Que uno en lo personal sostenga que CFK sigue teniendo una centralidad única en la vida política argentina, que acarrea un núcleo duro de personas incluso por fuera de las estructuras políticas que la contienen (no lo necesita, posee magnetismo propio), que siga creyendo que tiene (con sus bemoles) visiones estadistas como ninguna otra personalidad contemporánea, , como quieren hacer creer algunos desatinados, que no pueda reconocer sus errores políticos, su pertenencia a este espacio que no logra satisfacer a gran parte de la población, su metamorfosis desde el kirchnerismo independentista y de corte peronista a este kirchnerismo híbrido trostskista-globalprogresista y muchos etcéteras. A contrario sensu, tampoco se pueden ignorar sus choques dentro del espacio que conforma, como su desacuerdo con la reestructuración de la colosal deuda con el FMI – esa que contrajo Mauricio Macri a cambio de nada – y que hoy nos compelen a medidas de reducción compulsiva del déficit fiscal.

Cristina, como los grandes líderes, es una personalidad compleja, con sus contradicciones y reveses contextuales. Sin embargo, por lo que fue y aún puede ser, no llama la atención que, con su figura algo desgastada en el presente, alimentada por el fulgor de los años 2003-2015 de esplendor y desarrollo, y aún con todos sus deslices modernos, genere tanto afán de «ciertos sectores ultraconservadores archiconocidos en la Historia Argentina» por destruirla, subyugarla, denigrarla y hasta eliminarla físicamente.

5/ Un dato no menor: el contexto internacional donde nos situamos actualmente. Estamos ante una impresionante puja de poder entre dos bloques, uno que podríamos definir (aún) como hegemónico y otro, como contra-hegemónico. El hegemónico responde al Occidente Colectivo, exteriorizado en el G7. El contrahegemónico responde a los países en rebelión a ese orden establecido, fundamentalmente, la alianza de hecho (aunque cada vez más de derecho) sinorrusa y su representación económica (aunque cada vez más política) BRICS. Por si no se dieron cuenta, Argentina, un país riquísimo en recursos naturales y que hasta podría ser un reducto vivible en caso de apocalipsis nuclear, es un territorio en fuerte pugna, por lo tanto, un campo de batalla, que aún está en fase larvada.

Publicidad del pequeño grupo libertario-fascista Nueva Soberanía. En el codo, el modelo, tiene el tatuaje del sol negro de las SS nazis como el frustrado asesino.

En el mismo momento en que Argentina pidió sumarse al BRICS – muy probablemente por impulso de CFK, dado que era un viejo objetivo de su gestión, y atento al carácter de primero y segundo socios comerciales de Brasil y China – también fue ‘invitada’ a la reunión del G7 para «venderles lo que ‘el mundo’ (ellos) necesita». La actividad de la embajada estadounidense en los últimos meses ni siquiera es disimulada. En el ℎ , reunión inaugurada en 1965 por David Rockefeller donde usualmente se alinea a los países iberoamericanos en pos de los intereses empresariales norteamericanos, Mark Stanley pidió a 4 referentes políticos argentinos asistentes, Rodríguez Larreta, Massa, De Pedro y Morales, que no esperen el 2023 y que hagan una coalición ¡ahora! Por supuesto, una coalición «conveniente». Exceptuó –o quizás utilizó a De Pedro como mensajero– a CFK, quién nunca jamás fue a esos espacios.

Apenas un día después, «Ted» Cruz, senador por Texas, el segundo mayor estado de la Unión en PIB, solicitó al Departamento de Estado que sancione fuertemente a CFK por « ́ ». Nadie sabe bien a qué se refería este funcionario, pero recuerdo perfectamente las Asociaciones Estratégicas Integrales firmadas por CFK con China (2014) y Rusia (2015), como así también, sus alocuciones en la ONU a favor de la multilateralidad.

Todo esto que describo, ocurrió prácticamente en paralelo con la inédita aceleración del juicio por vialidad y el pedido del fiscal Luciani –componente activo de la aristocrática judicial ligada a un «gran capitán» de la Patria Contratista con el que jugaba al fútbol– de 12 años de prisión y proscripción de por vida para ocupar cargos públicos.

Luego de eso, sobrevino la defensa política de CFK, apoyándose en su luminiscencia carismática, su lógica dialéctica para rebatir la encerrona argumental y sus irreprochables logros del pasado para justificar la persecución. Resultado: reacción popular del peronismo. Un peronismo que añora un líder y un resurgir, ante tanta tibieza y derrotismo.

El peronismo, que es revolución y no progresismo, prefiere una Cristina que se apoye mucho más en su carácter confrontativo que en su apacible capacidad negociadora. Por eso amaga en resucitar. Y luego, este episodio inédito, pero no tan inesperado. A ver: no digo que se trate de una confabulación internacional o estadounidense para asesinar a CFK, pero sí digo que hay intereses muy importantes en juego, a nivel global, y que de las visiones políticas que surjan o se impongan de manera contundente dependerá qué rol tendrá Argentina en el concierto de naciones.

El sol negro, sucedáneo de la svástica.

6/ Ultimo punto: ¿se puede diferenciar una acalorada discusión política o una postura ética de un discurso de odio? Debería, pero a veces no se torna tan sencillo. La descalificación del oponente o rival político ante visiones diferentes hace que los apasionamientos se disparen y se vuelvan en confrontaciones meridianas. Esta es una discusión filosófica que alguna vez emprendió el mismo Karl Popper. ¿Se tienen que «respetar» todas las ideas aún cuando esas ideas conlleven sueños de exterminación de la «otredad» como solución de las desavenencias? ¿Se puede hacer gala de la libertad y el respeto tolerando a quien es marcadamente intolerante? Según Popper la paradoja radica en que la tolerancia ilimitada LLEVA A LA DESAPARICIÓN DE LA TOLERANCIA. Y esto es básicamente lo que ocurre: si legitimamos – en honor de la libertad y «respeto mutuo», discursos de odio, entonces el odio se impondrá y acabará con toda libertad y respeto mutuo, deglutiéndose toda diversidad de pensamiento. Entonces, ¿se puede asegurar en democracia que cualquiera diga la barrabasada más ofensiva sin ningún tipo de consecuencia, menosprecio o rechazo?

Yo creo que no. Que debe haber mínimos estándares de convivencia, empezando por no mentir ni difamar. Si la idea de vencer a un rival político no es la «arena democrática» y el «marco de las ideas» y lo es el simple deseo de exterminación, porque rige un odio visceral que despersonaliza y hasta impide todo tipo de diálogo, estamos en serios problemas. Si eso se nutre de argucias, falsedades, ficciones, descalificaciones y cualquier medio «sucio» para destruir, ocultando además miserias propias, no hay posibilidad de construcciones. Y no soy inocente: sé que esto es «parte del asunto». El tema es cuando no hay límite, cuando el «fin es el medio» y no hay nada más allá. Algo ha de hacerse al respecto o resignarnos a una etapa «orwelliana». Casos así en nuestra historia hemos tenido a montones, donde fue imposible toda convivencia, y fue zanjado por la prohibición y la exterminación (material y literal). Así no pueden funcionar las sociedades, donde el principal objetivo político es la destrucción del otro. ¿Qué nos queda? Tiene que haber discusión política, negociaciones, acuerdos y desacuerdos. Por supuesto que siempre se impone una visión, mayormente. Pero eso no debería implicar un cercenamiento de visiones instituyentes que –de tomar fuerza por vuelo propio, y no mediante guillotinas– podrían imponerse en otro momento histórico. No tengo muy en claro como eliminar ese espiral de odio y deseo de exterminación (que sinceramente, lo noto más en unos que en otros). Pero sí creo que las grandes mayorías no tienen ganas de entrar en esa refriega, que están hartas, y allí veo un buen síntoma.

Solo un chofer de Uber

 

POR NAHUEL COCA.

“Quisieron matar a Cristina”, dice un colega en la radio, casi con rabia, casi seguro, dándolo casi por hecho. Digo casi porque yo sé que él tampoco sabe, a esta altura de la investigación, casi nada. Sabag Montiel, el tirador fallido de la calle Juncal, pudo haber sido el autor material de una trama mayor, que involucre como intelectual a algún oscuro puntero de la nueva política, o a un articulador de esos que hacen la tarea sucia. Alguien pudo convencer a Sabag Montiel de hacer lo que hizo, prometiéndole impunidad o una salida del país, algún sentido de trascendencia. Esos personajes, más allá de este caso, existen.

Como el que hace pocos meses coordinó los afiches que acusaban a CFK de asesina y que la Justicia nunca identificó. Se sabe que la línea telefónica desde la cual se hizo el pedido a la imprenta era de una señora que odiaba a CFK en redes, de nombre Lidia Melhem, registrado en Avenida Alvear al 1600, aunque todo parecería indicar que no fue ella. En cinco meses la causa no sólo no tuvo ningún avance importante, sino que apenas se presentó como querellante CFK el juez Manuel de Campos la remitió a Comodoro Py y se declaró incompetente.

Gente capaz de una campaña de afiches difamatorios no faltan, de ningún lado de la grieta. Aunque la impunidad con la que operaron durante años los trollcenters antiperonistas no tiene comparación con sus adversarios. Tan evidentes son, tan berretas, que entraron al panteón de los memes argentinos. “¡Satisface a Mauricio, no te detengas!” decía Lavonne Smythorsmith, una mulata imaginaria que no era otra cosa que un robot mal programado para traducir del inglés al castellano “caricias significativas” provenientes de Hurlingham, antes de dejar en claro que hay fuerzas del antiperonismo que echan mano a los juguetes más oscuros para construir una opinión pública propia y segmentada, que se alimenta del odio de clase y caga consignas violentas. A veces sale mal, pero casi siempre esos juguetes son brutales y funcionan. Como un garrote vil.

Sabiendo esto y ante la inoperancia de la Justicia, es inevitable imaginar cosas. La conspiranoia no cuesta nada. Ideas como que detrás de eso –y de Sabag Montiel, por qué no– había un monje negro. Digamos –por ejemplo– Marcos Peña. Los nexos entre los trolls macristas y el ex pibe de oro del ex presidente son conocidos, y sin embargo nunca más supimos de medidas judiciales concretas para dar con los trolls. Las causas contra ellos habitan el mismo limbo que la de los aportantes truchos.

Una Justicia que busca y no encuentra, sería mucho más tranquilizadora que lo que tenemos. El Poder del Estado que debe dar verdad a sus ciudadanos no encuentra porque no busca, y no da tampoco razones confesables de los motivos que lo llevan a fallar una y otra vez en un momento tan apremiante para la democracia y las instituciones. No se trata de jugar para tal o cual partido: en la era de la post verdad, si el poder del Estado que debe buscarla falla estamos a un paso de que un huracán de sinsentidos arrase con todo, incluso con ellos.

Hace poco tiempo un pequeño ejemplo de esto nos llenó a todos de vergüenza. Según The New York Times, el Mossad reveló cómo se había llevado a cabo el atentado a la AMIA y cómo eliminó a sus responsables, después de casi 30 años de señalar en otra dirección. ¿Y la verdad? ¿No era claro para la Justicia argentina que había una conexión local? ¿Que Ribelli, que Telleldín, que Beraja, etc.? ¿Por qué condenar por encubrimiento de una serie de hechos concatenados a tantas personas, si no había ningún local involucrado? Más allá de lo que sabemos gracias a investigadores independientes, la Justicia hizo todo lo posible por ocultar la verdad y hoy es imposible encontrarla. A 28 años, el precio de conocerla es mayor para la mayoría de los implicados que el de seguir así, sin reparación. Cuando la Justicia responde a intereses geopolíticos sin un mínimo sentido de nacionalismo, pasan estas cosas y a la vez no pasa nada.

¿Lo habrá pensado el fallecido fiscal Alberto Nisman antes de suicidarse? ¿Alguna culpa por haber hecho tan poco? (N. del E.; No acuerdo con Nahuel, Nisman hizo todo, todo lo que le pidieron Israel y Estados Unidos) Es un ejercicio de la imaginación lúgubre y un recurso narrativo del que se abusa incluso aquí, ya que es imposible saber qué piensa otro antes de morir a menos que lo diga o escriba (N. del E.; hay un hay indicio bastante claro en los sitios de internet que Nisman visitó inmediatamente antes de suicidarse). Nisman estuvo más de una década investigando para no encontrar algo, y el supuesto aporte que hizo a la causa sumó cero. Nisman no nos acercó a la verdad ni a la Justicia, sino todo lo contrario, y en eso fue consecuente hasta el final, y después.

El problema con la verdad es que a veces no nos gusta. O no nos sirve. O nos pide posicionamientos, palabras, actos, muy precisos. No admite revoleos. A veces hay más verdad en un “no sé” que en una afirmación categórica. El problema es que casi siempre buscamos caminos que nos quedan de paso por otras certezas que creemos tener y eso en los hechos nos aleja. Es lo que algunos llaman sesgo de confirmación.

Naturalizando, entonces, esos desvíos propios es que convalidamos, también, el desvío de los otros de ese camino hacia la verdad. Y así desaparecen los hechos y ya no importa que el departamento haya estado cerrado, y en el baño el cuerpo tapando la puerta, y varios testigos de que el hombre pedía a gritos un arma cualquiera para, supuestamente, tirar un tiro al aire si lo venían a escrachar. ¿Podemos entonces señalar a los que dicen que a Nisman lo mataron, al mismo tiempo que decimos que a Cristina la quisieron matar, así en plural? Ellos dicen que a Nisman lo mataron, en un vosotros tácito, que vendríamos a ser nosotros, que al mismo tiempo estamos seguros de que a Nisman lo mató Nisman. Nisman is the Nisman killer.

Por eso ahora, frente a un hecho criminal concreto, y con una mano en la tumba de Hammet y otra en la de Chandler, buscando la verdad efectiva, habiendo arma, tirador, imágenes, testigos… ¿Cómo decir que a CFK la quisisteis matar vosotros? ¿Sobre qué porción de certeza nos paramos para acusar, en nombre del odio que tanto comunicaron, a nuestros adversarios de haber intentado matar a CFK? ¿Con qué pruebas acusamos a otros argentinos de un intento de magnicidio? Nos estamos parando en la parte honda de la pileta sin que nadie nos empuje y no alcanza con saber nadar a perrito de la lógica mediática. ¿Cuánto nos falta para que alguno diga “no hagamos olas, compañeros”?

Apenitas nos da la tela para cortar un harapo si lo que queremos es probar algo que no sabemos a ciencia cierta, por no decir que estamos casi en bolas para decir esto que estamos diciendo. ¿Quién nos manda a ir por ahí? Ni que tuviéramos el telar por el mango, como lo tuvieron durante un tiempo los que decían que a Nisman lo habíamos matado nosotros, antes de que Pablo Duggan y Juan José Salinas, entre otros colegas valientes, señalaran que todos estaban desnudos y que a las claras se trató de un suicidio, como reconoció tácitamente la querella al bajarse del juicio.

Lo que pasó el jueves apenas nos habilita a señalar una relación patológica de una parte del público receptor de discursos políticos con la persona de CFK. Hablando de fantasías podríamos decir sin faltar a la verdad, sin exagerar, que muchos se quedaron con ganas de ver salir la bala. Conozco a un par, incluso amigos, y sé que es eso, fantasías. No hablamos del campo fáctico ahí, sino del plano psíquico de las personas, de sus aparatos de representación simbólica. Fantasías, puro morbo, que a veces salen de la boca en un asado, rematadas con un “¿Te imaginás, qué hubiera pasado?”. La idea macabra de una Argentina sin Cristina es un abismo al que todos, con pánico o fascinación, nos acercamos a mirar en estos días.

¿Y los hechos?

Hasta ahora, 5 de septiembre, los elementos que tenemos no alcanzan para decir que hubo miembros de fuerzas políticas detrás de Sabag Montiel. Menos que menos, del Imperio del Norte, the Powers that be. Y nada nos habilita a decir que quisisteis matar a CFK vosotros, ese ustedes tan a mano, “gorilas”. Al menos no de la mano de este remisero conurbano, decadente, incongruente, retratado por todos los que lo conocieron como un boludo gigante.

Hasta ahora solamente sabemos dos cosas con total seguridad. Que la Justicia sigue sin poder investigar más allá de la agenda mediática de turno, que sigue fallándole a los argentinos en su intento de alcanzar una verdad, alguna verdad de una buena vez en casi 40 años de democracia. Lo digo por lo que pasó con las pruebas, que no fueron preservadas, para sorpresa de nadie. La Justicia siempre nos caga.

Y que no alcanzan los Robertos De Niro del mundo para personificar la pobreza espiritual y la debilidad mental de este imbécil desabrido, de este nazi a medias con apellido semita que quiso disparar contra Cristina, teniéndola a centímetros, y que ni eso pudo. Hasta que se demuestre lo contrario, los amantes del cine se indignan –y con muchísima razón–- ante la comparación final con nuestro triste y solitario Taxi Driver.

Bersas versus Mersas

 

La sordidez de Sabag Montiel hace match natural con la chispa gorila, dice Juan José Becerra en un recorrido por el mundo y submundo antiperonista que quedó expuesto después del intento de asesinato contra Cristina Fernández de Kirchner.

 

En el cuento “El ruletista”, de Mircea Cartarescu, un hombre se convierte en un adicto al riesgo jugando a la ruleta rusa. Primero juega con una bala, y luego con dos, tres, cuatro y cinco. Las probabilidades de que muera van creciendo, pero más crece su buena suerte y la idolatría que lo persigue por los sótanos de Bucarest en los que se arma y desarma su teatro de promesas fúnebres incumplidas. Hasta que decide tomar el riesgo total y carga seis balas en el tambor del revolver.

La expectativa del ambiente se corta con dinamita. Las posibilidades de perder son del 100%, pero en el instante del disparo el planeta se sacude las pulgas con un paso de baile telúrico, y la bala se pierde. Créase o no, el tiro a la tierra no ha dado en el blanco.

Una suerte parecida a la que sólo podría tenerse en un cuento realista de resolución fantástica, fue la que impidió que no tuviéramos una escena sangrienta sobre el asfalto de Uruguay y Juncal, un tendal de muertos en las calles y un funeral de Estado más impresionante que el de Eva Perón. Lo que no le quita estremecimiento al acto fallido de Fernando Sabag Montiel, el lobezno estepario que apuntó a la cara de Cristina con la Bersa a la que se montó para quedar en la historia de la destrucción.

No quedó por neófito. Para hacer, hay que saber lo mínimo, y a este piojo criptonazi no le dio la talla, o no le dio la talla a su arma. El episodio fue tan sórdido que aun sin haberse consumado introduce hielo seco en las venas de quienes se impresionan con el gore. 

Imaginemos a Cristina muerta con uno o dos balazos en la cara. Habría sido obligatorio remontar las causas que sacaron a Sabag Montiel de su cueva lumpen donde se desparraman platos sucios y sex toys, para preguntarnos ¿por qué? de un modo todavía más perplejo del que podríamos hacerlo hoy.

Sabag Montiel parece tener todos los números para ganar el gran premio de avatar de Travis Bickle, el tachero de Martín Scorsese inmortalizado por Robert De Niro en Taxi Driver: un poco de hundimiento en los submundos, un poco de soledad, un poco de mística y amor a las armas y a los espejos y a los tatuajes agresivos, sumado a la manija incesante del malestar que impulsa a Nadie a lanzarse a ser Alguien. Es una acumulación clásica de violencia, que a menudo deriva en la sociopatía del hombre bomba. 

¿Dónde explotar? La línea de esa fuerza boba de altísima concentración que busca despegarse de su propia grisura necesita un rumbo. Y dónde explotar, significa: ¿a quién matar? Se trata de una necesidad de encuentro. Por un lado, la fuerza idiota disparada al vacío, digamos un tiro al aire. Por el otro, su destino. ¿Y cuál podría ser el mejor destino si no, de los destinos ajenos, el más familiar?

Cristina, reencarnación de Hester Prynne, la portadora de la marca del desprecio en La letra escarlata de Nathaniel Hawthrone, estaba servida en bandeja, y reducida a una letra: la K (en la novela de Hawthorne es la A). Imposible concebir una supresión de lenguaje tan drástica: todas las palabras del idioma, incluso las de todos los idiomas, reducidas a una letra que aspira a decirlo todo.

Desde hace casi quince años, al margen de lo que ella verdaderamente sea y que, por lo que se ve, a nadie le interesa averiguar en serio, las máquinas de intervención pública que en la Argentina expenden lo que podemos llamar sentido común de consumo, definieron a Cristina como un objetivo sobre el cual descargar un odio de consenso. ¿Por qué Sabag Montiel se habría tomado el trabajo de intentar matar a otra persona, por ejemplo a Paulina Cocina o a Guillermo Cóppola, por decir cualquier cosa, si el objetivo ya estaba seleccionado y descripto un millón de veces como causa excluyente del Mal?

No es cierto que la Argentina sea un país polarizado. “Polarización” es un término fiaca de la jerga de consultoría que sirve para describir vísperas electorales, bloques de discursos, culturas en litigio. Pero es demasiado gomoso para definir una estructura de poder, que no está justamente polarizada. En esa estructura, el poder popular del peronismo y sus aliados volátiles no alcanzan nunca el tamaño y la estabilidad del poder-poder que sueña con absorberlo o suprimirlo.

Pero ¿por qué alguien se dejaría suprimir? Al intento de supresión, el peronismo siempre ha respondido con un principio se reacción, que es el del derecho a la existencia. Lo que se conoce con el nombre de gorilismo, actúa a sol y a sombra para derogar ese derecho. Que el peronismo no exista o, en un éxtasis de trasmutación, que sólo exista como matiz del gorilismo.

El gorilismo es un frenesí amargo ejercido a destajo que, por lo general, sedimenta en una fuerza censora. Una fuerza del No. Su principio de identidad es el antiperonismo. Esa torsión, la de sólo ser si se lo es contra algo, configuran su poder de alma policial y sus ímpetus racistas. Para definirlo con una de las dos palabras preferidas del cuerpo ideológico del bull dog Ricardo López Murphy, más o menos eso somos “nosotros”, y “nuestra” misión purificadora, de limpieza étnica que no osa decir su nombre, es contener el deseo de ascenso social cada vez más degradado de “ellos”.

La sordidez de Sabag Montiel hace match natural con la chispa gorila. Sus ganas de matar a alguien y la larga tradición gorila de todos estos años, que consiste en que el peronismo deje de existir, se encontraron en una esquina de Recoleta. No hay peronista más viva que Cristina: empecemos el exterminio reparador por “ella”. ¿Por qué Sabag Montiel no iba aprovechar este saldo de temporada ahora que el antiperonismo autoriza la Guerra Santa Contra la Conchuda?

Apenas unos minutos después del atentado fallido a Cristina, una periodista de TN tuvo que hacerle prácticamente una llave de ju jitsu a la voz incontenible de Martín Tetaz. Fue difícil de neutralizar. Tetacito tiene el afán de notoriedad física de esas personas que saltan para que las vean, y una vez embalado actuaba como una mancha de aceite sobre el mantel. La premisa de su corazón enamorado de sí mismo fue imponerse a las evidencias, y lo hizo negando que un atentado contra una vicepresidenta tuviese algo que ver con la violencia política, criterio patafísico con el que podría haber descrito el asesinato de Kennedy como violencia de género. ¿Para qué ser razonable pudiendo delirar y, de ese modo, obtener iguales resultados, o mejores? Yo mismo podría decir, si quisiera negar mi realidad inmediata, que esta computadora en la que escribo es un ternero Aberdeen Angus.

El delirio no es cualquier delirio. Es supresivo. La intervención de Tetaz buscaba restarle gravedad a un episodio político que no tuvo que ir a buscar entre la niebla del recuerdo: estaba ahí, lo estaba viendo en loop en ese momento, pero lo percibía a la baja porque en las discusiones de las que participa lo único que tiene algún valor (ya que el objeto de la discusión y los interlocutores no cuentan) es él, un mini Narciso contemplándose en una Pelopincho.

Las vías de justificación para hacer de la Argentina una zona libre de peronistas como quien dice libre de aftosa, son variadas. Una de esas variantes hiper contemporáneas es la irrupción del diputado Roberto García Moritán. Su proyecto de implosión del edificio donde funciona e Ministerio de Desarrollo Social es un gesto de arte idiota que conmueve las raíces del concepto de necesidad. Simplemente, no le gusta ver esa Kavanagh rodeado de negros. No le interesa que sea un monumento histórico nacional. Ni repara en gastos. Así como le dijo al dirigente del PTS, Cristian Castillo: “vos estás dentro de la columna del déficit fiscal”, por cobrar un sueldo universitario, no le preocupa el gasto millonario que debería emplear el Estado en cumplir sus sueños de destrucción.

Después de seis artículos que postulan el rompamos todo, los “fundamentos” del proyecto de Moritán hacen empalidecer de indignación al CEO del Rincón del Vago. Es un textito salido de una coctelera, en la que se mezclan, muy lejos de una lógica asociativa, las especies de árboles de la 9 de Julio “donadas por Japón”, una mención a Carlos Thays, unos datos agarrados de las mechas sobre la circulación de autos por “las autopistas” de CABA, la estadística redonda de 600 piquetes en ese punto en lo que va del año y una muy necesaria parrafada para contar que la 9 de Julio es la segunda avenida más ancha del mundo, y que el desafío de quienes la cruzan es “lograrlo en un solo intento”. Legislación cringe. Cada “prueba” de conocimiento lo es, en realidad, de la ignorancia y la desesperación por compensarla cortando y pegando pavadas sobre un papelito con sello de agua.

Es muy enternecedor ver la voluntad de Moritán y sus tremendos asesores por forzar la realidad material. Para ellos, uno de los problemas del edificio de Desarrollo Social es que se encuentre “en medio” de un “nodo”. Qué triste errar tanto el mamutazo. Lo que está “en medio” de la 9 de Julio es el Obelisco, que también podría demolerse (esta es una idea ad honorem, para no quedar cosificado del lado del temible déficit fiscal).

A la altura de Desarrollo Social, siguen vigentes los cinco carriles por mano (ni un centímetro más; ni un centímetro menos), lo que ocurre por una razón específica: cuando se construyó el edificio se lo hizo en relación con el trazado futuro de la 9 de Julio, que ya estaba proyectada.

Bueno, no sé. Que Moritán hable con el Coyote, anote como contratista del Estado a ACME y vuele por el aire lo que quiera. Somos adictos a las emociones fuertes. Pero que no se esfuerce más en mantener bajo semejante tensión dramática la ansiedad gorila que lo carcome. ¿Por qué no revela la fuerza oculta que impulsa el proyecto, y que consiste en borrar del paisaje porteño, y ya no de Recoleta (esa zona la maneja Sabag Montiel), cualquier brote de peronismo, incluyendo lo que ese edificio tiene de locación histórica popular?

¿Y si deja en pie el edificio de Desarrollo Social para proyectar en su interior un NH y traslada las oficinas del ministerio a, digamos, el Autódromo? Digo. Está alambrado, es un espacio abierto y, en fin, podría dársele caza con Bersas legales a las manadas de negros peronistas deficitarios que piquetean en el centro por dos pesos con cincuenta. Tengo el tagline: “Bersas Vs. Mersas”. Pensemos en esa Argentina ideal. Pero pensemos “nosotros”, no “ellos”. ¿Qué genialidad podría no salir de una brainstorming republicana?

Quilombo

Ya se armó. Porque la tocaron. Y no sólo a Cristina: a la Argentina

 

La conjetura es un ejercicio al que nos dedicamos pocos —los artistas, los científicos—, pero que en horas como estas deberíamos intentar en masa, a escala nacional. Para entender cabalmente lo que acaba de pasar, lo que sigue pasando. Para ponernos en condiciones de alumbrar lo que vendrá. Es preciso tener el coraje de imaginar lo que habría ocurrido si el primer gatillazo, o el segundo, no hubiesen percutado en falso.

El balazo a quemarropa. En plena cara, tal vez entrando a través de uno de los ojos. El desastre que hubiese producido en el cráneo, rebotando entre sus paredes internas. La imagen movida que las pantallas congelan y se queda a vivir con nosotros para siempre, persiguiéndonos hasta en sueños. El segundo de consternación en los presentes —un instante eterno—, antes de la explosión de dolor y de furia. El improbable destino del agresor, en manos de una multitud herida en el alma. La noticia rebotando fronteras adentro del país, produciendo desastres a su paso.

Actos de violencia impotente en la noche, el resplandor de mil fuegos. Apocalipsis de todas las vidrieras. Su resaca prolongándose como los días, el humo negro espesa incertidumbre en cada esquina. Nadie está a salvo. Y nadie se siente menos a salvo que aquellos que hasta entonces, paradójicamente, estaban más protegidos: quienes practicaban a diario la violencia verbal y gestual, sabiendo que la agresión no regresaría a morderles los talones. Ahora que contribuyeron a romper el contrato que sostenía la convivencia, ahora que decretaron el vale todo, ahora que rompieron el espejo a pesar de tanta advertencia (¿cuántas veces se les dijo: «Con la pelota en el living, no»?), ven sombras dentro de cada sombra y no concilian otro sueño que no sea químico.

Zozobra nacional, Estado de Sitio, calles patrulladas por vehículos y uniformes que el pueblo identifica con la represión. Trifulcas, heridos, más muertos — muchos más muertos, la cuenta diaria deja de importar. El duelo esquivo, porque no se procesa el dolor cuando estás encallado en la furia. Nadie puede concretar ni uno solo de los negocios cuya ambición estaba en la raíz de todo. Y la nave del Estado cruje, porque no queda nadie en el Ejecutivo ni en la oposición —nadie— en condiciones de conducir hacia una orilla salva, de ahorrarnos el naufragio. Todos los intentos de llamar a la concordia fracasan, porque el pueblo completó su plan de vacunas y se encuentra inmunizado contra la farsa política. Las formulaciones como unidad, diálogo y acuerdo nacional ya no prenden en nuestra carne. Y ni siquiera existe plan de escape como en otros tiempos, porque fronteras afuera el mundo arde también.

Hubiese sido algo así, ¿o no? ¿Cómo lo imaginan ustedes?

Ni el tiro del final

Los profetas del resentimiento se aferrarán a la idea del loquito suelto como a un salvavidas. Puede que sea un caso paradigmático: el freak que actúa por las suyas, sediento de notoriedad, sin comando superior comprobable. Un Lee Harvey Oswald modelo ’22 sería conveniente de modo sospechoso, ya que no salpicaría políticamente a nadie de forma directa. Pero una vez que abrís el cuadro, las salpicaduras se ven por todas partes. Que el tipo ya hubiese aparecido orbitando móviles televisivos en los que expresaba su desprecio por la ayuda social revela que, cuanto menos, formaba parte de la grey de cocos chamuscados por los medios del poder y sus comunicadores. La pistola la habrá cargado en persona, pero quienes moldearon a ese sorete para convertirlo en un arma con forma humana fueron otros. Sistemáticamente. Mediante vertido cotidiano de veneno, gota a gota, durante las 24 horas de los siete días de cada semana. Ningún ser humano es impermeable a un discurso de odio así de invasivo y de intenso.

Venían tirando de la piola desde hacía demasiado tiempo. Testeando los límites, la resistencia del material. Preguntándose: y si hago esto, ¿sigue siendo una democracia? Si mato a un negrito por la espalda y no pasa nada, ¿sigue siendo una democracia? Si se me queda un zurdito en el apriete, tiro el cadáver al río y no pasa nada, ¿sigue siendo una democracia? Si endeudo al país hasta la verija y convierto al FMI en co-gobernante de facto pero no pasa nada, ¿sigue siendo una democracia? Si uso a los servicios como mafia privada y espío a tirios y troyanos para extorsionarlos y no pasa nada, ¿sigue siendo una democracia? Si despojo al pueblo argentino de derechos que costó décadas ganar y no pasa nada, ¿sigue siendo una democracia? Si los poderosos crean su propia ley y la Corte Suprema funge de guardia pretoriana y no pasa nada, ¿sigue siendo una democracia? Si al denigrarlos permanentemente le bajo el precio a la vida de los peronistas hasta que cueste lo mismo que cuesta la vida del negrito —o sea monedas— y no pasa nada, ¿sigue siendo una democracia?

El material es resistente. Pero —como la materia toda, por definición— cuando alcanza su punto de quiebre termina por ceder, o se deforma de modo de tornarse irreconocible. El producto final es, pues, cualquier cosa a excepción de su identidad original. Por eso mismo, lo que estamos viviendo desde el año ’16 no es exactamente una democracia. Porque la voluntad que viene primando día tras día no es la de las mayorías sino la de los mega-ricos y los intereses geopolíticos de otras potencias.

Ursula K. Le Guin: el poder de las palabras.

 

En términos de la aspiración democrática que devino contrato social en el ’83, el intento de asesinato de Cristina es tan grave como las asonadas militares que tuvieron lugar entre el ’87 y el ’90. Califica como uno de los hechos más tenebrosos de una historia nacional que ya es munificente en el rubro. Tanto jodieron con la palabra magnicidio, tanto se enamoraron de ella, que la arrastraron al reino de lo real. Está claro que se trata de gente que ignora que, como decía Ursula K. Le Guin, «las palabras tienen poder, son eventos, ellas hacen cosas, cambian cosas, transforman tanto a quien las dice como a quien las oye, alimentan la energía y la amplifican». Se trata de gente cuyo entendimiento está nublado por el odio, porque de otro modo tendrían claro que a nadie le conviene más que a ellos que Cristina permanezca intacta. Si el cuerpo de Evita consumida por el cáncer adquirió el poder totémico que tuvo, y corroyó la construcción política de sus adversarios, y licuó por dentro a los profanadores de su tumba, ¿se imaginan el poder que adquiriría el cuerpo de una Cristina asesinada?

El magnicidio frustrado (frustrado esta vez, hay que decirlo), marca un punto de no retorno. Porque, de haberse impuesto, el estado de derecho se habría desintegrado. Implosionado como un castillo de naipes. Desnutrida como está, la democracia actual no hubiese metabolizado ese nivel de violencia. Ahora resta ver cómo metabolizamos lo que sí ocurrió. En algún punto, la resultante del intento —el tiro del final que no llegó a salir— es secundaria, porque la realidad que debemos asumir es que un sector de la sociedad, un corte transversal que va desde lo más alto y enrarecido hasta el nivel rastrero del killer amateur, ya decidió que Cristina debe morir.

Cuando ella decía que su condena estaba escrita, muchos pensaron que hablaba exclusivamente en términos judiciales. Pero no. La aguja del violentómetro ya no respetaba los balances, picaba hasta el rojo que preanuncia el desastre. Tanto jodieron, dada la impotencia que les genera el ascendiente que no perdió a pesar del bombardeo mediático y político, que el asunto saltó de pantalla. Aun cuando la tienen comprada, la condena judicial ya no garantiza la satisfacción que reclaman a gritos. Los comunicadores al servicio del poder crearon en su público una adicción a la idea de la destrucción de Cristina, y ahora le demandan a la realidad dosis incrementales, porque ningún fix les alcanza.

Algunos veníamos advirtiendo del riesgo en voz alta, yo lo hice acá mismo varias veces. La última ocurrió la semana pasada. «Episodios como el reciente de los dos productores de TN que ingresaron al Congreso con un arma de utilería parecerán menores, pero producen el tipo de ruido ensordecedor que caracteriza a las alarmas». dije siete días atrás. «Si pensamos que la clase que Walsh definió como ‘temperamentalmente inclinada al asesinato’ va a tolerar un revés como si estuviese compuesta por ingleses devotos del fair play, mereceremos todo lo que nos pase».

El 31 de julio —hace un mes y monedas, nomás— dije también en El Cohete: «Hay que estar atentos y no bajar la guardia, para impedir que el desenlace vuelva a ser trágico como en los años ’50. Ya trataron de entrarle a Cristina más veces que El Coyote al Correcaminos. Sería gracioso si no fuese patético, si no fuese angustiante. Y está claro que seguirán intentándolo. Se han comprado el stock de la fábrica Acme y tienden todas las trampas a la vez, empezando por las de la proscripción y la cárcel».

Y a continuación agregué: «Quiero creer que algo aprendieron y por eso excluirán del menú opciones que sólo celebraría un caníbal».

Me dejé llevar por mi optimismo. No aprendieron nada.

Que le hayan apuntado a la cabeza no es casualidad. Son de la clase de gente que necesita destruir lo que envidia.

Espejo negro

No hay forma de exagerar la magnitud de lo que ocurrió el jueves por la noche en Juncal y Uruguay. Esas imágenes vivirán con nosotros hasta el fin de nuestros días, y más allá. Son y serán lo más parecido que se haya creado aquí a la televisación de los aviones clavándose en las Twin Towers. Nunca olvidaré el grito que pegó una amiga, cuando vimos por primera vez la escena en que se distinguía el arma. Ya estábamos al tanto de la noticia, ya sabíamos que Cristina se había salvado. Pero aun así, la imagen impactó sobre cuerpo y alma como una violación. De repente estábamos metidos en un episodio argento de Black Mirror, contemplando una lengua obscena de metal que entraba en cuadro para perpetrar lo que Patricia Bullrich jura que fue «un acto de violencia individual». Sin embargo, millones lo experimentamos como una violación en masa.

Por eso, entre la infinidad de sensaciones que cobijamos en estas horas, una inequívoca es la siguiente: nos sentimos sucios. Profanados. La conciencia de un pueblo es una membrana elástica, y el golpe del jueves puso a prueba sus límites. Esa membrana sigue dilatándose porque el efecto del golpe acaba de impactar. Si llegará a un tope y se reconstituirá, o si acabará desgarrándose, es algo que está por verse.

Todavía es demasiado temprano para comprender nada a fondo. Las emociones son excesivas y contradictorias, boyamos sin cesar entre la furia, la convicción y las lágrimas. Pero me quedo con tres nociones de una solidez que quizás sobreviva a la liquidez de la hora.

Lo primero que ya está claro es que la oposición, sus comunicadores y los fanáticos que los siguen donde vayan no se harán cargo de nada. Pretenderán que no fue para tanto. Que en el mejor de los casos se trató de una agresión tan fallida como inverosímil hacia una Vicepresidenta, o sea la persona que desempeña un rol institucional secundario. Pero Cristina es además la líder indiscutida del movimiento político más popular de la historia argentina. Lo cual significa que lo que ocurrió vendría a ser como un atentado contra Perón mientras Cámpora era Presidente. Porque hoy Cristina ES Perón y además, como si fuese poco, es Eva también — así vino parido el combo: dos por uno. Es como si hubiesen atentado contra Simón Bolívar, o Franklin D. Roosevelt, o Mao Tsé Tung, o Winston Churchill, o Fidel Castro — líderes que, nos gusten o no, se ganaron con creces el amor y el respeto de sus pueblos. Y en el mundo contemporáneo, con la excepción de Lula y de Evo, casi no existen ya carismáticos del ámbito de lo político que conciten semejante reverencia.

Lo segundo es que, habiendo entendido ya que los que se ponen de la vereda de enfrente no ayudarán en nada, necesitamos transformar nuestro peso en poder, en caudal político. Hacerles entender que el pueblo amoroso que salió a las calles del país entero podría ser un tipo muy distinto de pueblo, pero que aun así elegimos hoy —¡oferta por tiempo limitado!— ser un pueblo encolumnado detrás de una movida política innegociable: la creación de un nuevo pacto político, que asfalte el camino de las próximas décadas de la historia argentina.

Mario Montoto y Patricia Bullrich, dos ex montoneros idolatrados por Estados Unidos e Israel.

El acuerdo que funcionó a partir del ’83 —a los tumbos, sí, pero funcionó— está pulverizado. Cuando comprendieron que la opción militar ya no regresaría, sectores del poder real se avinieron a jugar el juego de la democracia de modo que generó una tensión no resuelta: ahora hay partidos que participan de la vida institucional pero que se cagan en la voluntad popular y tienen un compromiso democrático tenue, por no decir inexistente. Si la Corte encontrase un subterfugio legal para poner a Montoto en la Rosada lo avalarían sin perder el sueño, porque para ellos la democracia no es una vocación sino una estrategia de marketing. Por eso hay que convocar a todas las fuerzas políticas que quieran participar de las elecciones a firmar una profesión de fe expresa en la democracia, ese sistema que, entre otros principios encomiables, abomina de las violencias — verbales, simbólicas, económicas, políticas y literales.

Este es el momento en el cual todos los partidos deben decir de qué lado están: si de la democracia o del poder desnudo. Si se comprometen a mantener los pies dentro del plato de la Constitución o si se reservan el derecho a suscribir otro tipo de aventuras. En cuyo caso, por supuesto, haremos uso del derecho de admisión. Y aquellos que no se avengan a las reglas consensuadas, quedarán relegados a los extramuros de la vida política.

Por último, intuyo es que esta agresión tan celebrada por la más oscura de las minorías logró exactamente lo contrario de lo que deseaba. Algo que para el Club de Fans de la Muerte suena muy parecido a una pesadilla: el atentado disolvió toda diferencia entre Cristina —el cuerpo de Cristina, la salud de Cristina— y el cuerpo y la salud de la nación argentina. Y asimiló su suerte a la nuestra, cristalizando una simbiosis que permite parafrasear el cantito de este modo:

Si la tocan a Argentina, qué quilombo se va armar.

Como es más que ostensible que la tocaron, tenemos que ayudarlos a entender que ya se armó. Y que nosotros estamos dispuestos y ávidos de ser lo que debemos ser en esta circunstancia — o sea, el quilombo.

No se equivocó el poeta. Este asunto está ahora y para siempre en nuestras manos.

 

 

 

 

 

20 comentarios

Comentarios (2)

  1. Edu

    Hace unos días escribí esto al pie de un artículo en el blog de Monserrat Mestre, comentando sobre el Magnicidio cómo una herramienta de violencia política global dentro del contexto de estructuración del nuevo orden multipolar :

    “Edu 10:05 am el 22 agosto, 2022.
    Mí conclusión es que desde la crisis financiera de 2008 USA está desarmando el soporte militar del mundo unipolar que ya no puede sostener. Desarticulación del ISIS en Siria, retiro vergonzoso de Afganistán, caos en Ucrania para empantanar a Rusia, desestabilización en Taiwan, extensión del compromiso militarista en la NATO, lawfare en América Latina, alimentación de una economía global stangflacionaria,
    volatilidad en el mercado de commodities y quiebres en la cadena de suministros, utilización del Magnicidio y otros recursos terroristas para generar confusión e incertidumbre dentro de las áreas de desarrollo gepolitico Multipolar, etc. Algo así como retroceder pegando o patear el tablero de las normas del Derecho Internacional con el objeto de retardar los efectos de la decadencia de un lmperio Fallido y enlodar o dinamitar la posibilidad de construir el Nuevo Orden. Muy pocos países han entendido como actuar en este momento. Creo que China, India y Turquía están entre ellos.”

    Y Agrego ahora : Últimos y MUY recientes magnicidios o intentos fallidos :
    1) Magnicidio de Shintzo Abe, ligado al poderoso lobby nacionalista conservador revisionista japonés Nippon Kaigi (investigar). Ex Primer Ministro de Japón y en carrera política al momento de su asesinato.
    2) Magnicidio fallido de Alexander Dugin en Moscú (murió su hija), filósofo autor de la Cuarta Doctrina Política, nacionalismo conservador tradicionalista y antiglobalización (investigar). Padre e hija en la lista negra de USA.
    3) Magnicidio Fallido de Cristina Kirchner, dos veces Presidenta electa, actual Vicepresidenta de la Nación y Presidenta del Senado de la Nación, fundadora del Instituto Patria (investigar), lideresa del para mí aún invertebrado movimiento nacional y popular.

    Ustedes dirán que tienen que ver unos con otros : Todos hablan de Patria … y los hechos ocurrieron en los últimos 2 meses … ( investigar )

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  2. Edu

    Mundo Multipolar.
    Hablando de Patria.
    Fuente: Monserrat Mestre (blog).

    PRAGA.
    100.000 manifestando en una ciudad de 1.000.000 de habitantes.

    https://revueltaglobal.home.blog/2022/09/05/europa-crisis-energetica-multitudinaria-protesta-checa-contra-la-politica-pro-occidental-del-gobierno/

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