CRÓNICA DE UN MAGNICIDIO / 4. Gabriel Nicolás Carrizo, el jefe

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Luego de una síntesis general, empezamos a conocer a los actores de esta trama que incluye políticos, hombres de negocios, financistas, mujeres de alta sociedad, influencers de redes sociales, lúmpenes de toda laya. Todos tienen algo en común: sentirse sapos de otro pozo al que les toca en suerte; creer que en la foto, salieron movidos; que están levemente desclasados, que merecen otro destino al que no saben como llegar. Rencor, resentimiento, frustración son los ingredientes de un caldo donde maceraron sus días y sus años. Conoceremos a todos y cada uno al detalle, y que función tuvieron en esta red que podemos describir como una serie de células orgánicas que interactúan.

 

Empezamos a conocer algo de la vida de Fernando André Sabag Montiel y de Brenda Elisabeth Uliarte en las entregas anteriores. Hoy conoceremos los primeros trazos que dibujan a Nicolás Gabriel Carrizo, este hombre de 28 años nacido en Morón.

«Voy a pegar algo grande y me voy a cagar en guita», le dijo Nicolás Carrizo a Jaqueline, la madre de su hijo de cuatro años, unos meses antes del famoso primero de septiembre de 2022. Se habían conocido en 2016, en 2018 fueron padres y en 2019 se separaron. La mujer, cansada de desplantes y ausencias, de promesas incumplidas y mentiras, escuchó esa frase luego de pedirle por enésima vez y como siempre, sin suerte, su parte en la manutención del niño que tuvieron juntos. Ni siquiera cuando tuvo empleo en blanco destinó algo del sueldo a cumplir con obligaciones mínimas: entre junio y noviembre de 2014 en una cadena de comidas rápidas, y luego en una empresa de artefactos de ventilación, de donde lo despidieron en abril de 2016. Con el dinero de la mínima indemnización atinó a comprar la garrafa y una olla usadísima con que hacer los copos.

 

 

Cuando sucedió el intento de magnicidio, Jacqueline asoció la promesa con el crimen. El 29 de septiembre Carrizo ya estaba preso y recibió un mensaje de Jaqueline donde le decía que no vería más a su hijo: “Gabriel después de mandarte tantas cagadas, sos una vergüenza, manchaste a tus hijos, ahora entiendo el negocio en el que metiste, justo te venís a meter con Cristina». Jacqueline dice «hijos», en plural, pues él tuvo una niña con otra mujer, de quien tampoco se hizo cargo.

Carrizo, el líder de la banda de los vendedores de algodón de azúcar que no solo integraba Brenda Uliarte y Sabag Montiel, sino tambien Miguel Ángel Castro Riglos, Sergio Orozco, Leonardo Volpintesta, Lucas Acevedo y algunos más quienes, antes de que la prensa los bautice como «Los Copitos», se amparaban bajo el nombre de «Los Girosos», tal el nick que los nucleaba en el chat de whatsapp.

En ese chat intercambiaban a diario cosas específicas de la venta de golosinas que Carrizo fabricaba en la casa de la calle Montes de Oca, propiedad del hermano de Orozco, y a donde cada vendedor iba cada día para llevarse 30, 40 o 50 copos que insertaba en los agujeritos de una suerte de bastón o palo con el que pasearía durante toda la jornada por las calles de la ciudad. Carrizo solía decir de ellos que eran «sus empleados», pero la realidad es que no lo eran ni siquiera de manera informal. Cada vendedor le compraba los copos que luego revendía, por lo que cada uno era un emprendedor individual. Parece algo trivial, pero no lo es tanto si pensamos en que en ese gesto tal vez nimio, se esconde una necesidad de aparentar poder.

En el chat de «Los Girosos» también organizaban fiestas, salidas, y comentaban algunas cuestiones políticas. No está claro que todos coincidieran ideológicamente, sí que había en Carrizo una posición de liderazgo también en esas lides, y una aceptación cómplice de todos los demás. Por agradar, por pertenecer, por vanidad, por no «ser menos», todos coincidían en un pensamiento político en el que la conciencia de clase brillaba por su ausencia y el rencor soterrado los hacía defender causas o modos que les eran política y socialmente ajenos.

Como se conocieron es un enigma, aunque es posible que se hayan ido vinculando en fiestas que solía organizar el mismo Carrizo. Los orígenes de cada uno son disímiles, no pertenecen ni al mismo sector social, ni siquiera a las mismas zonas. Posiblemente los haya reunido el descarte, el dejarse aunar por un destino que no se elige, la ausencia. Pero que la noticia no puede haberlos tomado de sorpresa, es lo único claro en ese panorama.

En ese chat de «Los Girosos», precisamente, a las 19:41 del 31 de agosto, veinticuatro horas antes de apuntarle con un arma a treinta centímetros de la cabeza, Sabag Montiel escribió: «A Cristina quiero matar jaka» (SIC).

A las 2:30 de la madrugada del 2 de septiembre, pocas horas después de que apresaran a Sabag Montiel, Miguel Ángel Castro Riglos envió al mismo grupo estos dos comentarios: «Listo giroso al final puso inestable a la política argentina» y «Literalmente logramos lo imposible, pusimos inestabilidad al país».

Carrizo respondió: «Sinceramente, si bajan a Cristina; bajan a la Cámpora; Y con esto le damos un golpe terrible al gobierno; Ya fue avisada». Para esa hora, Carrizo ya se había mensajeado con una docena de personas, hablando del intento de crimen y de su participación en él.

 

 

En Morón, donde siempre vivió, a Carrizo lo conocen bien. Cuando no está en casa de algún amigo o alguna pareja circunstancial, vive con su madre Stella Maris y su hermano Facundo en una casa modesta a pocos metros de la Base Militar de Morón, sobre la calle Ángel Pache. En el mismo barrio viven sus medio hermanos, los Posadas, unos años menores que él y frutos del segundo matrimonio de Stella Maris. Cuando el 14 de septiembre de 2022 Nicolás fue detenido por la Policía Federal al ir a buscar su teléfono incautado a los tribunales, Andrea Posadas filmó y subió a sus redes sociales las imágenes de patrulleros, policías y personal judicial que allanaba la casa de su madre, a cien metros de la suya, con la frase «que tranquilo está el barrio, ¿no?» casi con sorna, o despreocupadamente. Andrea Posadas quedó a posteriori involucrada en la causa, al igual que su hermano Jonathan Posadas –o Jonny White para instagram – porque la noche del crimen tuvieron profusos intercambios por chat.

La misma noche del intento de crimen, a las 22:29,Carrizo le escribió a su hermano Jonathan: – «Jonaa ando jodido de verdad» , «Mi empleado intento matar a Cristina», «Le apuntó con un arma» «Y van a abrir investigación» ,»Me tengo que tomar el palo amigo» ,»Estamos jodidos» (en plural en el original) Tras un audio que la DATIP (Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal) indica que no fue posible escuchar, Carrizo le dijo a su hermanastro, Jonathan Posadas: “Es difícil de explicarte todo” . Posadas, entonces, lo llamó. Es a él también que Carrizo le dice que hace cuatro meses está «en eso» y que tenían planificado «matar al jefe de La Cámpora».

 

Máximo Kirchner. También era un objetivo.

 

Cuando cortó con su hermanastro, llamó a Andrea Posadas, hermana de Jonathan y su otra medio hermana. A las 22:44 Carrizo le dijo que el hombre que había intentado disparar era su «empleado» y le mandó fotos de Sabag Montiel para que le creyera. Luego le dijo que creía que Fernando había usado la pistola que él le había dado, una 22 corta. Andrea, entonces, le aconsejó no preocuparse, porque esa 22 no estaba a su nombre y no tenía sus huellas (a la madrugada, Carrizo volverá a llamarla para, aliviado, decirle que el arma utilizada era una Bersa 38, no la suya, y dice textualmente: «No sé si es una buena o mala noticia pero el arma con la que intentó ponerla no es la mía, yo le di un 22 corto. Recién hablé con la novia y la tiene ella así que mañana la vamos a ocultar y vamos a ir a Crónica a hablar. Todo el grupo de trabajo. Porque estoy recibiendo amenazas»).

En tren de aliviar la preocupación del hermano, Andrea le sugirió entonces que fuera hasta Morón, que se quedara en la casa de la madre de ambos, que ella lo ayudaría. Y es entonces que Carrizo se lamenta: “Esto estaba planificado para dentro de una semana. Hizo todo mal. Es un pelotudo”,“Mi amigo estuvo a un segundo de convertirse en héroe nacional Andrea. Las elecciones la van a volver a ganar ellos. Estuvo muy cercaaa. Falló el arma. No lo entiendo andabs (sic) bien (…) Cristina tiene miedo, salió mal pero Cristina tiene miedo”.

A las 23:17 del 1 de septiembre, luego de hablar con Andrea, le escribió a un tal Kevin Vargas, a quien Carrizo tenía agendado como «Kevin Bargas2»: «Recién intentamos matar a Cristina». En plural: intentamos. Porque esa noche él también estuvo en la esquina de Uruguay y Juncal, parapetado sobre la vereda de enfrente y en diagonal a donde estaban parados Brenda y Nando; por eso, cuando Sabag Montiel es apresado y Brenda deja cautelosamente la esquina donde se la ve parada, se dirige hacia donde está Carrizo, y juntos emprenden la retirada hacia la avenida, donde se separan: ella se va hacia el Obelisco, de allí a Retiro y de ahí a la casa de su ex novio en San Miguel, y él a Barracas, a la casa de la calle Montes de Oca.

«Mi empleado. Le quiso disparar. Va a ir preso», siguió escribiendo incontenible. «El arma es mía amigo. Te lo juro por dios. Estamos con el grupo. Todos juntos», agregó. Y redobló envalentonado: «Para que el gobierno sepa con quienes se están metiendo. Bueno amigo el que la va a matar seguro va a ser un amigo o voy a ser yo. Recordá esta fecha. Esta hdp ya está muerta».

A Lidia Alejandra Benítez, a quien tenía agendada como «Lía», Carrizo le cuenta, esa misma noche: «No tenés idea del grupo que formé. Si se dan las cosas bien el trabajo lo voy a terminar yo», le comentaba en relación al intento de magnicidio, luego de criticar a Sabag Montiel porque «no le dio recarga» . «Es un boludo», opinó Lía.

Ya veremos también quién es cada uno de «Los Girosos» a quienes conocimos por primera vez la noche del 2 de septiembre cuando el canal televisivo Telefé los puso en cámara, solemnes, con sus mejores ropas, con Brenda Uliarte en el centro de la imagen vestida con un gorro de lana y un insólito tapado de piel, para decir que no tenían nada que ver, que se espantaron como todos cuando supieron que Sabag Montiel había intentado matar a la vicepresidenta.

Carrizo le aseguró al periodista Barili: “Vinimos a aclarar que no somos cómplices de lo que pasó. Nos están amenazando. Y cuando salgamos a la calle, nos puede pasar algo. Nos están diciendo que somos un grupo terrorista. Yo me dedico a hacer algodón de azúcar”. Nunca dijo, ni en ese momento ni después, quienes los habrían estado amenazando en esas primeras veinticuatro horas desde que Sabag Montiel gatilló un arma frente a todas las cámaras de televisión.

Pronto se supo que ese intento de despegarse, fue fallido. Todos sabían del plan y algunos tuvieron roles relevantes haciendo inteligencia previa en la esquina de Juncal y Uruguay, donde los días anteriores a la noche fatal que hubo rondando más personajes de los que supimos: Fernando Sabag Montiel, Brenda Uliarte y Nicolás Carrizo. Pero también integrantes de Revolución Federal, de Equipo Republicano, personal del gobierno de la ciudad de Buenos Aires , la famosa vecina y algunos lúmpenes contratados por el diputado Gerardo Milman –el mismo que pedía informes acerca de la custiodia de la vicepresidenta y hasta atinaba a mentar la posibilidad de un crimen en un escrito oficial– para generar disturbios. Ya sabremos que hizo cada uno y de como todos estaban interconectados.

Ni bien fue detenido Carrizo, el abogado Gastón Marano se presentó como su abogado defensor. Carrizo jamás podría pagar los honorarios de este abogado con sólidas vinculaciones con los servicios de inteligencia y con la Embajada de los Estados Unidos.

No fueron tres, no fueron locos sueltos. Fue un plan, varias células para organizarlo, y financistas para llevarlo a cabo con un fin estrictamente político.


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