DEBATES- ECOLOGÍA Y DESARROLLO: El único paraíso posible está en la tierra

El viernes 31 estaba editando un comentario a una buena nota de Gabriel Fernández, esperando la hora de ir a pasar la Nochevieja y recibir el año nuevo en la casa de mi amigo Julio Spina, cuando la consuetudinaria desidia de Edesur nos sorprendió al mantener el corte de energía que se había iniciado temprano el día anterior, obligándonos a ¡zafarrancho de combate! improvisar el asado en el patio de casa. Así fue que no pude subir/re-publicar la nota y su comentario hasta ayer. En el interin, tuvimos una cena muy agradable en compañía de varios jóvenes, y entre ellos Sofía Camussi que llamó la atención por su inteligencia y desenvoltura. No sé cómo la charla fue a parar a la Antártida (quizá a partir de hablar de la importancia geoestratégica de las Malvinas) cuando ella dijo con cara de angustia y encogiéndose levemente de hombros, como con resignación, que de “continente blanco” quedaba poco ya que estaba derritiéndose a ritmo vertiginoso (creo que hasta aventuró una cifra de un solo dígito), y reparé en que, como pasa en la película “No miren para arriba” con la caída de un meteorito gigante, nadie o casi nadie con poder quiere ver la catástrofe en ciernes. En un momento la muchacha me acompañó a la cocina a buscar bebidas y hielo, y entonces le dije que hacía una punta de años (ahora reparo que más de quince) me había impactado mucho una extensa entrevista a James Lovelock, en la cual éste afirmaba que el calentamiento global era irreversible, pero que unos 500 o 600 millones (cito de memoria) de humanos podrían sobrevivir en la Antártida, que en unas pocas décadas sería un verde vergel feraz y poco contaminado. A la mañana siguiente, como ya dije, subí la nota, luego le avisé a Gabriel y lo invité a dar una hoy entrevista para El Gato Escaldado (el programa dominical que conduce César Litvin, en el que participó y que a partir del próximo fin de semana irá también los sábados en el mismo horario, de 7 a 10). Fue así que Gabriel me dijo que tenía que leer esta nota, todavía más de fondo que la ya publicada. Tenía razón, es impresionante la cantidad y calidad de las fuentes/autores que consultó y glosó y es por eso la publico acá, no sin antes decir que algunas de las cosas que Gabriel y los enjundiosos autores que cita postulan me hacen ruido, por ejemplo la supuesta necesidad de concentrar a la población mundial en enormes megalópolis (para dejar así vastas áreas deshabitadas a la espera de que la naturaleza las rehabilite como hogar de la mayor variedad de especies) chirría con mi convicción de que las pequeñas ciudades dotadas de buenos servicios, son habitats mucho más amables. A pesar de ello, en el plano general estoy de acuerdo con abominar de Greenpeace y otros ecologistas de países imperialistas (que se desarrollaron polucionándo todo, y que ahora, para dar un ejemplo, pretenden que nuestro país desista de aprovechar el gas de Vaca Muerta, que es lo mismo que decir que desista de desarrollar sus fuerzas productivas)  y hace mucho que soy un convencido partidario de la energía atómica. Tanto Gabriel como yo tenemos en la más alta consideración a los científicos argentinos y nos congratulamos de sus logros (fijense acá en el talento de estos muchachos, dedicados a fabricar cohetes prácticamente “de bolsillo” capaces de alunizar y regresar trayendo muestras de la superficie lunar) tenemos el mismo norte, estamos convencidos de que el capitalismo financiero conduce a la humanidad al abismo y la extinción y nos parece mucho más sensato tratar de revitalizar nuestro planeta que soñar con la posibilidad de establecer vida humana en Marte, la Luna o Ganimedes. Ahora bien, yo no creo que tal cosa se pueda llevar a cabo prescindiendo de los ecologistas no adscriptos a lógicas neocoloniales. Me parece que es preciso llegar a acuerdos con ellos, a síntesis superadoras.

Los dejo con Gabriel:

Fuentes Seguras

Terraformar la Tierra

Es posible resolver los problemas con los conocimientos presentes. Sin corporaciones y sin ecologismo.

 

La ciencia y la tecnología son creaciones humanas. El ser humano es parte de la naturaleza. No es posible retornar a un mundo silvestre. Es preciso acelerar la aplicación de los conocimientos para resolver los desafíos en ciernes. La Energía. Los avances presentes contienen todos los elementos técnicos que pueden solucionar la crisis ambiental. Y social. La política puede hallar el punto de apoyo integrador para insertar la palanca.

 

POR GABRIEL FERNÁNDEZ* / RADIO GRÁFICA

El planteo que se despliega aquí exige admitir ciertas premisas. Hasta el presente se han impuesto otros conceptos; debido a esa hegemonía, están incorporados como razonables por analistas y polemistas. Pero no lo son. En algunos casos podrán ser bienintencionados, eso es todo. Mas no contienen verdad. Veamos.

Las premisas pueden ser subrayadas así: El ser humano es parte de la naturaleza, no un agente externo que la daña sino una especie surgida de la misma, que intenta adecuarla en beneficio propio. Las creaciones culturales del ser humano, básicamente –pero no sólo- la ciencia y la técnica, se enmarcan dentro de esa realidad.

¿Qué significa? En principio, que la solución a los problemas del planeta no llegará eliminando o devaluando las creaciones humanas sino adecuándolas y utilizándolas para resolverlos. Potenciándolas y articulándolas. Las ideas que sugieren una vuelta a lo agreste, con menos industria y menos tecnología, son errores pero además resultan inviables.

Los recientes pronunciamientos mundiales, condensados en el documento de la Organización  para las Naciones Unidas (ONU) y derramados sobre la reunión de Glasgow parten de un diagnóstico relativamente correcto aunque incluyen salidas imposibles. Lo que se refleja en el desconcierto de los gobiernos, en una actitud vergonzosa de algunos científicos que simplemente repiten aquello que sienta bien, y en la acción de grandes empresas que canjean el futuro integral por beneficios inmediatos.

Nuestras ideas parten de la admisión del problema y también del intento de usufructuar los avances científico técnicos realmente existentes.Carece de sentido volcar propuestas condicionadas a futuros descubrimientos o invenciones. Se trata de utilizar el gigantesco volumen de conocimientos ya desarrollado y enfocarlo hacia la elaboración de iniciativas hilvanadas por un proyecto humano común.

 

EL CONOCIMIENTO. Pese a que resulta evidente, en el interlineado, que estamos hablando de definiciones políticas, es preciso ratificar el sentido y la racionalidad de lo expuesto: Es posible resolver los problemas con las herramientas ya existentes. Sin considerar con vigor esa apreciación, lo demás flotaría en la indeterminación y se traduciría en opiniones etéreas y propuestas aisladas.

Desde tiempos lejanos los avances generados por el saber de los pueblos fueron combatidos por los sectores que, en cada período, detentaban el poder y observaban con preocupación que la progresiva utilización de herramientas contribuía a mejorar y democratizar la vida cotidiana. Esto aparece reflejado en el mito de Prometeo, entre otras narraciones que han caracterizado la historia de nuestra especie.

Prometeo es un personaje que se rebeló a los dioses para beneficiar a la humanidad, aprovechando su inteligencia. Le entregó el fuego —“robado” a los dioses—, elemento esencial en sentido material (como punto de partida fundamental para avances ulteriores en el desarrollo de la civilización) y también espiritual, pues el fuego es símbolo de la vida, de la energía, de la inteligencia que mueve a la civilización.

Claro, la objeción surgió enseguida. La furia de Zeus ante la perspectiva de compartir ese bien con la humanidad condenó a Prometeo a un castigo terrible. El mito da cuenta del riesgo que implica “enfrentar a los dioses” y desliza en su interior el eje del dilema: El saber, y muy especialmente el saber aplicable, transformador, es poder. Una vez que el ser humano lo aprehende, todo se modifica y los avances resultan indetenibles.

La extrema síntesis tiene un objetivo. Evidenciar que el lamento por el empleo de la tecnología que el propio ser humano ha creado, la noción de descartarla para “volver a la naturaleza”, son preceptos anti naturales, anti humanos, que sólo contribuyen a perpetuar un orden que necesita cambios profundos asentados en el propio saber de la especie y en el rol que la misma ha ocupado en el seno del planeta.

En esa dirección pero como contracara, es preciso apuntar que al estar una enorme porción de la tecnología en manos de una franja que necesita del beneficio inmediato y descree de la democratización de la misma, conlleva a una utilización deformada e irracional. En vez de orientarlo para una nueva terraformación, lo dirige a la fabricación de millones de botellas de plástico que acidifican los océanos. Por dar un ejemplo asequible que es, apenas, un caso entre tantos.

Para el despliegue de este planteo venimos consultando economistas, geógrafos, ingenieros, arquitectos, analistas internacionales, expertos en nuevas tecnologías. Esas son, en este caso, nuestras Fuentes. El mismo lo concebimos como un escalón más del Pensamiento Nacional argentino –con varios antecedentes extraordinarios, como el Mensaje Ecuménico de Juan Domingo Perón a los pueblos del mundo (1972 – 73) y la Encíclica Laudato Sí del Papa Francisco (2015).

Asimismo, está en línea con las tareas investigativas y propositivas realizadas desde hace algunos años en el Instituto Strelka de Moscú, y por pensadores norteamericanos, británicos, australianos, habitualmente calificados por los medios como Nueva Izquierda, Comunistas, Anti capitalistas y eventualmente Populistas. Por sólo citar a los más destacados: Benjamín H. Bratton, James Lovelock, Holly Jean Buck, McKenzie Wark o Aaron Bastani.

Como se sabe, los medios internacionales, en manos del capital financiero, son buenos para calificar y desprestigiar. Sin embargo, nos causó sana impresión la reacción “nacional popular” de varios de los autores citados. En vez de destinar largas parrafadas a explicar que no son aquello que se les imputa, expresaron “y bueno, si así lo quieren…”. Bastani, por caso, señaló que propone un “comunismo de lujo, automatizado” y Bratton apuntó que su trabajo se orienta “contra el capitalismo neoliberal”.

Vale la observación. No se trata de oponerse a la hegemonía financiera sólo porque nos cae mal, sino –y muy especialmente- porque su continuidad impedirá la solución de los problemas en desarrollo pese a contar con los elementos adecuados para concretarla. Es pertinente reforzar esta idea.

 

UNA ODISEA DE LA TIERRA. El ser humano, en base a los adelantos científico técnicos de los dos siglos recientes, ha logrado elaborar programas de acción sobre el espacio exterior y sobre el fondo de nuestros mares. La ingeniería agudizó esas dos miras y es posible operar sobre regiones inexploradas dentro y fuera del planeta. Con singular énfasis se ha volcado a construir programas para la terraformación de Marte, imaginando sin demasiada base material el traslado de la especie al vecino rojo. A semejantes destellos de ciencia aplicada es preciso sumar el establecimiento de una base china en la cara oculta de la Luna, con personal estable.

Todo ello se encuentra en marcha por estas horas, no contiene una hipótesis acerca de su probabilidad. Entonces, nos preguntamos junto a Bratton ¿Por qué no terraformar la Tierra? A decir verdad sería mucho más sencillo que pergeñar tremendas hazañas en las lejanías espaciales. Además de las distancias, tanto en la Luna como en Marte será preciso crear océanos e imponer una atmósfera habitable, labores ciclópeas que demandarán tanto tiempo y tanto esfuerzo que ni ameritan comparación con aguas y aires locales que ya están y necesitan –con urgencia- reparación. Esa reparación no será sencilla, pero está a mano, y es posible.

En la base de todo el concepto se encuentra el tema de la Energía. Allí hay otro prejuicio que desandar y se trata de la imprescindible admisión de la Energía Nuclear como centro vital de todo el funcionamiento humano sobre el planeta. Claro que las demás variantes deben ser aprovechadas, pero sólo la temida potencia que se libera como consecuencia de la reacción que se produce al dividir los núcleos atómicos pesados, está en condiciones de proveer los volúmenes necesarios.

Esta energía no es contaminante, es limpia. Una planta nuclear permite generar electricidad sin emitir gases de efecto invernadero. De allí que no contribuya al calentamiento global y se configure como real alternativa a los combustibles fósiles. Pero además exige un combustible como el uranio que se obtiene en la naturaleza; su captación no supone un proceso contaminante. La combinación con energía solar y eólica, entre otras, permitiría brindar el potencial adecuado para varias humanidades. La tecnología que puede resolver este asunto básico ya existe y sólo las necesidades comerciales de un puñado de compañías evita su expansión.

Dentro del avance de la ingeniería espacial es válido incluir la absorción de minerales. El cinturón de asteroides ubicado entre las órbitas de Júpiter y de Marte, es decir, separando los planetas interiores de los exteriores, es una mina extraordinaria de elementos que podrán ser trasladados según las necesidades terrestres con vehículos que, en vez de pasear millonarios, absorban lo necesario y lo depositen en un puerto adecuado especialmente. Esto implicaría un cese de las acciones extractivistas que deterioran regiones y damnifican paisajes.

Cuando viramos la mirada y nos enfocamos en los mares, hallamos la alarmante dificultad que implica la acidificación oceánica. Su aceleración parece hoy indetenible y sin embargo, en vínculo con los factores antedichos y los que se expresarán más adelante, es posible de revertir a partir de tres pasos básicos: Plantar y conservar bosques; enriquecer y prevenir la erosión del suelo agrario; y estimular el crecimiento de plancton, la base de la cadena alimentaria de los océanos. Esta decisión, que se puede adoptar hoy, necesita que en simultáneo se disponga el cese de la fabricación de packagings y envases plásticos innecesarios como los que invaden nuestra vida cotidiana.

Considerando herramientas semejantes, es posible instalar en los oceános bases submarinas que operen como contralor del equilibrio ambiental marítimo y cooperen con información para tierra firme. Actualmente hay cuatro en funcionamiento: Aquarius Reef Base, Jules’ Undersea Lodge, MarineLab y L.S.-1 (tres en Estados Unidos y una en Rumania) y dos grandes emprendimientos en marcha: La Proteus, impulsada por el equipo heredero de Jacques Cousteau en las cercanías de la costa venezolana, y la Hades, generada en China y gobernada internamente por Inteligencia Artificial, en la Fosa de Manila.

 

HOMBRES Y MÁQUINAS. Nos zambullimos ahora en asuntos que emiten ruido sobre el sentido común –un poco más, todavía- y suelen provocar réplicas airadas. Con la capacidad productiva actual y con la energía necesaria para extenderla lo que fuere necesario, el problema de la alimentación de la humanidad debería estar eliminado. Si a esto le sumamos la progresiva utilización de robots para las actividades intensas, es claro que el tema del trabajo y los recursos tendría que hallarse en similar sintonía.

En principio, es pertinente despojarse de otro temor absurdo bien promovido por quienes anhelan la persistencia de la opresión y el dolor como disciplinadores sociales: Las máquinas no son un riesgo para la humanidad. Su confección y ordenamiento depende de los hombres y las mismas sólo pueden rebelarse y fomentar una revolución en las mentes de quienes, gratamente, las humanizan y les brindan papeles centrales en las obras de ciencia ficción. Que las mismas releven al trabajo humano y lancen millones a la miseria es el resultado de un esquema disparatado que no cuenta con otro fundamento que la acumulación de riquezas en pocas compañías.

Como se observará, estamos ingresando al complejo panorama de la política. Todo lo planteado hasta aquí y muy especialmente el tramo reciente, exige el desmembramiento de un sistema de poder concentrado ruinoso para el planeta y para gentes y las tantas especies que lo habitan. En este punto puede comprenderse porqué, durante largo tiempo, en nuestro análisis internacional hemos insistido en la importancia de contar con un diagnóstico certero en vez de confiar en la imagen del mundo ofrecida por los espacios comunicacionales monopólicos, que brindan el engaño de una civilización fijada unas tres décadas atrás.

¿Qué decimos? En contra de todo lo que se supone en Europa y América, el capital financiero ha ingresado en una zona de deterioro indetenible. La ralentización de esa caída a través de maniobras de artificio, campañas propagandísticas y algunas cada vez menos potentes intervenciones militares no implica que el proceso no siga en marcha. Entonces, las potencias de la Multipolaridad ya están en condiciones de articular sus Estados para desplegar estas sugerencias. De hecho, evaluamos, lo están haciendo mientras resuelven asuntos cotidianos del pasado que se desplazan sobre el presente en estos tiempos de cambios profundos.

 

EL PUNTO DE APOYO. Por eso no se trata de formar una asociación política para un nuevo mundo que compita electoralmente sino de poner en discusión estas ideas para generar una opinión internacional que brinde sostén al desarrollo de opciones vitales asentadas en herramientas disponibles. Como hemos indicado, el punto de contacto para agrupar sectores sociales, económicos y políticos que hasta ahora han estado desperdigados, es la necesidad material de garantizar la supervivencia del planeta y la especie. Ese es el punto de apoyo para la aplicación de esta palanca.

A diferencia de los demás autores que comparten esta mirada, por el momento somos de los pocos que nos adentramos en la cuestión pues lo que se ha difundido es la perspectiva de solución científico técnica pero no el decurso político que la puede impulsar. Se sabe: los senderos de comprensión y las transformaciones culturales llevan su tiempo. De no existir las posibilidades científico técnicas, hemos dicho, no hubiéramos planteado estas observaciones; pero de no existir los elementos de amalgama política integradora en base a un interés específico, tampoco. No hay aquí buenos deseos, sino planteos concretos de avance político y científico con anclaje en la actualidad y perspectivas de expansión.

Finalmente, duro y preciso: Los grandes grupos humanos, en base a un diseño estadístico claro e inobjetable, tendrán que ser distribuidos, dentro de sus territorios esenciales, en megalópolis que incluyan todos los factores necesarios para la vida cotidiana, desde viviendas confortables hasta lugares de trabajo, zonas de tránsito común y perspectivas de intimidad, lugares de esparcimiento y espectáculos culturales y deportivos, y hasta zonas imprecisas que brinden lugar a la invención futura. Esto irá acompañado por el “abandono” de enormes territorios para su reconfiguración natural, sin intervención humana, lo que influirá decisivamente sobre la baja del calentamiento y la oportunidad de vida para especies en riesgo.

Dice Bratton: “El cercado y la exclusión entre zonas urbanas y deshabitadas puede ser más bien una cuestión de asegurar la supervivencia y la continuidad de los ecosistemas viables y sus habitantes, incluidos nosotros. La tipología territorial de las zonas de exclusión humana se extiende desde el interior de las fábricas (con robots) hasta el llamamiento del biólogo Edward OWilson para concentrar la industria humana en megaciudades más densas y reservar la mitad de la Tierra para la reparación, la resalvajización y el restablecimiento”. Otros autores, directamente, han sacado cuentas y proponen siete grandes urbes; nos parece una definición matemática aventurada en este estadio del debate. Varios, Under the dome: el establecimiento de cúpulas aislantes para garantizar –energía disponible mediante, vale insistir- aire límpido para la humanidad; creemos que con las precauciones planteadas no sería necesario.

Casi todos –y ahí si coincidimos- consideran necesarios la erradicación del control financiero y el establecimiento de un esquema social equilibrado. La garantía de ese equilibrio estará dada por la ausencia de la base material que impulsa las políticas de concentración, ante lo cual las disyuntivas para una población que elegirá libremente sus gobernantes locales y globales sólo incluirán variantes en los caminos de avance, sin lugar para engañosas opciones de retroceso. Con ese mismo parámetro, un sistema comunicacional variado, sin deformaciones que conduzcan al enfrentamiento agudo y apego –controlado por el mismo público- a la verdad en sentido práctico sin ocultar las diferencias filosóficas. Comunidad Organizada.

Bratton completa: “La terraformación va más allá de la gestión de la radiación solar o la captura y almacenamiento de carbono: no es una tecnología, sino un proyecto que incluye una variedad de intervenciones sobre el clima a gran escala, empezando por la economía. De hecho, como ha señalado en alguna ocasión el escritor norteamericano Kim Stanley Robinson, la medida más eficaz de geoingeniería  sería la abolición del capitalismo. La geoingeniería debe  pensarse como parte de una estrategia más amplia cuyas metas son la descarbonización, la producción equilibrada, la redistribución de la riqueza y la justicia social”.

Al barrer con las prevenciones acerca de una tecnología presuntamente antagónica a la naturaleza y al deseo de “los dioses”, se abre una interesante y prolífica cooperación entre los seres humanos y las máquinas. Uno de los conceptos que pueden caracterizar la ecuación es el de hiperinteligencia, acuñado por Lovelock. De allí mana la importancia y la posibilidad de desarrollar una planificación fluida y la vez precisa. Ese ordenamiento básico no debe ser equiparado con variantes autoritarias; a decir verdad las mismas terminan hallando lugar en modelos anárquicos y antisociales que facilitan la sencilla imposición de quienes han acumulado mayores beneficios y evitan considerar al conjunto.

¿Difícil de realizar?  Si. No tanto como crear la velocidad Warp y salir a conquistar estrellas que se encuentran a años luz de distancia. La Tierra parece haber sido colocada intencionalmente en el lugar exacto para no quemarse ni congelarse. Este cálido rincón de la Vía Láctea carece de equivalencia en mundos conocidos. Si llegar a ellos es temporalmente imposible, imaginen más allá. Por lo tanto, es preciso operar aquí para salvaguardar este planeta. En serio que no hay “otro”.

De allí la idea: Necesitamos terraformar la Tierra.

Este es un primer esbozo de una idea sobre la que volveremos con más detalle en próximos trabajos.

 

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

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