DEUDA. ¡Luz roja! Por el control estatal del Comercio Exterior

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Ayer, domingo, pasé por la redacción de El Reporte Nacional y había consternada estupefacción por la tapa de Página/12. La verdad, la noticia de que Argentina le había pedido a Goldman & Sachs mil milloncejos verdes para engrosar un milímetro su coraza de reservas no cerraba por ningún lado excepto como globo de ensayo de lo que la misma nota de David Jufré decía: que era el comienzo de una serie de préstamos que la banca internacional está muy interesada en «concederle» (glup) a la Argentina.
No me enteré hasta hoy de la desmentida del Ministerio de Economía que difundió un poco más tarde Télam, y que Página/12 publicó sin destacar y sin comentarios hoy, lunes. Una desmentida que, igualmente, no desmintió lo suficiente. Para nada.

Esta nota pues, es de lectura indispensable. Tanto, que no voy a subir hoy ninguna otra.  Hay que masticar lo que dice. Debatirlo, pronunciarse y movilizarse. Desde aqui creemos que tal como postuló en el reciente foro convocado por Carta Abierta (en el que participó, entre muchos otros, el gobernador Sergio Uribarri) es imprescindible el control estatal del comercio exterior. Y que eso sólo se puede hacer con el pueblo y los trabajadores en la calle.

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Posted: 31 Mar 2014 05:49 AM PDT
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Nota: este post fue escrito ayer antes de esta desmentida que salió a la tarde, mientras se jugaba el superclásico. Los editores de AP decidimos igual subirlo porque creemos que vale la pena el debate sobre la cuestión.

Tantas veces nos emocionamos escuchando a Néstor y a Cristina hablar del desendeudamiento, para tener que llegar a desayunarnos, un domingo de fines de marzo del ‘14, a que el querido Página 12 festeje en nuestra cara que Goldman Sachs va a “reforzar las reservas”, prestándonos mil millones de dólares, a dos años, y a una muy conveniente tasa del 6,5%. Qué fuerte.

La deuda, la eternamente mal llamada “deuda externa”, la deuda del estado, es el más eficiente y brutal mecanismo de abuso de los pueblos, de todos los pueblos, por parte de las elites, es decir de los dueños del dinero grande, o sea del capital. Esto se lo sabe perfectamente. Hay que leer libros como el de Galasso o el de Graeber y, si se sobrevive a la indignación sin fin, pasar entonces a leer, cualquier día de la semana, a El Cronista, o a La Nación, o a tantas otras joyas de la prensa independiente. Y así ver, una y otra vez, a varios ex ministros, o a cien “periodistas”, o a mil econochantas, que nos dicen que no perdamos la oportunidad, que los bancos están listos, golpeando la puerta, preparados y contentos de prestarnos diez mil palos. A buenas tasas, con amables vencimientos, listos para usar y gozar apenas nos decidamos.

Leamos y comentemos cuatro extractos del artículo de Página:

-“Goldman sacó un cuerpo de ventaja (frente a otros bancos) después de haber establecido un vínculo fluido con el Gobierno desde diciembre pasado. El consejo de administración de la entidad estadounidense tomó para esa fecha la decisión de retomar sus operaciones con la Argentina, luego de haberse retirado del mercado local por más de una década”. ¿La decisión la toma Goldman? Parece un detalle, pero no lo es.

-“El Gobierno buscará que el ingreso de esas divisas sea leído como el inicio de un nuevo proceso de recuperación de las reservas”. Difícil que sea leído así. Endeudarse no es recuperar reservas. No hay mejora patrimonial, que es lo que genera reservas, o ahorros, de verdad. Para recuperar reservas hay que mejorar la balanza de pagos. Eso se logra disminuyendo el déficit energético y el de las industrias automotriz, química y electrónica, entre otras. También combatiendo apropiadamente la fuga de capitales, es decir no vendiéndoles más dólares del Banco Central a los ricos, para que se los lleven a las guaridas fiscales (porque atenti: el cepo para pobres, el que hace poco se levantó parcialmente, es decir sólo para quienes están en blanco y hasta dos mil de ahorro por mes, es muy poca plata, son operaciones de promedio 500 verdes, lo que suma unos pocos cientos de millones al mes -mientras que la fuga de los ricos se cuentan de a miles de millones. Y ojo, que esto pasaba ayer nomás: “hasta 2012 se permitía una generosa capacidad de atesoramiento de dólares, como también existía un régimen amplio de giro de utilidades de multinacionales hacia las casas matrices”). Y lo otro que hay que hacer para mejorar la balanza de pagos es, por supuesto, no tener deuda en dólares a pagar. Un endeudamiento, entonces, más que un reforzamiento, es un debilitamiento de reservas.

-“Si ese escenario se concreta tal como lo proyecta el equipo económico, el horizonte cambiario quedaría despejado, lo cual permitiría empezar a bajar las tasas de interés que treparon hasta casi 30% luego de la devaluación de enero”. A ver. Si se bajan las tasas, pueden pasar dos cosas: o que la gente (ojo: la gente que maneja plata, la gente como uno, bah) siga queriendo quedarse con los pesos en el banco, o que se vuelvan a pasar al dólar. Convengamos que esto, lo segundo, bien puede suceder. Y si “la gente” se pasa al dólar, significa que bajan las reservas. Es decir, ¿vamos a endeudar al estado para que las multis y los sojeros se queden con dólares? Y para que enseguida se los lleven afuera, claro. Pero bueno, dirá alguien con resignación, al fin y al cabo es lo que pasó siempre en estas queridas pampas.

-“El interés de las autoridades con todo ello es recuperar el financiamiento internacional desactivado desde la crisis de 2001 (…) En la actualidad, la deuda en dólares con acreedores privados equivale a sólo el 9,5% del PBI, contra el 95,3% de 2002. (…) El contexto actual, como se ve, es distinto del de 2010. El estado ya se desendeudó”. ¿El estado ya se desendeudó? En 2013 pagamos seis mil millones de dólares. Este año vamos a pagar siete mil millones de deuda, y el año que viene se estima pagaremos once mil. ¿Hace falta ponerse a comparar esos montos con lo que invertimos en transporte, en educación o en vivienda?

Es importante entender esto: la forma de tener una moneda fuerte, es decir inflación baja, es con los famosos superávits gemelos. El de la balanza de pagos -y escuchá bien esto- pasó de un mínimo superávit, 48 palos, en 2012, a un déficit de 4430 millones en 2013. Esto en buena medida fue por el crecimiento imparable de las importaciones de energía, que nos hacen gastar en dólares más o menos los dos puntos del PBI que nos ahorramos por la menor carga de deuda. El otro superávit es el fiscal que, si queremos ser un país en serio, debería ser permanente. Pero hace ya algunos años que no tenemos superávit fiscal. Por eso primero comenzamos a endeudarnos intra-estado, financiándonos con la Anses y el Banco Central. Eso está lejos de ser lo ideal, pero al menos es en pesos –y, sobre todo, el estado puede obviamente refinanciar sus deudas con sí mismo cuando y cuanto quiera.  Y ahora, desde la devaluación, se sumó otra forma de deuda en pesos: para que la gente y los bancos locales no pasen a dólares su dinero excedente, el estado sube las tasas, y ese dinero, el depositado, los bancos se lo prestan al Banco Central, a cambio de bonos –y a cambio de un salado interés, claro. A esto se lo llama déficit cuasi-fiscal, un viejo conocido de las épocas de alta inflación, que tanto dinero les hizo ganar a tan pocos.

Pero esos tipos de endeudamiento no son, obviamente, infinitos. Es entonces que, si no mejorás tu situación fiscal, empezás a escuchar que tampoco es tan malo endeudarse en dólares –si lo hacés bien, claro. Y que si tomás deuda para hacer obras muy grandes, o para lograr mejores condiciones de pago de la deuda que ya tenés, está bien. Y visto así, seguro que no está tan mal. Eso no es lo que se cuestiona. Lo que se cuestiona es que una vez que empezás a tomar deuda, no parás. Eso pasó y volverá a pasar en Argentina. De hecho está pasando, desde el día en que, como decíamos, la Anses y el Banco Central le empezaron a prestar plata al Tesoro, hace pocos años, hasta llegar a varias decenas de dolorosos miles de millones de pesos, el año pasado. Y luego, más precisamente la semana pasada, el Tesoro emite un bono, en pesos -su primer bono de deuda en varios años. Y luego, un domingo, en el día del reposo y el asado (o los ravioles), nos avisan que también nos vamos a endeudar en dólares, nada menos que con el ex dueño de Clarín, y que -si leés el artículo vas a ver que lo dicen bien claro- este es sólo el primer paso.

Es fácil prever que con esto se acaba el ciclo de desendeudamiento, una de las políticas más importantes del kirchnerismo -una de las políticas que más claramente distinguió a este gobierno de los que le precedieron. Se trata de una mala noticia de verdad (que, por lo tanto, será festejada[1] y felicitada por múltiples plumas a buen sueldo en los diarios independientes)[2].

Pero entonces, ¿hay opción a endeudarse? Sí: incrementar los ingresos reales del estado y, como se dijo arriba, mejorar la balanza de pagos. Todo eso, claro, es bien difícil. Es difícil mejorar la calidad de nuestra industrialización, es decir disminuir los vergonzosos déficits de industrias claves. Pero hay que hacerlo. Mucho más difícil aun es lograr romper la fuga, es decir el increíble ciclo por el cual el estado junta dólares para vendérselos a las multis y a los ricos, para que luego se vayan a las guaridas fiscales, sin dejar ya más beneficios ni al estado ni a la sociedad argentina. E igual de difícil a esto, es aumentar los ingresos reales del estado. Alguien dirá, de hecho, que es imposible. Pero no lo es, como quedó demostrado con otra de las grandes medidas que definió a la década kirchnerista, la estatización de las AFJP. Es sólo cuestión de animarse, o de volver a animarse, a eso del nunca menos. Y así atreverse a, por ejemplo, y como se le pide al gobierno una y otra vez, estatizar las rentas del comercio de granos, que se las llevan, tan colonizada-mente, unas pocas empresas, casi todas extranjeras. O también, otro ejemplo, se puede atacar de verdad las transacciones ilegales, es decir la evasión fiscal, pero la de los grandes jugadores, que es muchísima plata. 

En otras palabras: si querés un estado de 40 puntos del PBI (que es lo que logró el kirchnerismo), o incluso de un poco bastante más (del 50%, digamos, como en los “países finlandeses”), entonces tenés que tener el coraje para aumentar los ingresos del estado y para arreglar estructuralmente el déficit de balanza de pagos. Y si no te animás, si te vas a endeudar para financiar ese estado, mejor no lo hagas crecer tanto.

Para ir cerrando: alguien dirá, “todos los estados están endeudados”. Primero, no todos. Chile, por ejemplo, no tiene casi deuda pública. Segundo, hay estados del Norte, como el Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Japón o España, que están llegando a niveles insostenibles de deuda. Se tiende a pensar que los estados de estos países son ricos, pero en realidad están quebrados. Y sus default se van pateando para adelante, con emisiones infinitamente irresponsables de más deuda. Y también, y en particular desde 2007 y desde Estados Unidos, se patea el bolonqui para adelante con la emisión sin freno de dinero, que terminará no valiendo nada.

De hecho, gente, es por eso que Goldman presta tan “barato”: desde que comenzó el “quantitative easing” del banco central norteamericano, los dólares no valen nada -aunque la prensa independiente de acá y de allá no te lo diga, claro. Y la plata que emiten termina –por supuesto-  básicamente en manos de los grandes bancos -los mismos que ahora, tan amablemente, nos vienen a ofrecer una mano. Y también prestan “barato”, claro, por el conocido razonamiento que bien podría explicar cualquier dealer principiante de cualquier esquina conurbánica: barato al principio, lo que se me cante después, cuando ya no quieras, ni sepas, ni puedas parar. Y ojalá nos equivoquemos fiero al arriesgar esto, pero en lo referido a crisis de los países del Norte, todavía no vimos nada. Y de ser así, es decir si la deuda termina hundiendo a economías en apariencia hoy poderosas, quedará a nivel global más claro, como triste pero útil yapa, los efectos terriblemente nocivos del endeudamiento público irresponsable (que en Argentina, en cambio, los tenemos por supuesto más frescos).

Por último, dice también el artículo de Página: “La banca internacional está abierta a hacer negocios con Argentina. La clave de la nueva etapa será no repetir la experiencia ruinosa que llevó al país a la situación de 2001”. Y a eso alguien podría agregar: tranqui, che. Ahora no queda otra que volver a hacer negocios, pero apenas estemos más fuertes volvemos a fortalecer de verdad al estado.

Puede ser. De hecho, nos permitimos apostar a que así será. El kirchnerismo ha demostrado que quiere un estado más grande, es decir una sociedad más justa. Más precisamente, y a ver quién corre por izquierda a este dato, el peronismo K ha logrado en diez años más de diez puntos del PBI para el estado. Eso es mucho, de hecho no debe estar muy lejos de quien sea que tenga el récord mundial. Y atención, porque es por esto, y sólo por esto, que el capital y sus medios independientes nos odian tanto. Bueno, no: también nos odian por no endeudarnos con sus megabancos, que es el mejor negocio de los muchos buenos negocios que saben hacer (o nos odiaban hasta hoy -y, para que se entienda, linkeamos de nuevo esta joyita, que seguramente fue escrita antes de la desmentida).

Y es por esto, entonces, que le seguimos poniendo fichas al proyecto K. Y también, hay que decir, son dignos de elogios los complejos esfuerzos que se están haciendo en estos días para no perder más reservas. Esfuerzos que están muy bien, pero que, con la ventaja del diario el lunes, nos gritan bien fuerte y bien claro que así de tacaños tendríamos que haber sido cuando teníamos 52 mil palos en el chanchito, hace tan sólo un poco más de tres años.

Pero bueno. Para cerrar, lo que sí, queremos pedir sólo una cosa, por favor: no festejemos tomar deuda como si fuera una buena noticia. Somos tontxs, pero no tanto.

Imagen: http://www.cookingideas.es/tnt-dinamita-20121121.html


[1] Imperdible cierre del editor en el festejo de esa nota linkeada del diario La Nación: “Qué significa (el artículo): el Gobierno dio el primer paso con los anuncios. Ahora debe confirmarlos; los mercados no perdonan la marcha atrás sobre las promesas”.
[2] Y ya que estamos: fíjate primero acá, un poco de historia sobre el cupón PBI, por el cual ya pagamos deuda adicional por 12 mil palos. Fíjate luego acá y acá, las declaraciones de uno de sus creadores. ¿Alguien sabe qué es lo que le sucede a este señor? No pedimos el imposible de sentir culpa pero, ¿es pedir mucho pedir retiro y silencio?


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