Di Nizo, un cana distinto

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Tal como lo recibí.

Por Ricardo Moura

(…)
Fue en el ’84, cuando pisé suelo argentino por primera vez en doce años, fui a sacar un nuevo pasaporte, y me encontré con que tenía una citación de Interpol. Subí a ver de qué se trataba ─en esos tiempos funcionaba en el mismo edificio del Departamento Central de  Policía donde se hacían los pasaportes─: Me atendió un oficial joven, de apellido Di Nizo, que de entrada me pareció atípico por lo amable y nada autoritario, quien me explicó ─agárrensén─ que tenía un pedido de extradición a España, por un delito grave del que se me acusaba. No alcancé a leer el expediente, pero ahí estaba, sobre su escritorio, notoriamente con MI foto, la que reconocí como la misma del pasaporte que había obtenido en los ‘70 en el Consulado Argentino en Barcelona.

Conmocionado como es de imaginar, alcancé apreguntar en qué fechas se había cometido el supuesto delito, y empecé a pensar en dónde andaría yo por esos tiempos…

─No lo puedo asegurar de memoria ─le dije─, pero, teniendo en cuenta que mi hija nació en Londres en Abril de ese mismo año, es posible que para entonces yo ya estuviera en Inglaterra, donde viví cinco años.

─¿Y eso lo puede comprobar? ─preguntó.

─Puedo buscar mi anterior pasaporte ─pensé─, y ahí debe estar el sello de entrada con la fecha, ¿no?

─Bueno, búsquelo, me lo trae, y yo haré lo necesario para comprobarlo ─contestó en su tono siempre amable.

Lo hice ─efectivamente, la fecha en el sello era anterior al hecho, por ende yo ya no estaba en España al momento del delito─, se lo llevé, fotocopió, y explicó que él debía pedir confirmación a la autoridad británica, y que eso podía “demorar un tiempo”. Como yo necesitaba el nuevo pasaporte para viajar pronto al Perú, me dio el teléfono directo al que lo podía llamar para enterarme en cuanto llegaran los informes: Tantas veces lo llamé —a diario, creo— que ya me reconocía la voz y en cuanto descolgaba saludaba “Qué tal Moura”. Hasta que un día me dijo que había novedades y “me diera una vuelta” a verlo.

─los ingleses dicen que no guardan archivos migratorios más de diez años, por lo que no pueden confirmar ni desmentir la autenticidad del sello ─explicó, agregando─: “Por lo tanto, yo le tengo que dar el beneficio de la duda. Puede ser una homonimia, que las hay más a menudo de lo que se cree”.

Pero entonces fue cuando me sorprendió —por esto lo de doblemente excepcional— preguntando si yo tenía acceso a abogados en España, que pudieran ocuparse para evitar que yo fuera a tener problemas el día que quisiera viajar para allá ─importante, considerando que mi hija entonces residía, justamente, en Barcelona─.

─¿Abogados en España? ─debo haber exclamado─, eso debe ser carísimo… imposible.

─Bueno, entonces ─dijo─, no se preocupe: “Yo no seré tan rápido y eficiente como un abogado caro allá, pero usted confíe en mí, que aunque tarde un tiempo, se lo arreglo”.

¡Y lo debe haber hecho! porque cuando al fin, tiempo después, fui a España, lo primero que hice fue solicitar un certificado de antecedentes y ahí estaba, limpiecito.

¿Se dan cuenta por qué me sorprendió tanto? Otra vez, pido una pausa para hacer memoria y pensar a cuántos “canas” han conocido que, además de hacer bien su trabajo, vayan más allá, pre-y ocupándose de problemas ajenos que no tienen absolutamente ninguna obligación de resolver, más aún, que lo hagan sin que siquiera se lo hayan pedido expresamente. Yo, que por haber hecho la colimba como “Agente del Decreto” en una comisaría, conocí de cerca bastantes policías, digo que ninguno era así como éste.

Pues bien, —y ésta es la muy BUENA NUEVA—: Este mismo oficial, este “BUEN CANA”, que años más tarde llegara a Jefe de una Interpol que condujo con no pocos éxitos resonantes, acaba de ser nombrado nada menos que Subjefe de la Federal, acompañando a otro Comisario, Enrique Capdevila, a quien no conozco pero cuyos antecedentes lo colocan, como a Di Nizo, entre los seguramente pocos canas solidarios que tenemos.

¿No es para alegrarse ─y mucho─, que la Ministra Garré haya comenzado la tan necesaria como difícil reforma de nuestra Policía, nombrando al frente a esta dupla que, esperemos, sea el ejemplo que cunda entre sus filas y haya muchos más como ellos?

Pensando en, saludando y agradeciendo a estos hombres de buena voluntad, Carlos y Di Nizo, es que alzo mi copa en estas Fiestas.

¡FELICES FIESTAS PARA TODOS! ─menos racistas y xenófobos, para Hadad sólo desprecio─.

Ricardo Moura.


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