DOSSIER – LA MASACRE DE MELILLA es un crimen de lesa humanidad que emponzoña las almas: El cinismo criminal de Pedro Sánchez no tiene retorno

He visto ayer videos donde una multitud de muchachos negros estaba inerme, algunos muertos, otros malheridos, los más boca abajo y con las manos atrás atadas con un precinto plástico que corta la circulación, mientras gendarmes marroquies, por mero placer, a alguno le pegaba con su garrote de madera en la espinilla, posiblemente quebrándola, y a otros los pisaban.

Primero les ofrezco una crónica escrita a vuelapluma y publicada en un diario virtual de la prensa española, y mas precisamente, de la pequeña izquierda trotskysta; seguidamente un despacho del sábado pasado escrito por el corresponsal en Madrid del semanario mexicano La Jornada, y por último pero no menos importante, una vibrante crónica de una tal Sarah Babiker, antropóloga y feminista, editora del sitio El Salto, que interpela y hace vibrar como una cuerda de laíd nuestros sentimientos más profundos.

Cediendo al chantaje de Marruecos –que amenazó tácitamente con dejar pasar a todos los africanos (y sirios, y lo que venga) deseosos de llegar a Europa dejando atrás sus devastados países– España dio un vuelvo copernicano a su anterior política exterior hacia en Magreb, reconociendo los supuestos  derechos de Rabat sobre el Sahara occidental abandonado así, dejando en la estacada, al Frente Polisario, columna vertebral de la República Árabe Saharauí Democrática (RASD) integrado por no pocos saharauís que fueron o aun son ciudadanos españoles, puesto que la región, conocida desde la antigüedad como Saguía el Hamra y Río de Oro, había pasado a ser administrativamente una provincia más de España entre 1958 y 1976, cuando tropas y funcionarios peninsulares abandonaron el territorio intempestivamente por orden del gobierno que sucedió a Franco y entronizó a Juan Carlos de Borbón, quien pronto se transformaría en socio comercial del rey Hassan II, padre del actual rey, Mohamed VI.

La actitud de España ha sido también como una bofetada para Argelia, enemiga de la monarquía hachemita y protectora de la RASD, que si bien es reconocida por 84 países, no lo es por ninguno de los que integran el Consejo de Seguridad de la ONU o la Unión Europea. Argelia ha denunciado el Tratado de Amistad con España (“corto mano / corto fierro / cuando te mueras / te vas al infierno” cantábamos de purretes) y amenazado con cortar el flujo de gas hacia España (es el 2º proveedor después de los Estados Unidos) al que de hecho, ha reducido.

Satisfecha con la actitud de quienes dicen ser socialistas españoles, la monarquía marroquí (como ya verán) ha hecho el trabajo sucio (torturas, ejecuciones, desapariciones) eficazmente, lo que ha sido expresamente reconocido por el presidente Sánchez.  Queda en pie el gran interrogante de quien estuvo detrás de la ola, casi tsunami, de inmigrantes contra las vallas de Melillar y (en menor proporción) Ceuta, los dos enclaves que conserva España en territorio africano. Porque es cotidiano que Rabat utilice a los migrantes subsaharianos para chantajear a Europa (la mayoria de ellos quiere pasar a Francia, no quedarse en España) de la misma manera en que lo hace Turquía desde el flanco Este. Montserrat Mestre informa que Marruecos permite que se establezcan en su territorio campamentos multitudinarios, y cuando quiere les franquea el camino hacia España o, por el contrario, produce lo que hoy vemos en imágenes horripilantes. “Todo esto es consecuencia de la desestabilización de Libia. Recordemos que Muamar Gadafi argumentaba que era Libia la que impedía la invasión de Europa”.

“En la TV española entrevistaron a un muchacho de Costa Marfil (país que se supone no tiene mayores problemas) que está esperando el momento de saltar la verja y hollar suelo de Melilla, es decir de la Unión Europea. Tiene un oficio que le permitiría emigrar con papeles y tener un trabajo en la UE. Para eos tendría que ir a un consulado, rellenar papeles y esperar. Pero le dio todos sus ahorros a los traficantes para que lo llevaran a Marruecos. Tuvo suerte que no lo mataran para traficar sus órganos o lo vendieran como esclavo”, describió.

Cualquier semejante como el medio centenar de muertos por asfixia de medio centenar de migrantes en San Antonio, Tejas, corre por cuenta del lector.

Así presentó la TVE (estatal) el tema:

 

Sánchez felicita a las Gendarmerías marroquí y española

 

Las cifras de la represión al intento de salto de la valla ascienden a 37 muertos y más de 150 heridos de gravedad. Sánchez felicita la actuación policial marroquí y española. Unidas Podemos guarda un silencio cómplice.

 

El gobierno PSOE-Unidad Podemos felicita a la actuación policial española y marroquí

El presidente del gobierno español agradeció desde Bruselas “la extraordinaria cooperación” con Marruecos. Ha felicitado a la actuación de la policía del régimen de Mohamed VI resaltando que “La Gendarmería marroquí se ha empeñado a fondo en tratar de evitar este asalto violento, bien organizado, bien perpetrado y bien resuelto por parte de los dos cuerpos de seguridad”.

Su socio de gobierno de Unidas Podemos mantiene silencio ante los acontecimientos. Un respaldo pasivo a la política migratoria del Ejecutivo que no sorprende. En mayo de 2021, ante el cruce de la frontera de centenares de jóvenes migrantes en Ceuta, el secretario general del PCE justificó el envío del Ejército por tratarse de un ataque a la “soberanía nacional” española.

Un auténtico crimen responsabilidad del imperialismo español, que es producto del restablecimiento de los acuerdos entre el gobierno de PSOE y Unidas Podemos y el régimen de Mohamed VI para que este actúe de guardián de la frontera sur de la UE al coste que sea, a cambio de que España reconozca su ocupación ilegal del Sáhara Occidental.

En la crisis de Ceuta de hace un año el discurso contra Marruecos por dejar pasar la frontera a sus ciudadanos fue replicado desde la extrema derecha de Vox hasta los portavoces de Unidad Podemos. Todos ellos alentaron a que se restableciera esta colaboración que implica una violación sistemática de los Derechos Humanos, al prohibirse a ciudadanos de Marruecos y otras nacionalidades salir del territorio. Las consecuencias de estos acuerdos las vemos hoy en forma de 18 muertos y decenas de heridos graves.

Un intento de salto repelido a sangre y fuego

Según diversas fuentes, miles de personas intentaron hoy saltar la alambrada que separa marruecos de Melilla, territorio español. Una gran parte provenían de Chad, Níger, Sudán y Sudán del Sur, y serían potenciales solicitantes de asilio según el ACNUR.

Muchos de ellos han terminado aplastados por una avalancha en un desnivel cerca de la Valla. La sección Nador de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos publicaba en redes sociales un video que muestra una multitud de personas en el suelo, unas sobre otras, algunas heridas, y rodeadas por la policía marroquí.

“El intento, según distintas fuentes, ha estado marcado por una gran violencia policial, sobre todo en el lado marroquí, donde han producido auténticas batallas campales en los montes cercanos a Melilla en los días previos, y también cerca del perímetro fronterizo la mañana de este viernes”, informaba en la tarde del viernes el diario Público.

También hubo una importante represión policial del lado español, con el saldo de al menos 57 migrantes heridos, dos de los cuales han requerido hospitalización. Las fuerzas represivas españolas y marroquíes realizaron una operación conjunta, con gases lacrimógenos y cargas contra la multitud de un lado y del otro de las vallas.

Desde la organización de DDHH IRDIA también denunciaron la presencia de carros militares del lado del territorio español. “Asimismo se ha presenciado en la zona del vallado dos unidades del ejército. Recordamos que el ejército no tiene competencias para intervenir ante un salto en la valla. No se puede normalizar la presencia del ejército en este tipo de operativos”, expresaban en Twitter.

También denunciaron el uso de material antidisturbios ante la entrada de personas migrantes a través de la valla de Melilla.

Esta es la respuesta que el Estado español, junto con su aliado Marruecos, dan a las personas que quieren migrar hacia Europa a través de la frontera sur, escapando de conflictos, hambrunas y miseria.

En la próxima cumbre de la OTAN, el gobierno español llevará la propuesta de incluir las migraciones como “amenazas híbridas” para poder justificar mayores operativos militares en zonas fronterizas. Las políticas fronterizas del gobierno “más progresista de la historia” no tienen nada que envidiar a las políticas de las derechas más rancias.

Nuevo operativo en Ceuta; 59 detenidos y se desconoce su paradero

La represión en Melilla dejó al menos 45 migrantes muertos, según colectivo

POR ARMANDO G. TEJEDA
Corresponsal, La Jornada

MADRID- La ley del silencio se impuso en torno a la tragedia en la frontera de Melilla, tanto en España como en Marruecos. Más aún: el régimen alaui prohibió acercarse a periodistas, curiosos o voluntarios al hospital y la morgue de la ciudad marroquí de Nador, donde algunos testimonios advierten que el “olor a cadáveres es insoportable”.

Dos días después del intento de entrada masiva (de muchachos procedentes de países subsaharianos, N. del E.) y la brutal represión ejercida por las policías de Marruecos y de España, no se sabe cuántos han fallecido, cuántos están al borde la muerte o cuántos siguen hospitalizados.

Las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la zona advierten que la cifra de muertos crecerá, incluso el Colectivo Caminando Sin Frontera, en entrevista con la Radio Nacional de España, aseveró que hay al menos 45 muertos, cuando anteayer eran 37. Rabat mantiene que son 23 y entre ellos no hay ningún policía.

A pesar de que hay videos y fotografías sobre el drama ocurrido en la frontera de Melilla durante la madrugada del viernes, lo sucedido en las horas posteriores se mantiene en secreto. Varias ONG denunciaron el supuesto plan secreto del gobierno marroquí de enterrar a los fallecidos en un sitio desconocido, sin informar a nadie, ni siquiera a sus familiares, y sepultarlos en una fosa común.

El secretismo aumenta si alguien intenta conocer la situación clínica de los heridos; el cordón policial alrededor del hospital y de la morgue impide acercarse a periodistas y curiosos, y tampoco se conoce el paradero de los centenares de migrantes subsaharianos que fueron retenidos en condiciones infrahumanas y durante horas en la zona fronteriza.

La Asociación Marroquí de Derechos Humanos de Nador señaló que, según sus informes, aún no se han realizado las autopsias a los cadáveres y, por tanto, no se ha emitido la orden de apertura de una investigación oficial.

Lo que sí han podido constatar sus voluntarios es que hay “al menos 15 cadáveres tirados en suelo de la calle del hospital de Nador, con olores, hay mucha sangre y el deposito de cadáveres de la morgue se encuentra saturado”.

Eso explica que casi nadie crea en la versión oficial, que apunta a 23 muertos. También se informó que la policía marroquí realizó un nuevo operativo antimigrante en la ciudad de Ceuta, donde se habría detenido a 59 personas de las que se desconoce su paradero.

El gobierno español del (supuesto) socialista Pedro Sánchez, tampoco informó sobre los pormenores de la intervención. Más aún, después del elogio a la intervención de las policías española y marroquí en la crisis por parte del mandatario, en el Partido Socialista Obrero Español, su formación política, se cerraron filas. Mientras, al interior de su socio de gobierno, Unidas Podemos, hubo algunas reacciones críticas, casi todas suaves, como pedir que se abra una investigación para que se depuren responsabilidades o señalar que lo ocurrido en Melilla “es una vergüenza y nos abochorna”.

El gobierno de coalición se comprometió a su llegada al poder, hace cuatro años, a eliminar las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, que están electrificadas y con alambres de púas, pero no se ha hecho nada al respecto. Más aún, la altura de las vallas se incrementó un par de metros y se fortaleció el sistema de vigilancia y detección de “amenazas”.

Mientras, desde los partidos de oposición, encabezados por el Partido Popular, se exigió la apertura de una investigación ante los hechos más trágicos de la frontera en décadas, además de que otras formaciones de izquierda y críticas con el gobierno, como la valenciana Compromís, exigió la dimisión del ministro de Interior, Fernado Grande-Marlaska, y de Exteriores, José Manuel Albares. En la crisis también intervino Argelia, cuyo gobierno tiene en la actualidad una dura disputa con el español y el marroquí por el conflicto del Sahara Occidental.

En un duro comunicado, Argelia calificó lo ocurrido en Melilla de “matanza” y reclamó una investigación internacional, ya que “las imagenes (…)  son extremadamente impactantes; aportan información sobre la brutalidad extrema y el uso desproporcionado de la fuerza” que “dadas las circunstancias son similares a verdaderas ejecuciones sumarias”.

Bruselas lamentó las muertes pero denunció el “asalto violento” a la valla.”Esta tragedia evidencia los motivos por los que necesitamos vías seguras, realistas y a largo plazo que minimicen los viajes desesperados y destinados al fracaso”, tuiteó la comisaria de Interior de la Union Europea, Yvla Johansson.

Eichmann en la frontera

 

No hay lugar para la empatía en los telediarios, ni para el progresismo cuando de hombres negros se trata. La banalidad del mal también es felicitarse ante la prensa de la colaboración entre las fuerzas de frontera tras una operación que ha acabado con al menos 27 vidas.

 

SARAH BABIKER / EL SALTO 

Decenas de cuerpos humanos agonizantes amontonados en el suelo. No es una película. Si fuese una película, al menos los espectadores dejarían correr alguna lágrima, si se tratara de una ficción bien guionada, con personajes desarrollados en profundidad, si hubiésemos visto en versión original subtitulada flashbacks de los largos viajes de esos cuerpos que yacen bajo el sol, del momento en el que decidieron que, a pesar de todo, había que intentarlo, un dolor afilado nos recorrería el cuerpo activando nuestra humanidad. Las escenas en las que abrazaron a sus madres por última vez, dejaron caer algún beso sobre la cabeza de algún niño, vendrían acompañadas de una banda sonora a piano, suave y emotiva, que se apagaría lentamente, mientras vemos a los personajes alejarse de su hogar, con la espalda curva por el peso de la responsabilidad de sostener una familia.

Si se nos hubiera contando su lucha por la supervivencia, las formas inteligentes en las que esquivaron a fuerzas de seguridad bien financiadas para impedirles pasar a cualquier precio, los miles de kilómetros recorridos por un continente enorme, si les hubiésemos visto decidir colectivamente que van todos juntos a la frontera, que la unión hace la fuerza, que su dignidad está por encima de los miles de millones de euros que riegan la industria de la frontera, hubiésemos aplaudido frente a la pantalla el momento en se dirigen decididos y valientes hacia la valla.

¿Qué diferencia hay entre los vídeos que la Asociación Marroquí de Derechos Humanos ha difundido y las imágenes oscarizadas de las películas de la Segunda Guerra Mundial que han hecho llorar a generaciones?

El sacrificio y el esfuerzo, la resiliencia esa que tanto está de moda, el coraje, porque hace falta tanto coraje para trepar una valla custodiada de un lado y otro por policías que te ven como un subhumano o como un enemigo, esos serían los temas principales, la trama humana universal de esta película. Quién podría no empatizar con los cuerpos apilados de decenas de hombres que mueren lentamente bajo el sol, después de haber sido atacados con gases lacrimógenos, derribados a pedradas, y balazos de goma, arrastrados al suelo, golpeados y abandonados ahí, cuerpos que sudan y lloran y sangran. ¿Qué diferencia hay entre los vídeos que la Asociación Marroquí de Derechos Humanos ha difundido y las imágenes oscarizadas de las películas de la Segunda Guerra Mundial que han hecho llorar a generaciones?

Pero no es una película, no hay lugar para la empatía en los telediarios, ni para el progresismo cuando de hombres negros se trata. La banalidad del mal también es felicitarse ante la prensa de la buena labor de colaboración entre las fuerzas de frontera, en una operación que ha acabado con al menos 27 vidas. Ser un Eichmann que cumple con su trabajo, aunque presidas un gobierno. Y es que la necropolítica es el gobierno real, la lógica en la que hunde sus cimientos toda esta parafernalia institucional y democrática que se quiere mostrar limpia y libre de culpa, ajena a los cuerpos golpeados y las vidas perdidas. Y así  de pronto te ves convertido en un burócrata nazi, posibilitando con la eficacia y la formalidad que te toca la muerte de los otros, firmando acuerdos que son sentencias de muerte colectivas y sumarias.

La necropolítica es el gobierno real, la lógica en la que hunde sus cimientos toda esta parafernalia institucional y democrática que se quiere mostrar limpia y libre de culpa, ajena a los cuerpos golpeados y las vidas perdidas

Las películas cuentan con el lujo de ofrecerte introducción, inicio, nudo, desenlace, las noticias muestran las consecuencias pero no muestran las causas. No te hablan de cómo el cambio climático se ensaña con tantos países africanos, del Sahel abandonado a la violencia, de las empresas invasoras extranjeras y los gobiernos europeos, estadounidenses, chinos que las respaldan incondicionales en su saqueo. Las vidas de millones de personas devienen abstracción amenazante, el lenguaje se conjuga lejos de todo lo humano, y es el léxico de la necropolítica el que se impone: avalancha, ataque violento a la valla, invasión, defensa, control de fronteras, migrantes ilegales. El lenguaje que permite salir bien trajeado ante la prensa felicitándose de una actuación que ha dejado decenas de jóvenes muertos. El lenguaje que esconde algo que habría que ir reconociendo también ante las cámaras: que están mejor muertos que en nuestro territorio, que es preferible su muerte concreta y real que alimentar con su presencia las fantasmagóricas hipótesis de la extrema derecha sobre reemplazos de población, caos y delincuencia.

Qué otra cosa se puede hacer, se encogen de hombros quienes están a salvo, hay que defender nuestras fronteras. Es siempre la muerte de otros la que se presenta como, si no deseable, al menos inevitable. Y mientras, en las redes sociales podemos vivenciar la inquietante distopía de ver a los nazis de las pelis de la Segunda Guerra Mundial, a los racistas y odiadores de toda la vida, escupirnos en directo y en pocos caracteres todo el repertorio ideológico que ha alimentado apartheids, campos de concentración y genocidios a lo largo de la historia. Quizás no haga falta denominarles nazis, porque los nazis son solo un episodio muy bien documentado de una constante en la historia, de una mezcla fatal de odio, banalidad del mal e indiferencia de la que se nutren las fosas comunes.

 

 

 

 

 

 

 

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