El asilo a Apablaza y las acusaciones a Irán

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La concesión del asilo al chileno Galvarino Apablaza hizo surgir torrentes de hipocresía de la oposición, súbitamente dispuesta a asegurar sin ponerse colorada que a comienzos de los años ’90 (cuando fue asesinado Guzmán, el senador por dedazo de Pinochet que fue el principal ideólogo de su régimen, y secuestrado uno de los dueños del diario El Mercurio que fue, del mismo modo, la principal apoyatura periodística de aquella dictadura, hechos de los que Chile acusó a Apablaza sin aportar más pruebas que su calidad de dirigente del Frente Manuel Rodríguez) regía en el país trasandino una democracia irreprochable. A pesar de que no sólo Pinochet seguía siendo Comandante en jefe del Ejército, sino que también los demás comandantes, no sólo de la Armada y de las FACH, sino incluso de los Carabineros y de la Policía Nacional, eran inamovibles por las autoridades civiles en ¿virtud ? de la llamada «Ley del Enganche» pinochetista, sino que también se reprimía ferozmente a quienes los 11 de septiembre pretendían homenajear en el cementerio al presidente Salvador Allende. (Lo que siguió, por cierto, durante los gobiernos de la Concertación).

Desde aqui saludamos la concesión del asilo a Aplabaza y aprovechamos para comentar que mucho más irrazonable que su pedido de extradición es el formulado por la justicia argentina a instancias del inefable fiscal Alberto Nisman de una serie de altos funcionarios y ex funcionarios a quienes se acusa, sin ningún tipo de pruebas, de haber instigado la colocación de los explosivos que demolieron el edificio de la AMIA y mataron a 85 personas a mediados de 1994.

Nisman ha de estar rezando para que Irán no recoja la propuesta de la presidenta Cristina y acepte que un tercer país medie entre (la justicia) Argentina e Irán. Porque ya hay un antecedente: en 2003 la justicia británica, a pedido de la Argentina, detuvo al ex embajador iraní en Buenos Aires, Hadi Soleimanpour, que estaba haciendo un curso en la capital británica. Y a la hora de la verdad comprobó que las acusaciones argentinas eran generalidades, papeles mojados, bull shit. Y no sólo tuvo que liberar a Soleimanpour sino también pagarle, si no recuerdo mal, alrededor de trescientos mil dólares de indemnización.

Fui el primer periodista en decir públicamente -en el año 2000- que el juez Juan José Galeano era un delincuente. Y les aseguro que Nisman, que durante años colaboró con Galeano, es una versión más refinada. Quiero decir: La Historia Oficial II por él pergeñada siguiendo los dictados de Israel es todavía más fantástica y traída de los pelos que La Historia Oficial I, cocinada por Galeano bajo la atenta mirada de Carlos Vladimiro Corach a quien, curiosamente, no se lo cuenta entre los encubridores a pesar de que todo indica que fue el cerebro que lo organizó.


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