1º DE MAYO DE 1974. El general Iñiguez y el comisario Villar se insultan hasta cansarse por la frecuencia policial en la madrugada de aquel aciago día

Dijo el ex jefe montonero Roberto Cirilo Perdía en una entrevista con Gabriel Fernández


“Habíamos armado un pequeño equipo en el que estaba Rodolfo Walsh, el compañero (Horacio) Mendizabal y dos compañeros más. Nos encerrámos el 30 de abril (de 1974, en vísperas del Primero de Mayo de 1974, cuando se produjo la ruptura entre Perón y los montoneros) hacia el mediodía en un departamento alquilado en las proximidades de la Plaza de Mayo, y desde ahí coordinamos el acceso de todos los compañeros a la Plaza. Con todos los problemas con los gobernadores, con las policías provinciales y con la Federal, los choques con (el reciente jefe de la Policía Federal, comisario general Alberto) Villar y etcétera, etcétera. Y ahí estaba Walsh con dos o tres escaner e iba traduciendo los mensajes internos de la Policía Federal, los de la Federal con las policías provinciales, algunos en forma directa y otros en claves que ya Rodolfo Walsh las tenía conocidas. Hubo una pelea memorable: No hacía mucho que el comisario Villar había reemplazado en la jefatura de la Federal al general (Miguel) Iñiguez (foto), un viejo conspirador peronista. Esa madrugada, no sé cómo, (Iñiguez) se hizo de un patrullero y se metió en la onda policial y se la pasó dando vuelta por la capital diciéndole de todo a Villar: “delincuente, chorro, ladrón”. Pasaba datos de las órdenes que daba Villar, que, indignado, daba órdenes a su gente, sus medios, los patrulleros, de que detectaran al patrullero robado y capturaran a sus ocupantes. Y en ese interín, ya estaba amaneciendo, aparece un compañero y dice: “Mirá que está la policía abajo”. ¿Qué había pasado? La policía de entonces tenía unos radiogoniómetros con los que triangulaba las trasmisiones clandestinas. Y nosotros estábamos haciendo y recibiéndolas de las columnas que se acercaban a la Capital. Habían dado con nosotros. Por suerte nos avisaron con el suficiente tiempo como para apagar los aparatos y desconcertar a nuestros perseguidores.

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