El ocaso de Moyano y la opinión de los gráficos

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El árbol y el bosque
Los errores de Hugo Moyano (los relevos que vienen y las voces que vale escuchar)

Por Gabriel Fernández  *

En nuestros últimos editoriales hemos sido severos con la falta de contención y, al mismo tiempo, de valoración por parte del oficialismo para con aquellos que, desde el mundo sindical, respaldaron al gobierno nacional y popular entre el 2003 y la actualidad. Advertimos, además, que eventuales premios para quienes se mantuvieron neutrales ante temas y coyunturas decisivas, podía resultar distorsivo en el mensaje que desciende hacia la militancia.

Bien, mientras reafirmamos esos conceptos, seguimos tomando nota de la dinámica política que genera nuevas acciones y alineamientos. Así, nos vemos obligados a señalar que esos yerros no autorizan a nadie a volcarse sobre franjas antipopulares ni a vertebrar un nuevo discurso que, además de desandar lo dicho hasta ayer nomás, contiene una serie de disparates que no admiten corroboración práctica.

Moyano y los soviets

En las semanas recientes el cada vez menos poderoso secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano, se despachó con aseveraciones sorprendentes como la que imputa a Cristina Fernández de Kirchner la "sovietización" del Estado nacional, al tiempo que carcteriza al gobierno como opuesto a los intereses del movimiento obrero organizado.

Como si esto fuera poco, el camionero precisó cuestionamientos a la poítica económica, a la acción industrial, a la elaboración de indicadores estadísticos, y apenas rescató -de todo el ciclo- la recuperación de las negociaciones paritarias. Su compañero de batallas, Julio Piumato (Judiciales) completó los ditirambos con un comentario temerario: "Si Hugo empieza a hablar, no queda mono con cabeza en este gobierno".

Recogiendo información en las bases, hemos comprobado que tales dichos se expandieron sobre la dirigencia media moyanista como la chispa que enciende la pradera: el activo "verde" anda por reuniones, asambleas y actos respaldando todo foco opositor que emerja, inclusive las explosivas propuestas de las fajas trotskistas que suelen condenar al gobierno por lo que ha hecho, por lo que ha dejado de hacer, por lo que hace y por lo que presumen que hará.

Aunque tal vez sea demasiada pretensión, considerar que una dirigencia nacional debe tener grandeza no es un impulso principista de quienes hacemos La Señal. En modo alguno resulta aceptable que el contraste personal de un referente -aunque tenga sus razones, reiteramos- derive en la descalificación plena, total, absoluta, del más interesante proceso que hayan vivido la economía y la sociedad argentinas en los últimos treinta años.

A Moyano el árbol de su batalla personal le está impidiendo ver el Bosque que contiene a una comunidad, donde los trabajadores cumplen un rol significativo. Negar a esta altura del partido el crecimiento del PBI y de la industria, la mejora salarial de los empleados en blanco, la asistencia a través de planes y asignaciones a los desfavorecidos, la creciente readquisición de derechos laborales, resulta inadmisible.

En todo caso, si esto fuera así, el líder gremial que peleó contra el liberalismo debería explicar porqué se dió cuenta de semejante desaguisado ocho años después de instalado el modelo nacional y popular que orienta al país. Es de escaso sostén argumental el planteo que compara a Cristina con Menem, sobre todo si se asienta en la simplificación de un complicado debate sobre qué artistas internacionales merecen ser recibidos en la Casa Rosada.

Medios y fines

Vamos entonces a un nudo de interés para el universo periodístico. No decimos esto desde un cielo que nos permite ver y evaluar comportamientos ajenos. Por un lado, somos trabajadores. Por otro, sufrimos una situación equivalente, como ha quedado claro en el Editorial televisivo anterior. Los medios populares que batallamos por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y sostuvieron la bandera con calidad por años, hemos sido desfavorecidos en la asignación de publicidad y recursos.

Lo dijimos claramente. Lo planteamos en nuestra labor con franqueza. Se lo indicamos a los funcionarios del área. Pero en ningún momento dejamos de evaluar los grandes logros del proyecto en marcha, que nos trascienden holgadamente y benefician al conjunto de los argentinos. Ignorar la trascendencia del camino emprendido hace años por Néstor Kirchner y continuado hoy por Cristina sería una necedad que no vamos a permitirnos por tener discrepancias en un área específica.

Desde allí, entonces, hacemos estas precisiones acerca del "destape" del camionero, que ha optado por tomar una ruta que no conduce a Roma, ni a Perón. La figura del viejo líder del pueblo argentino, de quien condujo el ciclo de crecimiento nacional más intenso entre 1946 y 1955 aparece, concretamente, mucho más ligada al gobierno nacional actual que a los confusos discursos de Moyano, más cerca del enojo individual que del panorama que debe tener el jefe de la CGT.

Las otras voces

Una verdadera pena. Pues los dirigentes que surgen como opción (Antonio Caló de la UOM, por ejemplo) ya han recibido el respaldo de los Gordos y la aquiescencia de Oscar Lescano (Luz y Fuerza), lo cual preludia un debate interno en la central que puede derivar en colisiones potentes sin recompensas para los asalariados. Tal vez una escucha atenta del parecer de los dirigentes de la Federación Gráfica Bonaerense, uno de los pocos gremios industriales que parecen comprender este momento, aporte algo de claridad a este brumoso presente.

El secretario adjunto de la FGB, Héctor Amichetti, señaló que “lo importante que se tiene que plantear el Movimiento Obrero y la CGT es qué rol va a cumplir dentro de este proyecto nacional y popular. En los últimos tiempos por la falta de un programa, de una acción más concreta hacia adentro del movimiento obrero hemos perdido la dinámica que tienen que tener los trabajadores en este proceso de industrialización”.

Y añadió, en diálogo con Radio Gráfica: “la CGT tendría que redefinir qué rol va a jugar en este proyecto, en estos planes estratégicos que el gobierno se ha venido planteando hacia adelante, el Plan 2020 sobre la industria, el (plan) agroalimentario”. Agregó que “si tuviéramos en claro eso dejaríamos de discutir las cuestiones personales, las cuestiones metodológicas que pasarían a ser secundarias y estaríamos unidos en lo estratégico; esta oportunidad histórica requiere eso”.

Tomar en cuenta estos datos puede ofrecer una salida a un movimiento obrero redivivo y potenciado, que viene bregando para sacar lo mejor de su propia historia para afrontar los desafíos futuros. Insistir en particularidades puede originar contrastes innecesarios. A la luz de los acontecimientos podemos retomar la hipótesis de nuestros trabajos anteriores: mientras tanto, el gobierno debe afinar, mejorar su mirada sobre el mundo del trabajo. Allí anida su mejor respaldo.

* Director La Señal Medios


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