ESCOCIA-CATALUÑA. Lo que revelan las reacciones al triunfo del no.

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El referéndum en Escocia se ha celebrado y el 55,3% de los votantes escoceses ha decidido seguir formando parte del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, frente a un 44,7% que prefería constituirse en un estado soberano. Las reacciones al resultado son muy interesantes y ponen en evidencia algunas cosas que mucha gente no tiene claras. Hay quien cree que si hay naciones que desean constituirse en un estado independiente la causa es que “son ricas y no quieren ayudar a sostener a los pobres”. En la Europa actual, son las élites quienes se “sostienen” a sí mismas con la rapiña a todos los pueblos: en Londres los brokers hacían desesperadamente campaña por el “no” , los “mercados” contenían la respiración y hoy la bolsa ha estallado de júbilo, la libra ha subido y Bruselas se  felicita por los resultados. Como ha recordado David Fernández,  parlamentario catalán de la CUP (Candidatura de Unidad Popular), “todo el sistema global ha hecho campaña por el no, la British Petroleum, la UE, el FMI, la OCDE i la BBC. Toda la artilleria política, mediática y financiera se desplegó ‘urbi et  orbe’ para  un combate  desigual2. 
Dime quién se alegra de este resultado  y verás a quien pejudica el independentismo europeo.
El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte continuará teniendo los ingresos del petróleo, del gas natural y de los abundantes recursos pesqueros escoceses para participar en sus nuevas guerras coloniales en Irak, Agfanistán y donde EEUU lo llame. Además la marina británica seguirá  teniendo sus instalaciones y su mayor base de submarinos nucleares en Escocia.
Hay quien piensa desde Latinoamérica que las secesiones, en un tiempo en que se construyen grandes unidades geopolíticas son un retroceso. Posiblemente ignoren que las mismas potencias coloniales que fragmentaron y trazaron fronteras artificiales en Latinoamérica y África, en Europa hicieron lo contrario: unieron territorios por la fuerza bajo un mismo poder centralizado borrándoles su identidad con leyes represivas y quitándoles  poder de  decisisón para desarrollar mejor sus ansias imperialistas. Hay una larga lista de agravios que reaparecen cada vez que entran en crisis los sistemas. España atraviesa una grave crisis institucional por la corrupción y los abusos del bipartidismo y la UE que pudo ser una unión de naciones  y lugar de  encuentro se ha convertido en un club del stablishment, de las élites económicas y en  un instrumento al servicio de los EEUU. Si no hay cambios sustanciales cada vez serán más las naciones o comunidades de Europa que quieran recuperar su soberanía como único camino de reconducir los desatinos de la dirigencia europea.
Mientras tanto, en el reino de España, el presidente Mariano Rajoy cree que se ha cobrado una pieza de caza mayor pero los resultados del referéndum escocés no tienen ninguna influencia sobre el proceso catalán. Aquí, en Cataluña, el referéndum sigue adelante y crece la ventaja del “si” a la independencia  gracias a la inestimable ayuda del PP (y tambien del PSOE que colabora lo suyo echando leña al fuego) que amenaza con toda la artillería – de momento la legal- posible para evitar que el referendum se haga. Si el próximo 9 de Noviembre el gobierno del PP impide votar a la ciudadanía de Cataluña ordenando alguna barbaridad contra los catalanes, sus representantes o instituciones,  puede abrir la caja de los truenos en todo el estado. Tal como están de caldeados los ánimos, no me extrañaría que en las grandes ciudades de España la gente se echara a la calle si hay represión en Cataluña. (MM)

Catalunya después de Escocia

El Gobierno de Rajoy cree que hoy se ha cobrado una pieza clave en Escocia, como el día que estalló el caso Pujol, como el día que impugne la consulta. De nuevo se equivocará.

El soberanismo acaba de perder una pieza importante en la partida de ajedrez que libra con el Estado. La derrota del ‘sí’ en Escocia es, también, una derrota en el tablero catalán. Pero el juego sigue. El Parlament aprobará hoy por una mayoría muy notable la Ley de Consultas y la reivindicación del derecho a decidir sigue intacta porque este derecho es precisamente el que acaba de ejercer Escocia. Cuando el Gobierno de Rajoy impugne la ley y la convocatoria de la consulta emprenderá el camino opuesto a David Cameron, el líder que se arriesgó por el bien de la democracia.

La partida sigue, pero Artur Mas, el presidente que mueve las piezas en nombre de una parte importante de la sociedad catalana, sabe que la Europa de los Estados hará todo lo posible para no volver a sentirse al borde del abismo como en Escocia. Gran Bretaña, siempre distinta del Continente, ha realizado un ejercicio democrático tan envidiable como arriesgado para el sistema que defienden los Estados. Bruselas, París, Berlín o Roma quieren que el referéndum escocés quede en la historia como un experimento único, irrepetible. Nunca más, dirán, el vértigo de Escocia. Por eso, la aspiración del soberanismo, que había soñado con  el ‘si’ de Escocia, está hoy más debilitada.

Quienes hace unos días negaban cualquier similitud entre Catalunya y Escocia, ahora formularán todas las comparaciones posibles. Pero hay una diferencia decisiva. Escocia ha votado su futuro. Hoy los que defendían la unidad celebran la victoria y los independentistas aceptan la derrota. Y después de años de debate, y de un proceso escrupulosamente democrático, legal y cívico, la sociedad escocesa será más libre y madura. El reto es preservar la cohesión de su sociedad y digerir, vencedores y vencidos, los resultados del referéndum. En este sentido, el ‘modelo escocés’ sigue para Catalunya. Como referente democrático, pero también, a partir de ahora, como ejemplo de la configuración de lo que podríamos llamar una ‘tercera vía’ entre Londres y Edimburgo. Es la hora de saber si las promesas de última hora formuladas por los grandes partidos británicos eran fruto sólo del miedo o responden a la convicción de encajar definitivamente a Escocia en el Reino Unido.

Porque el gran error de Londres, y por supuesto del Gobierno de Rajoy, seria interpretar el ‘no’ de Escocia como un aval al inmovilismo. Ahora más que nunca es la hora de las propuestas políticas. Catalunya lleva años formulando alternativas al divorcio. El Estatut era la ‘tercera vía’ para evitar la ruptura. Incluso la pregunta del 9-N incluye la opción de un nuevo encaje de Catalunya en España. El diálogo, la negociación para emprender una profunda reforma de la Constitución que reconozca un Estado plurinacional también es la ‘tercera vía’. Catalunya siempre había apostado mayoritariamente por un camino de entendimiento, como también muchos escoceses. Porque la sociedad catalana de forma mayoritaria no quería el vértigo del ‘si’ o el ‘no’.

Pero el Gobierno del PP y todo su entorno juegan al vértigo. Ponen a millones de catalanes ante la disyuntiva de la independencia o un status quo que consideran plenamente superado. El todo o nada. El adiós o la permanencia en un Estado que ni les reconoce ciudadanos de la nación que sienten.

El Gobierno de Rajoy cree que hoy se ha cobrado una pieza clave en Escocia, como el día que estalló el caso Pujol, como el día que impugne la consulta. O como cuando vea a Artur Mas derrotado. Soñará con el jaque mate que acabe la partida. De nuevo se equivocará.

Una parte muy importante de la sociedad catalana se ha desconectado de España y sólo volverá a través de propuestas políticas avaladas en las urnas. Propuestas que únicamente podrían llegar de unas mayorías parlamentarias muy diferentes de las actuales, a principios del 2016. Es la única esperanza para conjurar el vértigo. Hasta entonces, seguirá la partida.

 http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/Catalunya-despues-Escocia_6_304879512.html

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