ESMA. Martín Gras: «La tortura era el arma estratégica de la Armada»

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IMPACTANTE TESTIMONIO DE MARTÍN GRAS

«La tortura era el arma estratégica de la Marina»

Durante más de 5 horas, el testigo que permaneció cautivo dos años en el centro clandestino de la ESMA explicó el funcionamiento del campo de concentración y de los objetivos políticos de Massera. Y aseguró haber visto secuestrados a Rodolfo Walsh, Alice Domon, Dagmar Hagelin y Norma Arrostito.

«En el año 1978, cuando estaba a punto de salir hacia Bolivia, un oficial entró a verme en mi celda. Traía en la mano un diario. En la tapa había una foto muy impresionante. En ese momento se estaba cayendo el gobierno del Sha, en Irán, y era una foto en la cual un oficial de la policía está tratando de defenderse mientras la gente le arranca el uniforme.

El oficial me preguntó si yo pensaba que eso podía ocurrir en Argentina. Yo le dije que no lo sabía porque esos son avatares históricos en cuanto a cómo sucede. Pero que si la pregunta era más general, no si lo iban a atacar en la calle por usar uniforme, sino si en algún momento iba a tener que rendir algún tipo de cuentas por lo que había hecho, yo pensaba que sí. Entonces él me preguntó si yo pensaba en algo parecido al juicio de Nüremberg. Le repetí lo mismo: Nüremberg, etc., son avatares históricos; yo no sé qué forma va a tener pero sí que va a haber una rendición de cuentas.

‘Pero si hubiera un juicio, ¿vos testimoniarías?’, me preguntó.

Le dije que sí. No por un excesivo valor de mi parte, sino porque era un oficial inteligente, me conocía y si le decía que no, no me iba a creer.

‘¿Y vos dirías que yo te torturo?’, insistió. ‘Usted tortura’, le dije.

‘Pero vos sabés que a mí no me gusta torturar’.

‘Es cierto’.

‘Sabes que cuando estoy de oficial de inteligencia de turno, muchas veces me encierro en el camarote; apago la luz, cierro la puerta y no contesto las llamadas para no tener que torturar’.

‘Es cierto, pero también es cierto que a veces te han encontrado y a veces has torturado’.

‘¿Pero vos dirías eso, que a mí no me gusta torturar?’.

‘Sí, lo diría, pero también diría que llegado el caso torturaste’.

‘Bueno, me parece bien porque entonces dirías la verdad’.»

El diálogo que antecede se produjo en el año 1978 en el Casino de Oficiales de la ESMA entre Martín Gras, quien estaba a punto de ser liberado luego de dos años secuestrado, y el oficial de Inteligencia Juan Carlos Rolón.

32 años después, los avatares de la historia lo pusieron cara a cara con los responsables del centro clandestino de la ESMA, en un juicio con todas las garantías del Estado de derecho. «Quiero decirle al oficial con el que tuve ese diálogo, que está presente en la sala, que he cumplido escrupulosamente con el compromiso que asumí con él en el año 1978», sostuvo el testigo mirando a los ojos al represor Rolón.

Martís Gras fue secuestrado por el grupo de tareas 3.3.2 de la ESMA el 14 de enero de 1977. Siguiendo el procedimiento habitual, los marinos lo llevaron inmediatamente a la sala de tortura. Allí lo recibió «un señor de unos 40 años, vestido elegantemente». Era Francis Whamond, jefe de detenidos del centro clandestino de detención. «Me explicó que seguramente yo había sido entrenado para resistir el dolor, pero que ellos contaban con tiempo y métodos ilimitados para obtener la información que querían», relató Gras. «Entonces –continuó- me preguntó qué iba a hacer, si iba a colaborar. Le dije que aceptaba el juego de la tortura. Me ataron a un camastro; fui torturado con picana por dos personas: Jorge ‘El Tigre’ Acosta y el teniente Miguel Benassi, alias ‘Manuel’ o ‘Turco Salomon'».

Según analizó Gras, la tortura era para la Armada «el arma estratégica de la guerra, ante un enemigo fantasmagórico, por lo tanto su uso era un privilegio de los oficiales de inteligencia más capacitados». Apenas entró al centro clandestino, pasó a ser el detenido 808. A todos los secuestrados les asignaban un número, que podía ir del 00 al 999. Gras contó que durante su cautiverio coincidió con otros dos secuestrados de número 808. «No sé si fui el primero o el segundo 808, lo que cambiaría de 3 mil a 4 mil el número de detenidos hasta ese momento», calculó.

Luego de las primeras semanas de tortura, su régimen de detención comenzó a cambiar gracias a su manejo del idioma inglés. «Un día me llevaron una nota periodística de un diario extranjero escrita en inglés, y me preguntaron si podía traducirlo», contó. A partir de allí, Gras, quien ya era profesor universitario, se convirtió en un trabajador esclavo en distintas tareas intelectuales: traducción y análisis de notas periodísticas, redacción de informes de prensa, tesis para la Escuela de Guerra y hasta un informe político sobre el conflicto del Canal de Beagle. A pesar de que las sesiones de picana se detuvieron, comenzó la tortura psicológica: «estuve dos años con grilletes, sujeto a un régimen aleatorio de alimentación. Todos los miércoles los detenidos sabían que podían ser ‘trasladados'», recordó Gras, en relación al método de exterminio de desaparecidos que consistía en arrojarlos vivos al mar desde aviones de las Fuerzas Armadas.

«En un primer momento los traslados eran vistos por los detenidos como algo beneficioso; pensábamos que los llevaban a algún lugar del sur, se creía que era una granja donde estaban los detenidos», relató. «Pero había una contradicción entre esa idea y la forma violenta con la que los detenidos eran sacados de su lugar de detención para los traslados», agregó. Y remató: «cuando un oficial reconoció que los únicos vivos eran los que estaban detenidos en la ESMA me desmayé, al pensar en todos los que habían sido llevado vivos».

Gras aportó otro dato importante para la causa. Contó que «las fotos que tomaban a los detenidos cuando ingresaban a la ESMA las sacaba personal del Batallón de Inteligencia 601, para que la marina no tuviera detenidos a espaldas del Ejército, y por lo tanto información que el Ejército no conociera». Además, declaró que todas las detenciones y operaciones de la represión estaban documentadas. «Las operaciones de la Armada eran orgánicas, se planificaban en el Salón Dorado de la ESMA», sostuvo, y agregó que «había copias microfilmadas en poder de Massera, Acosta y del Servicio de Informaciones Navales (SIN)».

A partir de ese dato, la fiscalía y los abogados querellantes solicitaron allanamientos de los domicilios de Acosta y Massera, pero el tribunal rechazó el planteo al considerar que no es un elemento nuevo en la causa, y que ese tipo de medidas deben tomarse durante la etapa de instrucción.

En otro tramo de su testimonio, Gras dijo que vio en la ESMA el cuerpo del periodista desaparecido Rodolfo Walsh. «Yo estaba en el sótano; me había llevado Pernía para conversar. Tenía un tapaojos, parecido a los que dan en el avión, que no me dejaba ver. Había un clima de tensión, como cuando se hacían procedimientos importantes. De repente comienzan gritos: ‘!Hay que desalojar!’, y aprovechando la distracción de los guardias me metí en el baño; me bajé los pantalones y esperé. Deduje que ya había pasado porque dejé de oír ruido, y salí. Cuando salgo escucho los gritos que decían ‘!qué hace este tipo acá!’, y me llevan hacia la escalera. Entonces oigo voces y tropiezo con gente que venía bajando por la escalera. Ahí veo pasar una camilla con Rodolfo Walsh desnudo de la cintura para arriba; vi que tenía impactos de bala en el pecho y lo llevaron hacia la enfermería. Después me llevaron a Capucha».

Gras contó que días después de ese episodio, encontró «diferentes carpetas con recortes periodísticos y hojas mecanografiadas, entre ellas la Carta a la Junta Militar y el cuento no publicado ‘Juan se iba por el río'». «Me convierto en parte del club de los pocos que pudimos ver el último cuento de Rodolfo, por lo menos del lado de acá», reflexionó. En opinión de Gras, «algún oficial de inteligencia lo debe tener como trofeo».

En «Juan se iba al río», de pronto se abre el Río de la Plata, se vacía y aparecen restos de barcos, seres fantásticos y este hombre, Juan, marcha a caballo y decide cruzar a caballo con el río retirado. El cuento termina cuando se mete y se desata la tormenta.

«Creo que estaba hablando de alguna manera de todos nosotros», interpretó. Cuando tiempo después se encontró con Lilia Ferreyra, la compañera de Walsh, ella le contó que le había preguntado a Rodolfo si Juan finalmente llegaba al otro lado. «La pregunta importante –le dijo él, y recordó Gras– es que se anima a cruzar.»

El testigo aseguró también haber visto en el centro clandestino de la ESMA a la monja francesa desaparecida Alice Domon y a la joven sueca Dagmar Hagelin. Según pudo saber por comentarios durante su cautiverio, a Hagelin la asesinaron porque había visto a muchos represores dentro del centro clandestino, a pesar de que su padre había conseguido que el mismo Videla intercediera en el caso de su hija.

También habló de Norma Arrostito, líder montonera secuestrada en la ESMA. «Era la pieza más preciada del grupo de tareas. Ella había aceptado que iba a morir y estaba en paz con ella misma. Eso le daba la admiración y el respeto de todos. Tenía una relación muy especial con (el director de la ESMA, Jacinto) Chamorro, a quien ella le pidió que no la entregaran a Campo de Mayo (donde se hallaba un centro clandestino del Ejército). Chamorro se lo prometió», relató Gras.

Con respecto al motivo de su supervivencia en el centro clandestino y su posterior liberación, Gras lo relacionó con el objetivo político de Massera. «Hubo un cambio de lógica del campo de concentración: al principio era un campo de exterminio; después hubo otras necesidades. Entonces pasó a ser un campo de exterminio y trabajo forzado. Esto permitió a un grupo de detenidos prolongar su vida», explicó. Fue así que «se formó un grupo de prisioneros funcionales, que trabajaban en Pecera, que era como la redacción de un diario, donde se procesaba información de prensa, al que Acosta auspiciaba y nombró como ‘proceso de recuperación'» de detenidos.

Sin embargo, Gras argumentó que su liberación no se debe a una sola causa. «Por un lado, ser del grupo que trabajaba en Pecera me permitió interactuar con un grupo reducido de oficiales de inteligencia; creo que a ellos les resultaba más difícil matar a una persona con la que habían hablado más de un año», sostuvo. «Por otro lado, estaba la idea de absoluta impunidad: una situación como esta (en referencia al juicio por los crímenes de la ESMA) era inconcebible. Y además eran presos de su propia mentira sobre el proceso de recuperación de detenidos», agregó.

Martín Gras fue liberado a mediados de 1978 en La Paz, Bolivia, con documentación que le proporcionó la Marina. El miércoles 18 de agosto de 2010 fue su turno para testimoniar acerca de los crímenes contra la humanidad que se cometieron en la ESMA.

Actualmente, Martín Gras se desempeña como secretario ejecutivo del Plan Nacional de Derechos Humanos que lleva adelante la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, como parte de las políticas públicas en la materia.

 


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