ESPIONAJE : Dinamarca ayudó a EEUU a espiar a los principales gobernantes europeos

La inteligencia danesa colaboró con la NSA para espiar a políticos europeos a través del cableado de internet bajo Copenhague

Mapa de los cables troncales actuales alrededor de Copenhague y el complejo de inteligencia Sandagergård 

 

Desde  2012 y hasta 2018 – cuando un joven funcionario de inteligencia danesa lo denunció con pruebas obtenidas en secreto, ante un organismo de control de su gobierno- el Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca, junto a la NSA estadounidense espiaron a los líderes políticos y funcionarios de gobierno de primera línea de Francia, Alemania, Noruega y Suecia.  Los datos interceptados desde los cables de internet daneses se copiaban en instalaciones secretas del país y se analizaban en un centro construido a tal efecto, al sur de la isla de Amager, a poca distancia de Copenhage, la capital del país. Los antecendentes de este vergonzoso capítulo  se remontan a 1990 -según viene informando desde finales de 2020 el prestigioso diario danés Berlingske– cuando la NSA descubrió que en algún lugar debajo de Dinamarca había un cable troncal por el cual circulaban llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes de texto desde y hacia países como China y Rusia. Llegar hasta ese cable era casi imposible sin la ayuda de los daneses, por lo que la NSA le pidió a la inteligencia danesa acceso al cable, pero esta solicitud fue denegada por el gobierno de Dinamarca. Entonces, intervino directamente el presidente Bill Clinton ante el primer ministro danés de la época Poul Nyrup Rasmussen, un socialdemócrata que ocupó el cargo durante cuatro legislaturas, fue secretario general de su partido, presidente de los socialistas europeos, y actualmente es europarlamentario. Rasmussen, partidario de unas “relaciones cercanas con EEUU” -la versión del primer mundo de las “relaciones carnales con EEUU” del ex presidente argentino Menem- dijo que sí a Clinton, y la cooperación se estableció en un documento secreto que sólo conocería un exclusivo círculo de gobernantes daneses. El gobierno pidió la colaboración de la empresa privada danesa que operaba el cable, la compañia aceptó, pero pidió que el acuerdo estuviera ratificado por el primer ministro. Por lo tanto, firmaron el propio Rasmussen, el ministro de defensa  y el jefe del departamento de inteligencia. Posiblemente, nada de esto se hubiera destapado, si no fuera porque  un joven técnico informático -bautizado ahora por los medios escandinavos como “el Snowden vikingo”- empezó a sospechar que el Servicio de Inteligencia de Defensa danesa “estuviera haciendo negocios en EEUU al dejar a propósito al sistema con vulnerabilidades técnicas que permitían a la NSA abusar del mismo”. MM

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