El equilibrio entre Guzmán, Feletti y Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, ya se vislumbraba inestable por varias razones: una, los tres puntos de Feletti, entre los cuales estaba el tema retenciones a las exportaciones; y segundo, el análisis político del contexto. La designación de Feletti, además de empoderar a Guzmán y darle una última chance para resolver la inflación en un plazo cortísimo, escondía otra movida. Que el ministro más cuestionado por el kirchnerismo absorbiera al único cuadro con algo de influencia en áreas económicas y cercano a la vice, Cristina Fernández, y casi que lo obligara a alinearse al éxito o fracaso de una misión compleja. Por eso, el fin de semana Feletti habló con gente de su espacio para tomar una decisión. «No se quiere inmolar», decían en su entorno, sabiendo que el desacople de precios internacionales vía retenciones no iba a ser tenido en cuenta por el Gobierno de Alberto Fernández.

Los tres puntos que Feletti le entregó a Guzmán son los siguientes: el primero, crear un Comité de Crisis para analizar el conflicto global y su impacto en alimentos, deslizando así su deseo de sentarse en la mesa del gabinete económico, donde no estaba. El segundo, achicar la brecha entre Precios Cuidados y Descuidados (hoy en un 40 por ciento), dando más aumento a Cuidados y negociando con empresas que no haya más remarcaciones. El tercero, lograr de algún modo un mecanismo para desacoplar precios internacionales. «Es retenciones, cupos o algo», le dijo Feletti a Guzmán. El ex secretario cree que antes de marzo era un escenario y luego otro, en relación a los precios, algo de lo que expresó en su carta de renuncia.

Los técnicos de Comercio habían hecho un cálculo rápido de retenciones e impacto, ya resignados porque buena parte del trigo del año estaba vendido. Calcularn impacto porque además vieron que se estaban quedando sin caja para financiar los fideicomisos del trigo, y que había que conseguir volúmen de dinero para sostenerlos de algún lado.  Algunos de los números: cuando se empezó con la idea del fideicomiso, febrero de este año, la tonelada de trigo cotizaba cerca de 25 mil pesos y el Gobierno suponía que podía llegar en el mediano plazo a 32 mil o 34 mil, es decir, un subsidio de entre 7000 y 8000 pesos. Pero hoy el valor es de 45 mil pesos, ergo, el subsidio es de 20 mil pesos.

Si en el momento más álgido de la crisis, se hubiese tomado la decisión de retenciones, aseguraron cerca de Feletti, se hubiese llegado al siguiente escenario: si sólo se hubiesen subido retenciones del 12 al 15 en trigo (también pueden aumentarse maíz del 12 al 15 y girasol del 7 al 15, sin pasar por el Congreso), el Estado hubiese conseguido ingresos por 638,75 millones de dólares. Con eso hubiese logrado dos cosas. Un derrumbe inmediato de los precios internos de productos básicos y, a la vez, fondeo para sostener los fideicomisos de precios estables y otras medidas. El asunto es que en el Gobierno recalcan que la mayoría del grano del año está vendido y que, hacerlo ahora, sería recrear un escenario de inestabilidad para lograr efectos magros.

Pero Guzmán ya había dicho, días antes, que no habría retenciones. Y lo propio había hecho Julián Domínguez, titular de Agricultura, el que más enfrentado venía con el secretario de Comercio. Pero el mundo presiona y Feletti insistió en ponerlas. «La India cerró las exportaciones y nosotros nos preocupamos por el impacto mientras aumenta el pan», se quejó el fin de semana un dirigente camporista que observa el nuevo ecosistema de toma de decisiones. India es el segundo exportador mundial y hasta la publicación británica The Economist alertó esta semana sobre los riesgos alimentarios de no salir a proteger. La dinámica de los grandes productores de alimentos está siendo proteger precios internos, pero en Argentina el debate es si se puede o no discutir retenciones, que son una herramienta bastante menos radical que cerrar las exportaciones. Todo ese cóctel, político, técnico y económico, precipitó la salida casi obvia de Feletti.