FERIA DEL LIBRO. Un editor le respondió a Saccomano: lo trató de “pavo real”

Terminó la Feria del Libro, dicen que la más exitosa (al menos, la más concurrida y populosa) de los últimos tiempos. Como se publicó aquí, se inaguró con un discurso muy controvertido (los anglizados dicen controversial) del escritor Guillermo Saccomano, cuya obra Pájaro Rojo admira. La única respuesta que recibió (al menos, que yo sepa) fue la del editor Juan Carlos “Coco” Manoukain, de editorial Ciccus y consejero de la Fundación El Libro por la Cámara Argentina del Libro, que ya sobre el final mostró su enojo, al calificar a Saccomano de “muchacho” y “pavo real”.

La de Saccomano fue una crónica anunciada

La Feria es una fiesta

Las verdades expresadas por el escritor invitado para abrir la Feria 46 no deben encandilarnos como para que podamos analizar junto a ellas, otros enunciados sibilinos: la concentración oligopólica del papel, la posesión a precio vil del predio rural, la censura y quema de libros en la dictadura cívico militar, la pobreza y el hambre que azota a nuestros niños junto a otras denuncias que comparto, arrancaron el aplauso fácil de la tribuna.

Me voy a referir a algunos tramos que considero erróneos, más allá del efecto hiriente y ofensivo de su deliberada actitud cuasi adolescente de provocador.

Cito: “Decir Feria implica decir comercio. Esta es una Feria de la industria y no de la cultura, aunque la misma se adjudique este rol”.

Siguiendo a Marcel Mauss considero a nuestra feria un “hecho social total” en la que, la movilización general de la comunidad, hace que confluyan una multiplicidad de elementos no solo materiales, sino, y sobre todo, espirituales, emocionales, ideológicos, políticos, pedagógicos, de transmisión, afectivos, de disfrute. En una feria se conjugan infinidad de prácticas que favorecen la construcción de trama social, de comunidad. Comerciar es una de ellas pero no la única. Casi un millar de actos culturales con presentaciones de libros, conciertos, mesas redondas, maratones de lecturas, capacitaciones y conferencias sobre los más diversos temas, hacen de la Feria del Libro de Buenos Aires el acontecimiento cultural más importante del país. Darle solamente a la escritura el carácter de hecho cultural, es no entender que el libro necesita de múltiples actos culturales para llegar a ser. La consigna “del autor al lector”, resume la complejidad de esta auténtica “cadena de valor”. ¿Quién pone en duda al primer actor de ésta? Sin necesidad de buscar centralidades, de lo que se trata es reconocer al libro como resultado de una construcción colectiva en la que cada parte da lo suyo.

¿Hace falta explicarle a Saccomano el concepto de “industria cultural” y su trascendencia en la vida de los pueblos, luego de tanto dicho y escrito? ¿Serían cuestionables la divulgación (poner al alcance del “vulgus”, la gente común) de la música o del cine porque están mediadas por la industria y el comercio? ¿La emoción que deviene de sus contenidos, estéticas, mensajes, deben minimizarse porque hubo compra/venta de por medio? Le recomiendo leer a mis ya fallecido socios, Octavo Getino y David “Coco” Blaustein con quienes tanto militamos desde los años 80´ por la defensa y el fortalecimiento de todas las Industrias Culturales siendo la del libro, la primera de ellas.

La letanía de referir obsesivamente al dinero en varios pasajes de su alocución (la sombra del dinero enturbia), me recuerda: “Cree el ladrón que todos son de su condición” y “la realidad es según el cristal con que se mira”. Y si, Saccomano es de los que piensan que todo se hace por interés: escribir, corregir, diseñar, ilustrar, editar, fabricar papel, imprimir, encuadernar, distribuir, presentar, vender libros y, ¿por qué no? hasta leer y hablar en público. Todo está contaminado… por “su” mirada pequeña y resentida de mercader. A lo que supuestamente aborrece, cede.

Si bien se esmeró en salpicar desde su micrófono/ventilador a propios y ajenos, cercanos y lejanos, (los fascículos literarios en las canchas tampoco le parecen bien) trataré de centrarme en su aborrecimiento hacia los editores a quienes nos calificó de “chupatintas” posesos de “bancos de sangre”, mirada negativa propia del que entiende a las relaciones como una guerra. El pobre autor, está en desventaja frente al voraz y despiadado todopoderoso editor.  Conflictos hay siempre como en todo vínculo, el asunto es desde dónde se los aborda. Centrado en él, repasó alguno de los suyos que llegaron a instancias judiciales. ¿Y..?

De manera panfletaria, demagógica y simplista pretendió manipular a la audiencia, toda ella perteneciente o adscripta a la familia del libro, con afirmaciones binarias de buenos y malos, ángeles y diablos, minusválidos y poderosos. Somos una enorme mayoría los editores que nos asumimos como articuladores de saberes, talentos, oficios y obviamente recursos materiales y financieros para hacer libros. Y aunque Saccomano no lo crea, esta mayoría forja lazos fraternales entre las partes, más allá del microcosmos comercial que lo desvela como escritor profesional. No todo se compra o se vende. El dar y el recibir, el don, que circula en los lazos sociales, o sea entre diferentes, es previo al intercambio interesado y, afortunadamente sigue vigente entre los que priorizamos la reproducción de la vida. La gratuidad, la donación, no denigra al que da ni al que recibe, al contrario. Integran nuestro catálogo miles de autores que me honró publicar y entre todos reconocemos a la editorial como lugar de encuentro, un Tantanakuy, es decir, un sistema social diseñado para lograr metas y objetivos, en este caso, desde los libros. Valores tales como la cooperación, la armonía entre los hombres y, entre estos y la naturaleza, la justicia y la verdad, la paz y el aliento del amor.

Le aseguro Saccomano que en la mayoría de las editoriales sucede algo parecido con respecto a la relación entre las personas que hacemos libros. No nos satanice muchacho y córrase del lugar de angelito exterminador.  Amén de que pretendemos vender libros para dar sostén a nuestros proyectos, también donamos, regalamos a un sinfín de entidades y hacemos campañas de lectura que promueven ergo, la escritura, animando así  al colectivo de autores. Siga con su modo zen y le deseo suerte en su búsqueda de “el uno con el todo”. Muchos editores practicamos a diario ese camino sin alharacas. Somos humildes y nos reconocemos ni más ni menos importantes que el resto. Eso sí, no aprobamos humillaciones de ningún pavo real, sea cual sea el lugar que ocupe “del autor al lector”.

 

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