FERNANDO ALMIRÓN. Un adiós

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​Es muy tarde y no tengo tiempo para despedir como se merece a Fernando Almirón, un periodista de raza que conocí en las redacciones de «El Porteño» y «Cerdos & Peces» . Siempre nos llevamos bien, sin un si ni un no, y siempre sentí que simpatizaba conmigo a pesar de haber sido en numerosas oportunidades la rueda de auxilio del vago de Symms, que no tardaría en mostrar la hilacha. Fernando era una de las escasas personas que me llamaba como mi madre, «Juanjo». Leo una apurada nota necrológica que se le ha dedicado y no puedo sino recaer en el lugar común de que «no somos nada», ya que olvida datos esenciales, por ejemplo que su libro «Campo santo», un largo reportaje al sargento talabartero Víctor Ibañez, fue clave para sustanciar la causa por los centros clandestinos de detención que funcionaron dentro de la enorme guarnición de Campo de Mayo. Uno de ellos, «El campito» nada tuvo que envidiarle a «La Perla» ni a la ESMA, pero a diferencia de lo que pasó en éstos prácticamente no hubo sobrevivientes. El aporte de Fernando a la causa Campo de Mayo se me hace que fue muy importante.  

Hacía mucho que no lo veía, y no sabía que estuviera enfermo, por lo que la noticia de su fallecimiento me cayó como un balde de agua fría. Busqué una foto suya en Google y sólo encontré ésta, tan borrosa como creo que serán más temprano que tarde nuestras existencias incluso para los jóvenes con quienes tenemos amistad. En fin, compañero Fernando, ojalá estés en un nirvana… junto a hermosas mujeres y buena bebida. Y ojalá nos encontremos allá, en la quinta del Ñato, para una larguísima conversación interrumpida, jalonada por risas y copas de champán.

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