FOLCLÓR. Cosquin, Caosquin, Kiosquin.

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El folclór argentino es un género insólitamente ninguneado por casi todo el mundo, y el Estado nacional no hace lo suficiente por él. Baste decir que en la grilla de los cables hay canales de música de absolutamente todos los géneros excepto de folclór (y quizá también de cumbia villera, que los ejecutivos de Cablevisión/Fibertel, Telecentro y también Direct TV deben creer que atentan conta su imagen). Hay una sola radio de folclór (Nacional Folklore), una FM porteña que no sé cuantas repetidoras tendrá en el interior. Los niños de hoy muy rara vez han escuchado canciones que en mi infancia eran de las que sabíamos todos, como La López Pereyra y Zamba de mi esperanza. ¿Para qué hablar del resto? Realmente, ¿se puede ser bonaerense sin haber escuchado nunca a Alberto Merlo ni Argentino Luna? ¿Se puede entender La Pampa y el Río de la Plata sin haber escuchado a José Larralde, Osiris Rodríguez Castillo, Aníbal Sampayo y el gran Alfredo Zitarrosa? Para no hablar de Los Olimareños, Daniel Viglietti, Carlos Di Fulvio, El Chango Rodríguez, Los Manseros santiagueños, los Tucu-tucu, Los Chalchaleros, Los Fronterizos y mis preferidos, Los Olimareños (solo los Coplanacu cubren parcialmente su ausencia), que popularizaron la obra del Cuchi Leguizamón, Manuel Castilla y Ariel Petrocelli. Y eso, para hablar solo de los viejos, en los que hay que sumar a otros muchos. Que no sea obligatorio aprender música argentina en las escuelas, clama al cielo ¿No les parece?
Bueno, después de esta filípica, de esta diatriba, los dejo con el doctor Jorge Hugo Leiva, que pinta un panorama oscuro,
Cosquin, Caosquin, Kiosquin 
Hace una semana concluyó la 54º edición del Festival de Cosquín, considerado la mayor expresión de música folklórica del país, y por algunos, de toda Sudamericana. En las distintas ediciones del festival surgieron o se consagraron artistas de la talla de Mercedes Sosa, los Huanta Huá, Cuarteto Zupay, Teresa Parodi, Soledad Pastorutti, el Chaqueño Palavecino, Rally Barrionuevo, por solo nombrar a algunos ya que sería tedioso mencionarlos a todos y corro el riesgo de olvidarme de alguno.
En Cosquín se dio la última actuación pública del Turco Jorge Cafrune, cantando la  “Zamba de mi esperanza” –prohibida por la dictadura-, días antes de su muerte en un ”accidente automovilístico”, que nadie creyó que se tratara de un “accidente”.
Pero en esta ocasión pasaron muchas cosas que merecen ser comentadas.
Durante su transcurso se sucedieron una serie de reprogramaciones que trasladaron las actuaciones de los artistas a días y horarios distintos a los previstos en el programa oficial, donde además se incluyeron a cantantes o grupos poco conocidos, o directamente desconocidos, y varios de los artistas más populares subieron al escenario a altas horas de la madrugada, o bien ya iniciado el día, y varios artistas  no pudieron hacer algo tan elemental como la prueba de sonido. Problemas estos que fueron reproducidos por Juan Falú en la carta que le dirigiera a Liliana Herrero, y que ésta reproduce.
Mientas algunos consideraron que fue “el peor festival de la historia”, “La Nación” consideró que “Cosquín está flojo de paeles” 
No es menor que el diario fundado por Don Bartolo titule de esa manera tan directa y popular una nota sobre “el mayor festival de música popular”. Es un título que no deja dudas, lapidario.
En el homenaje que se le iba a tributar a Eduardo Falú, por parte de su sobrino Juan Falú, eximio guitarrista, junto a Liliana Herrero, Lilian Saba (pianista) y Marcelo Chiodi (vientos), programa y reprogrado para altas horas de la madrugada finalmente no pudo concluir, lo que originó que Juan Falú sesintiera censurado y anunciara que dejará de concurrir al festival.
El cantante salteño Jorge Rojas dijo que “había una desorganización tremenda” y “que después de lo ocurrido debo replantearme si actuar o no el próximo año. Si la comisión organizadora respeta lo acordado; porque esto se maneja así vos firmas un contrato y acuerdas el horario de tu actuación. Ahora, si ellos persisten en no respetar lo acordado entonces no creo que actúe».
Más duro fue Ica Novo que dijo “No quiero dejar de mencionar, como ejemplo de la desconsideración y el maltrato que han sufrido muchos artistas, la afrenta personal que significó que Irina Cazenave y Alfredo Martino (a quienes creía hasta ese momento respetables y respetuosos compañeros), con la ayuda de un patovica, impidieran que el pianista de mi banda, mi hijo Salvador, pudiera tocar conmigo (¡Su padre!) la última vez que fui programado… Para que el Festival sea siempre Cosquín y nunca Kiosquín, como ya dije en el escenario, momento desde el cual me proscribieron de hecho, tal vez porque algunos eligieron que sea Kiosquín…”
Peteco Carabajal por su parte afirmó «Me parece un despropósito la cantidad de artistas que hay que no tienen mérito para estar en el escenario. Hay una trama que tiene que ver con la organización del festival, con favores a políticos que exigen que actúen dos o tres cantores mediocres y que tienen que estar sí o sí en horario central», dijo a la prensa tras su actuación en el Festiva”l.
«Suben artistas sin trayectoria que consiguen empresas que ponen dinero y eso desnaturaliza y quita espacio a los que tenemos que decir (…) «Cosquín es una escuela de tortura de los artistas donde te tratan mal ojalá que otros festivales no tomen como referencia su organización (…) No se si estaré el año próximo, sí las peñas están muy lindas, ahí es donde está el verdadero sentir».
Los Tekis expresaron «Una y otra vez hemos escuchado esta frase por estos días respecto a nuestra actuación en Cosquin. ¿Qué significa la frase «Cosquín es así? ¿Dejemos todo como está? Creemos que hay que avanzar, hay que superarse (…) Los Tekis, después de 20 años de carrera, no olvidamos y siempre reconocemos lo que significó este querido Festival para nuestra proyección artística. Nuestra banda, como muchas, caminó los eneros de Cosquin con nuestros instrumentos al hombro, bolsos cargados de sueños y toda nuestra pasión por la música compartida con su gente (…) ¡Así es Cosquin! ¿Esa es la respuesta? Si así fuera, debe dejar de serlo. No debe usarse para justificar lo injustificable y que puede ser corregido. Nosotros aportamos lo nuestro, lo artístico, arriesgamos todo el tiempo, recursos y profesionalismo. Más allá de gustos y preferencias porque siempre el público elige… Hoy aportamos esta reflexión, nuestra opinión y experiencia». 
Estas opiniones, y muchas otras más, fueron recogidas aquí. 
Por su parte Teresa Parodi llamó a “refundarlo o crear el espacio que necesita nuestra música para ser escuchada y respetada. Entendiéndose por ello dejar que suene con sus profundidades más claras, re alimentarse en las búsquedas genuinas de las nuevas formas, atesorar las voces y las obras de los maestros en los que seguimos eligiendo mirarnos, en suma, hacer más ancha y luminosa su huella”.
“Amigos, ¿no será que Cosquín, que es de los coscoínos, quiero decir que ellos ponen o sacan las reglas con que se lo programa, digo, no será que Cosquin refleja lo que hemos dejado que nos pase con la cultura?”. 
“Triunfó, nos guste o no, nos cueste o no aceptarlo, la cultura de la banalidad, de lo efímero, de la inmediatez de lo superfluo, de lo efectista, de la taquilla reinando y decidiendo por encima del arte, sobre lo profundo y lo austero, sobre lo bello sin estruendo ni palmas palmas, ni gritos de amor de bajo vuelo”.
“Y me atrevo a proponer: juntémonos compañeros, colegas, productores, amigos, amigas, manos a la obra. Intentemos sinceramente pensar modos, alternativas para este alto desafío de hacerle justicia a nuestra música más genuina, a los grandes artistas y a los jóvenes que vienen aportándole con honestidad y talento nuevos aires y no tienen ni el tiempo ni el lugar que les corresponde en los escenarios. No esperemos un año más para renovar nuestro descontento. Teresa. Ver texto completo aquí. 
También Liliana Herrero llamó a “refundar”  y a “crear un nuevo horizonte musical, artístico y cultural en la Argentina. Si lo hacemos es porque somos capaces de pensarnos a nosotros mismos con toda la complejidad que eso supone”.
“Quiero para la música un acorde bien tocado, quiero para la política un pensamiento para la cultura, un horizonte armónico que sea homologable a las formas más avanzadas de justicia, como muchas de las acciones que este gobierno ha realizado. Quiero festivales y conciertos que incluyan a todos los que venimos haciendo de la música nuestras formas de vivir en las mismas condiciones, con los mismos derechos, con las mismas posibilidades, y no con la lógica de las jerarquías del mercado y de los medios que declaramos combatir”.
“Quiero decir que si pudiéramos alejarnos de los estilos del clientelismo y los compromisos comerciales, podríamos comenzar a pensar en serio en los grandes músicos y poetas de este país. Y entonces sí seremos felices huéspedes de una memoria que late en este presente con vigor y sonoridades nuevas, sea el género musical que fuere”  (Pagina12, 06-2-2014).
La única verdad, que es realidad, es que hace años que se dice que el Festival de Cosquín es deficitario. La edición en que se celebraban los 50 años del festival pudo concretarse por el aporte de algunos artistas, entre los que se destacaron los Carabajal, y  la Secretaría de Cultura y Presidencia de la Nación, además de la televisación por parte de la TV Pública, según lo informaron los medios de prensa.
Además que es evidente que en los últimos años pudo advertirse una suerte de baja en el nivel artístico del Festival.
El éxito del festival coscoíno siempre se basó en la calidad de los artistas que se presentaban en las tradicionales “nueve lunas”, y en la cantidad de público que se convocaba en las noches en que transcurría el festival.
Si bien siempre se escucharon voces descontentas con la organización del Festival,  ahora los que se quejan son artistas conocidos y reconocidos, con trayectoria, con merecida consagración, de peso, y con alto grado de convocatoria de público. La pregunta es a quién seguirá el público si los artistas deciden crear un espacio nuevo como propone Teresa Parodi, si es que deciden no esperar un año para renovar el descontento. A quienes seguirán los peñeros, no solo de Cosquín sino de todo el país, a la Comisión Organizadora del festival?, o se irán con los artistas donde estos vayan?.
Por ahora se escuchan quejas generalizadas, discrepancias importantes, esperemos para ver si el descontento se concreta en una propuesta superadora.


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