LA INTERNA DEL FRENTE DE TODOS: Para variar, dependemos de lo que Cristina pueda inventar

La mirada de Abel B. (El blog de Abel, Pensando en voz alta) siempre me parece interesante, aunque resulte divergente con la mía tal como resultó recientemente a partir de la irrupción de las tropas rusas en Ucrania. Hace ya más de una semana Abel publicó este post que reproduzco:

Preguntas, e intentos de respuesta sobre la “interna” de Alberto y Cristina

 

El desencuentro. Mirado friamente parece obvio que es el Presidente quien debe convocar a Cristina a parlamentar.

“Comandante Cansado” es el nic de alguien que en la época de oro de los blogs ofrecía análisis inteligentes y comentarios sarcásticos sobre nuestra realidad. Pero hace años que trabaja en Bruselas, y le resulta difícil entenderla (Europa tiene sus propias locuras).

Una prueba de su despiste es que me pidió que le ayudara a comprender lo que está pasando. Va su mail, y lo que le contesté (con unas pocas frases más que se me ocurrieron después):

Hola, estimado. Hay algo que no logro entender con respecto a la interna FdT, a ver si me puede ayudar…

Kirchneristas y albertistas están abocados codo con codo con una energía envidiable a la algo polémica actividad de echar leña al fuego de la interna. Los primeros tiran con todo lo que tienen y los segundos se tapan las orejas y dicen “no escucho, no escucho, la manija la tengo yo, lero, lero”. Ambas actitudes me parecen perniciosas, pero no igual de (in)entendibles.

La actitud K es autovalidante y alimenta una profecía autocumplida (“ya perdimos”). En ese sentido es impermeable a la realidad, y por eso es entendible (quienes la sostienen podrán seguir haciéndolo ad eternum).

La segunda, en cambio, tarde o temprano se chocará con la realidad: en unas PASO Alberto no puede creer que tiene chances frente a Cristina, ¿por qué Alberto persiste (o deja que persistan por él) en una situación que lo llevará a chocarse con una pared? ¿Qué espera conseguir? ¿Piensa realmente que puede ganar o no cree que se llegue a las PASO, pese a decir que sí todo el tempo?

A mí me cuesta optar por una u otra posibilidad, porque pienso bien de Alberto en términos de honestidad intelectual y capacidad intelectual. ¿Entonces? ¿Qué se me escapa?

A ver si me puede iluminar…”

Mi respuesta:

Estimado, no creo que pueda darle una respuesta satisfactoria. Porque su pregunta no es precisa. Quiere saber las motivaciones de Cristina, de los cristinistas, de Alberto y de los “albertistas”. Son 4 protagonistas de este drama, MUY distintos entre sí.

Cristina y Alberto son personas reales. Con ninguna de las dos tengo el trato frecuente e íntimo que necesitaría para opinar con seriedad. Bah, no tengo trato. Cristinismo y albertismo son colectivos, y todo colectivo es una construcción.

(Y siento necesario apuntar que los protagonistas de esta interna son colectivos de funcionarios albertistas y cristinistas. Los votantes de Cristina, los potenciales votantes de Alberto… están en otra, por ahora).

Planteadas estas reservas, me zambullo, y contesto desde la dinámica política: están enfrentados en la interna porque no tienen otra opción mejor.

CFK, con una mirada lúcida sobre el escenario político-social, sus seguidores y votantes, y sus objetivos posibles, quiere preservar una identidad política –la que se formó en la etapa kirchnerista del peronismo– y los votantes que convoca desde ahí. Para ello necesita diferenciarse de la realidad actual. Hay una actitud muy vieja en el peronismo, repetir “¡”Eso´ no es peronismo!” Cualquier veterano la escuchó centenares de veces, en momentos históricos muy distintos. CFK está diciendo “¡”Esto´ no es lo q hicimos Néstor y yo!“.

No creo que se plantee como posible modificar profundamente la gestión del gobierno, a esta altura. Pero puedo estar equivocado, porque yo no lo creo posible. Quizás Cristina piensa que un nuevo gabinete, un nuevo ministro de economía con poder, renovaría expectativas. Y Alberto puede pensar que sucedería lo mismo que cuando Alfonsín reemplazó al competente, debilitado Sourrouille por Pugliese y luego por Jesús Rodríguez: una pendiente al abismo.

(Esa sería la explicación “técnica” de esta interna. El guion de “Rescatando o reemplazando al soldado Guzmán”).

Creo que CFK es una política con mucho sentido de las posibilidades realistas. Las señales que envía en una determinada dirección: reunirse con referentes del gobierno de EEUU, conversaciones con Martín Redrado, recomendar el libro de J.C. Torre sobre el derrumbe del gobierno de Alfonsín… estimo que tienen más el sentido de sacarla del lugar de una Rosa Luxemburgo del Calafate, donde quieren encasillarla sus enemigos políticos.

Y no creo que Alberto tenga otras opciones, a esta altura. En mi opinión –seguramente equivocada, diría el Turco Asís– su error fundamental fue no aceptar la gravedad del problema estructural de la economía argentina –que viene de décadas, y que la gestión de Macri empeoró e hizo crítico– y no encaró una política antiinflacionaria dura, como sugería Álvarez Agis, y la dificilísima tarea de empezar a desmontar el capitalismo concesionario que heredamos de Menem.

Por supuesto, todo esto era políticamente muy difícil, casi imposible. Todos los que hablaban en público en ese momento inicial decían que había que “poner dinero en el bolsillo de la gente“. Era difícil aceptar que ese dinero se iba a ir como agua de los bolsillos.

Se sigue yendo, pero ya el gobierno de Alberto no tiene la posibilidad, creo, de aplicar otra política que el gradualismo de Guzmán. Que ha servido para recuperar la actividad, pero no para moderar una inflación patológica, que carcome los ingresos de todos los que cobran en pesos. Ni para moderar una brecha cambiaria también patológica.

En cuanto a las eventuales PASO: la apuesta racional de Alberto será que Cristina no las acepte. Como decidió no ir en 2017 a unas PASO con Randazzo, que seguramente habría ganado. (Alberto era el jefe de campaña de Florencio en ese momento…).

Cristinistas y albertistas… Los primeros tienen una identificación emocional fuerte con CFK. Los albertistas (potenciales), serían los peronistas que no tienen una identificación emocional fuerte con CFK. Este “empate hegemónico” (esta frase me suena…) ha creado un estado de ánimo pesimista, en bastantes, derrotista. Y, más grave, lo que Ud. detecta: una cierta esterilidad de ideas.

Mi opinión personal: me considero realista, y por eso admito una posibilidad fuerte de una derrota del oficialismo en 2023. Pero no la doy por segura ni mucho menos. La dinámica de la política argentina es… muy dinámica. Y la del peronismo, no le digo nada.

Cristina es, repito, una política realista. E imaginativa. El “gambito vicepresidencial” lo muestra, más allá de su resultado en el largo plazo. Y, como he insistido en el blog muchas veces en 14 años, puede llegar a centímetros de la pared, pero no la choca.

Y, por supuesto, el peronismo ha mostrado a lo largo de 77 años realismo e imaginación para tirar al techo. También más allá de los resultados, buenos y malos, en el largo.

Un comentario mio:

No sé qué piensan ustedes, pero yo estoy en términos generales de acuerdo con Abel. Es imprescindible acordar un modus vivendi por lo menos hasta las PASO. Y apoyar a Guzmán o a quien se consensúe en su reemplazo (personalmente, pienso que lo mejor sería reemplazarlo… solo que no atino a vislumbrar quien podría surgir de un eventual consenso). Otra cosa: no me parece que Cristina vaya a ir ella, personalmente, a las PASO. Pero si me parece que cualquiera al que ella apoye (¿Wado? ¿Capitanich?) tiene enormes chances de ganarle a Alberto siempre que no haya trampas y las PASO conserven su espiritu, esto es que los cambiemitas y fachineos también diriman sus internas el mismo día.

Lo principal, me parece, es que las diferencias entre ambos sectores, partidarios de Cristina y objetores de su conducción, ya están suficientemente claras y que es imprescindible ahora llegar a consensos, acuerdos mínimos, pues el fracaso del gobierno, pienso y temo, nos arrastrará a todos. Y hacerle el campo orégano y  entregarle la patria a quienes quieren descuartizarla y desaparecerla sería un pecado imperdonable.

Así que por lo pronto deben cesar los ataques públicos al Presidente, así como los comentarios de algunos de sus allegados –ya sean pánfilos, de muy cortas miras, chupamedias, manyaorejas o agentes del enemigo– que pretenden creer que el gobierno puede salir adelante dejando a un costado a Cristina sin traicionar a sus bases.

Y el Presidente debe bajarse de Pegaso y entender que fueron básicamente los votos de Cristina los que lo enancaron en él, y que corre el riesgo de ser depuesto más temprano que tarde. Porque a mi juicio la inflación es la punta de lanza, el ariete de un Golpe de Estado asordinado y en cuotas, producto de la coordinación por parte del Norte de los embates del Poder Judicial, el Poder mediático y el Círculo Rojo. Seguir haciéndose el distraído implica que, para sobrevivir, deberá plegarse cada vez más a sus designios. Hasta la entrega de la banda y el bastón, con pena, sin gloria.

Todo indica que la pelota está en el campo del Presidente y que éste está obcecado en no llamar ni convocar a Cristina. Fíjense acá: https://www.lapoliticaonline.com/politica/alberto-atribuye-a-cristina-la-derrota-electoral-y-traba-el-acuerdo/

     

 

 

Comentario (1)

  1. Ricardo

    Imaginando escenarios, desde peor a mejor:

    1. Perder habiendo entregado las banderas.
    2. Ganar habiendo entregado las banderas.
    3. Perder sin haber entregado las banderas.
    4. Ganar sin haber entregado las banderas.

    El 3 es para mí el más probable, pues espero que las banderas no se entreguen. Entregar las banderas es mucho peor que perder. Ahí sí que hubieran cumplido su objetivo, la derecha y la socialdemocracia albertista (la caracterización de Moreno es precisa), porque a lo que aspiran es a un bipartidismo sin consecuencias.

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