GENERAL MILANI Vs. NEGACIONISTAS: “Jamás los he oído condenar los crímenes cometidos por la dictadura”

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No estoy de acuerdo con la caracterización de “terroristas” para las organizaciones guerrilleras. Es para tratarlo con mayor extensión y profundidad, pero entiendo que terroristas son aquellos que quieren infundir el terror en la sociedad, por lo que cometen actos de violencia indiscriminada (como lo fueron, por ejemplo, los atentados cometidos por la ultraderecha italiana en los años ’70, parte de la llamada “estrategia de la tensión”) y no veo, sinceramente que el ERP haya cometido ninguno (aun que si errores garrafales, como la muerte de la hijita del capitán Viola en Tucumán, tal como reconoció ipso facto su dirección) y en cuanto a Montoneros admito que hay una controversia en algunos atentados con explosivos, pero en todos los casos tenían objetivos claros: protagonistas del exterminio que estaban sufriendo no sólo sus militantes, sino también gremialistas y militantes de organizaciones que no promovían la lucha armada. Solo, me parece, admite controversia, el cometido durante la “contraofensiva” contra la casa de Guillermo Walter Klein, mano derecha de José Martínez de Hoz.

Hecha esta salvedad, comparto plenamente los dichos del general Milani. Hoy, la divisoria de aguas está entre quienes servimos a la patria argentina y latinoamericana, y quienes sirven a la codicia del extranjero, a los socios locales del saqueo. De modo que si viejos enemigos como Enrique Haroldo Gorriarán Merlo y el coronel Mohamed Alí Seineldín estuvieran vivos, aún con sus diferencias, estarían en el bando de los nacionales y latinoamericanistas.  Más aún y arriesgándome alas críticas de los puristas: si mi tocayo, el mayor retirado Juan José Giménez Centurión, abjurase de su apoyo al exterminio de la crema de mi generación, no tendría ningún reparo en considerarlo un compañero en esta patriada. Y  es que en este brete, cuando el futuro de la Argentina está en juego, nadie sobra. Que el ejemplo de Martiniano Chilavert ilumine a nuestros militares.

Después del texto de Milani, me referiré al asesinato del teniente coronel (coronel post mortem) Jorge Roberto Ibarzábal.

Señora  

Respeto su dolor y respeto por sobre todo el valor y la memoria de su padre asesinado de forma cruel y cobarde mientras prestaba servicio a la patria, sin dudas merece ser reconocido y honrado junto al resto de las víctimas de las organizaciones terroristas. Que me agravien los defensores de la dictadura no me afecta, los conozco de toda la vida, al igual que a los del otro lado que me llaman genocida, ambos extremos aún viven en el odio, el rencor y la venganza, no buscan ni les interesa la paz, lo único que les importa es estar enfrentados sin entender razones y destruyéndose entre compatriotas.
Ningún muerto duele ni vale más que otro. Le aclaro que mis expresiones se referían no al valor como víctimas, sino al trato que se les debe dar desde el Estado, en ese plano no están a la misma altura, mismo nivel o en consideración semejante unos que otros, y se debe al hecho objetivo de que cualquier persona víctima de un delitos cometidos desde el mismísimo estado, quien debería en realidad cuidarlos y velar por sus derechos, recibe un trato distinto a aquellas que fueron víctimas de un civil o de organizaciones que no actuaban en nombre del mismo. No porque una vida valga más que otra, sino por la responsabilidad que le cabe al perpetrador del hecho. No es lo mismo ser muerto por la policía que por un delincuente, en un caso corresponde la responsabilidad del estado e indemnización a la familia y en el otro no, creo que hacer estas aclaraciones a esta altura ya es un poco absurdo pero aún necesario debido al nivel de irracionalidad e insensatez en el que todavía vivimos.
No tengo soberbia y mucho menos le faltaría el respeto a los camaradas muertos en cumplimiento del deber, por el contrario, los reconozco y valoro. No así a los criminales vestidos de uniforme que cometieron todo tipo de atropellos contra la vida, esos tienen mi profundo desprecio por sus delitos y por haber manchado el uniforme de la patria. También hace falta aclarar que al igual que en cualquier otro proceso penal hay injusticias y presos mal juzgados cuyos procesos deberían ser revisados. Sería muy necio creer que la justicia no ha cometido un solo error y todos los presos por delitos de lesa humanidad están bien juzgados y condenados. Por otro lado también es necesario decir que muchísimos militares han sido absueltos, podría citar decenas de casos que se ve que ustedes no conocen y jamás mencionan.
Critico y repudio abiertamente a los terroristas de aquella época pertenecientes a organizaciones criminales, pero por la misma razón esgrimida anteriormente, tampoco es el mismo trato que debieron recibir al ser juzgados por sus delitos unos y otros. Ambos fueron delincuentes con diferente niveles de responsabilidades. El hecho de vestir un uniforme y actuar en nombre del estado, es una responsabilidad mayúscula que implica deberes y obligaciones consecuentes. Yo viví esa época señora e hice guardia en los cuarteles, no tienen que contarme nada, pero jamás hubiera cometido un crimen como los que se cometieron amparándome en el contexto. Espero la misma honestidad y humildad de usted y de su organización, ya que jamás los he oído condenar los crímenes cometidos por la dictadura. Esta es una herida que claramente aún no cierra, solo con sinceridad, humildad y perdón podremos avanzar en pos de un futuro común, aprendiendo del pasado para nunca más cometer los mismos errores.
La saludo con el mayor de los respetos, a pesar de tener ideologías distintas, no somos enemigos señora, reconozco y entiendo su dolor.
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Respecto al asesinato de Ibarzábal diez meses después de su captura en el cuartel de Azul en el que prestaba servicios, no hay duda de se trató de un crimen repudiable, perpetrado en medio del acoso de la policía a una camioneta que lo trasladaba de una “cárcel del pueblo” a otra. Ibarzábal fue capturado cuando el ERP intentó tomar ese cuartel el 19 de enero de 1974, a poco de haber asumido Perón su tercera presidencia. Fue un cagadón mayúsculo: la muerte del coronel Camilo Arturo Gay y de su esposa enloquecieron al General (Gay había sido condecorado por ser un defensor activo de su gobierno el infausto 16 de junio de 1955 cuando el bombardeo indiscriminado y por lo tanto –ahora si– terrorista por aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea). Era el segundo golpe al corazón que sufría tras el asesinato de José Ignacio Rucci, y ambos tuvieron la “virtud” de hacer que Perón se hiciera el distraído ante los primeros asesinatos y atentados (otra vez si) terroristas (porque buscaban asesinar, a diferencia de los centenares de “caños” hechos detonar por el peronismo) de la lúgubre Triple A (por su firma AAA, Alianza Anticomunista Argentina) prohijada por su ministro y secretario personal José López Rega.
Pero esta es otra historia.

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