GUERRA BIOLÓGICA. China teme que el «proyecto insectos» liderado por el ejército de EEUU se convierta en un arma que atente contra la seguridad alimentaria mundial

El Global Times es el diario chino en inglés que habitualmente refleja las posiciones del gobernante Partido Comunista. Conviene cotejar estas advertencias con las hechas casi simultáneamente por la Federación Rusa.

Foto: VCG

 

POR SHAN JIE  y FAM WEI / GLOBAL TIMES

El conflicto entre Rusia y Ucrania ha derivado en una crisis alimentaria mundial, en un momento de cambio climático, contaminación y otras amenazas al suministro de alimentos. En el futuro predecible, los problemas alimentarios serán un elemento permanente en el mundo, mientras que los conflictos derivados de las «guerras por los cultivos» también se convertirán en un problema internacional de gran preocupación.

Desde 2016, el instituto de investigación militar avanzada de EEUU impulsa un programa conocido como «Aliados de insectos», que, según dijo, era para enfrentar los riesgos potenciales que atentasen contra el suministro de alimentos. Sin embargo, el Pentágono utiliza insectos como portador de un «virus genéticamente modificado» que podría afectar el crecimiento de los cultivos al alterar los genes de las plantas.

Así lo han advertido científicos y expertos de todo el mundo: los Insect Allies podrían abrir una «caja de Pandora» tecnológica dificil de desarmar.

Las intenciones del Pentágono están en duda: ¿Son realmente poner a salvo a la Humanidad de una hambruna o, por el contrario, provocar una crisis humanitaria en beneficio de objetivos militares?

Los expertos contactados por Global Times dijeron que Insect Allies es un peligro real. «¿Por qué usan insectos como portadores? ¿Por qué Estados Unidos construye laboratorios biológicos cerca de otros países como Rusia? Cuando se abra la Caja de Pandora, seguirá una serie de desastres», dijo un experto.

Sin embargo, esto es solo la punta del iceberg. Además del programa Insect Allies, EE. UU. ha llevado a cabo experimentos biológicos en «biolaboratorios» esparcidos por medio planeta, sin tener en cuenta la seguridad humana y la ética natural, al tiempo que viola flagrantemente la «Convención de Armas Biológicas».

Foto: VCG

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La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) es una agencia de investigación y desarrollo del Departamento de Defensa de los Estados Unidos responsable de desarrollar aplicaciones militares de alta tecnología.

Desde que DARPA anunció Insect Allies en nombre de la prevención de desastres y el aumento de la productividad, las controversias en torno a esa propuesta no dejan de crecer.

Según el sitio web de DARPA, el programa persigue «contramedidas escalables, fácilmente implementables y generalizables» contra «potenciales amenazas naturales y de ingeniería» que conspiren contra el sistema de cultivos de EEUU.

Afirma este sitio que el programa, «mediante la aplicación de terapias dirigidas», busca mitigar el impacto de las incursiones, incluidas las amenazas naturales al sistema de cultivo como las «amenazas introducidas por actores estatales o no estatales», que pongan en peligro la seguridad nacional.

El programa Insect Allies tiene como objetivo declarado transferir genes modificados a plantas a través de insectos vectores. Y hacerlo junto a virus de plantas, lo que involucra a tres áreas técnicas: manipulación viral, optimización de insectos vectores y terapia génica selectiva en plantas maduras, explica  DARPA.

Para lograr este objetivo, el proyecto, valuado en 45 millones de dólares, ha creado al menos cuatro institutos de investigación. Uno de los experimentos del programa involucró en 2017 plantas de maíz y tomate junto a insectos como saltamontes, moscas blancas y pulgones.

Lo informado por DARPA han dejado intranquilos a los científicos. Ya en abril de 2018, un artículo de Science advirtió que los insectos protectores de cultivos de Insect Allies «podrían convertirse en armas biológicas».

«Si tiene éxito, la técnica podría ser utilizada por actores maliciosos para ayudar a propagar enfermedades a casi cualquier especie de cultivo y devastar las cosechas.La investigación puede ser una violación de la Convención de Armas Biológicas», postula el artículo de Science, que cita a científicos europeos.

«El programa puede ser percibido como un esfuerzo por desarrollar agentes biológicos y sus medios de entrega para fines hostiles”, señalaron los críticos.

El Instituto Max Planck de Alemania también indicó que los Insect Allies «podrían fácilmente ser mal utilizados para desarrollar armas biológicas».

En una revisión crítica publicada en enero de 2022 en Society of Environmental Toxicology and Chemistry, los científicos señalaron que «la combinación de una modificación genética inducida por virus de plantas de cultivo en el campo utilizando insectos vectores genéticamente modificados plantea un riesgo mayor que el uso existente hasta ahora de organismos genéticamente modificados».

En 2019, la revista Forbes incluyó a Insect Allies en la lista de «Problemas de ética tecnológica en los que todos deberíamos estar pensando». «¿Es esto un arma biológica? ¿Motivará a otros países a desarrollar la tecnología en defensa?», se preguntaba su editor.

Zhang Jie, experto del Instituto de Protección de Plantas de la Academia China de Ciencias Agrícolas (CAAS), dijo al Global Times que la posibilidad de usar insectos como vectores de bacterias y virus dañinos para atacar cultivos y causar una crisis alimentaria no solo existe, sino que además tiene mucho espacio para expandirse.

Zhang dijo que tres cultivos principales, arroz, trigo y maíz, pueden tener virus, bacterias u hongos mortales. En realidad, las plagas objetivo, como los saltamontes del arroz y los áfidos del trigo, pueden transportar diferentes virus para infectar los cultivos y causar enormes pérdidas.

“Sería mortal transformar un insecto en un arma biológica, porque hasta ahora, los virus en los cultivos son muy difíciles de controlar. Una vez que un cultivo infectado desarrolla síntomas, es casi imposible salvarlo. Y el virus sigue variando, creando aún más dificultades en la prevención», dijo Zhang.

Zhou Huanbin, el colega de Zhang que estudia la edición del genoma, le dijo al Global Times que en la edición de genes de cultivos, se deben seguir algunos principios, uno de los cuales es minimizar el riesgo de propagación descontrolada de cultivos editados genéticamente.

También con respecto a la capacidad de control del proyecto, Gregory Kaebnick, especialista en ética del instituto de investigación de bioética del Centro Hastings en Nueva York, fue citado por AP diciendo que una vez que se introducen en los campos, los insectos y microbios «podrían ser imposibles de eliminar». Kaebnick advirtió que la tecnología Insect Allies podría «terminar siendo destructiva».

Violaciones de la Convención de Armas Biológicas

El plan Insect Allies ha sido etiquetado como un «arma biológica» por académicos occidentales desde el mismo día en que se anunció, lo que provocó una gran discusión en los círculos académicos occidentales y en los medios sobre si el plan viola la Convención de Armas Biológicas de las Naciones Unidas. (CAB).

«Debido a la amplia prohibición de la Convención de Armas Biológicas, cualquier investigación biológica de interés debe justificar tener fines pacíficos. Se podría considerar que el programa Insect Allies viola la Convención de Armas Biológicas, si las motivaciones presentadas por DARPA no son plausibles”, señaló el artículo del Instituto Max Planck.

Como piedra angular del control internacional de armas biológicas, la BWC estuvo lista para ser firmada en 1972 y entró en vigor en 1975 en más de 180 estados partes.

Sin embargo, EEUU primero presionó para derogar la BWC, y luego se convirtió en el único país que se opuso al establecimiento de un mecanismo de verificación multilateral para verificar el cumplimiento de esa convención.

«Usar insectos como vector para propagar enfermedades es un arma biológica clásica», dijo a The Washington Post, Silja Voeneky, profesora de derecho internacional en la Universidad de Freiburg en Alemania.

Según Voeneky, en este programa, el uso de insectos como una característica clave es «particularmente alarmante, porque los insectos podrían ser utilizados de forma barata y subrepticia por actores malévolos».

De su preocupación se hizo eco del experto militar chino Song Zhongping, quien calificó a la tecnología Insect Allies de una «forma típica de armas biológicas».

“Podría reducir el rendimiento de los cultivos en los países seleccionados y provocar artificialmente crisis alimentarias en ellos. Que perderían así su independencia alimentaria y podrían volverse dependientes de las exportaciones de alimentos de Estados Unidos, incluidos de los alimentos genéticamente modificados que son parte de la guerra biológica”, dijo Song.

Song cree que EEUU debe explicar por qué los insectos se usan como vectores en esta investigación, ya que los insectos pueden propagar virus en los cultivos de otros países.

«No es difícil entender por qué EEUU establece laboratorios biológicos alrededor de naciones rivales: solo en esos lugares los laboratorios pueden garantizar la localización de las especies que utilizan en los experimentos», explicó. «Sería problemático que trajeran insectos estadounidenses a un laboratorio que está en Ucrania y los liberaran en Rusia», dijo,a modo de ejemplo.

Larga historia del uso de insectos vectores

El programa Insect Allies es solo uno de los muchos con los que EEUU puede causar terribles consecuencias en todo el mundo mediante el uso de laboratorios biológicos.

Estados Unidos admitió abiertamente que administra 336 laboratorios biológicos en 30 países de todo el mundo, incluidos 26 en Ucrania. Sin embargo, un análisis somero de los contratos firmados sugieren que controla los instalados en 49 países, muchos más de los ha admitido.

El Pentágono tiene una larga historia en el uso de insectos como vectores de enfermedades. Según un informe de la US Army de 1981 que fue desclasificado, sus científicos expertos en guerra biológica realizaron hasta entonces múltiples experimentos con ellos.

En la década de 1980, el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército estadounidense ideó experimentos para ver «si los flebótomos y los mosquitos podrían ser vectores del virus del valle del Rift (África oriental), el dengue, el chikungunya y la encefalitis equina del este». El Ejército de EEUU investigó su potencial como armas biológicas, según la periodista de investigación búlgara Dilyana Gaytandzhieva.

En la misma década y en el marco de una operación del Ejército de los EEUU cuyo nombre en código fue “May Day”, los mosquitos Aedes Aegupti se dispersaron a través de métodos terrestres en el estado sureño de Georgia. Dichos mosquitos son los vectores habituales del dengue, chikungunya y el virus Zika.

Gaytandzhieva también reveló que el Pentágono habría realizado pruebas de guerra entomológica en países como Georgia y Rusia.

En 2014, el Lugar Center construido en los EEUU cerca de Tbilisi, capital de Georgia, fue equipado con una instalación de insectos y encabezó un proyecto llamado «Concientización sobre los códigos de barras de las moscas de arena en Georgia y el Cáucaso». En los años siguientes otros dos programas similares se llevaron a cabo en ese mismo centro.

Como resultado, Tbilisi ha estado infestada de moscas mordedoras (también llamadas moscas negras, ver foto)  desde 2015, moscas que han desarrollado un comportamiento atípico respeto al que habían mostrado antes, siendo muy longevas y resistentes al frío.

Este tipo de moscas también se encontró en la cercana región de Daguestán, en Rusia.

Mientras realizaba investigaciones sobre virus y bacterias mortales, EEUU no pudo garantizar la seguridad de sus laboratorios biológicos. El Pentágono admitió en 2015 que, desde 2003, se enviaron por error muestras vivas de ántrax desde la base militar Dugway Proving Ground –ubicada cerca de Salt Lake City, Utah– a los 50 estados de la unión, así como a nueve países, entre ellos el Reino Unido, Corea del Sur y Alemania.

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