GUERRA EN UCRANIA: Fue provocada por los “neocons” que nutren el gobierno de Biden, dice prestigioso economista estadounidense

Una nota que me parece instructiva y sustanciosa… hasta el último párrafo, que me parece de una ingenuidad… galopante (como, por cierto, advierto con frecuencia en los progresistas, liberals, estadounidenes). Yendo al hueso: la integridad del estado ucraniano tal como era hasta comienzos de este año está perdida para siempre, de lo que el autor, Jeffrey D. Sachs (foto) no termina de convencerse. Y está perdida no sólo porque la población del Donbás muy mayoritariamente quiere integrarse a la Federación Rusa (en los hechos, el Kremlin considera que para eso solo resta la formalidad de un plebiscito) sino también porque Polonia ya se puso la servilleta al cuello y empuña los cubiertos para hacerse con las partes del territorio occidental del país que alguna vez fueron suyos, a la vez que Berlín barrunta la posibilidad de recuperar territorios que fueron del Tercer Reich y ahora son administrados por Varsovia. La incesante expansión de la OTAN hacia el Oeste ha acarreado todavía más males que los que describe el autor. Lo que es mucho decir. JS

BELICISMO

La guerra en Ucrania, último desastre provocado por los neoconservadores

 

Biden está llevando a Ucrania, EE.UU. y la Unión Europea a una nueva debacle geopolítica. Si Europa es mínimamente perspicaz, debería alejarse de estos desastres de la política exterior estadounidense

 

POR JEFFREY D. SACHS / BRAVE NEW EUROPE

La guerra de Ucrania es la culminación de un proyecto de 30 años de duración del movimiento neoconservador estadounidense. La Administración Biden está repleta de los mismos neocón que defendieron las guerras de elección de EE.UU. en Serbia (1999), Afganistán (2001), Irak (2003), Siria (2011) y Libia (2011) y que tanto han hecho por provocar la invasión de Ucrania por parte de Rusia. A lo largo de su historia, el movimiento ha producido absolutos desastres y, sin embargo, Biden ha llenado su equipo de neoconservadores. En consecuencia, el presidente estadounidense está llevando a Ucrania, EE.UU. y la Unión Europea a una nueva debacle geopolítica. Si Europa es mínimamente perspicaz, debería alejarse de estos desastres de la política exterior estadounidense.

El movimiento neocón surgió en la década de 1970 en torno a un grupo de conocidos intelectuales, varios de los cuales estaban influidos por el politólogo de la Universidad de Chicago, Leo Strauss, y el profesor de historia clásica de la Universidad de Yale, Donald Kagan. Algunos líderes neoconservadores han sido Norman Podhoretz, Irving Kristol, Paul Wolfowitz, Robert Kagan (hijo de Donald), Frederick Kagan (hijo de Donald), Victoria Nuland (mujer de Robert), Elliott Cohen, Elliott Abrams y Kimberley Allen Kagan (mujer de Frederick).

El mensaje principal de los neoconservadores estadounidenses es que EE.UU. debe mantener su predominio militar mundial y enfrentarse a las potencias regionales emergentes que puedan poner en peligro su dominio global o regional, especialmente Rusia y China. Para conseguirlo, Estados Unidos debería desplegar su ejército en cientos de bases militares a lo largo y ancho del mundo, de forma preventiva, para estar preparado para iniciar una guerra de elección si fuera necesario. Estados Unidos recurriría a las Naciones Unidas únicamente cuando ello conviniera a sus intereses.

Paul Wolfowitz fue el primero en explicitar este planteamiento en su borrador del documento ‘Orientaciones de la política de defensa’ (Defense Policy Guidance), escrito para el Departamento de Defensa en 2002. En dicho borrador, Wolfowitz solicitó la ampliación de la red de seguridad dirigida por Estados Unidos a Europa central y Europa del Este, a pesar de que el ministro de Exteriores alemán Hans-Dietrich Genscher había prometido expresamente en 1990 que la unificación alemana no iría seguida de una ampliación de la OTAN hacia el este. Además, Wolfowitz expuso argumentos a favor de las guerras de elección estadounidenses, defendiendo el derecho de Estados Unidos a actuar de forma independiente, incluso en solitario, para responder a crisis que puedan tener repercusiones para el país. Según el general Wesley Clark, ya en mayo de 1991 Wolfowitz dejó claro a Clark que Estados Unidos realizaría operaciones de cambio de regímenes en Irak, Siria y otros antiguos aliados soviéticos.

 

Los neoconservadores defendieron la inclusión de Ucrania en la OTAN incluso antes de que ello constituyera la política oficial estadounidense con George W. Bush hijo en 2008. Para ellos, la pertenencia de Ucrania a la OTAN era clave para el dominio regional y global de Estados Unidos. En abril de 2006, Robert Kagan explicaba así los argumentos neoconservadores de la expansión de la OTAN:

Rusia y China no ven nada natural en las “revoluciones de colores” [de la antigua Unión Soviética], solo golpes de Estado respaldados por Occidente y diseñados para ampliar su influencia en regiones estratégicas. ¿Están tan equivocados? ¿No podría ser la satisfactoria liberalización de Ucrania, instada y respaldada por las democracias occidentales, sino el preludio de la incorporación de dicha nación a la OTAN y la Unión Europea, o dicho de otro modo, la expansión de la hegemonía liberal occidental?

Kagan reconoció las terribles consecuencias que tendría esta ampliación y citó el siguiente comentario de un experto: “El Kremlin se está preparando con mucha seriedad para ‘la batalla por Ucrania’”. Los neoconservadores han buscado esta batalla. Tras la caída de la Unión Soviética, tanto Estados Unidos como Rusia debieron haber buscado la neutralidad de Ucrania, como forma de garantizar una zona de separación y seguridad. En lugar de ello, los neoconservadores han perseguido la “hegemonía” estadounidense y Rusia ha aceptado la batalla, en parte para defenderse y en parte debido a sus propias pretensiones imperialistas. Esta situación recuerda a la guerra de Crimea (1853-1856), cuando Gran Bretaña y Francia buscaron debilitar a Rusia en el mar Negro tras la presión ejercida por esta sobre el imperio Otomano.

Kagan escribió el artículo como un ciudadano particular mientras su mujer, Victoria Nuland, era embajadora de Estados Unidos ante la OTAN bajo el mandato de George W. Bush hijo. Nuland ha sido una de las figuras clave en la consolidación del movimiento. Además de embajadora ante la OTAN con Bush, fue secretaria de Estado adjunta de Asuntos Europeos y Euroasiáticos de 2013 a 2017 con Barack Obama, llegando a participar en el derrocamiento del presidente prorruso de Ucrania, Viktor Yanukovych, y actualmente ejerce como subsecretaria de Estado con Biden, cargo desde el que guía la política de Estados Unidos en lo que respecta a la guerra de Ucrania.

La lógica neoconservadora se basa en una premisa falsa: que la superioridad militar, financiera, tecnológica y económica de Estados Unidos permite a dicho país imponer condiciones a cualquier región del mundo. Su postura es de una arrogancia y un desprecio por la evidencia extraordinarios. Desde la década de 1950, Estados Unidos ha sido neutralizado o derrotado en casi todos los conflictos regionales en los que ha participado. Y aun así, en la “batalla por Ucrania”, los neoconservadores estaban preparados para provocar una confrontación militar con Rusia ampliando la OTAN a pesar de las vehementes objeciones de la Federación, convencidos de que conseguirían derrotarla con sus sanciones económicas y el armamento de la organización atlántica.

El Instituto para el Estudio de la Guerra, un think-tank neoconservador dirigido por Kimberley Allen Kagan (y apoyado por una serie de contratistas en materia de defensa como General Dynamics y Raytheon), sigue prometiendo la victoria de Ucrania. En lo que respecta a los avances de Rusia, el Instituto hizo un comentario simbólico: “Independientemente del bando que ocupe la ciudad [de Severodonetsk], es probable que la ofensiva Rusa haya alcanzado su punto máximo en términos operativos y estratégicos, lo que permitirá a Ucrania iniciar una contraofensiva a nivel operativo para hacer retroceder a las fuerzas rusas”.

Los hechos sobre el terreno, no obstante, sugieren lo contrario. Las sanciones económicas de Occidente no han hecho mucho daño a Rusia, pero el efecto bumerán en el resto del mundo ha sido significativo. Además, la capacidad de Estados Unidos de reabastecer a Ucrania de munición y armamento se ha visto seriamente obstaculizada por su limitada capacidad de producción y por las rupturas en las cadenas de suministro. Como era de esperar, la capacidad industrial de Rusia es muy superior a la de Ucrania. El PIB de Rusia era unas 10 veces el de Ucrania antes de la guerra y, actualmente, Ucrania ha perdido mucha de su capacidad industrial debido al conflicto.

El resultado más probable de esta contienda es que Rusia conquiste una franja importante del territorio de Ucrania y la deje con nada o con muy poco litoral. En Europa y en Estados Unidos crecerá la frustración debido a los costes militares y a la estanflación derivada del conflicto y las sanciones. El efecto de arrastre podría ser devastador si un demagogo de derechas se hace con el poder en Estados Unidos (o recupera el poder, como sería el caso de Trump) y promete devolver al país su desvanecido poder militar mediante una peligrosa escalada bélica.

En lugar de correr el riesgo de este desastre, la verdadera solución consiste en terminar con las fantasías neoconservadoras de los últimos 30 años, en que Ucrania y Rusia se sienten de nuevo a negociar y en que la OTAN se comprometa a poner fin a su deseo de expansión hacia Ucrania y Georgia, a cambio de una paz que respete y proteja la soberanía y la integridad territorial de Ucrania.

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Jeffrey D. Sachs es profesor universitario y director del Centro de Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, donde dirigió el Instituto de la Tierra entre los años 2002 y 2016.

Este artículo se publicó el 30 de junio en inglés en Brave New Europe.

Traducción de María García Díaz.

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