GUERRA EUROPEA. El asesinato de la hija del filósofo Dugin, un nuevo empujón en dirección a la Tercera Guerra Mundial

El asesinato de la hija del filósofo Alexander Dugin, considerado exageradamente en Occidente como “el Rasputín de Putin” refuerza sus posiciones favorables a que Rusia tome conciencia plena de que se enfrenta a toda la OTAN con Estados Unidos a la cabeza y no sólo al régimen títere de Kiev, y que por lo tanto debe movilizar a toda la sociedad –que hasta ahora ha permanecido bastante ajena a la OME (Operación Militar Especial en Ucrania) del modo en que lo hizo para enfrentar la invasión de la Alemania nazi. O, dicho de otra manera, tomar conciencia de que está inmersa en una ¿inexorable? Tercera Guerra Mundial que ya se prefigura con la tensión provocada por Estados Unidos en torno a Taiwan y la respuesta de Beijing, así como con las maniobras militares conjuntas de Rusia y China con epicentro en Vladivostok.

Como dicen los peninsulares con tenebroso gracejo: “Que Dios nos coja confesaos”.

Esta nota ya tiene unos días de antigüedad, pero a mi juicio describe muy bien el panorama abierto por este crimen. Hubo después novedades. Un periódico sensacionalista de Austria difundió la fake news de que la ucraniana identificada como asesina,  Natalia Vovk Shaban, había sido a su vez asesinada de muchas puñaladas, y el FSB (Servicio Federal de Seguridad de Rusia que reemplazó  a la KGB) identificó a un hombre, de nacionalidad ucraniana, quien habría facilitado documentación falsa y habría ayudado a  Vovk Shaban a preparar la “bomba lapa”que se colocó en los bajos de la camioneta que conducía Daría Dugina. “Se ha establecido que el asesinato fue preparado en Moscú  (…) un ciudadano de Ucrania, Bogdan Petrovich Tsiganenko, nacido en 1978 (…) llegó a Rusia a través de Estonia el 30 de julio y abandonó el país un día antes del asesinato de Dugina”, Un despacho de TASS en base a información proporcionada por el FSB reveló que Tsiganenko habría proporcionado a Vovk documentos falsos a nombre de una ciudadana real de Kazajistán, Yulia Zaiko, y que junto con ella preparó la bomba en un garaje alquilado en el suroeste de Moscú.

La muerte de Daría Dúgina presiona a Putin

Dara Platnova Dgina la hija del filsofo y geopoltico conservador Alexander Dugin Foto AFP

Daría Platónova Dúgina, la hija del filósofo y geopolítico conservador Alexander Dugin. / Foto: AFP

 

POR EDUARDO J. VIOR / TÉLAM.

El asesinato de Daría Platónova Dúgina, la hija del filósofo y geopolítico conservador Alexander Dugin, cometido el sábado 20 de agosto en las cercanías de Moscú por una militante de la organización nazi ucraniana Azov al servicio de la inteligencia de ese país (SBU) puede parangonarse en sus intenciones  y efectos  posibles a la solicitud de incorporación  a la OTAN formulada por el presidente  Volodymir Zelensky en septiembre  del año pasado: ambas fueron provocaciones cuyo objetivo es empujar a Rusia a una intervención violenta no deseada. La primera está acarreando más daños para el provocador que para el provocado. Queda por ver qué sucederá con el segundo desafío.

Los hechos clave de la tragedia ya se han establecido: Un todoterreno Land Cruiser Prado, propiedad de Dugin y con Daría al volante explotó ese sábado alrededor de las 22 cerca del pueblo de Bolchie Vyazemy, a poco más de 20 km de Moscú. Ambos venían de un “Festival de la Tradición” en el que el filósofo había pronunciado una conferencia.

Alexander Dugin era un objetivo de la lista Myrotvorets Foto AFP

A  último momento Daría tomó el todoterreno y su padre la siguió en otro coche.  Según testigos presenciales, se produjo una explosión en la que el coche quedó envuelto en llamas y chocó contra un edificio. El cuerpo de la joven se calcinó hasta ser irreconocible.

El Comité de Investigación ruso no tardó en determinar que el artefacto explosivo improvisado –unos 400 gramos de TNT sin encapsular– estaba colocado debajo de la parte inferior del todoterreno, sobre el lado del conductor, y que fue operado a distancia.

Natalia Vovk Shaban, ucraniana, 43 años, sindicada como autora del atentado contra Daría Dúgina. Arriba, tomada por una cámara al momento de abordar un ascensor. Abajo, su carnet de miembro de la Guardia Nacional Ucraniana.


Como autora del atentado fue identificada Natalia Vovk Shaban, de 43 años, miembro de la organización nazi ucraniana Azov, quien puso la bomba junto con su hija de 12 años. Entró a Rusia en un auto Mini Cooper, alquiló un departamento en el mismo edificio donde vivía Daría Dúgina y vigiló atentamente sus pasos. Para no generar sospechas, posiblemente haya sido su hija quien colocara el explosivo bajo el vehículo, mientras Dugin daba su charla. Al día siguiente la terrorista y su hija atravesaron la frontera con Estonia.

Alexander Dugin era un objetivo de la lista Myrotvorets, las siglas del Centro de Investigación de Crímenes contra la Seguridad Nacional de Ucrania que trabaja junto con la OTAN recopilandoinformación sobre “terroristas y separatistas prorrusos”.

El domingo 21 Maria Zajárova, vocera de la Cancillería rusa, expresó sus condolencias a Alexander Dugin, condenó a quienes festejan el asesinato de su hija y pidió que se cumplan las leyes nacionales e internacionales contra el terrorismo.

Alexander Dugin es una personalidad controvertida tanto dentro como fuera de su país. El filósofo, creador de la “cuarta teoría” e impulsor de la unidad euroasiática, ha tenido una trayectoria política muy cambiante, pasando de ser comunista a fanático nacionalista y ferviente cristiano ortodoxo. No es asesor de Putin ni tiene tanta relevancia en Rusia, como se afirma en Occidente.

Sin embargo, más allá de su personalidad, es preciso colocar esta nueva fase del conflicto en su lugar, dice el periodista brasileño y analista internacional Pepe Escobar. “El problema es que las reglas han cambiado, afirma, y el combo SBU/OTAN, ante una debacle  indescriptible en Donbas, está aumentando sus actividades de sabotaje, contrainteligencia y atentados.

Empezaron bombardeando territorio ruso, explicó, se  extendieron por la cuenca del Don –como cuando intentaron matar al alcalde de Mariúpol–, e incluso lanzaron drones contra el cuartel general de la Flota del Mar Negro en Sebastopol. Ahora, con el asesinato de Daría Dúgina, enumeró, han llegado a las puertas de Moscú.”

Posiblemente dichas acciones sean irrelevantes para cambiar el curso de la guerra en el teatro de operaciones, pero la continuación   de esta serie de sangrientas operaciones psicológicas es muy dolorosa para la opinión pública rusa y puede empujarla a exigir un castigo devastador. Porque está claro que Moscú y San Petersburgo se han convertido en escenarios de guerra.

La verdadera cuestión, la   más   candente, es hasta qué punto reaccionarán el Kremlin y la inteligencia rusa. Los ataques de Kiev a las puertas de Moscú trasponen una “línea roja” y exigen una respuesta a la altura de la promesa repetida por el propio Putin de golpear los “centros de decisión”. Sería una decisión fatídica atacar a Kiev porque Moscú no está en guerra Ucrania sino con la OTAN  y viceversa.

Todas las apuestas se hacen sobre que el asesinato de Daría Dúgina acelere el calendario ruso, imponiendo una revisión radical de su estrategia a largo plazo.

Para Moscú sería muy fácil decapitar la dirigencia de Kiev con unos pocos cohetes hipersónicos. Sin embargo, si lo hace, ¿con quién negociará después? Por el contrario, si el Kremlin no hace nada, estará abriendo las puertas a una invasión de terroristas terrorista.

En un posteo en Telegram antes del asesinato de su hija, el propio Dugin marcó lo que está en juego: “El  régimen de statu quo en Rusia  no puede durar teóricamente más de seis meses. La desesperada resistencia del régimen atlantista de Kiev exige a Rusia sustanciales transformaciones internas, que  son fundamentales. Estructurales, ideológicas,  de personal, institucionales, estratégicas.”

Se produjo una explosin en la que el coche de la joven qued envuelto en llamas Foto AFP

Se produjo una explosión en la que el coche de la joven quedó envuelto en llamas. / Foto: AFP

Y continuó: “el aumento de los ataques a Crimea, los intentos de bombardear Zaporiyia, las declaraciones sobre un contraataque en  Jérson, la rígida negativa de Zelensky a negociar, la insistencia de Occidente en cortar todos los lazos con Rusia son todos signos de  que el otro extremo ha decidido mantenerse firme. Son comprensibles: Rusia ha desafiado realmente (y esto no es propaganda) a Occidente como civilización. Así que nosotros también tendremos que llegar hasta el final.”

Más  adelante, Dugin sostuvo que “el Comandante  en Jefe (Putin)  dijo que no hemos empezado nada. Ahora tenemos que empezar. Tenemos que hacerlo, queramos o no. Durante los primeros seis meses hemos sido capaces –es un hecho– de llevar a cabo nuestra Operación Militar Especial (OME) sin cambiar fundamentalmente nada en la propia Rusia. Hasta ahora los cambios son cosméticos, e incluso se ha decidido que las elecciones, totalmente irrelevantes  e innecesarias, sigan su curso como si no pasara nada. Pero de hecho algo ha pasado.”

Añadió también Dugin que “el régimen de máximo confort (ajustado a las condiciones de emergencia) y la conservación del antiguo sistema tendrán que ser cancelados en algún momento. Me parece que a principios de otoño esta toma de conciencia de la necesidad de poner al país en una nueva vía será bastante clara. Habrá que esperar otros seis meses para que nos demos cuenta de la ‘irreversibilidad de lo irreversible’ y de la continuación inercial de lo antiguo. Y no falta mucho para el 24 de febrero de 2023”, advirtió.

Por fin, sostuvo que “puedo entender que el gobierno esté acostumbrado a gobernar como lo ha hecho –más o menos eficazmente– durante 22 años. Pero ese periodo ya es pasado. La OME ha cambiado todo. Ahora la cuestión no es si el   gobierno quiere o no el cambio patriótico (conservador revolucionario). El cambio es sencillamente inevitable.

Las   poderosas   fuerzas   de   la   historia   han   entrado   en   juego,   las   placas   tectónicas   se   han desplazado. Dejemos que el antiguo régimen entierre a sus muertos. Llega un nuevo tiempo ruso. Inexorablemente“, concluyó.

La pregunta del billón de rublos es ¿ha llegado el momento en que Rusia se decida a atacar los “centros de decisión”? Toda la sociedad rusa lo está reclamando, impaciente, pero ¿tiene el pueblo ruso conciencia de que tal paso implica salir de la comodidad de la vida cotidiana actual (con una inflación en baja, altas tasas de ocupación, crecimiento económico, sin escaseces) para poner a todo el país en función de la guerra? Como dijo Vladimir Putin hace poco tiempo: “todavía no empezamos nada”.

Ay del mundo, si la OTAN sigue provocando a Rusia para que empiece.

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