JINGLES. Contra “virgos libertarios” y “fascismo liberal”, por una nueva era: barajar y dar de nuevo

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Como en las semanas precedentes, me es un placer compartir los jingles de les muchaches gelatines. Como bien dice al comienzo un jinglero cordobés, aunque no sirvieran para ganar un solo voto, los jingles han sido y son “la chispa y el combustible para motorizar a la militancia” como lo fueran en épocas pretéritas los mejores volantes, escritos con gracia, en papel de colores y decorados con grabados de grandes artistas, si eran antiguos mejor.

Como sucede con la actitud del ministro Gabriel Katopodis, que no tiene remilgos a la hora de hablar con los ciudadanos en colectivos y vagones del subte.

Hay en esas letras ventajosos sucedáneos de los mejores panfletos de mis años mozos, como el del llamado “Blasito”, la que canta una afinadísima Maru Serrano; la dedicada a los viejardos  (alucino que traten de viejo a Hamilton; que es un pendex, la que simula que el que canta es Javier Milei y, entre otras, una buena imitación de la cantautora Taylor Swift, cuyes fans se pusieron de punta con Milei. Él pelucón, perceptiblemente misógino, asegura que practicar el sexo tántrico y eyacular apenas una vez por trimestre, lo que desmiente la difundida acusación de que es un pajero y apuntala la sospecha de que, como el supuesto latin lover  parodiado por Capusotto, no la pone nunca. Ni con Fátima ni con su hermana.

Como aquel chiste del gallego al que el médico que le revisa la próstata le pregunta si fuma, y él le contesta que “sólo después de hacer el amor”. Y como el galeno insiste en preguntarle cuanto, suelta: “Y… unos tres cartones”. Y conste que Milei le ganaría por goleada.

Ojala nuestro campeón en esta encrucijada tan fulera, Sergio Massa, esté en su gobierno a la altura de esta muchachada, que tanto nos alegra a los perukas.


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