JUDEOFOBIA. Los dirigentes de “la cole”, sumisos a Israel, son sus principales fabricantes

El término antisemita como sinónimo de judeófobo es perverso desde el vamos, puesto que según La Biblia, semitas son los descendientes de Sem, primogénito de Noé, y entre estos descendientes se encuentran, entre otros, los árabes, muchísimo más numerosos que los judíos (que encima, mayoritariamente descienden más de una tribu polaca que de los hebreos originales que iniciaron la diáspora para escapar de la opresión romana). Y, como denunció con mucha elocuencia Carlos Escudé, los dirigentes de la DAIA-AMIA constituyen con su sumisión al gobierno racista de Israel y su actuación una verdadera fábrica de judeofobia. Lo explica desde Israel Daniel Kupervaser.

PS: Un ejemplo práctico sucedió en vísperas de la “Fiesta de la Democracia”. La DAIA protestó por la inclusión entre los artistas convocados de un grupo que tiene una cumbia que critica a Israel y enaltece la lucha del pueblo palestino. Es un tema (que incluimos al final) que no se mete en absoluto con la judeidad. El episodio demuestra cabalmente que la DAIA no cumple su misión original, que era la lucha contra el racismo en general y la judeofobia en particular, sino que hace rato se ha convertido en un tentáculo del gobierno de Israel.

PS2: El extravío sionista queda patente en una nota del hipersionista Infoembas dedicada aun libro dedicado a la ímproba tarea de tratar de resucitar la hipótesis de que Nisman fue asesinado. Su autor, el periodista blindado Pablo Gurovich, de nacionalidades israelí y argentina, llega al extremo de mentir desvergonzadamente: “Mi libro asume que Nisman fue asesinado. No hay otra opción. La del suicidio está demostrada científicamente por todas las pruebas que se hicieron que Nisman nunca pudo haber disparado esa arma”. Si, y la deuda con el FMI la tomó Cristina para difamar a Mauricio LPQTP.

Definición de “Antisemitismo”:

Como tiro por la culata

 

POR DANIEL KUPERVASER

La Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA por sus siglas en inglés) reúne a gobiernos y expertos a fin de reforzar, impulsar y promover la educación, la memoria y la investigación en todo el mundo sobre el Holocausto, así como de mantener los compromisos de la Declaración de Estocolmo, de 2000. El 26 de mayo de 2016, los 31 países miembros de la IHRA adoptaron una definición de antisemitismo.

La versión textual de la definición afirma que “El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto” (Sitio Web International Holocaust Remembrance Alliance).

Esta organización no se conformó con esta concisa, acertada, aunque escueta definición, y, lamentablemente, decidió agregar “ejemplos de actos o acciones que pueden ser ilustrativos” para ser catalogados como antisemitismo. Esta lista de ejemplos incluye algunos cuyo objetivo primordial de su inclusión en esta definición es servir como escudo ante críticas a políticas del Estado de Israel. Prácticamente no hay decisión de organismo internacional o entidad privada que refleja críticas u oposición a políticas de Israel, especialmente las referidas a distintos aspectos de la dominación de territorios palestinos, que no sea catalogada por parte de representantes oficiales de Israel o dirigentes comunitarios judíos de la diáspora como antisemita.

Según la definición de antisemitismo de IHRA, el 68% de los argentinos son antisemitas.

 

Desde la resolución de IHRA con respecto a la definición de antisemitismo, el liderazgo de la gran mayoría de las direcciones comunitarias judías de la diáspora principalmente se dedicó a invertir un gran esfuerzo en presionar a gobiernos e instituciones en todo el mundo con el objetivo que adopten tal definición.  Las entidades judías se convencieron de que esta definición, diseñada especialmente para ayudar a tribunales judiciales, oficinas gubernamentales, fuerzas policiales, autoridades locales, universidades y clubes deportivos, consiste en una herramienta eficaz para identificar y actuar rápidamente frente al antisemitismo.

A decir verdad, estos organismos cumplieron su objetivo rápidamente y con gran éxito. A mediados de este año la Universidad de Tel Aviv investigó este operativo y en un detallado informe anunció que más 450 organizaciones de todo el mundo, entre ellos más de 30 países, habían resuelto adoptar la definición de antisemitismo de la IHRA (Aurora, 27-5-2021). Desde esa fecha otros anuncios ampliaron significativamente el número de instituciones con la misma medida.

Sin embargo, la realidad demuestra que, en la práctica, los resultados de estos esfuerzos fueron muy magros, por no decir opuestos. Tal como lo menciona el mismo informe de la Universidad de Tel Aviv, “un aspecto clave del análisis académico es que se observó un crecimiento importante en manifestaciones intolerantes de violencia, animosidad y difamaciones, tanto verbales como físicas, contra los judíos en todo el planeta”.

Teniendo en cuenta los resultados, es muy difícil de liberarse de la impresión que, tras casi 7 años de vigencia de ese proyecto de imposición mundial de definición de antisemitismo, en la práctica resultó algo parecido a un tiro por la culata.

El contenido de ciertos elementos de esta definición, especialmente algunos incluidos en sus ejemplos, en vez de actuar como frenos o vallas, se convirtieron en factores que en el mejor de los casos son totalmente ineficaces, y en el peor, actúan como catalizadores que promueven el crecimiento de la aversión a judíos e Israel.

Justamente, un factor cercano al liderazgo judío argentino se encargó de describir claramente la situación actual de las instituciones judías frente al inusitado crecimiento de actos antisemitas en el mundo. Así afirma Gustavo Szpigiel, director de la página Vis a Vis: “Todos los días surgen muestras de antisemitismo en Argentina y en el mundo. Están quienes inician la campaña y quienes la continúan en todas partes del mundo. Cada vez se acrecienta más. Y cada vez es más la gente que se acostumbra a que esto suceda. Es hora de una respuesta. De quien corresponda. La historia nos demanda que así sea. Para que no lamentemos que el día que llegue, sea tarde” (Vis a Vis, 6-12-2021).

Vale la pena analizar ciertos puntos de su impecable descripción de la realidad:

1. El problema no es Luis D’Elia de Argentina o Jeremy Corbyn en el Reino Unido, el problema es universal.

2. Cada día crecen significativamente las manifestaciones de aversión a judíos y actos de odio en su contra.

3. Cada día ese sentimiento no solo se acrecienta, sino que se generaliza, naturaliza y recibe legitimación (“la gente se acostumbra”).

4. Nadie de la dirigencia tiene claro de donde proviene esa ola de antisemitismo, y, por lo tanto, no saben ni aciertan en su accionar (”Es hora de una respuesta de quien corresponda”).

En un país como Argentina, en donde el 68% de su población sostiene que los judíos argentinos son más leales a Israel que a Argentina (Informe de antisemitismo de DAIA 2018, pág. 105) es hora de que dejen de lado su preocupación por la adopción de la definición de antisemitismo (con la que tendrían que acusar de antisemitas al 68% de los argentinos) para entender el motivo que llevó a una proporción tan grande de argentinos a esa posición.

La realidad está demostrando que repetir los viejos y arcaicos argumentos, puede satisfacer a las dirigencias judías, pero ya se sabe que no representa más que la garantía de la continuidad del crecimiento de la aversión a judíos e Israel.

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser / http://daniel.kupervaser.com/  kupervaser.daniel@gmail.com / @KupervaserD

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