LA OTAN, “DE ENTRADA NO” o por qué detesto a Felipe González y a Pedro Sánchez

Mi primer trabajo full-time como periodista, lo he dicho muchas veces, fue como jefe interino de la sección “España” en el Diario de Barcelona, el querido “Brusi”, fundado en 1791 y cuya primera nota de tapa fue dar cuenta del invento aquí, en el Virreynato del Río de la Plata, de los cubos de carne, origen de los actuales calditos.

Fue cuando el titular de esa sección, el ácrata Eduardo Pons Prades, debió tomarse una licencia para cuidar a su esposa recién operada, y me eligió para reemplazarlo.

El director del diario era entonces, en 1982, apenas terminada la Guerra de Malvinas, un catalán… nacido en Montevideo, Lluis (o Luis) Llovet, que curtía un aspecto parecido al de Juan Luis Cebrián, el director del exitosísimo diario El País de entonces, al que creíamos de izquierda.

A Llovet le gustaba más ir a cenar con empresarios y obispos que permanecer al frente de la redacción hasta los cierres, y a veces me confiaba a mi (que por entonces utilizaba el apellido Urtasun, el segundo de mi padre, para no perjudicar a mi hermano Luis, preso en la U-9 de La Plata. con mis invenctivas contra Videla y sus secuaces), la escritura de las notas editoriales.

Eran notas breves, de 28 líneas de 70 espacios, que se publican en la parte inferior de la portada, por lo cual se los llamaba “los delantales del Brusi”.

Cuando Llovet me dejaba a cargo de ellos solía estar en blanco, ocupado con mis labores en la sección España primero, y luego, con más lógica, en la de Internacionales.

Para descubrir sobre qué debía escribir bajaba portando los diarios serios (El País y La Vanguardia) al bar que estaba enfrente del diario, en la calle Consejo de Ciento. Se llamaba “El Berretín” y había sido fundado por exiliados argentinos como Francisco “Paco” Jaime, Guillermo Roig y su pareja de entonces, Susi Martínez… con quienes yo me había ido a vivir al Barrio Chino (hoy Raval) tras separarme de mi esposa de entonces. La misma de ahora (si, fui un reincidente).

Tuviera o no dinero (porque me fiaban) pedía entonces un “destornillador”, es decir una mezcla casi a parte iguales de naranjada Scheweppes y vodka Smirnoff, y así entonado encontraba siempre algo que me conmovóa o indignaba, subía presuroso a la redacción y ultimaba de un tirón las 28 díchosas líneas.

Pues bien, unas cuantas veces escribí furibundos panfletos a favor de la candidatura presidencial de Felipe González, y lo hice a pesar de que mi padre, miembro de toda la vida del Partido Socialista Obrero Español, me hubiera advertido, de visita en Barcelona, poco antes de morir y luego de haberse entrevistado en Madrid con el encargado de relaciones exteriores del PSOE, el andaluz Luis Yañez, que el PSOE había dejado de ser socialista y obrero y que era una mierda,

No le creí y así me fue. Me jugué tanto por el PSOE que una de esas noches que Llovet se iba de juerga y el flamante Papa Juan Pablo II visitaba a España para respaldad a la derecha encabezada entonces por el presidente Leopoldo Calvo-Sotelo, escribí la nota de tapa a la que le puse de título Comienza la gira mitinera de Karol Wojtyla.

Cuando bajó la portada al taller, los gráficos que tenían que componerla, que eran más bien franquistas y chupacirios, se negaron de plano. Y cuando baje a reprochárselo y decirle que obraba con autorización del director, el jefe del taller me amenazó con un cutter (el diario era una cooperativa de pocos, entre elos del director y de ese jefe de taller, mientras que yo era apenas un empleado de ellos). Fue el comienzo de mi salida del diario.

Felipe González ganó aquellas elecciones por amplio margen, criticando el alineamiento de la España posfranquista con la OTAN y prometiendo que lo revertiría.

             Felipe González vestido de militar con la insignia del SEU (Sindicato
      Español Universitario), rama universitaria asociada a la Falange

Para entonces, él y su socio Alfonso Guerra ya se habían vendido a la CIA en el congreso de Suresnes (1974). Y tan pronto ganaron las elecciones, en octubre de aquel año, mostraron hasta que punto habían mentido. Si les interesa el tema de la traición de Felipe & Co. les recomiendo este trabajo.

En este sentido fueron precursores de una línea de conducta que en estas playas seguirían al milímetro Carlos Menem y Mauricio Macri: hacer todo lo contrario de lo que habían prometido en sus campañas electorales.

En fin, que cada vez le veo la jeta a González, tengo arcadas.

Ahora, si prefieren tomárselo en solfa (aunque ma non troppo) escuchen a Javier Krahe:

So

 

 

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