LEAL. El aciago 16 de junio de 1956, la ESMA permaneció leal al mando del difamado capitán Cordeu

Insólitamente, el director de la escuela, el capitán de navío Adolfo Cordeu, sería tachado de “traidor a la patria” por quienes depusieron a Perón. Un muy conversado acto de reivindicación de su memoria ha venido postergándose sine die. Ofrecemos aquí dos notas, la primera, de Daniel Schiavi, coordinador de Investigación y Archivo del Ente Público Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA) y la segunda, del economista Jorge Gaggero, publicada en Página 12.

16 de junio de 1955: El día que la ESMA «se quedó quieta»

Al cumplirse 66 años de la masacre de la Plaza de Mayo, repasamos lo que ocurría el 16 de junio de 1955 en la entonces Escuela de Mecánica de la Armada. La decisión de su director, Adolfo Cordeu, de mantenerse al margen de la conspiración contra Juan Domingo Perón y la forma en que resistió con éxito al frente de los suboficiales y de unos pocos oficiales leales “los tenaces intentos de los sublevados de junio para levantar contra el orden constitucional a la unidad bajo su mando.”

 

POR DANIEL SCHIAVI

El 16 de junio de 1955, mientras los pilotos de la aviación naval descargaban toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo y los infantes de marina en número de 300 intentaban tomar la Casa Rosada para apresar y o matar a Juan Domingo Perón, la ESMA se quedó quieta.

Se esperaba mucho de ella, la guarnición más importante en la Capital Federal. Dice el historiador Isidoro Ruiz Moreno en “La Revolución del 55” hablando de los preparativos: “Por otra parte, iba a intentarse movilizar la poderosa Escuela de Mecánica de la Armada –organismo para capacitar suboficiales técnicos– para neutralizar a la cercana División de Infantería Motorizada apostada en Palermo. En la Escuela de Mecánica, los capitanes Fulgencio Ruiz y Carlos Rojo que habían sido comprometidos por Antonio Rivolta (el jefe de operaciones de la conspiración) –eran respectivamente los jefes de la sección de aspirantes y armamentos ya que su Director, el capitán de Navío Adolfo Cordeu, permanecía ajeno a la conspiración: y para ayudar a aquellos dos, desde la vecina Escuela de Guerra Naval donde cursaban sus estudios, pasarían los capitanes de fragata Jorge Palma y Carlos Sánchez Sañudo a fin de convencer a Cordeu” (Moreno Ruiz Pág.163).

Pero no lo convencieron. Su director se había juramentado no violar la Constitución y respetar el mandato de las urnas. Así lo cuenta el periodista y escritor Jorge Gaggero en su nota “Cuando un no golpista era traidor a la Patria”:

“El capitán Cordeu –uno de los jefes más destacados de su promoción– resistió con éxito al frente de los suboficiales y de unos pocos oficiales leales, los tenaces intentos de los sublevados de junio para levantar contra el orden constitucional a la unidad bajo su mando.”

No era fácil para un marino sostener la actitud en esa época. La Armada venía abroquelándose agresivamente contra Perón desde el 17 de octubre de 1945, cuando lo envió a la prisión naval de la isla Martín García y propuso, sin éxito, ocupar la capital y traer la flota de mar para reprimir la asonada popular. O cuando en 1951 se plegó parcialmente al golpe del general Menéndez: ese día llovieron panfletos sobre la ESMA arrojados en vuelo por aviones sublevados, se produjeron algunos destrozos en el Pabellón de Electricidad, pero allí estaba nuevamente Adolfo Cordeu, como Director Accidental y Subdirector. La ESMA se acuarteló, se mantuvo la calma y se dio orden de no disparar si no eran atacados:

“Después del levantamiento de 1951, encabezado por el general Benjamín Menéndez, un grupo de jefes de la Marina al que pertenecían Cordeu y su hermano José Ángel (también capitán de navío) se juramentó para no apoyar ningún futuro intento de levantamiento contra el orden constitucional. A este grupo de juramentados pertenecía el almirante Isaac Rojas, quien conduciría junto al general Eduardo Lonardi el golpe de septiembre de 1955.” (ídem nota de Jorge Gaggero).

Cañonera del tipo P-20 ARA Murature. Botada en los Astilleros Río Santiago en 1944, presto servicios hasta 2014. En 1946 fue confiada al entonces capitán de fragata Cordeu.

 

El 16 de junio a las 10:55 Cordeu recibió un radiotelegrama:

“Plan Conintes en ejecución en vigor, etapa de ejecución. Destacar dos camiones con tropa para reforzar antenas Costanera; dos camiones con tropa para reforzar estación Radio Cuyo, sita en Azcuénaga 267, Capital; tres camiones con tropa a reforzar antenas alrededor de Capital Federal; una compañía a reforzar Aeroparque. Resto al Ministerio de Marina” (Ruiz Moreno, pág.187)

La Marina, como operación de inteligencia, usó el subterfugio del Plan Conintes para movilizar sus fuerzas de tierra, aire y mar, que no estuvieran directamente comprometidas con la sublevación.

También recibió los mensajes cara a cara de los que lo querían convencer: “Perón enloqueció”, le aseguraban. Adolfo Cordeu procedió a chequear la información con el Ministerio de Marina donde todavía había funcionarios navales leales y nada de esto fue corroborado.

La ESMA se quedó quieta. El jefe de la conspiración, el almirante Samuel Toranzo Calderón, reconoce en correspondencia con Cordeu después de producida “La Libertadora” de septiembre que publicó Gaggero:

Contraalmirante I.M. Samuel Toranzo Calderón

Sr. Cap. de Nav. Adolfo V. Cordeu

“He leído detenidamente su carta y, con referencia a lo que en ella me solicitara, pongo en su conocimiento que –efectivamente– durante la preparación del Movimiento del 16 de Junio no se habló con Ud. respecto de su ingreso al mismo, porque teníamos casi la certeza de que no obtendríamos su colaboración (como quedó confirmado cuando telefónicamente lo insto a detener a Perón, quien al parecer había pensado refugiarse en la Escuela de Mecánica) y por ello lo mantuvimos totalmente ajeno a la citada preparación.”

“Es indudable que, considerando que únicamente Ud. y algún otro Jefe de ese Instituto serían los únicos (sic) que no intervendrían, habíamos tomado las medidas convenientes para plegar la Escuela a nuestra causa.”

“Si ello no se realizó en la forma que estaba previsto, fue debido a circunstancias ajenas a nuestra voluntad, que interfirieron en los planes proyectados.”

Las “circunstancias ajenas” que no especifica el almirante, fue la amenaza de cerco sobre la ESMA que el Ejército realizó desplegando el regimiento Patricios bajo el mando del general Ernesto Fatigati, jefe de la Primera División Motorizada.

Con la memoria del cruel enfrentamiento de 1943 de la ESMA y las columnas de Ejército que pasaban frente a ella, donde hubo 15 muertos y 38 heridos entre oficiales, suboficiales, aspirantes y conscriptos del Ejército contra 4 fallecidos de los marinos (más 11 civiles que pasaban en un transporte público) se dispuso a dialogar con el director Cordeu para persuadirlo de que no se plegara a un eventual levantamiento, cosa que, por lo dicho anteriormente, no le fue difícil.  Así, la ESMA fue neutralizada.

Esta conducta le valió a Cordeu el escarnio y la difamación de sus camaradas de armas.  Se lo tachó de traidor y de culpable del fracaso del golpe:

«Cordeu fue obligado a pasar a retiro en diciembre de 1955 por una ‘Junta Asesora Revolucionaria’. Un ‘Tribunal de Honor’ de la Marina decidió su absolución, en razón de su ‘falta absoluta de culpabilidad’. El Tribunal estableció que ‘no puede reprocharse al Capitán Cordeu no haber salido con su fuerza’ y que ‘tampoco puede acusársele de deslealtad ya que su actitud fue perfectamente clara’. Esta decisión, a diferencia de la primera, no fue informada al público por la Marina (sus jefes decidieron mantenerla ‘secreta’), lo que reforzaba su ‘linchamiento público”.

A 66 años del 16 de junio de 1955, desde la misma escuela donde Adolfo Cordeu se resistió al alzamiento antipopular, traemos su nombre al presente para rescatarlo del olvido, el nuestro y el de los suyos, sus camaradas de armas, tan dados a ocultar las disidencias al consenso antiperonista de la Marina.

Cuando un no golpista era “traidor a la patria”

 

Historias como las del capitán Cordeu, que no se sumó al alzamiento, fueron silenciadas por años de consenso antiperonista en la Armada. En el levantamiento habían masacrado a centenares de transeúntes en Plaza de Mayo.

 

POR JORGE GAGGERO

En el marco de enfrentamientos cada vez más agudos entre la Iglesia y el gobierno peronista, el 16 de junio de 1955, 34 aviones militares descargaron toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo: mataron a 364 personas y 800 resultaron heridas. El intento de matar a Perón se transformó en un bombardeo a la población civil. El levantamiento, en el que participaron conspicuos dirigentes radicales, conservadores y socialistas, fue reprimido y sus referentes huyeron al exterior o fueron apresados. Esa misma noche, el Vaticano excomulgaba a Perón. El capitán de navío Adolfo Cordeu, jefe de la ESMA en ese momento, fue uno de los pocos altos oficiales de la Armada que no se incorporaron a los rebeldes. Cordeu era legalista y había jurado no participar en ningún golpe de Estado. Cuando los militares antiperonistas ganaron finalmente en septiembre de ese mismo año, la actitud legalista de Cordeu le valió la baja, marginación y difamación. Una historia poco conocida del alzamiento de junio de 1955.

Síntesis de la carta del capitán de navío Adolfo V. Cordeu, jefe de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la jornada del 16 de Junio de 1955, al triunfante jefe de la marina ‘revolucionaria’ de septiembre, almirante Samuel Toranzo Calderón. El capitán Cordeu –uno de los jefes más destacados de su promoción– resistió con éxito, al frente de los suboficiales y de unos pocos oficiales leales, los tenaces intentos de los sublevados de junio para levantar contra el orden constitucional a la unidad bajo su mando.

Buenos Aires, 18 de noviembre de 1955

Al Sr. Alte. Samuel Toranzo Calderón

“Ante la imposibilidad de entrevistarme con Ud.,… recurro a este medio robándole unos pocos minutos de atención para plantearle un problema de conciencia que su hombría de bien no puede menos que atender.”

“Después del 16 de Junio fui relevado del comando de la ESMA y, previo pasaje por la Penitenciaría Nacional, revisto adscripto a Personal hasta hace pocos días en que fui pasado a ‘disponibilidad’ como operación previa a mi retiro ‘de oficio’. Si mi situación obedeciera a causas de carácter profesional o simplemente de confianza de las anteriores o actuales autoridades de la Marina, personalmente no tendría objeción que formular por tratarse de un problema subjetivo que solamente cabe al superior o su conciencia resolver.”

“Pero todo obedece a la convicción general… de que en la revolución del 16 de Junio yo estaba comprometido con fuerzas revolucionarias y con su jefe, y que posteriormente fui convencido o ‘comprado’ por el Alte. Teisaire para no salir con mis fuerzas y que a ello se debió el fracaso” (de la misma)…

“Dentro de mi terrible amargura, a esta altura de la vida soy lo suficientemente realista para comprender que toda la actuación en la Institución, que todos mis actos con respecto a los hombres de la misma —inspirados en un solo objetivo, el bien sin vulnerar y aún más exaltando los principios humanos fundamentales– no tendrían ningún valor ante la tacha infamante de ‘TRAIDOR’.”

“En el período del 16 de Junio al 16 de Septiembre… no puede imaginarse el Sr. Alte. el cúmulo de humillaciones recibidas, por supuesto ninguna frente a frente, el panfleto que corrió por todo Buenos Aires, las cartas anónimas a mis familiares, amigos e inclusive a todos los dueños de departamentos de mi casa, tildándome de traidor. Las amenazas de todo tipo y forma que obligaron a cambiar mi número de teléfono por otro reservado. La opinión de casi toda la Marina, que me señalaba peor que a un leproso,y por encima de eso la sensación de que los muy pocos que todavía se acercaban lo hacían con aprensión y con cierta caridad.”

“Mi posición en la Marina, cualquiera sea la resolución, es muy difícil porque el daño de la calumnia y la infamia no se repara nunca. No obstante ello, un deber ineludible hacia mi hogar, familiares y esos muy pocos amigos me obligan a dirigirme al Sr. Alte. …”

“Está en sus manos hacer conocer la verdad, para lo cual le solicito se exprese por escrito, dejando perfectamente aclarado el hecho que el Capitán Cordeu no había sido hablado por Ud. ni por ninguno de sus Jefes para participar en la revolución del 16 de Junio, y para que esta afirmación sea creída (el hecho de que Ud. y yo lo sepamos no es suficiente) es necesario que Ud. indique qué Jefes de mi Escuela o de la Escuela de Guerra estaban hablados para hacerse cargo de mi Comando y hacer salir a la Escuela en apoyo de sus objetivos.”

“Comprendo, Sr. Almirante, los pocos instantes de que Ud. dispone, pero a través de lo expuesto –que es un pálido reflejo de la realidad– podrá darse una idea de la importancia que para mí reviste, por ello me permito insistir en que esa carta dirigida a mí o al Sr. Ministro, con amplia libertad para utilizarla en la forma más conveniente, sea lo más clara, amplia y precisa posible…”

 

Respuesta de Toranzo Calderón, recibida por Cordeu el 21 de Noviembre de 1955 (de mano del Teniente de Fragata Salas).

Buenos Aires, 18 de Noviembre de 1955

Contraalmirante I.M. Samuel Toranzo Calderón

Sr. Cap. de Nav. Adolfo V. Cordeu

“He leído detenidamente su carta y, con referencia a lo que en ella me solicitara, pongo en su conocimiento que –efectivamente– durante la preparación del Movimiento del 16 de Junio no se habló con Ud. respecto de su ingreso al mismo, porque teníamos casi la certeza de que no obtendríamos su colaboración (como quedó confirmado cuando telefónicamente lo insto a detener a Perón, quien al parecer había pensado refugiarse en la Escuela de Mecánica) y por ello lo mantuvimos totalmente ajeno a la citada preparación.”

“Es indudable que, considerando que únicamente Ud. y algún otro Jefe de ese Instituto serían los únicos (sic) que no intervendrían, habíamos tomado las medidas convenientes para plegar la Escuela a nuestra causa.”

“Si ello no se realizó en la forma que estaba previsto, fue debido a circunstancias ajenas a nuestra voluntad, que interfirieron en los planes proyectados.”

“De lo expresado surge que, no habiendo estado en combinación con nosotros en ningún momento, en realidad no nos pudo haber traicionado.”

Cordeu fue obligado a pasar a retiro en diciembre de 1955 por una “Junta Asesora Revolucionaria”. Un “Tribunal de Honor” de la Marina decidió su absolución, en razón de su “falta absoluta de culpabilidad”. El “Tribunal” estableció que “no puede reprocharse al Capitán Cordeu no haber salido con su fuerza” y que “tampoco puede acusársele de deslealtad ya que su actitud fue perfectamente clara”. Esta decisión, a diferencia de la primera, no fue informada al público por la Marina (sus jefes decidieron mantenerla “Secreta”), lo que reforzaba su “linchamiento público”. Por esta razón, Cordeu insistió hacia fines de 1957 en su demanda de reparación moral, en una carta dirigida al director general del Personal Naval:

“En los últimos años (de mi carrera) goberné a miles de hombres y cientos de cadetes para quienes la dudosa posición de quien fue su Comandante tiene que haber dejado el sabor amargo de las primeras desilusiones de la carrera. La Superioridad tiene todos los elementos de juicio para hacer justicia, no por mí sino por ellos, que recién se inician y son la Marina del mañana. Para ello, todo lo que pido con todo respeto, pero firmemente, es que se les haga conocer la verdad, que se sintetiza en los siguientes puntos:

“1) El Capitán Cordeu no traicionó a nadie el 16 de Junio. No fue hablado para participar en el movimiento. Producido el intento revolucionario, no fue ni convencido ni comprado para no salir con la Escuela de Mecánica.”

“2) El Capitán Cordeu fue culpable, jugando su carrera y la seguridad de los suyos, de omitir en sus declaraciones al Consejo de Guerra y al Ministerio de Marina (en el período previo al 16 de septiembre de 1955) todo aquello que podía perjudicar a sus camaradas, inclusive a quienes le habían sido desleales.”

“3) El Capitán Cordeu fue culpable, a riesgo de su vida, de defender su Comando impidiendo que la Escuela de Mecánica fuera arrastrada por quienes –sin medir las consecuencias y solamente gobernados por sus impulsos– pretendían hacerla salir, lo que hubiera significado la pérdida de muchas vidas inútilmente.”…

Los reclamos de Cordeu nunca fueron atendidos hasta hoy y tampoco los de la mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas que intentaron entonces y en los años sucesivos defender o recuperar el orden constitucional, durante el largo período de odio y revancha que se inició con los bombardeos del 16 de junio.

En sus reclamos formales a la triunfante Marina ‘revolucionaria’, el capitán Cordeu no podía referirse a otros importantes elementos de juicio. Estos datos complementarios sí eran conocidos por su familia y amigos. Los más destacados son los siguientes:

– Después del levantamiento de 1951, encabezado por el general Menéndez, un grupo de jefes de la Marina al que pertenecían Cordeu y su hermano José Ángel (también capitán de navío) se juramentó para no apoyar ningún futuro intento de levantamiento contra el orden constitucional. A este grupo de juramentados pertenecía el almirante Isaac Rojas, que conduciría junto al General Lonardi el golpe de septiembre de 1955.

– El 16 de junio de 1955 Cordeu habló por teléfono desde la ESMA con Hugo Guillamón, edecán naval del Presidente, para preguntarle si Perón estaba cuerdo (los conspiradores sostenían que se había vuelto loco). La confirmación de que el Presidente estaba “en pleno uso de sus facultades mentales” terminó de despejar toda posible duda.

– Los hermanos Cordeu no eran “peronistas”: eran legalistas por convicción. El otro marino, José Ángel, se desempeñaba como agregado naval ante los gobiernos europeos y fue también pasado a retiro después de septiembre “por peronista”. El hermano menor médico, Matías, había sido simpatizante de Forja y admirador de sus principales figuras, entre las que se destacaba Arturo Jauretche. El más joven de los Cordeu había participado, además, en la jornada del 17 de octubre de 1945.

Los “revolucionarios” victoriosos del ‘55 cantaban con entusiasmo en sus desfiles la “Marcha de la Libertad” y levantaban la voz para entonar su verso preferido: “¡Mil veces una muerte argentina!” ( un remedo, quizás, del coro final del Himno Nacional: “¡Oh juremos con gloria morir!”). No imaginaron las miles de “muertes argentinas” que sumarían las luchas políticas que desgarraron al país durante las siguientes décadas.

 

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