Plan Conintes, represión política y sindical es producto de la investigación efectuada por el Archivo Nacional de la Memoria durante varios años, para lo cual se consultó la bibliografía existente pero también se recurrió a diferentes archivos; entre ellos, el de Arturo Frondizi, permite revelar documentación desconocida que explica detalles de su ejecución”, señaló en diálogo con Miradas al Sur el doctor Ramón Torres Molina, presidente del Archivo Nacional de la Memoria, quien comprende que a la década de conquistas sociales que significó el peronismo en el gobierno desde 1946 a 1955, le siguieron progresivas escaladas de violencia tendientes a destruir un sujeto social destinatario de esas políticas. En ese sentido, la aplicación de la violencia institucional contra la protesta social y política estaba orientada a recuperar el statu quo perdido con el peronismo y los intereses de las clases dominantes. El plan Conintes (1958-1961) fue una herramienta represiva clave que se sumó al bombardeo del ’55, a los fusilamientos contra la autodenominada “Revolución Libertadora”, a la represión estudiantil del ’66, a la Masacre de Trelew, y finalmente todo el accionar la última dictadura cívico-militar.

Militante. Ramón Torres Molina es el presidente del archivo nacional de la memoria.
Militante. Ramón Torres Molina es el
presidente del archivo nacional de la memoria.

Sobre los servicios de Inteligencia, el libro revisa en su capítulo 2 cómo tras el cambio en la concepción de territorio (abandonando un sentido geográfico para ocupar un sentido ideológico) y una purga de funcionarios peronistas realizada en 1956 a través del decreto 776/1956, la SIDE pasó a alternar actividades criminales para beneficio propio con trabajos sucios por encargo del gobierno, amparada en la potestad para realizar operaciones encubiertas y manejar fondos reservados.
Aquel decreto agregaba el deber de satisfacer “las necesidades de información (…) que impliquen el empleo de medios secretos para su obtención”.
Se explica allí que, derrocado Perón, la SIDE se orientó de lleno a “desperonizar”, convirtiendo a la Resistencia Peronista en el principal blanco de persecución. Por esa razón, su director pasa a ser Juan Constantino Quaranta, un ferviente antiperonista de activa participación en el alzamiento cívico-militar en la ciudad de Córdoba. Para quien quiera profundizar sobre Quaranta, es recomendable leer El Caso Satanowsky, de Rodolfo Walsh.
El texto indica que “paralelamente, a medida que iba creciendo la influencia de los servicios de inteligencia de las potencias occidentales, en especial del Departamento de Estado norteamericano, se intensificó el accionar hacia aquellos sospechados de desarrollar actividades comunistas”, permitiendo comprender que en aquella supuesta independencia del gobierno estaba implícita una dependencia con la Embajada norteamericana y particularmente con la CIA. Al igual que las Fuerzas Armadas, la SIDE se convertiría en una fuerza que condicionaría a Frondizi. Sobre todo, a medida que se iba especializando cada vez más en producir operaciones políticas internas, manipular la información suministrada al Ejecutivo, realizar allanamientos y detenciones arbitrarias al margen de las autoridades civiles y otras actividades delictuosas que, al mismo tiempo, le hicieron decrecer capacidades técnicas para afrontar las tareas que le eran naturales. Funcionamiento autónomo que permitió el accionar de otros servicios de inteligencia extranjeros dentro del territorio nacional como es el caso del Mossad, en 1960.
Pero este libro va mucho más allá del tema SIDE. Desde la Coordinación de Investigaciones Históricas de la Dirección Nacional de Gestión de Fondos Documentales del Archivo Nacional de la Memoria, dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, revela la investigación realizada sobre los años posteriores al golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 y se centra en el período de ejecución del Plan de Conmoción Interior del Estado (Conintes), justamente bajo el gobierno de Frondizi, que había logrado un triunfo electoral por un acuerdo con Perón que irá traicionando rápidamente al no cumplir con la legalización de los sindicatos. Se revela así el laboratorio inicial de las prácticas de persecución política y sindical que marcarían el rumbo del accionar del terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983).

Subdividido en siete capítulos, demuestra cómo, a partir de leyes, decretos y documentos de archivo, se desarrolló la estructura legal vinculada a la represión estatal, así como se realiza un rastreo histórico de los conceptos de guerra, territorio, conmoción interior y enemigo interno. Y aborda documentadamente el desarrollo normativo y operativo del plan; el desarrollo de la estructura de inteligencia en la SIDE; los ataques al movimiento obrero en los gobiernos golpistas de Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu; las luchas obreras, la militancia y la Resistencia Peronista; las características del accionar represivo y las consecuencias inmediatas de la represión; la proscripción; la doctrina liberal, el desmantelamiento del Estado y el Informe Prebisch, y dedica un capítulo completo a la doctrina francesa de la guerra revolucionaria.
“El Plan Conintes tiene mucha actualidad, primero por haber sido una acción desarrollada por las Fuerzas Armadas, puntualmente por el Ejército, sobre el movimiento sindical y contra el peronismo y los movimientos populares. Pero, además de haber sido un importante antecedente histórico, significa la incorporación y la aplicación de las doctrinas contrainsurgentes francesas (o contrarrevolucionarias) que se desarrollaron con posterioridad y que la última dictadura aplicaría con toda intensidad”, detalla Torres Molina. Y explica que en este trabajo han recopilado los antecedentes de los contactos franceses con el Ejército argentino que se inician en el año 1956 para incorporar las doctrinas contrainsurgentes, donde se manifiesta la presencia de profesores franceses que habían estado en Indochina y en Argelia; pero también con el envío de militares argentinos que hacen cursos en Francia. “Una de las ideas básicas que toman los franceses de la represión argelina –continúa– es que la Inteligencia tiene un papel fundamental en las luchas contrainsurgentes, algo que involucra la aplicación de métodos de tortura”. E indica que la otra experiencia que inaugura el Plan Conintes y que se aplica en la última dictadura es la subdivisión en zonas, que a cada zona le corresponde un jefe, y donde cada zona se subdivide en subzonas y estas últimas en áreas.

En el estudio de ese período se analiza el papel de los distintos actores (la Resistencia Peronista, la Iglesia Católica, el movimiento obrero organizado, las Fuerzas Armadas) y se destacan aspectos como el accionar de las fuerzas represivas contra el denominado “enemigo interno”; pero también revisa la influencia y el afianzamiento de la Doctrina de la Seguridad Nacional a nivel continental y el influjo de las técnicas de contrainsurgencia sobre las fuerzas que ejercieron la represión contra los sectores populares.

“Un tema clave que siempre remarcamos –señala Torres Molina– es que los franceses nunca juzgaron a sus propios torturadores a pesar de que se los conoce, porque incluso han enseñado abiertamente las técnicas de tortura. Hemos incorporado también al libro distintos artículos y conferencias que han dado los franceses o militares argentinos que de­sarrollaron esa doctrina en nuestro país.”
Plan Conintes, represión política y sindical es un libro que contribuye a explicar la incorporación progresiva de las doctrinas contrainsurgentes en las Fuerzas Armadas Argentinas que, en su expresión final, durante la dictadura de los años 1976-1983, adquirió características propias.
De ese modo, Plan Conintes, represión política y sindical constituye una publicación necesaria para comprender la represión desa­rrollada por el Estado terrorista.

 

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