LINCHAMIENTOS. Cunde la onda «justiciera»…

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De los ciento por ciento miserables y cobardes. Acá hay un link con otro caso. Por suerte, también hay reacciones.

INFOBAE sábado 29 de marzo 201429-03-2014

Intentaron linchar en Palermo a un menor que robó una cartera

Decenas de personas atraparon al ladrón en Charcas y Coronel Díaz y lo golpearon en el suelo. Un escritor contó el angustiante momento en su cuenta de Twitter.

Darío Grillo Trubba, sociólogo y autor de la novela «La Mafia Política», relató en su cuenta de la red de microblogging cómo presenció esta tarde un intento de linchamiento por parte de decenas de vecinos de la ciudad de Buenos Aires a un menor que había robado una cartera. En sus mensajes el escritor da detalles de lo ocurrido, expresa las contradicciones que pasaron por su cabeza y se pregunta por las condiciones que existen para que se produzca un hecho así.

     
Diego Grillo Trubba @diegogrillotrub Follow

Charcas y Coronel Díaz. Ahora. La gente casi lincha a un carterista.

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Fue todo muy angustiante, horroroso. Denme un rato y se los cuento.

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Ocurrió en Charcas entre Coronel Díaz y Billinghurst. Yo acababa de bajarme del coche de mi jefa, que me había acercado a casa.

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Cuando quiero cruzar Billinghurst hacia Coronel Díaz, veo un tumulto. Estaba empezando justo ahí.

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Al principio, de lejos, lo que se veía, era eso, un tumulto de gente. Personas que de repente entraban corriendo hacia un edificio.

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De repente salían para unirse al tumulto. Me termino de acercar y empiezo a ver lo dantesco.

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Era un edificio ladrillo a la vista, con la puerta de ingreso metida hacia adentro, había unos 15 m cuadrados de espacio.

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Ahí, un tipo grandote con uniforme de portero estaba arriba de un pibe de unos 16/7 años, inmovilizándolo.

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De repente, una de las personas del tumulto se acerca corriendo y le mete una patada en la cara al pibe.

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Los otros que entraban y salían debían haber hecho lo mismo, porque el pibe ya estaba con la cara medio deformada.

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Para que se entienda: de la boca le salía un río de sangre que primero formaba un charco en las baldosas y luego un reguero hacia la calle.

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Cada vez que el pibe daba signos de que recuperaba la consciencia, alguien salía de la multitud y le pateaba la cara.

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En el medio de todo esto, el portero (supongo) teniéndolo fijo contra el piso.

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Medio porque me asqueaba la cara del pibe, miré hacia la gente. Estaban todos sacadísimos.

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Yo estaba petrificado, con la bolsa que compré esta mañana para el casorio de mi hermana la semana próxima.

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Realmente, no sabía qué hacer. Paralizado. No podía moverme. Parado, solo giraba la cabeza.

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En el medio, obvio, seguían pateando al pibe. Algunos en la cara, otros en las piernas.

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El resto del cuerpo se lo protegía (no sé si sin querer) el portero que tenía encima, inmovilizándolo.

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De repente uno de los que pateaba se apartó para tomar aire. Se sentó en el cordón de la vereda. Tenía unos 30/35 años.

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Me le acerco y le apoyo la mano en la espalda. «Ya está, flaco, basta, ya está.»

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El pibe alza la cabeza. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Me dice «le afanó la cartera a mi mujer, el hijo de puta».

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No sé, la frase me impactó y desvié la mirada hacia Coronel Díaz (estábamos a mitad de cuadra). Ahí vi lo que no me olvido más.

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Sobre el pavimento, cerca del cordón de la vereda, dos zapatillas. Sueltas. A unos 5 metros de donde pasaba todo.


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