Los archivos del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército habrían sido comprados por Carlos Menem

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«Vargas». Un represor que rompió el silencio y tiró unos cuantos sorullos al ventilador.

El convicto capitán retirado Héctor Pedro Vergez, dijo en el curso de una entrevista exclusiva concedida a Télam en el penal de máxima seguridad de Marcos Paz que los archivos del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército le fueron vendidos a fines de los años ’90 al todavía presidente Carlos Saúl Menem en 250.000 pesos/dólares.

«La negociación terminó bien. Menem le pagó 250 mil dólares a (el general de brigada retirado Jorge Ezequiel) Suárez Nelson. Podés preguntárselo al propio Menem. Decile que yo te lo dije», le dijo Vergez a su entrevistadora. 

Lo hizo en respuesta a la pregunta acerca de si se había concretado la venta de los archivos que según variados testimonios (entre los que se destaca el de la periodista y escritora María Seoane) tanto los periodistas Juan Bautista «Tata» Yofre (quien fue el primer secretario de Inteligencia de Menem) y Fabián Domán, como él mismo Vergez ofrecían al mejor postor durante los años ’90.
Suárez Nelson, a quien Vergez señaló como quien fuera su jefe directo en la inteligencia militar y que llegó a jefe del referido Batallón de Inteligencia 601 (con sede en un hoy abandonado edificio de la avenida Callao y Viamonte) falleció el 17 de octubre de 2008.
Vergez, está acusado de ser un asesino serial (de las familias Pujadas y Vaca Narvaja, de estudiantes bolivianos, etc.) antes y después del golpe de estado cívico-militar de marzo de 1976.
Antes del golpe, fue uno de los fundadores y jefes del «Comando Libertadores de América», versión cordobesa de la Triple A. Después del mismo fue el jefe del campo de concentración y exterminio «La Perla», en las afueras de la ciudad de Córdoba.
Por lo primero todavía no fue juzgado, y está siéndolo por lo segundo, pero ya ha sido condenado a 23 años de prisión por crímenes de lesa humanidad cometidos posteriormente en área del Primer Cuerpo de Ejército y particularmente por lo que la inteligencia militar denominó «Operativo Redondo».
Fue a partir de este juicio, recientemente concluido, que surgió el interés por los esfumados archivos de la inteligencia militar, archivos que contienen, entre otras cosas, los presuntos dichos de centenares sino miles de detenidos-desaparecidos, por lo general obtenidos bajo tortura.
El interés en los mencionados archivos surgió, más precisamente, por la aparición de las transcripciones de los supuestos interrogatorios hechos por la inteligencia del Ejército al contador Julio Gallego Soto –quien había sido un estrecho colaborador de Juan Perón– y a Rafael Perrota, director del diario «El Cronista». Ambos permanecen desaparecidos.
Vergez, que  fue condenado por el secuestro de Gallego Soto y por el del jefe interino de la inteligencia del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) Javier Coccoz, también desaparecido, negó haberlos asesinado y señaló a sus presuntos victimarios (ver más abajo Vergez dice ahora…).
Antes de ser llevado a Córdoba para sentarse en el banquillo de los acusados en el juicio por los crímenes cometidos en La Perla, Vergez le dio a Télam una larga entrevista en el penal de Marcos Paz en la que aceptó haber matado a muchas personas.
«Soy militar, nos prepararon para matar. En una guerra se mata y se muere. Cuando matás al primero es un shock. Después es menos duro», dijo.
Vergez comentó espontáneamente que interrogó a Raúl Yaguer, jefe montonero supuestamente abatido en un enfrentamiento en 1983 (ver más abajo «Yo interrogué al comandante montonero…»). 
También dijo, entre otras muchas cosas, haber trabajado para los periodistas Jorge Lanata y Samuel «Chiche» Gelblung, opinó que a Néstor Kirchner jamás le importaron los derechos humanos y atribuyó los juicios por delitos de lesa humanidad a una iniciativa del ex jefe de gabinete Alberto Fernández.
Paradójicamente, Vergez dijo que él y sus compañeros de encierro tienen la esperanza de que el gobernador Daniel Scioli (a quien Alberto Fernández asesora) llegue a la Presidencia de la Nación y los libere.
Vergez dijo ser peronista y haber oficiado de «informante» del Consejo Superior del Movimiento Peronista, quién en 1974 le habría extendido una nota de presentación para el interventor de aquella provincia, Raúl Bercovich Rodríguez, quién, se jactó, «me dio todo su apoyo, auto, plata, y comida».
Sin embargo, dijo haber actuado siempre en Córdoba por órdenes del general Luciano Benjamín Menéndez, un antiperonista de paladar negro, hijo del general que intentó deponer al presidente Juan Domingo Perón durante su primer mandato –en 1951- y apodado por eso mismo, «Cachorro».
Vergez admitió haber tenido una intrincada y compleja relación con Miguel Ángel «El Colorado» Egea, quien fuera secretario privado del brigadier retirado Raúl Lacabanne (predecesor de Bercovich Rodríguez en la intervención de Córdoba) y años después fue estrecho allegado a Alberto Kohan, secretario general de la Presidencia de Carlos Menem.
En cambio negó que haya existido un «plan sistemático» de plan de apropiación de bebés y dijo que los que fueron asesinados y figuran como «desaparecidos» fueron ejecutados según listas cuyas copias los generales Menéndez y Antonio Domingo Bussi –a quien se refirió despreciativamente– les hacían firmar a los subordinados a quienes les encargaban las ejecuciones.
A la hora de las autocríticas, el condenado dijo únicamente que el general Jorge Rafael Videla (que también está en Marcos Paz y en un momento de la entrevista pasó por detrás de él) no tenía «estatura intelectual» para encabezar la dictadura, y que la represión se ejerció de una manera excesivamente parcelada.
También dijo haber trabajado para los periodistas Jorge Lanata y Samuel «Chiche» Gelblung.
A continuación, algunas de sus expresiones: 

Kirchner y los Derechos Humanos 

«Néstor Kirchner hizo todo este circo de los juicios ni por sentimientos ni por militancia. Cuando era gobernador, jamás le dio bola a las Madres de Plaza de Mayo. Pasó que al regreso de un viaje a España, que había la extradición de un militar argentino, Alberto Fernández lo apioló de que había ahí una veta que se podía explotar, y es por eso que estamos todos acá», opinó. 

Esperanzas 

Vergez dijo que en Marcos Paz hay 389 presos, 182 de ellos por delitos de lesa humanidad. «Nos tratamos como familia. Sabemos las noticias de todos los muchachos, de los otros lugares (dónde están presos), de los juicios. Somos presos políticos», enunció. Y seguidamente pronosticó: «Cristina va a perder las próximas elecciones desastrosamente y el próximo presidente va a ser Sicioli. Tenemos muchas esperanzas de que Scioli pacifique el país y nos ponga en libertad».

Peronismo

Vergez habló de su infancia en La Pampa, de que son siete hermanos, todos profesionales, etc. Y remató diciendo «Yo soy peronista. Mi primer juguete fue una pelota de la Fundación Eva Perón. Y el 80 por ciento de los militares que combatieron la subversión eran peronistas». 

Añade que en 1974, cuando fue a Córdoba, era «informante del Consejo Superior del Movimiento Peronista y en su sede de la avenida Córdoba me dieron una nota para el interventor (Raúl Bercovich Rodríguez, que había reemplazado a Raúl Lacabanne) quien «me dio todo su apoyo, auto, plata, casa y comida».

El represor dijo que el mayor apoyo a la «lucha antisubversiva» lo obtuvo entonces de algunos sindicatos y gremialistas cordobeses, y negó que José López Rega, ministro de Bienestar Social y secretario privado de la presidenta María Estela, fuera el jefe de las bandas asesinas de la Triple A que, dijo, eran «una amalgama de policías, gente de derecha y militares». 

«Comando Libertadores de América» 

Previsiblemente, Vergez negó haber sido jefe del «Comando Libertadores de América» y haber participado en el exterminio de la familia del montonero Mariano Pujadas, muerto el 22 de agosto de 1972 en «La masacre de Trelew» junto a otros 15 guerrilleros que había escapado días atrás del penal de Rawson (otros tres sobrevivieron a sus heridas, pero no a la dictadura).

Reivindicó haber detenido a Mariano Pujadas pero negó haber matado a sus padres y hermanos. «No hay denuncias, ni pruebas, ni nada», comentó.

«Hablan de una superorganización que mandaba el supercapitán Vergez pero era (el general) Menéndez el que confeccionaba las listas (de personas a asesinar) y nos las hacía firmar. Bussi fue todavía más allá y hacía firmar las listas no sólo a los militares sino también a los civiles» que integraban los comandos represores, aseguró.

Vergez dijo saberlo porque fue enviado por Menéndez a Tucumán dónde «Bussi cometió atrocidades, barbaridades, mandaba matar a cualquiera. Yo le salvé la vida a treinta detenidos en la Jefatura de Policía. Bussi, el general más ladrón y corrupto se murió llorando y dando lástima», dijo con una mueca de desprecio.

Trama civil

Cuando se le preguntó por la trama civil que apoyo la llamada «lucha antisubversiva», Vergez mencionó a Miguel Ángel «El Colorado» Egea, quien fuera secretario privado del interventor de la provincia de Córdoba, el brigadier retirado Raúl Lacabanne, quien reemplazó al gobernador Ricardo Obregón Cano, depuesto por un golpe policial.

«Es un delincuente de marca mayor y está lleno de plata. Fue presidente del Instituto de Reaseguros de Córdoba y se casó con una yanqui. Estuvo dos veces preso en Córdoba y cree que fui yo el que lo mandé en cana pero no fue así», siguió diciendo.

«Cuando me retiré –explicó- fui vicepresidente de una financiera, Egea quería entrar, pero yo ya había visto que era muy pillo y ladrón y no le dejé. Entonces Egea se puso a asesorar a la mujer del dueño de la financiera en un juicio de divorcio y ahí me vi obligado a meterlo. Pero en 1980 le pinché el teléfono a él y a un par más. Y lo apreté tanto que en vez de arreglar por cinco millones de dólares, como él quería, arreglamos por 200 mil y una concesionaria Fiat que tenía el presidente de la financiera».

«Tené en cuenta que yo tenía fama de malo porque había sido el jefe de La Perla. Egea me tenía miedo. Tiene una casa en los Estados Unidos y me parece que pasa la mayor parte del tiempo allá», remató.

Chicos robados

«Es mentira que haya 500 chicos robados. Algunos atorrantes se robaron unos treinta. Vos matabas una pareja, quedaba un chico, ningún juez de menores quería hacerse cargo, en esas circunstancias se produjo lo que te digo. Aún así, en Córdoba no hubo nenes robados. (Estela Barnes de) Carlotto pudo inventar una sola causa. Y es que si se enteraba, Menéndez nos agarraba de las orejas y nos colgaba de un árbol. Lo mismo si se enteraba de que se abusaba de una embarazada detenida. A los menores de 15 años los llevábamos a la casa y les recomendábamos a los padres que los sacaran de Córdoba», narró.

Lanata y Gelblung 

El represor dijo que en los años ’90, después de haber publicado su libro «Soy Vargas (uno de los alías que utilizaba al cometer sus tropelías). El antiterrorismo por dentro», trabajó durante «tres o cuatro meses» a las órdenes de Lanata.

«Trabajé directamente para Lanata, que me llamaba por teléfono para pedirme investigaciones e incluso algún reportaje bastante liviano. Lo que más le interesó, agregó, fue «una investigación que hice sobre un director de ATC que en su momento había puesto Menem. No era (Gerardo) Sofovich. Era alto y flaco, pero ahora mismo no recuerdo su nombre».

Elogió seguidamente a Gelblung: «Chiche, más noble que Lanata, me tenía como panelista».

Videla, un incapaz

Cuando el cronista le planteó si no se arrepentía de nada, si no tenía alguna autocrítica que expresar, Vergez dijo que no, que no se arrepentía de nada.

«Ganamos la guerra. Ellos plantearon la guerra, pero no previeron que nos íbamos a vestir de civil y hacer lo mismo que ellos. Los infiltramos por todos lados y los aplastamos».

Sin embargo, añadió que a la hora de ejecutar la represión «se dividió al país en demasiadas zonas y subzonas. Los jefes de regimiento hacían lo que querían. Nos gobernó una persona decente pero incapaz intelectual (en referencia a Videla, que en un momento pasó por detrás de él) que no estuvo a la altura de las circunstancias porque la situación era demasiado grave».

Al respecto, hizo un comentario curioso. Dijo que «el que tenía que asumir la jefatura del golpe era el general Carlos D’Elía que fue muy vivo, vio lo que se venía y le dejó el muerto a Videla».

Unos campitos escondidos

Luego de protestar porque «en Nuremberg se juzgaron unos pocos jerarcas nazis, no capitanes», de expresar su temor de morir en la cárcel, «ya que en mi familia no hay longevos» y de admitir que «mi único sostén es mi hija», Vergez admitió que dinero no le falta porque «tengo unos cuantos campitos escondidos en La Pampa que nadie me va a encontrar».

Mientras se realizaba la entrevista, pasaron por detrás o se acercaron a curiosear militares como Videla, el general Claudio Grande y otro de apellido Méndez y civiles presos bajo la acusación de haber integrado la Triple A como el ex periodista –y yerno del difunto López Rega- Julio Yessi y Carlos Alejandro Villone. 
«OPERATIVO REDONDO»

Vergez dice ahora que los desaparecidos Coccoz y Gallego Soto fueron asesinados e identificó a sus presuntos ejecutores
El capitán retirado Héctor Pedro Vergez, recientemente condenado a 23 años de prisión por el secuestro y desaparición de Javier Coccoz y Julio Gallego Soto, y por el secuestro de la esposa del primero, Cristina Zamponi, dijo que ambos hombres fueron asesinados, señaló a sus presuntos ejecutores, y negó haber violado a la mujer.
Vergez, alías «Gastón», alías «Vargas» negó rotundamente haber matado a Javier Coccoz, de 26 años, jefe de inteligencia interino del ERP, cuya captura en Lanús en abril de 1977 desencadenó lo que la inteligencia militar denominó «Operativo Redondo» y aseguró no tener nada que ver con el secuestro y desaparición del contador Gallego Soto –quien había sido un hombre de extrema confianza del ex presidente Juan Perón­– hechos por los que responsabilizó al general retirado Ramón Genaro Díaz Bessone.
En el curso de una entrevista exclusiva concedida a Télam en el penal de Marcos Paz, Vergez dijo que a «al teniente Pancho (Coccoz) lo mató a mis espaldas (el teniente coronel Carlos) Vega Aciar el mismo día en que yo despedí en un avión hacia Europa a su mujer (Cristina Zamponi) y al pequeño hijo de ambos».
«Vega Aciar lo mató por orden de (el general Jorge Ezequiel) Suárez Nelson», añadió.
Ante la obvia pregunta de por qué no lo dijo durante el juicio, Vergez respondió que sus abogados, defensores oficiales no lo defendieron como correspondía porque «estaban absolutamente convencidos de que sería condenado».
«Y eso que ‘El Tigre’ (el capitán de fragata retirado Jorge) Acosta, que está chapita, me dijo que me habían tocado los mejores», comentó con humor lúgubre antes de afirmar que está «arrepentido de no haber dicho entonces la verdad.»
Vergez repite que había llegado a un acuerdo con Coccoz, de quien dice que era un tipo duro «casi como Santucho, que era mucho más duro que el Che Guevara», que llevado a un lugar aislado de la guarnición de Campo de Mayo no había hablado en la tortura, razón por la cual lo habrían convocado a él para que lo interrogara.
Dijo que mantuvo tres reuniones con él, al cabo de las cuales llegó a un acuerdo que incluía que su mujer y su hijo salieran hacia Europa y que a él se lo dejara salir hacia Brasil.
Vergez dijo que ni él ni Coccoz tuvieron nada que ver con el secuestro y desaparición de (el funcionario del Ministerio de Economía) Juan Carlos Casariego del Bel. Que Casariego del Bel jamás fue nombrado en las conversaciones que tuvieron. Que el juez federal Norberto «Oyarbide me lo endilga a mi (su secuestro) porque no sabe a quien endílgarselo o, peor todavía, porque si no me lo endilgara a mi debería endilgárselo a (Guillermo Walter) Klein (secretario de Programación Económica y mano derecha del ministro José Martínez de Hoz).
Vergez dijo que Cristina Zamponi estaba al tanto y de acuerdo con lo negociado con Coccoz, y negó haberla violado como ella denunció a la hora de declarar por teleconferencia desde Barcelona, dónde vive.
Dijo que para lo único que la sacó de la casa de sus suegros, dónde la mantenía recluida, fue para llevarla al aeropuerto de Ezeiza para que se fuera del país con su hijo.
También dijo que comenzó a retirarse del Ejército a raíz del secuestro de Gallego Soto, quien como descubrió y publicó el periodista Rogelio García Lupo, había sido un hombre de extrema confianza de Juan Perón y su virtual «embajador» ante las autoridades cubanas, especialmente ante Fidel Castro y Ernesto «Che» Guevara.
«En junio de 1977 yo hacia lo que quería, nadie me decía nada. Suárez Nelson, que era mi jefe, me entregó una carpeta con todos los datos de Gallego Soto y me pidió que lo investigara. Así lo hice y le informé a Suárez Nelson que no había nada que hacer con el tipo, que era peronista, que había sido íntimo de Perón, que estaba limpio», narró.
«Entonces –continuó diciendo– Suárez Nelson me dijo que (el general Ramón Genaro) Díaz Bessone (que había sido ministro de Planeamiento de la dictadura) había ordenado que lo mataran, por lo que debíamos secuestrarlo y matarlo sin interrogarlo».
Vergez dice que se negó a cumplir esa orden. «No soy sicario de Díaz Bessone», le dije a Suárez Nelson.
Según dijo Vergez, Gallego Soto tenía un relación muy próxima con Díaz Bessone, quien estaba enfrentado con el dictador Videla, a quien quería reemplazar.  Gallego Soto, dijo, «había puesto mucha plata para la Fundación 2000 (de Díaz Bessone) y fue gracias a sus gestiones que le habían dado las llaves de Nueva York».
Vergez le dijo a Télam que Díaz Bessone mandó matar a Gallego Soto por lo que éste sabía del «secuestro de los (empresarios Federico) Gutheim (y Miguel Ernesto Gutheim, padre e hijo, en 1976) por orden de Martínez de Hoz», y que el ejecutor de la orden fue un teniente coronel retirado (que entonces sería capitán), Enrique Mónico López Ascárate.
«López Ascárate lo secuestró, mató y quemó su cuerpo», aseguró.

YAGUER
«Yo interrogué al comandante montonero Yaguer»
El convicto capitán retirado Pedro Héctor Vergez dijo haber interrogado al «comandante montonero (Raúl Clemente) Yaguer», supuestamente abatido en un enfrentamiento a fines de abril de 1983, cuando Vergez llevaba varios años retirado del servicio activo.
En una entrevista exclusiva que dio a Télam en el penal de máxima seguridad de Marcos Paz, el reo recordó el ataque al Regimiento 29 de Infantería de Formosa, primer y último ataque a una unidad militar de la guerrilla montonera.
(El general Luciano Benjamín) Menéndez me envió allá y le hice un informe. Nuestra preocupación no era tanto militar sino porque había doscientas mil personas, en su mayoría jóvenes, que se movilizaban en apoyo a Montoneros».
En lo estrictamente militar –siguió diciendo–al soldado (Luis Roberto) Mayol (quien abrió las puertas del regimiento a los atacantes) el Ejército lo tenía controlado y por eso lo había mandado de Santa Fe a Formosa.»

«Mayol estaba en contacto con el ingeniero (químico, Raúl Clemente) Yaguer, también  santafesino y quien dirigió aquel ataque. Y fue porque Mayol estaba controlado que los Montoneros no pudieron tomar el cuartel», siguió diciendo.

Vergez dice que años después tuvo la ocasión de «entrevistar a Yaguer» (sic)… lo que derriba la versión oficial de que Yaguer murió al resistir a su detención en un control de carreteras el 30 de abril de 1983, un año después de la guerra de Malvinas y dos días después de que la dictadura presentara  su «Documento final sobre la subversión y la lucha contra el terrorismo».
Poco antes, el 14 de abril habían sido secuestrados en Rosario y asesinados en Buenos Aires –por policías a las órdenes del subcomisario Luis Abelardo Patti– otros dirigentes montoneros, Eduardo «Carlón» Pereyra Rossi y Osvaldo «El Viejo» Cambiasso.
Como Patti, que trabajaba para la inteligencia del Ejército, parece evidente que Vergez siguió haciéndolo después de su retiro del servicio activo.

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