Masacre campesina: Gadafi responsabiliza al Consejo de Seguridad de la ONU

Escribe Leonor Massanet desde Trípoli ayer acerca de la masacre de Majar (85 muertos, la misma cantidad que en el atentado a la AMIA), un pueblo situado en el oeste del país.Dice que Rolando Segura (corresponsal de Telesur) informó que según testigos la OTAN lanzó tres bombas y cuando los familiares y vecinos acudieron a ayudar a las víctimas lanzó otras tres, que eran familias “que dormían o estaban reunidas por ser el mes de Ramadán  (cuando no se puede probar bocado hasta qjue se pone el sol, por lo cual, además de ser un mes de ayuno es un mes de cenas compartidas en familia). La OTAN reconoce que bombardeó un pueblo agrícola, pero alega que se había convertido en un campamento del ejército regular libio.

“La realidad es que quieren vaciar la zona de sus pobladores para que puedan acceder (y poner una base) los rebeldes”, concluye Leonor, que no sé por qué llama al pueblo mártir Mazen. “Lógicamente para esta gente asesinar es como comer para las personas normales. Nunca la historia perdonará estas atrocidades y los responsables pasarán a la historia para vergüenza de sus descendientes”, apostrofa en su blog la psicóloga mallorquí residente en la capital libia.

Por su parte, según BCC Mundo, hace unas pocas el líder libio, Muamar Gadafi responsabilizó de la muerte de esas 85 personas, incluyendo varios niños, al mismísimo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La televisión estatal libia informó que Gadafi le envío notas a los jefes de Estado de los 15 países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas responsabilizándolos de lo que describió como “una masacre” de civiles.

Oficiales libios afirman que el pueblo de Majar fue bombardeada para facilitar el paso de combatientes rebeldes.

La OTAN dijo que su objetivo fue una instalación militares y que no hay ninguna evidencia que apunte a la muerte de civiles.

La OTAN miente descaradamente. Fíjense acá. Digo, si no son almas muuuuuy sensibles. Es horrible ver chicos despedazados y carbonizados. Chiquitos convertidos en “daños colaterales”.

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