Moda papal: Lo que Ratzinger se llevó

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El santo no viste de Prada

Por Beatriz Miranda / EL MUNDO

Por petición expresa de Pilar Eyre hoy hablo de papas. Pero no de papas con arroz o chorizo, sino de pontífices. Hace un mes la brillante escritora me retó en su columna de LOC a que diseccionara la indumentaria de Benedicto XVI, el santo padre más 'fashionista' del último siglo. Pero no pude hacerlo, la actualidad me obligó a hablar de Corinna, de los Goya y de los Oscar.

Echo un ojo a otros blogs de moda y muchos reparan en lo sobrio que es (o pretende ser) el Papa Paquirri I, perdón, Francisco, que ya sólo con el nombre que ha escogido, en honor a San Francisco de Asís, hace una llamada al orden y a la humildad. Ojo, que soy creyente y practicante y no faltaré al respeto al clero. Sólo me tomaré el nuevo ciclo papal con humor. Jorge Mario Bergoglio, jesuita y argentino, se presentó ante los fieles sin la esclavina roja. Salió al balcón de la logia central de la basílica de San Pedro con sotana blanca, esclavina blanca y sin estola, que sólo se colocó para el momento de la bendición.

Nada que ver, pues, con Ratzinger, su antecesor en el cargo. Benedicto XVI era un esteta pero, a pesar de lo que se publicó, no vestía de Prada como el diablo. La autoría de los estupendos zapatos rojos de la talla 42 que calzaba el antiguo Papa en homenaje al derramamiento de la sangre de Cristo pertenece a Adriano Stefanelli. El maestro zapatero se los hacía a medida igual que a Juan Pablo II, su anterior cliente. El primer par se los regalaba, pero despúes no. Cobraba 400 euros por ellos e incluso los tuneaba con iniciales en distintos tipos de letra o colores, inclinando el rojo hacia el rubí. Solía hacerlos de cuero.

Con respecto a su lujosa ropa blanca y dorada, Annibale Gammarelli es la gran marca del Vaticano en cuanto a casullas y mitras. Tras la muerte de Juan Pablo II su equipo realizó tres túnicas de distintas tallas para su sucesor. Sin embargo, Ratzinger acabó luciendo sus tobillos al no ajustarse a sus medidas. Cuentan que el alemán prefería la marca Mancinelli porque no le gustaban los modelos cortos. Esta firma recibe desde entonces muchos pedidos, aunque el mismísimo Giorgio Armani es otro de los encargados en vestir al clero italiano, que suele regalar muchos de sus diseños a varios miembros destacados de la Iglesia, entre ellos el atractivo sacerdote Georg 'Clooney' Gänswein, criticado por llevar un reloj de Cartier, porque Donatella Versace le dedicó una colección y por lucir ropa de Prada, Armani y Gucci cuando no va vestido de sacerdote. Incluso se ha dicho que él es el culpable de que Ratzinger lleve gafas de sol de la marca Serengeti valoradas en 300 euros.

Dato curioso: el atuendo completo de un cardenal oscila entre los 2.000 y los 4.000 euros, dependiendo del material en que esté realizado. La seda se reserva para el Santo Padre, optando por la lana de cordero y el terileno para los obispos con derecho a voto. La mano de obra y los materiales de gran calidad elevan los precios. Pero también es verdad que más de dos días de trabajo cuesta hacer una sotana, que a menudo luce 33 botones en honor a la edad de Cristo.

Aficionado al 'vintage', Benedicto XVI se trata de un 'it boy'. El antiguo pontífice rescató prendas condenadas al olvido como el camauro, gorro de terciopelo rojo con un ribete de armiño blanco, similar al de Papá Noel; o el saturno o galero, sombrero rojo de ala ancha usado por los papas en la Edad media. Aunque eso no le permite sortear las últimas tendencias, ya que tiene unos mocasines Geox de los que transpiran y un Ipod Nano, por supuesto, blanco, a juego con el papa móvil Mercedes Benz.

Hablando de colores, el blanco se usa en fiestas y solemnidades, al igual que el oro (Francisco llevaba la cruz de plata). El verde se utiliza en tiempo ordinario, el rojo en Pentecostés y el morado se reserva para Semana Santa, Cuaresma y misa de difuntos. Así que preparaos para la 'Purple Rain' de los próximos días.

No voy a enrollarme ahora con el nombre de las prendas, pero os aconsejo la lectura de este artículo de 'El Correo Gallego' que explica muy bien toda la indumentaria eclesiástica. En él también se repara en lo que todo Papa debe llevar, aparte de la mítica papa-da, que parece obligatoria para ejercer tanto o casi que una edad avanzada por parte el sumo pontífice. Me refiero al anillo del pescador, de oro en plan joyero gitano, con la imagen de San Pedro pescando en bote y el nombre inscrito del Papa en latín.

En esta ocasión se ha elegido a un papa latino, de hecho estoy deseando escucharle hablar con acento de tango.  ¿Es cierto que es homófobo? Dejémosle trabajar antes que criticar. Yo de momento celebro que es el primer Papa en mucho tiempo al que entiendo al hablar. Para la próxima estaría muy bien un papa 'stendhal', rojo y negro (de raza), o un papa oso, con barba. Fuera bromas, aunque lo que más nos importa del Santo Padre es su bondad, humanidad, empatía, capacidad de gestión y mando y adaptación a los nuevos tiempos, quedaría muy exótico en el Vaticano alguien que no se pareciera tanto al mejor amigo del abuelo Manolo en 'Médico de Familia'.


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