DOSSIER MONTONEROS: La fascinación de un nombre y de un momento histórico, medio siglo después

Falta un minuto para que concluya el lunes 7 de septiembre, “Día del Montonero”, y me pongo a escribir. Me había prometido a mi mismo hacerlo. Es un tema para mi tan amargo como nostálgico. Jamás negué ni renegué de mi temporaria pertenencia política a Montoneros aunque bien podría impugnarla jurídicamente excepto en lo que hace a épocas de democracia constitucional en las que fui –antes de ingresar al servicio militar– miembro de una UBR (Unidad Básica Revolucionaria, el escalón más bajo de la Organización, que jamás, en esa época, operó militarmente) en el barrio de Montserrat, entonces Circunscripción electoral nº 13. Cuando volví de la colimba se había formado el Partido Montonero, cuyos jefes, sospechando por mis recurrentes críticas que podía ser un potencial disidente, no reconocieron mi ascenso a oficial, degradándome a mero aspirante. Por fin, antes de que pasaran seis meses, rompí todos los lazos con la vieja orga metamorfoseada en partido al  producirse el asalto al cuartel de Formosa.

Fui más feliz en mi anterior adscripción a la reserva de las Fuerzas Armadas Peronistas y a Descamisados, e incluso después, al Movimiento Socialista Revolucionario (MSR) vinculado a la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Sin embargo, nunca renegué de mi adhesión e incluso efímera pertenencia a Montoneros, hermoso nombre en el que se subsumió todo un vasto movimiento juvenil de rechazó al futuro de ignominia al que nos había condenado la mal llamada “Revolución Argentina”, una dictadura cívico-militar que había cerrado el Parlamento, intervenido los sindicatos y prohibido los partidos políticos. Movimiento que terminó de expresarse en Montoneros, tan hijo de la primera resistencia peronista como del revisionismo histórico, el Concilio Vaticano II y los sacerdotes del Tercer Mundo, el ejemplo del Che y la CGT de los Argentinos.

De muchas maneras la palabra “montoneros” resume más allá de sus muchas contradicciones, experiencias históricas como las que encabezaron San Martín, Monteagudo, Güemes, Artigas, Dorrego, Rosas, el Chacho, Felipe Varela, Yrigoyen, Forja, Perón y Evita.

Que me perdonen los compañeros del PRT-ERP, y también los de las otras organizaciones mas pequeñas, pero Montoneros es el nombre de una epopeya: la de la nacionalización y entrega altruísta de la “crema” de una generación en aras de una Patria Justa, Libre y Soberana que algunos llamábamos socialista en homenaje al Che y no a Stalin ni a Krushev.

Entre mi camada y la de los fundadores de Montoneros hay alrededor de una década y una casi perfecta simultaneidad. Mientras ellos se reunían en el local de la Acción Sindical Argentina (entre cuyos dirigentes recuerdo particularmente a Armando Croatto y Dante Oberlín) creo que recordar bajo la forma protomotonera de los “Comandos Camilo Torres”, nosotros, un pequeño grupo de adolescentes de los colegios Nacional de Buenos Aires y Pueyrredón admiradores de los Tupamaros orientales y las FAP locales nos habíamos dado dado el pomposo nombre de Acción Revolucionaria Estudiantil Nacional (AREN) y teníamos nuestra sede en una especie de buhardilla en ese mismo edificio. Estaba en la mitad de la antigua, sólida escalera de madera que llevaba al piso superior, donde estaban las oficinas. Habíamos decorado ese ínfimo habitáculo con una enorme estrella federal roja como la utilizada por las FAP. En ese cuchitril conspirábamos, y en la planta baja a veces Alfredo Carballeda condescendía a darnos lecciones de historia. Ya habíamos dejado de utilizar ese sitio cuando una bomba puesta por un tal MNJA (Movimiento Nacionalista de las Juventudes Argentinas, más conocida como “Monja”, un sello de indudable raigambre policial) destruyó gran parte de la planta baja y de esa escalera.

Nos llamábamos AREN, por suerte sin hache, pero carecíamos absolutamente de chicas. Por lo que tuvimos que ir hasta Lomas de Zamora, a reclutar a Gabriela, alumna del Barker College, la primera de muchas bellas e inteligentes.

Luego, ya como Movimiento de Acción Secundaria (MAS) pasamos a reunirnos en las oficinas del Centro de Estudios General Mosconi, en el edificio de la calle Montevideo 666. Dicho centro estaba animado por quienes para nosotros eran gerontes, entre quienes recuerdo a Risieri Frondizi y Adolfo Silenzi de Stagni. Conseguimos acceder a esa oficinas por invitación de los compañeros de la Corriente Estudiantil Nacional y Popular (CeNaP) gracias a que su secretaria ejecutiva, Silvia, era la esposa de Héctor Poggiese, uno de sus máximos dirigentes.

De la misma manera que CeNaP iba a ser uno de los principales afluentes de la JUP, los dos MAS (porque del original habíamos expulsado a mi primo Guillermo Pagés Larraya, que recreó otro que pasó a ser conocido como “el cruzado” por firmar en cruz, mientras que el original pasó a ser conocido como “el MAS derecho”) fueron los principales afluentes de la segunda versión de la UES.

Es curioso pero al llegar a 1972, ninguna de las pequeñas organizaciones hasta aquí mencionadas (excepto los “Comandos Camilo Torres” de los que no tengo noticias acerca de si alguna vez realizaron alguna acción armada) se sintió tentada a ingresar a Montoneros. CeNaP y el MAS “cruzado” se vincularon a las FAR y el MAS original, “derecho”, luego de un debate acerca de si integrarse a las FAR o a Descamisados, eligió a estos últimos. Sin embargo, poco tiempo después, primero los Descas y luego los del FAR, y en el medio sectores importantes que hasta entonces habían permanecido en las FAP, convergimos en Montoneros.

El “Día del Montonero” recuerda la muerte a manos de la policía bonaerense en la pizzería “La Rueda” de William Morris en 1970 de Fernando Abal Medina, quien era el jefe indiscutido de los Montoneros que secuestraron y mataron al ex dictador Pedro Eugenio Aramburu, y de su compañero -ya desde el Colegio Nacional de Buenos Aires- Gustavo Ramus. Para nosotros, los más jóvenes, recuerda también la muerte dos años después, en el mismo lugar y nuevamente a manos de La Bonaerense, de nuestro compañero del MAS Ramón Cesaris, a quien llamábamos “Moma”, que para entonces ya militaba en la JUP.

Parte de la columna de la JP de Montserrat rumbo a Ezeiza. Debajo, menda hablando en esa marcha como “Pájaro Rojo” con “Pájaro Azul”, el entrañable Enrique Osvaldo Berroeta, más conocido como “Keny y Polo”.  

Hace ya unos diez días que me invitaron a firmar una solicitada cuyas firmas están encabezadas por las de Mario Eduardo Firmenich, Roberto Cirilo Perdía y Fernando Vaca Narvaja. Decliné el convite sin leerla por la sencilla razón de que si alguien me definiera como “ex montonero” y nada mas, me sentiría constreñido y, de alguna manera, un farsante, ya que solo fui plenamente montonero durante poco más de un año, desde fines de 1972, cuando Montoneros absorbió a Descamisados, hasta marzo de 1974, cuando luego de haber estado detenido en “Coordinación Federal” comencé a hacer el servicio militar obligatorio en el Regimiento de Infanteria 3 con base en La Tablada. Después, como ya dije, y durante medio año, el Partido Montonero no me consideró mas que un “aspirante” a ser miembro del mismo. Autodefinirme como “montonero” me resulta una especie de sinécdoque, tomar una partecita por el todo. Casi una defraudación. Como una usurpación de títulos y honores. Y siento vergüenza ajena cuando compañeros bastante más jóvenes que yo procuran convencer al mundo no sólo de que fueron montoneros, sino también fogueados combatientes.

Sin embargo, después de leer el texto que conmemora los 50 años de la muerte de Fernando Abal Medina y Ramus y que lleva por título “Murieron para que la patria viva” (frase que se utilizó anteriormente en homenajes a policías y militares muertos por la guerrilla), advierto que bien podría haberlo firmado.

Así las cosas, el sábado quedé fascinado por la publicación en Perfil, por parte de Juan Gasparini –ex montonero sobreviviente de la ESMA, escritor y periodista– de 29 hojas escritas por Norma Arrostito, alías “Gaby” (foto de presentación), cofundadora de la organización, en un ínfimo cuchitril de los altillos del casino de oficiales de la ESMA, sector denominado “Capucha” donde se almacenaban los detenidos-desaparecidos parte de los cuales rutinariamente los miércoles se embarcaban, dopados, en aviones desde los que eran arrojados a las aguas en el estuario del Plata.

Arrostito, que de adolescente había estado vinculada a la Federación Juvenil Comunista, fue la pareja de Fernando Abal Medina, el primer  jefe de Montoneros, y quien había tramitado la instrucción militar suya y de sus íntimos compañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires, de origen nacionalista y clerical, en la Cuba castrista. Y, también, quien lo secundó cuando Abal Medina encabezó el secuestro y “ejecución” del dictador Pedro Eugenio Aramburu. Comprobé personalmente lo muy querida que fue Arrostito por sus compañeros de los que fue “responsable” en Lomas de Zamora, quienes destacaron su sensibilidad y buena onda (y anécdotas como que por ejemplo, trataba de no perderse ningún capítulo de “Rolando Rivas, taxista”). Arrostito escribió estas páginas, muy críticas, sabiendo que estaba condenada (cuando la secuestraron, se fraguó su supuesta muerte para poder interrogarla sin que los militantes de Montoneros tomaran las precauciones del caso). Arrostito tuvo un comportamiento ejemplar en semejante infortunio, lo que le granjeó el respeto y hasta la admiración de sus captores, que solían mostrarla a altos jefes del Ejército (que la reclamaba, para ver de exprimirla mas) hasta el punto de que el jefe de la ESMA, el contralmirante Rubén Jacinto Chamorro quedó fascinado por su personalidad. Lo que hizo que el “grupo de tareas”, por orden del “Tigre” Acosta, la asesinara un domingo, cuando Chamorro no estaba, como narra Gasparini.

El “Grupo de Tareas” de la ESMA fingió que había matado a “Gaby” e incluso derramó sangre de un cerdo sobre la vereda del lugar (ver abajo) para hacer creíble la historia.

 

Antes de leer lo escrito en tan difíciles circunstancias por Arrostito (con tan pocas, indiscernibles concesiones a sus captores, nada que ver con los cuentos de Scheherezade, sin esperanzas de que le sirviera para conservar la vida), ya dije, había recibido la invitación a suscribir el documento firmado por Firmenich, Perdía, Vaca Narvaja y muchos ex montoneros. Y, después recibí una nota escrita por Aldo Duzdevich, uno de los miembros de “La Lealtad”, la escisión producida en 1973 por parte de montoneros que no querían confrontar con Perón.

Una digresión: me siento raro al ocuparme de estos temas históricos en momentos en que una masa de microcéfalos están lanzados a reventar, rebalsar las capacidades hospitalarias y las terapias intensivas. Cagarse en el prójimo y muy especialmente en enfermeros y médicos. Recuerdo a mis compañeros que demostraron estar dispuestos a dar la vida por una Argentina mejor, y lo contrapongo con les pelotudes dedicados a enfermarse a conciencia y enfermar a los demás. Pero hay un hilo conductor: después de leer a Gasparini-Arrostito ¡Lean El Eternauta!

Ahora si, los invito a leer en Perfil, cliqueando aquí tanto el excepcional documento de Norma Arrostito como a mi juicio también los excepcionales textos de Gaspari, tanto el que escribió en 1984 -cuyo facsímil ofrece- como el actual, que incluye un interesantísimo apunte sobre el asesinato de José Ignacio Rucci.

Les ruego que, si el tema les interesa, luego de adentrarse en lo publicado en Pefil, regresen aquí, ya que a continuación haré algunos breves comentarios sobre el escrito de Arrostito; publicaré el documento de los ex montoneros y también me referiré al mencionado artículo de Aldo Duzdevich. ¡Tela marinera!

Algunos apuntes sobre el escrito póstumo de Norma Arrostito

A pesar de su fugaz paso por la Federación Juvenil Comunista y de la innegable simpatía que la Revolución Cubana había despertado en los núcleos que habrían de conformar la organización Montoneros original, Arrostito señala que el vertebrador de los mismos fue el mensuario Cristianismo y Revolución que dirigieron Juan García Elorrio (y tras la sospechosa muerte de este su esposa, Casiana Ahumada) y que sus miembros originales provenían sin excepción de agrupaciones “peronistas y peronizadas, nacionalistas y católicas”.

Les advierte a sus lectores (sus captores) que “Montoneros es un fenómeno político” y que “pretender encararlo de forma esquemática (los) inducirá a errores” y en lo que para mi es una clara muestra de su voluntad de mantener distancia con aquellos, de demostrar independencia utiliza debidamente la palabra maldita, “subversión” con los que la dictadura estigmatizaba a quienes se le resistían. “El grado de desarrollo alcanzado por el nivel de conciencia de las mayorías; de determinado grupo, sector o clase, es el pilar fundamental de las condiciones objetivas necesarias para la subversión de las condiciones objetivas de opresión a la que es sometido ese determinado grupo, sector o clase”, escribió.

Se jacta (a mi juicio indebidamente) de que el acierto de la consigna “Luche y vuelve” (a la que, curiosamente, no menciona con todas las letras) habría sido un acierto de los Montoneros originales, que se lo habrían infundido a la Juventud Peronista.

De la misma manera, afirma que la orga fue determinante en la confección del programa del FREJULI y en la organización de la campaña electoral de Héctor Cámpora. Destaca que todo ello se hizo a través de la Juventud Peronista “con una política similar a la de Montoneros y en contraposición a las de FAP, FAR, Descamisados y decenas de grupos no armados que actuaban en el movimiento”.

Aunque me puedo equivocar, me parece que la situación fue a la inversa y que fueron las bases de la Jotapé las que impulsaron con más decisión aquella consigna. En lo que estoy seguro de no equivocarme es en que Descamisados la enarboló con absoluta decisión desde un primer momento. Respecto a las FAR, dice que “perdieron el tren” luego de que Roberto Quieto escribiera desde la cárcel de Rawson que Perón no regresaría y que tampoco habría elecciones.

Arrostito destacó las virtudes del nombre Montoneros: “no es un hecho baladí, su profundo contenido histórico y emocional tiene mucho que ver con el posterior arraigo popular que adquiriría la organización”, al punto de que fue la Juventud Peronista la que le “dio entidad al nombre genérico”, siendo “la orga” una parte de algo mucho más vasto.

Y apuntó que con la popularidad de “la marca” Montoneros mucho tuvo que ver el secuestro de Aramburu, acción que consideró “una obra maestra de la propaganda armada” en momentos, opinó, que luego de algunas acciones armadas previas, muchos esperaban la aparición de unos “tupamaros” argentinos, por lo que el nombre “montoneros” se benefició de “la fama mundial obtenida por los uruguayos”. Y agregó que el hecho de que la dictadura considerara a los ejecutores de Aramburu los “enemigos´públicos nº 1” también benefició su consolidación.

Reveló que después de la represión que siguió a la toma de la localidad cordobesa de La Calera y la muerte de Emilio Maza, la pequeña organización quedó prácticamente destruída, limitada a unos trece militantes que, para colmo de males, vivían en una misma casa.

Respecto a las virtudes del nombre “Montoneros” puntualizó que aunque la OPM prácticamente dejó de emprender acciones armadas a partir de mediados de 1972 “la actividad guerrillera que había en el país, que era de bastante magnitud (sobre todo la del ERP, N. del E.), era aprovechada políticamente por el fenómeno montonero. Firmara la organización que firmara la operación; para el conjunto del pueblo peronista, ya todos los guerrilleros eran montoneros”.

Arrostito sostuvo que haberles dado jefaturas en la organización a los presos políticos liberados el 25 de marzo de 1973 fue en muchos casos un error, inducido por el amiguismo, ya que se los colocó al frente de “realidades políticas que los superaban ampliamente”.

Fue dura con la primera escisión de Montoneros, la llamada “Columna Sabino Navarro”. Dice que se trató de “una elite que, encaramada en la conducción, busca apoyarse een conducciones intermedias adictas, además de procurarse, en los hechos, mas por cuidar las migajas que se habían obtenido del gobierno y su ‘evaluación’ dentro de la estructura, que por llevar adelante la política de la OPM” y fustigó a los idos calificándolos de “marxistas dogmaticos, clasistas, basistas y alternativistas”.

Norma Arrostito en un acto de la UES en el Colegio Nacional Carlos Pellegrini.

Juan Gaspari / Gasparini. Escritor y periodista radicado en Ginebra. Azuleño, conocido como “Bichito” y también, desde hace años, como “Yepeto”. Controvertido, cabrón, ha hecho importantes aportes a la verdad histórica con sus libros y aportes como este.   

Como bien señala Gasparini, Arrostito pasa por alto el asesinato de Rucci, pero es crítica tanto con las FAR como con la conducción de Montoneros anterior a la fusión. De los militantes del FAR dice que tenían poco trabajo de base, que su instrucción militar no era tan excelente como se esperaba, y que curiosamente, un porcentaje de ellos procuró compensar su falta de raigambre peronista, rechazando cualquier crítica hacia el líder.

De la CN de Montoneros por intentar por todos los medios mantener bajo el ala a las organizaciones peronistas de base no armadas, y dio el ejemplo de  las Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional (JAEN) de Rodolfo Galimberti y Beto Ahumada, a las que habían utlilizado para vertebrar y organizar la Juventud Peronista en regionales durante la campaña electoral del verano de 1973, y a cuyos miembros se les retaceaba lugar dentro de la orga: “Solo se les permitió el ingreso cuando se habían conformado estructuras de conducción inamovibles”, señaló. Y con sentido autocrítico agregó:”Esta rigidez de criterio es la que privó permanentemente en la concepción político-organizativa de la conducción de la OPM Montoneros; y hoy vemos que estaba basada en la férrea voluntad de concentrar el poder de decisión en unos pocos”.

Respecto a los Descamisados, me llamó la atención el resentimiento de Arrostito, que los rotuló de “incoherentes”,  por dos motivos, el primero por haber sido la mayoría de sus jefes, una vez dentro de Montoneros, impulsores de la disidencia conocida como “La Lealtad”, y en segundo lugar por considerar que la mayoría de sus fundadores eran, si no verdaderos oligarcas, al menos si “cajetillas”.

Escribió que “La doctrina que los guiaba era de un socialcristianismo peronizado y de accionar de un peronismo populista, oportunista y seguidista, que hay que tener en cuenta puesto que es el germen de una desviación que más tarde provocó la disidencia, el movimientismo”. Y agregó: “”No está de mas recordar la posición que asumieron al apoyar a la Mesa del Trasvasamiento (integrada por Alejandro “El Gallego” Álvarez, de Guardía de Hierro, Roberto Grabois del FEN y Dardo Cabo, del Movimienbto Nueva Argentina y, de incógnito, de Descamisados) enfrentándose de esa manera al Consejo Provisorio de la JP (hegemonizada por Montoneros). Descamisados nutrió sus filas de la clase media y de la oligarquía como Saavedra Lamas, alías Gordo Damián o Pepo (muerto en Tucumán), Figueroa Alcorta (a) Mateo, actual secretario militar de la Columna Capital)”.

Me llamó la atención esta última mención a “Mateo”, que no se apellidaba “Figueroa Alcorta” sino “Girondo” y que pronto sería secuestrado por el “grupo de tareas” de la ESMA. Y también, por desconocerlo, que  en vísperas de que Perón regresara al país en noviembre de 1972 “Descamisados casi corría por la libre con sus contactos en la Armada y con la posibilidad de un levantamiento militar”. Habrá que preguntarle a Julio César Urien, que encabezó un levantamiento en la ESMA aquel mismo día.

Todavía más me llamó la atención el evidente rencor hacia Carlos Alberto Hobert, más conocido como Pinguli, a quien le reprocha haber fogoneado la escisión de “La Lealtad” y después echarse atrás y quedarse en Montoneros. Escribió que los disidentes, a quienes acusó de preconizar una “lealtad. peronista mogólica” tuvieron “sus gestores ideológicos que a la hora de la verdad se dieron vuelta como un panqueque, apañados por su amanuense, Pinguli”. Y me llamó la atención no sólo porque Hobert fue parte de la orga desde sus comienzos, uno de los interlocutores de Perón (y según Roberto Baschetti uno de los impulsores y organizadores del secuestro de los hermanos Born que le redituó a Montoneros 60 millones de dólares) si no, sobre todo, porque Gasparini puntualiza que Arrostito fechó su escrito el 21 de diciembre de 1976. Cuatro días antes, el 17 de diciembre, Hobert, de 31 años y miembro de la Conducción Nacional de Montoneros, fue muerto cuando fuerzas del Ejército lo ubicaron y allanaron su morada, ocasión en que su esposa (Graciela María “La Renga” Maliandi, desde entonces desaparecida) mató al coronel que dirigía el operativo.

Obviamente, Arrostito no tenía manera de saberlo.

Si hay un tema central en la historia de Montoneros es su relación con Perón. La prisionera escribió que cuando Firmenich y Quieto lo fueron a visitar “todas las prevenciones hechas por los cuadros que conocían mucho más las diferencias y recelos que tenía el líder con la OPM fueron desechadas” y que ellos “le llevaron un cartapacio de todo lo hecho en la Argentina (movilizaciones, operaciones, etc.); además de un programa que abarcaba todas las áreas de gobierno y los equipos humanos que lo llevarían adelante. Perón plantea su acuerdo, la necesidad urgente de plantear las milicias y como voto de confianza la OPM sería la encargada de resucitar y manejar la Fundación Eva Peròn. Acuerdo que por supuesto no pensaba cumplir. Desde ese momento inicia la maniobra de intento de destrucción de su competidor más serio dentro del corazón de la masa peronista: Montoneros”.

Según me dijo en su momento Jorge Antonio, Perón creía equivocadamente que podría contentar a la Conducción Nacional de Montoneros ofreciéndole la seguridad de las instalaciones de YPF en todo el país, y él le decía que estaba equivocado.

El recelo respecto a Perón y su bonapartismo por parte de la cautiva y las críticas a sus jefes por no advertirlo quedó aun más claro en el siguiente párrafo: “La actitud dual de Perón y su esperar que la balanza del movimiento se inclinara hacia uno u otro lado para tomar resoluciones tuvo su imagen especular en la posición asumida por la conducción de la OPM. Esta posición impidió al fenómeno montonero inclinar la balanza a su favor. No comprendió la conducción de Montoneros que en el movimiento, el único que centreaba era Perón, rengo para el lado que más apretara”.

Pobre Arrostito. En una situación tremenda que Gasparini describió a mi juicio con mucho conocimiento y precisión en el ya lejano 1984, a fines de 1976 tuvo presencia de ánimo para destacar que en el charter de Alitalia que trajo a Perón definitivamente al país el aciago 20 de junio de 1973, uno de los pasajeros fue un desconocido que el enviado de las FAR creía que era de Montoneros, y el Chacho Pietragalla, representante de Montoneros, creía que lo habían subido las FAR. El tipo bajó en Roma y se lanzó a un tour de compras de souvenirs, principalmente de material pornográfico. Y no era ni de uno ni de otro. Váyase a saber quien lo había subido. Y es que a veces éramos la Armata Brancaleone.

Para terminar, no estaría de mas que -si se quedaron con las ganas lean a Aldo Duzdevich:

“Cuando escribí este texto para la revista ‘Escenarios’ de UPCN (ver link más abajo) no había leído el documento de Norma Arrostito que ayer, publicó en Perfil el periodista y ex-prisionero de la ESMA Juan Gasparini. Yo sabía de su existencia por versión de la compañera que lo rescató, pero nunca lo había leído. Me sorprendió encontrar tantas coincidencias, en la descripción que realizo en mi nota, con el texto escrito en la ESMA en diciembre de 1976, por una de las fundadoras de Montoneros.

“Al finalizar dice Norma Arrostito : ‘Es así como se da, el 1º de Mayo de 1974, una batalla con Peron donde todos salimos perdiendo. Este enfrentamiento con estas características evidencia una vez mas, la ignorancia por parte de la conducción de como se había originado el fenómeno montonero. En los hechos no nos vamos nosotros de la plaza, sino que Peron nos hecha; ello se puede verificar cuando el 12 de junio Perón dice su ultimo discurso en Plaza de Mayo, en esa oportunidad las OPM duda sobre la actitud a seguir y cuando toma la decisión el acto ya había finalizado’.

“Empieza la agonía del fenómeno Montonero y se inicia la etapa de perdida de iniciativa por parte de la OPM” (….) De esta manera la OPM se sube a un tobogán que la aleja cada vez mas de las masas y la obliga a una practica internista y teórica (…) que conduce al ideologismo, a la adopción del materialismo histórico y dialéctico como identidad política y a la ignorancia de las leyes que impone la formación socio-económica llamada Argentina”.

Para acceder a la nota a la que se refiere Duzdevich es necesario cliquear acá. Concuerdo con él en muchas cosas, pero me parece exagerado postular que el peronismo sea una religión. No hace falta someterse a la servidumbre del clero para entender que el peronismo -o, mejor aún, el nacionalismo revolucionario- es la mejor manera de ser argentino, y que las tres banderas, la patria justa, libre y soberana, es al mismo tiempo un horizonte y un cenit irrenunciables.

PS 16.09.20: Luego de publicar este dossier, me enteré de que uno de los primeros disidentes de Montoneros, el cordobés Ignacio Vélez, había rechazado firmar la ya mencionada carta pública de ex montoneros. Por fin, ayer lo encontré en el muro de FB de Luis Rodeiro, otro “sabino” de los montoneros originales que se encontraba, desarmado, junto a Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus en la pizzería de William Morris donde éstos perecieron.Dice así:

Reflexiones sobre la propuesta de la última conduccion de Montoneros  de acompañarlos en la firma a un texto en homenaje a los inolvidables compañeros Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus

 

El homenaje a  compañeros que sin estar, viven en nosotros, lo hacemos todos los días en la lucha y todos los años junto a nuestro pueblo.

Dejando de lado por un momento las profundas disidencias, muchas veces opuestas, durante tantos años, creo que, aparecer políticamente  acompañando a  la “ultima conducción de montoneros” es remitirnos a un  pasado sobre cuya evaluación diferimos.

Desde nuestra separación de la organización como Montoneros Sabino Navarro (“los sabinos”) he expresado claramente nuestras diferencias con la conducción en sus diversas etapas.

Por lo tanto la firma conjunta después de 50 años creo que sería  aparecer mezclado con los compañeros que, por sus errores, condujeron a la dolorosa derrota del  proyecto político nacional y popular que en algún momento representó Montoneros dentro del Peronismo.

Pero lo grave es que la derrota no solo fue ante el enemigo. Con sus errores la conducción montonera logró el repudio de amplios sectores de nuestro pueblo. Dice un compañero sabino que el saldo de tantos errores fue “demasiada sangre para tan poca revolución”.

Y eso no se remedia juntando firmas para un homenaje por legítimo que sea.

Además, pasados estos 50 años no hubo cambio de fondo. Por el contrario, los errores se cristalizaron.

Algunos compañeros de aquella “conducción” siguieron militando pero otros  se han mantenido al margen de lucha política de nuestro pueblo. Estos últimos no pudieron hacerse cargo de la derrota. No pudieron hacerse cargo de su propia  historia. No pudieron dar la cara para discutir con compañeros y extraños. Para asumir su defensa o la crítica. Poner sobre la mesa  aquellas decisiones profundamente equivocadas que tanto dolor causaron al movimiento popular. Para enfrentar ese pasado y bancársela como todos. Bancársela como los miles de militantes que siguieron  en la lucha junto a nuestro pueblo. Fueron incapaces de enfrentar a los que nos acusaron de asesinos, terroristas y acostumbrarse a que te amenacen y te marginen. No pudieron poner el cuerpo. Discutir  en las Unidades Básicas, en los centros culturales todo el día, en todo lugar, donde te interpelen. Y ganar, aunque sin convencer, pero ganar el respeto de los compañeros por tener vivos los ideales y  enfrentar y defender en todo momento el proyecto nacional popular y revolucionario. El proyecto Montonero.

Por eso, fraternalmente, no se trata  una vez mas de caer en paracaídas  buscando el impacto político (que trasciende el homenaje) de un conjunto de firmas de las cuales, seamos honestos, algunas son reconocibles y respetables, pero otras no significan nada o provocan rechazos.

Sin duda todo esto ya es historia. Creo que nos debemos y le debemos a nuestros compañeros, al peronismo, a todos, repensar con mirada crítica aquellos tiempos de pasión y entrega. Creo que es lo que nos permitirá encontrar el lugar que el proyecto Montonero debe ocupar en la historia de nuestro pueblo.

Y seguramente sería un perdurable y trascendente homenaje a nuestros compañeros que como Fernando, Gustavo y otros miles cayeron combatiendo por  la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

IGNACIO  VELEZ CARRERAS

Comentarios (2)

  1. Pedro Jaramillo

    “y otros miles cayeron combatiendo por la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.”

    Hay que ser verdaderamente imbecil para pensar de esta forma. En que universo vive esta gente???

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    1. Montserrat Mestre

      Sin buscar ejemplos muy lejanos, si no hubiera habido “imbéciles” -como dice usted- en 1810 en el Virreinato del Río de la Plata, que no hubieran luchado por la soberanía política (dejar de ser colonia), la independencia económica (la economía del Virreinato sólo se desarrollaba para abastecer las necesidades de la Corona Española) y la justicia social (abolir la esclavitud, los títulos de nobleza y un sistema de castas que clasificaba a los ciudadanos por el color de piel en mulatos, zambos, etc -constaba en las partidas de nacimiento-) usted no sería hoy un ciudadano de la República Argentina Sin los “imbéciles” de 1810, usted hoy sería un súbdito (de una monarquía), de segunda (por ser una colonia), del Reino de España. Su destino, sin aquellos “imbéciles” de 1810, hoy sería como el de las colonias de ultramar de Francia (donde todavía hay “imbéciles” que quieren su sobería política, etc). Tiene el ejemplo bien a mano. Y si estudia Historia, sabría que si no hubiera habido “imbéciles” en la Historia de la humanidad que hubieran querido que su destino no fuera dictado por otros (soberanía política), organizar sus propios recursos (independencia económica) y justicia social (Liberté, Égalité, Fraternité) nuestros antecesores homínidos no hubieran salido de África.

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