MONUMENTO A LA IMPUNIDAD: El magnate Carlos Pedro Blaquier es la contracara de Milagro Sala

Recibí esta nota hace dos días pero recién tengo tiempo para publicarla ahora. El periodista Carlos Peláez (un fanático de Peñarol) vive entre Maldonado (cabecera del departamento) y Punta del Este y dio la noticia. Tuvo el tino luego de exhumar una vieja nota (data de once años) de la organización La Vaca, animada por la pareja conformada por dos excelentes periodistas, Claudia Acuña y Sergio Ciancaglini.

Acuña y Ciancaglini fueron muy modestos a la hora de cifrar la cantidad de detenidos-desaparecidos en la larga Noche del Apagón, de la que Blaquier fue protagonista: denunciaron veinte. Tengo para mi (de memoria) que los detenidos fueron unos 400 y los que jamás volvieron a aparecer casi cuarenta. Graciela Moreno contabilizó 32 (ver nota más abajo) Y, por cierto, la Wikipedia nada menos que 55.

Como regalo de fin de año, se supo que Blaquier nunca será juzgado, ya que la venal justicia federal argentna dio por bueno que, con 95 años, el magnate está un poco lelo.

La Corte Suprema y la Cámara Casación tuvieron planchada la causa durante ocho años, lo que según el secretario de Derechos Humanos Horacio Pietragalla es un claro motivo para hacerle juicio político a sus integrantes, reclamo que promete volverse estentóreo el próximo martes 1º de febrero en la Plaza Lavalle, frente a los Tribunales.

La total impunidad de Blaquier se contrapone con la suerte corrida por Milagro Sala, que fue detenida hace seis años por el inexistente delito de acampe, y a la que luego se le fabricaron 17 fraudulentas causas penales. De la misma manera que se desentendió de la causa del Apagón, la Corte Suprema lo hizo de la suerte de Milagro.

Ojalá los fuertes rumores de que el Poder Judicial de Jujuy será objeto de una intervención federal inminente sean ciertos.

Antes de que el presidente Lacalle Poir embarcara en uno de los yates de Carlos Pedro Blaquier un grupo de bienudos y cajetillas veraneantes nacidos de este lado del río lo rodeó y endulzó sus oídos al decirle que añoraban para Argentina un presidente como él.

Es decir, el regreso del capomafia Mauricio o de otro mienbro de su gavilla.

La brecha es más profunda que el rio, cuyo caudal, desmonte e incendios mediante, cada vez es mas reducido.

Los dejó con Peláez y La Vaca. En el medio, puse la nota publicada antes, hace 12 años en la revista Veintitrés por Graciela “La Negra” Moreno, una periodista que admiro. La tomé del sitio El Ortiba.

Lacalle viajó a las isla de los Lobos en el yate de un criminal de la guerra sucia Argentina

 

POR CARLOS PELAÉZ / RPK

Esta mañana, el presidente de la República, Luis Lacalle Pou, acompañado por su esposa, arribó al puerto de Punta del Este donde, junto al intendente de Maldonado y varios técnicos de su gabinete, así como algunos ministros, se embarcaron para visitar la Isla de Lobos, al Sur de la península.

El intendente Enrique Antía, ya desde el periodo anterior de gobierno esboza la idea de desarrollar un proyecto turístico que potencie los atractivos de la isla, mediante visitas guiadas por técnicos donde se ponga de relieve la historia de las loberías, y los naufragios en la región, entre otros aspectos, informó hoy Maldonado Noticias.

Las autoridades viajaron en el yate Black Beauty, propiedad del empresario azucarero argentino, Carlos Pedro Blaquier, quién reside temporalmente en Punta del Este.

Lacalle debería preguntar más sobre los medios que usa para sus actividades. Porque Carlos Blaquier, propietario del Black Beauty y de otros seis yates amarrados desde hace años en el puerto del balneario, es un empresario estrechamente vinculado a la dictadura argentina y está procesado por la desaparición en 1976 de 20 de trabajadores de su ingenio azucarero en Jujuy.

Según informó Página 12, “Blaquier es un emblema de la responsabilidad empresarial en las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, Tiene 94 años y presenta un deterioro cognitivo severo. Por años logró esquivar el banquillo y contó con la ayuda de la Cámara de Casación y de la Corte Suprema. La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación evalúa pedir el juicio político a los magistrados responsables de la demora.

El 13 de diciembre pasado, Blaquier llegó a la sede del Cuerpo Médico Forense (CMF), acompañado por su hijo y en silla de ruedas, para hacerse un estudio presencial después de que el Tribunal Oral Federal de Jujuy, que tiene sus dos causas elevadas a juicio, así lo ordenara. Le habían hecho un peritaje telemático pero los peritos de la querella y del Ministerio Público Fiscal pidieron verlo en persona.

Recién en 2012, un juez que no era de la jurisdicción, Fernando Poviña, se atrevió a procesar a Blaquier. Lo hizo en dos causas. La primera incluyó tres secuestros ocurridos en los primeros días del golpe. Uno de los secuestrados fue el médico y ex intendente Luis Arédez, esposo de Olga Márquez, emblema de la denuncia contra Ledesma. La segunda causa estuvo centrada en lo sucedido con 20 personas que fueron secuestradas entre el 20 y 27 de julio de 1976 en lo que se conoció como las Noches de los Apagones, cuando el corte de suministro eléctrico permitió que las fuerzas de seguridad –que usaban los transportes que proveyó la empresa– se llevaran a decenas de personas. Los secuestrados pasaron por el centro clandestino de detención que funcionó en la hostería de Guerrero. Algunos desaparecieron, otros fueron liberados y otros incluso pasaron a prisiones remotas del lugar, como la Unidad 9 de La Plata.

El reclamo por la resolución de la causa Blaquier fue una de las banderas de organismos y defensores de derechos humanos durante los últimos años. La querella de HIJOS Jujuy insistió una y otra vez para que se resolviera la situación de Blaquier. La Secretaría de Derechos Humanos se sumó tan pronto como Alberto Fernández asumió y designó a Horacio Pietragalla Corti al frente del área. El ministro de Justicia, Martín Soria, en su reciente visita al máximo tribunal les enrostró a los supremos que habían dormido ésta y otras causas de lesa humanidad, lo que podría derivar en sanciones internacionales para la Argentina, informó el matutino bonaerense.

Carlos Pedro Blaquier: Lujo mortal

 

Sus siete yates, valuados en 50 millones de pesos, sobresalen en el puerto más top. Denuncias por desapariciones y contaminación.

 

POR GRACIELA MORENO / VEINTITRÉS (hace 12 años)

A pocos meses de cumplir sus 82 años, Carlos Pedro Blaquier, presidente de Ledesma y uno de los empresarios más poderosos de la Argentina, no se priva de nada. Desembarca en Punta del Este con siete lujosísimos yates, valuados en un total de 50 millones de pesos y una tripulación de 23 marineros disponibles las 24 horas. Le gusta la ostentación. Su lugar favorito es su mansión de San Isidro, bautizada “La Torcaza”, toda de mármol, rodeada de estatuas y bustos de personajes como Julio César y Augusto. Odia que lo critiquen. Desde su blog, Blaquier se encarga de “darles su merecido” a los que osan hablar mal de él. No está acostumbrado a que nadie lo contradiga. Ni las denuncias de contaminación provocadas por los desechos de la caña de azúcar de la planta, que causan bagazosis –una enfermedad respiratoria originada por la inhalación de ese polvo que ya se cobró varias víctimas–, ni los 32 obreros desaparecidos del Ingenio en la época de la dictadura, logran quitarle el sueño. Así fue que logró construir su imperio, sólo Ledesma facturó 1.400 millones de pesos en el 2007 y le generó una ganancia de 94 millones. Polémico y desafiante, el mayor empleador privado de la provincia de Jujuy, sabe cómo hacer calmar las aguas cada vez que se enturbian.

Apasionado por el mar, cada uno de sus yates está valuado en dos millones de dólares. Los bautizó como Neptuno, Black Beauty, Minerva, Cristina, Argos, Isis y Venus. Adentro tienen todos los lujos disponibles, pero su preferido para navegar hasta José Ignacio y Piriápolis es Neptuno. Sólo de amarra paga más de 5.000 dólares mensuales.

Reconocido por sus manejos y su habilidad, desde hace casi 40 años preside el ingenio azucarero más importante del país y de América Latina. Accedió a ese cargo de la mano de sus suegros, Herminio Arrieta y Paulette Wollman, en la época en que estaba casado con María Elena Arrieta Wollman. Hoy conocida en sociedad como Nelly Arrieta de Blaquier, pese a que se separaron hace más de 30 años. Nelly ocupa el cargo de presidenta de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes desde 1977 y es la madre de sus cinco hijos, todos integrantes del directorio de Ledesma. Pero desde hace tres décadas, Carlos Pedro Blaquier comparte su vida con Cristina Khallouf. Y repite a quien quiera escucharlo que no piensa dejar su cargo hasta que se muera.

En el complejo agroindustrial, ubicado en Libertador General San Martín, Jujuy, trabajan 7.000 empleados y cuenta con 35.000 hectáreas plantadas con caña de azúcar, 2.000 hectáreas de plantaciones de cítricos, paltas y mangos, un empaque de frutas y una planta de jugos concentrados. A sus fábricas de azúcar, alcohol, celulosa y papel, suma la generación propia de electricidad. En San Luis, cuenta con Glucovil, una planta de molienda húmeda de maíz y una fábrica de cuadernos y repuestos. En el resto del país, suma los establecimientos La Biznaga, La Bellaca, Magdala y Centella con 52.000 hectáreas, producción de carne y granos. Incursionó sembrando soja en más de 2.000 hectáreas arrendadas. Participa en la exploración y explotación de petróleo y gas en el Yacimiento Acuaragüe, a través de esa UTE, es socio de Repsol, Tecpetrol, Petrobrás, Mobil Argentina y CGC. Desde su empresa Lons, no sólo editó casi una veintena de libros de su autoría, sino que además, brinda servicios inmobiliarios; desde la firma Catalinda, compra, alquila y gerencia embarcaciones, y en Calilegua, da servicios de financiación. Su poderío va más allá de la fronteras del norte jujeño, se expande a todo el país.

Se define como escritor y filósofo. Escribió casi una veintena de libros de historia y filosofía. Seguidor de Descartes, Kant y Husserl, cuenta con una de las colecciones de arte más codiciadas, con obras de artistas como el alemán Mauricio Rugendas, el brasileño Juan León Palliére, y el francés Raymond Monvoisin, y lo más famoso de su colección de pinturas: Emilio Pettoruti. Pero su pasión es su blog, donde todos sus buenos modales quedan enterrados en el último subsuelo. Allí se puede conocer al auténtico Carlos Pedro Blaquier, y olvidar su origen francés. Bastan algunas citas para descubrirlo: “Leyendo lo que dicen en Internet, comprendo que la gente de extrema izquierda diga cosas muy malas de mí porque ellos, como personas fracasadas en la vida privada, despotrican contra los que tienen éxito. En algunos casos se dedican a la política, donde ni siquiera son capaces de sacar muchos votos. Se consideran arbitrariamente postergados por una sociedad injusta, porque no pueden reconocer que son unos inservibles. Por eso se trata de resentidos incurables que sueñan con invertir el orden social para que los de abajo, como ellos, estén arriba y viceversa”, dice al comienzo.

Pero su furia recién comienza. Frente al teclado, también se siente impune. “No me perdonan que sea un hombre de éxito, tanto como empresario, por haber sido capaz de llevar a Ledesma donde está hoy, después de haberla conducido durante más de cuarenta años, como en el orden intelectual donde en virtud de mis publicaciones he sido designado como Miembro de Número de varias Academias de nuestro país. Ellos nunca han generado ni un puesto de trabajo decente, me dicen que soy un explotador que mata gente”. Don Carlos Pedro está ofuscado y lo demuestra. “Ellos, que se juntan con mujeres de su misma calaña, me dicen que soy un homosexual porque tengo una mujer de primera, cinco hijos universitarios y dieciséis magníficos nietos. Porque en mi barco y en los de mi familia tenemos personal masculino, como si nuestras mujeres aceptaran que tuviésemos unas jóvenes y lindas marineras. Porque confunden una embarcación con un burdel”. Parece que Cristina Khallouf, su segunda mujer, lo conoce bien. En algún reportaje, Blaquier confesó: “Mi pecado capital fue la lujuria”. Y termina diciendo en su blog: “Me asocian con gobiernos militares porque nunca desempeñé ningún cargo con ninguno de ellos y porque los critiqué en mis libros de historia. Nada de lo que dicen estos zurdos me preocupa, pero sí me empezaría a preocupar si algún día dejaran de criticarme”.

Así es don Blaquier. Cuando suelta la lengua no tiene límites. Hace casi cinco años, confesó en un reportaje al diario La Nación: “Me acuerdo de un día, hace años, que un funcionario de Ledesma me vino a contar que se había separado. Le agradecí la confianza por esta confidencia y le pregunté por qué se había distanciado de su mujer. ‘Bueno, lo hable con mi psicoanalista y él me aconsejó que me separará’. A ese funcionario lo despedí. Porque si una persona necesita que su psicoanalista le diga lo que tiene que hacer no puede manejar una empresa”.

En su Manual de Historia Argentina, su último libro publicado, abarca desde la llegada de los primeros españoles hasta la muerte del general Juan Perón en 1974. Al hablar de la Campaña al Desierto es claro: “…los indios sometidos por Roca no solamente fueron usurpadores, sino también genocidas, a pesar de lo cual el tratamiento que se dio a los que se sometieron voluntariamente fue muy generoso”. En otra de sus observaciones, se animó a decir que el embalsamamiento de Evita: “Fue una gran demostración de necrofilia a la que el peronismo es tan aficionado”.

En Jujuy, más que en ningún otro lugar del país conocen su pensamiento. El 27 de julio de 1976 se produjo un vasto corte de luz que dejó a oscuras a las localidades de Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar. Los testimonios de los testigos cuentan que: “Sólo podían verse los haces de luz de las camionetas del Ingenio Ledesma que, conducidas por los empleados, sirvieron de apoyo a las fuerzas de la subzona 32 comandada por el represor Domingo Bussi. Tenían como objetivo la caza de trabajadores, estudiantes y vecinos. Fueron detenidos cuatrocientos de ellos, más de 200 personas fueron trasladadas a los galpones de mantenimiento de la empresa donde permanecieron días y meses atados y encapuchados”. Tras la tortura y los interrogatorios, algunos fueron liberados, otros envíados a cuarteles o a comisarías. En total, 32 obreros de la empresa de los Blaquier-Arrieta nunca volvieron.

Entre los desaparecidos, estaba el doctor Luis Ramón Arédez, que había llegado a ser intendente de Libertador General San Martín en 1973. Algunas de sus principales medidas de gobierno molestaron a los propietarios del imperio Ledesma, que enseguida se encargaron de frenarlo. Arédez había impulsado el cobro de impuestos a todas las tierras y empresas de Ledesma que, hasta ese momento, estaban exentas. Antes se había desempeñado como médico de la empresa y había denunciado la contaminación que provocaba el bagazo de la caña de azúcar, ante el Ministerio de Salud de la Provincia. Estos motivos fueron la clave para que el mismo 24 de marzo de 1976 fuera detenido por casi un año, luego en 1977, fue secuestrado nuevamente y no apareció más. Desde 1983, su mujer Olga Arédez comenzó a organizar marchas y a rondar la plaza central de Libertador, junto con otras madres. Su testimonio se convirtió en una de las voces que más denuncias realizó sobre el accionar de Ledesma. Desde entonces, cada tercer jueves de julio se conmemora la Noche de los Apagones, que consiste en una marcha de diez kilómetros desde Calilegua hasta Libertador por la “justicia contra la impunidad”. La marcha cierra en un acto con discursos al que asisten personas de casi todo el país.

La injusticia cojuda, un libro de Ricardo Nelli, editado por Puntosur, fue uno de los primeros aparecidos al comienzo de la democracia que se animó a recopilar testimonios de habitantes del pueblo contando la verdadera historia del clan Blaquier. Las malas condiciones en que vivían los zafreros, que hasta debían hacer trabajar a sus hijos. Las anécdotas lo muestran a don Carlos Pedro como un hombre de campo, mitad playboy, mitad mecenas, que tenía a todo el pueblo controlado. Influía en la política local a su antojo. Justamente el sindicato de Ledesma fue el primero intervenido por Isabel Perón, toda la historia es contada por Melitón Vázquez, un chaqueño dirigente azucarero de Ledesma que se anima a denunciarlo. Los trabajadores vivían en casas cercadas con alambre, custodiadas por policía propia, todos armados con escopetas Winchester. Bajo la miseria más extrema, Blaquier fue construyendo su imperio y se convirtió en un burgués campechano, dueño de la gente y de la tierra. Pero a diferencia de otros, se actualizó, expandió sus inversiones y se convirtió en un burgués moderno.

Sin embargo, no son muchos los que se animan. Sólo Olga Arédez mantuvo viva su lucha hasta hace tres años cuando falleció, víctima de un tumor en los pulmones ocasionado por la bagazosis, una enfermedad respiratoria causada por la inhalación del bagazo, el residuo del tallo de la caña que queda después de que se ha exprimido el jugo. Ella había denunciado en varias oportunidades la contaminación provocada por los desechos de la caña de azúcar que Ledesma arroja en enormes montañas al aire libre. Ese desecho fresco puede tener varios usos, desde combustible hasta abono. En cambio, viejo y seco, produce bagazosis y en muchos casos hasta puede llegar a ocasionar la muerte.

En septiembre pasado, los vecinos denunciaron un escape de amoníaco en la planta de jugos de Ledesma en Libertador General San Martín. Dos vecinos y dos trabajadores fueron hospitalizados. Mientras el imperio crece, las irregularidades se repiten, y muy pocos se encargan de investigarlas. Desde el sitio web Contraledesma, un grupo de personas que comenzó a trabajar con Aridez y hoy está diseminado en diferentes provincias, trata de organizar la información y las denuncias existentes en la planta. “Todo está bajo control, incluso Gendarmería está dentro del predio de Ledesma. Hasta el año pasado, los obreros ganaban apenas 600 pesos y el resto se lo daban en vales de comida para canjear en los comercios. No conseguimos que se investigue la contaminación. Ante un amparo presentado, dos de los tres jueces de la Corte provincial se expidieron y dijeron que la empresa no contaminaba, pero al no contar con unanimidad, la causa pasó a la Corte Suprema y está allí. Ahora la llevaremos a un tribunal internacional”, señaló Gabriela Ríos, una de las voluntarias del sitio web.

Un personaje poderoso, con aceitados contactos en el poder. Y una historia negra de lujos y ostentación mortal.

Informe: Jorge Repiso

El ingenio  Blaquier

(publicado por La Vaca.org hace 11 años)

La marca Ledesma es sinónimo de azúcar y papel y el apellido Blaquier, de aristocracia. Han acumulado dinero y lo demuestran. Por ejemplo, comprando 7 yates o destinando una mansión de 17 mil metros cuadrados exclusivamente a cenas de negocios. La pasión por el arte es otra de las virtudes de Carlos Pedro Blaquier, presidente del grupo y también filósofo y poeta. Cómo enfrenta una familia de tan alto perfil social los hechos que la vinculan con los crímenes de la dictadura militar en el ámbito de su Ingenio y los asesinatos que se cometieron hoy para defender sus tierras.

El chiste más elegante de la noche, ese en el que Carlos Pedro Blaquier puede omitir las palabras “culo”, “teta” & afines, es: “Yo no les pago a las mujeres para que se acuesten conmigo. Les pago para que después se vayan”.
Los invitados a La Torcaza ríen. Blaquier los mira como descifrándolos. Bien podría creer que es gracioso, pero es lúcido, y la lucidez lo lleva a ser inseguro. A percibir una grieta: la diferencia entre lo espontáneo y lo calculado. Entre sonreír y mostrar los dientes.

Por eso Blaquier acumula: para tapar esa grieta. Acumula invitados a La Torcaza, la mansión que tiene en San Isidro, 17.000 metros cuadrados para cenas y eventos (descripta en MU Nº 4 y con despliegue fotográfico en www.lavaca.dream.press). Acumula empresas, y las hace funcionar con una perseverancia que sus colegas no siempre tienen. Acumula autos, como su colección de Mercedes Benz, o yates, como los siete que ancla cada verano a Punta del Este, o estancias como La Biznaga y otra docena por el estilo. Es antigua la sabiduría que enseña que la acumulación suele ser inversamente proporcional a cierto vacío humano de quien acumula. La acumulación no siempre es riqueza. Y la grieta es cada vez mayor.

Moral y política

La Torcaza es un ejemplo notable del estilo Blaquier, a salvo de distinguir entre lo pomposo y lo bello. El concepto de la casa es el mármol. Reproducciones de estatuas de Julio César, de Augusto, de Diana y Apolo. Escaleras de mármol, pisos de mármol, inodoros de mármol, la gran mesa para 24 personas… de mármol. Una especie de Recoleta Design, pero del lado de adentro del cementerio.

Por cierto, el señor Blaquier acumula también, a través de su Ingenio, una historia de desapariciones y muerte.
El problema es que él sabe que los demás lo saben.

Incluso los que le muestran los dientes. En ese ambiente, los que valoran positivamente esa acumulación, los que la sobrevuelan o la justifican, son personas útiles pero impresentables: gimnastas del cinismo. Blaquier acaso se da cuenta, y se abre otra grieta en el mármol: los que él querría que lo valoren, son los que saben.

Por eso Blaquier consiguió acumular también su pertenencia a instituciones que lo integran mostrando los dientes. El caso más curioso: pese a lo ocurrido en Ledesma en 1976 (donde ya como presidente del ingenio dispuso personal, logística y recursos que derivaron en la desaparición de al menos 20 personas), Blaquier integra la autodenominada Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

Pensamiento para pensar

Blaquier, buscando esa dosis de prestigio, acumula títulos de libros publicados con su firma. Los publicita en castellano, francés e inglés en su blog personal. En los últimos nueve años publicó 22 títulos que seguramente tendría prefabricados desde antes, a riesgo de provocar la envidia de gente como César Aira.

Algunos títulos: Meditaciones acerca de la religión y de su relación con la ciencia (2003), Breve historia de las doctrinas económicas (2004), Consideraciones sobre la historia política argentina: orígenes y causas de nuestra decadencia (2004), Alberdi y Roca: proyecto y realización de la Argentina exitosa (2005), ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? (2006), Mitos de los tres monoteísmos (2007), Los siete pecados capitales (2007), Meditaciones filosóficas (2007), Familia Blaquier (2009). También ha escrito libros sobre Frondizi, Perón, Sarmiento, el impredecible Heráclito de Éfeso y Parménides de Elea. El título más creativo: el de la serie Pensamientos para pensar I, II y III.

Lujuria

Esta profusión hace que medios que aspiran a llevarse bien con él, desinteresadamente, observen que se trata de una “personalidad multifacética”.
La revista Fortuna le realizó un reportaje en el cual le preguntaron cuál es el pecado que mejor lo definiría. Fue una entrevista por e-mail. Blaquier contesta: “La lujuria”, que viene a ser un pecado con buena prensa, el más divertido, el más aceptable y el más interesante de ostentar. Los que lo conocen saben que no.
Si hay un pecado que Blaquier no logra curar, y explica mucho de lo que hace y deshace, es parte de otro proceso de acumulación: la ira. Pero esas cosas no se revelan en los reportajes.
Como su virtud cardinal, en cambio, mencionó la constancia.

El familiar

Blaquier cumplirá el 27 de agosto 95 años. Es abogado y doctor en Ciencias Sociales y Políticas. Se casó con Nelly Arrieta en 1951, y entró a la empresa Ledesma presidida por su suegro, Herminio Arrieta, en 1952. En 1962 lo nombraron director y gerente general, en 1967 llegó a la vicepresidencia y en 1970 falleció su suegro, y heredó el sillón. Se divorció de Nelly Arrieta, y al tiempo formó pareja con María Cristina Khallouf, que en algunas de las reuniones de La Torcaza abusa del canto lírico ante el aplauso generoso de los invitados (casi una invitación a volver a ver Ciudadano Kane, de Orson Welles).
Retomando la historia, durante la dictadura ocurrió lo que ocurrió en Ledesma. El caso más notable fue la desaparición del doctor Luis Aredes, intendente de Libertador General San Martín, que pretendió cobrarle impuestos a la empresa.
Una leyenda popular y centenaria en los ingenios azucareros del norte argentino refiere a El Familiar, que sería el perro del Diablo, o tal vez el Diablo mismo disfrazado de perro siniestro, que cada año se cobra la vida de un trabajador de la zafra, devorándolo. Es un modo de hablar de la explotación y el riesgo a que son sometidos los obreros.
Pero en Libertador General San Martín ya nadie se espanta con ese relato. Tras la gestión Blaquier al frente de Ingenio Ledesma, el Diablo y su Perro han pasado a la categoría de Pitufos.

La empresa

Ledesma contabilizó el último año ganancias por 2.000 millones de pesos. Es el primer productor de azúcar de la Argentina, con 400.000 toneladas, el 20% del total. Con el bagazo, desecho de la caña de azúcar, elabora papel obra (105.000 toneladas anuales), el 40% de la producción nacional, además de la comercialización de bobinas grandes para la industria gráfica, resmas y cuadernos. Tiene el 25% de la producción argentina de alcohol de melaza. Concentra el 60% del cupo 2011 de etanol para biocombustible (a través de Bio Ledesma), el otro 40% lo reparten ocho empresas. Produce entre 4.000 y 5.000 toneladas de jugo concentrado y llega a mercados como la Unión Europea, Rusia, Medio y Lejano Oriente, a los que Ledesma manda fruta (naranja, mandarina, pomelo, limón, mango y palta). Posee establecimientos agropecuarios como La Biznaga, La Bellaca, Magdala (provincia de Buenos Aires), y Centella (Entre Ríos), que ocupan 51.000 hectáreas (sin contar los territorios jujeños). En Glucovil, ubicada en Villa Mercedes, provincia de San Luis, produce jarabes, gluten meal y germen de maíz. El emporio incluye, entre otras cosas, Gas en Salta y la Cabaña Argentina, de producción porcina.

Poeta

La presidenta Cristina Fernández realizó campañas estimulando el consumo de carne de cerdo, planteando incluso en una de sus intervenciones: “Un dato que yo desconocía es que la ingesta de cerdo mejora la actividad sexual. No es un dato menor, estimo que es mucho más gratificante comer un cerdito a la parrilla que tomar Viagra. Con probar, no cuesta nada”.

La relación de Blaquier con el gobierno es excelente , pero en lo referido al énfasis sobre las cualidades porcinas, Blaquier dio a conocer como respuesta un verso de su autoría, exhibido ante el diario La Nación:

“Se ha incrementado la venta / del cerdo vivo o carneado / después de haber escuchado / a Cristina presidenta. / Las propiedades del cerdo / eran para mí un enigma, / desde hoy son un paradigma / y la vaca es un recuerdo. / Y por potenciar la cosa / como cerdo a toda hora / y gracias a la Señora / hoy tengo novia mimosa. / Por eso soy cristinista / y nada me hará cambiar / soy cristinista a rabiar / y un convencido activista”.

Duhalde, Cobos

Blaquier aclaró que siempre se llevó bien con todos los gobiernos, y reconoció riéndose que trata de influir en todos los políticos. En esa misma entrevista a La Nación contó la supuesta historia de su relación con Juan Domingo Perón: “Algunos peronistas aún creen que Perón era de izquierda, pero era fascista. Un día me dijo: ‘Mire, Blaquier, la política es como el violín, se toma con la izquierda, pero se toca con la derecha’». El título de la entrevista: “En este país, a todo el que tiene guita lo ataca la zurda”.

El propio gobierno nacional se preocupó cuando los mármoles de La Torcaza recibieron la visita de Eduardo Duhalde. Blaquier argumentó: “Tengo una buena relación con él. Pero tenemos muchas reuniones con políticos y con empresarios. También estuvieron Cobos y Morales”. Son los que Blaquier quería nombrar, de una nómina que abarca a todo el establishment político, empresario y diplomático, por lo menos. Extiende la vida social a sus veranos en Punta del Este, donde con su pareja duermen en yates separados.

Marineros

Por alguna razón insondable, el propio Blaquier salió a escribir en su blog contra un supuesto ataque que había recibido en algún sitio de Internet. (En realidad, el rumor utilizado como ataque hacia él rondaba otros pasillos) En cualquier caso, atacó para defenderse. Qué cosas de lo que dice definen a los que ataca, y cuáles lo definen a sí mismo, es un ejercicio que cada lectora o lector puede realizar a su gusto.

Escribió Blaquier: “Leyendo lo que dicen en internet, comprendo que la gente de extrema izquierda diga cosas muy malas de mí porque ellos, como personas fracasadas en la vida privada, despotrican contra los que tienen éxito. Se trata de resentidos incurables que sueñan con invertir el orden social para que los de abajo, como ellos, estén arriba y viceversa”.

“Ellos, que nunca han generado ni un puesto de trabajo decente, me dicen que soy un explotador que mata gente.
“Ellos, que se juntan con mujeres de su misma calaña, me dicen que soy un homosexual porque tengo una mujer de primera, cinco hijos universitarios y dieciséis magníficos nietos. Porque en mi barco y en los de mi familia tenemos personal masculino, como si nuestras mujeres aceptaran que tuviésemos unas jóvenes y lindas marineras”.

“Nada de lo que dicen estos zurdos me preocupa, pero sí me empezaría a preocupar si algún día dejaran de criticarme”.

Comentario (1)

  1. Martha

    Justicia tardía no es justicia. Este y otros personajes deberían haber sido juzgados cuando volvió la democracia.

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