NANUK, esquimal, judío y peronista

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POR LEONARDO KILLIAN

Las vacaciones  me traen algunos problemas insolubles.

Debo hacerme cargo de los niños y sobre todo, de Nanuk.

Nanuk es un primo esquimal que aprovecha el receso veraniego en el sur para bajar desde el Ártico a visitarme. Aunque  sufre con el verano porteño su entusiasmo es encomiable.

La llegada de Nanuk altera la rutina familiar. Mi esposa (a la que debo encerrar en su habitación cuando me ausento por ejemplo a comprar el diario o pasear el perro) duplica su consumo de valium y de alcohol.

Conseguir grasa de foca en Buenos Aires se me hace complicado y con el actual precio del dólar, es un verdadero agujero en mi presupuesto.

A Nanuk no conviene dejarlo solo. El año pasado intentó levantar el parquet para asar un bagre horroroso que pescó en la costanera.

Por suerte, Nanuk es un judío practicante y desde la salida de la primera estrella, el sábado es un día de relativa paz.

No sé por qué a mi tía Rosita se le ocurrió viajar al Canadá, pero allí está Nanuk como recuerdo de su larga estadía en el norte del norte.

El pobre Nanuk agrega a su incómoda situación en una gran ciudad graves dilemas existenciales.

Sus tías Ester y Raquel no vacilan en cerrarnos la puerta en la cara cuando lo llevo a visitarlas. Pero esto no es nada, a la semana ya anda extrañando su trineo, el kayak, sus arpones y cada viaje en subte se convierte en un tormento. Detesta el olor a ciudad y extraña con locura el dulce aroma de las morsas en celo.

Pero claro, abandonado por su madre, y el temprano suicidio de su padre, llevado a la locura por mi tía Rosita, somos su única familia en este mundo.

En el ártico extraña los vareniques, los knishes y las largas charlas con el rabino Gorojovsky, mientras que en Villa Crespo se siente despreciado por su aspecto de cabecita negra.

Como todos los años, se irá prometiendo volver al rebaño y, como todos los años, me mandará una foto con el sol en el horizonte, con sus raquetas para nieve y su kipá de piel de reno.

Esta vez me prometió, que si fracasa como cazador profesional se dedicará al psicoanálisis o abrirá una Unidad Básica. Las lecturas sobre el peronismo que anduvo husmeando en mi biblioteca cuando se aburría, lo convencieron y de vuelta al ártico se prometió divulgar la palabra del General. Sería el mesías, un adelantado, el primer esquimal peronista.


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