Natanson y las Incógnitas de la juventud kirchnerista

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Y ya que estamos con Martín Rodríguez. Intérnense en esta entrevista con el joven Natanson (el preferido de Pengo Socko, alías Volvo) que no se arrepentirán. Unas pocas apostillas: No me parece que el entrevistado diga que el origen de los jóvenes kirchneristas sean los convulsionados fines de 2001. Me parece que dice lo fue el vigésimo aniversario de la dictadura cuando, entre otras cosas, surgieron los HIJOS. Claro que el 19 y el 20 de diciembre de 2001 terminaron de galvanizar el paradójico fenómeno, como bien apunta el entrevistado, Tengo para mi que esas fechas son tan importantes para la historia argentina como el 17 de Octubre. Un verdadero «No va mas». Un antes y después.
 

Natanson va de lo general a lo particular y opina que La Cámpora es más parecida a la Coordinadora que a los Montoneros (tengo colgada en la pared una imagen de El Eternauta de Solano López y H.H. Osterheld impresa por… Franja Morada en el CEADIG (¿Qué corno sera?) con otras leyendas que rezan Expo00 (lo que indica que la aficheta debe ser del año 2000, cuando gobernaba Fernando De la Duda) y el lema «la fuerza de los estudiantes».

Dice Natanson, y comparto, que la gran novedad del kirchenrismo respecto al alfonsinismo es que, ante las crisis, en lugar de girar a la derecha gira sistemáticamente a la izquierda. Y si, lo mejor del kirchnerismo siempre apareció en las malas.

Habla después, de las «mochilas de plomo», del amodorramiento. Y ese es el gran temor: que los jóvenes, en vez de patear puertas se vuelvan más conservadores y medrosos que los veteranos.

Muy Interesante su comparación entre la iconografia de los ‘7o y la actual, aunque me parece que un tanto reductora: los chochamus del 70 inventamos una Evita con el pelo suelto y natural (aunque teñido), montonerica, a partir de la única foto en la que está así, tomada por el propio Perón un fin de semana en la quinta de San Vicente. Y tendíamos a utilizar a un Perón con los brazos en alto y hasta con el gorro pochito y la motoneta, en detrimento de sus muchas fotos en uniforme.

Me fue totalmente desconcertante su frase final, cuando Martín y Federico Scigliano le hacen la clásica pregunta: «¿A qué le decis ni a palos?».

«A Jorge Drexler», responde Natanson, dejándome más confundido que Adán el Día de la Madre.

Porque yo fui a la Plaza el 20 de diciembre, en mi nuevo «huevito», un Ford Ka blanco. Y pasé en medio de la sangre y los tiroteos escuchando a todo lo que daba el parlante, La edad del cielo:

Calma, todo está en calma…

Me parecia evidente que estábamos viviendo tiempos fundacionales y agradecía poder poner al cuerpo (aunque, como fumaba mucho, mi máxima preocupación era saltar de una burbuja de teléfono público a otra, para protegerme de la caída de las granadas lacrimógenas, como brazo armado del pueblo era una nulidad, pero al menos pon{ia el cuerpo). Y la canción, que seguia cantando mentalmente tras dejar el huevito en el monumento a Roca, me ayudaba a dosificar mis escasas energías…

Lo cierto es que a mi Drexler me mola cantidubi y no acierto a entender por qué Natanson abomina de él.

¿Le habrá robado alguna novia?

En fin, los dejo con el quía, que tiene el don de la elocuencia:

ENTREVISTA A JOSÉ NATANSON

«El kirchnerismo conmueve a un sector de la juventud que lo ve como antipoder»
  • entrev

José Natanson

Martín Rodríguez / Federico Scigliano / Ni a palos 

 
Primavera árabe. Los Indignados. La Cámpora. Algo une todo eso que se nombra y que tiene a la juventud en el medio. Mundo y región dibujan formas paralelas de juventudes y políticas siempre tras el efecto democratizador de las redes sociales, de las nuevas tecnologías, en un mundo que simultáneamente es cada vez más oscuro. ¿Pero el mundo vive un Mayo francés? Desde el terror, desde los prejuicios, pero también desde la esperanza, todo el abanico receptivo de esta repolitización de las juventudes del mundo no termina de ajustarse, no termina de comprender la naturaleza multiforme de la fuerza, de medir sus proporciones, sus composiciones de clase, sus tics,  gestualidades, sustentabilidad. José Natanson, con un pie adentro por su propia conmoción generacional frente a los «fenómenos», pero tratando de mirar con más distancia el objeto en cuestión, nos ayuda a mirar la miga del asunto. Politólogo, director del Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur, y amigo nostro. A dos mesas de distancia del bar en que charlamos, mientras nos preguntábamos por la consistencia de las ilusiones, Coco Basile y Santiago Bal disfrutan algo líquido dentro de un vaso mientras comentan a los gritos los penales de la Champions League entre Bayer y el Real. Es posta, aunque parezca joda. Cuántos mundos en el mundo. Capas de todas las épocas en la ciudad. ¿Pensar la juventud nos hace más viejos? Es lo que no nos animamos a preguntarnos. El país le pone YPF al estampado de las nuevas remeras de la juventud maravillosa. Un hermoso tiempo en un país, en un mundo, siempre siempre tan difícil. Natanson es un contribuyente más que positivo en este berenjenal. Hablamos con él de presente y futuro. Siempre con el pasado tan cerca.
¿Cómo pensás este fenómeno de la relación entre juventud y política en Argentina, cómo lo ves hasta acá y, en tal caso, qué correspondencia  tiene esto con lo que pasa en otros lados?
Lo primero que hay que decir es que este es un fenómeno que existe en Argentina pero que tiene ejemplos en otros lados del mundo: los indignados en España, los estudiantes chilenos, los movimientos de protesta en medio oriente, etc. Obviamente, no es lo mismo  si estás protestando contra un tirano como Mubarak que si lo estás haciendo en el marco de un estado democrático como el español pero, la primera cosa que me parece interesante es que en todos lados se está activando la cosa al mismo tiempo. En dos o tres años explotó la juventud que no había explotado ni en los 80 ni en los 90. Es notable, como en el 68 o 69, en que se dan el Mayo Francés, el Otoño Caliente en Italia, el Cordobazo, Tlatelolco en México, es decir, en uno o dos años estalló la juventud en todo el mundo. Ahora está pasando algo similar y me parece que cuando se dan estos fenómenos en diferentes lugares uno tiene que tratar de pensar por qué sucede esto. Hay una cosa básica que es que hay una brecha en todas partes entre jóvenes más educados, con más acceso a las tecnologías, a la cultura, a las noticias del mundo, etc. y al mismo tiempo mercados laborales cerrados, precarizados. Hay una brecha entre posibilidades y oportunidades. Y me parece que eso genera un malestar que hace que explote. En Argentina eso es diferente, porque eso no es hoy sino que fue 2001, que estuvo protagonizado mayoritariamente por jóvenes que tenían una conciencia democrática, de derechos, y posibilidades de acceso a lo que pasaba en otros lugares, y al mismo tiempo un sistema que no los contenía. El origen de la juventud kirchnerista políticamente activada está en el 2001. Ahí y en la juventud de los 90, en los movimientos de resistencia al neoliberalismo, los piqueteros, HIJOS, el movimiento 501, que en su momento fue visto con desdén pero en el que estaban algunos de los que después terminaron en La Cámpora, las izquierdas independientes de la universidades (NBI, en Derecho, TNT, en Económicas, El Mate, en Sociales) o sea, ahí había núcleos minoritarios que hacen eclosión en 2001, que es un acontecimiento paradójico en un sentido: es un momento antipolítico y al mismo tiempo es el principio de la repolitización.
¿Y  cuál sería la novedad argentina? Es cierto lo que decís, pero acá los jóvenes se politizaron en torno al partido de gobierno, es decir, las propias juventudes kirchneristas se califican en esto de «ahora ser rebelde es ser oficialista», que parece una contradicción pero que en buena medida define este momento.
Es así cien por cien, los movimientos que se activan en Chile, en España, en Medio Oriente, en Estados Unidos son antipoder claramente. Ahora, son antipoder en contextos en que el poder político y el poder corporativo (económico, mediático, el que sea) están o fusionados o identificados. Esta es una idea que cito de Martín (MR), que en Argentina, evidentemente, hay una tensión entre poder político y poder corporativo, y en ese sentido el kirchnerismo puede ser visto como antipoder. Claro que alguien podría discutir esto y decir que el kirchnerismo no se puede pensar como un movimiento político antipoder. Ahí uno puede responder: alcanza con que los jóvenes vean al kirchnerismo como antipoder para encontrarle una explicación. El kirchnerismo conmueve y convoca a un sector de la juventud que lo ve como antipoder, y eso explica por qué en Argentina la repolitización es en clave kirchnerista.
¿Y qué rol juega en esto la larga tradición del peronismo, porque las juventudes kirchneristas están paradas arriba de esa tradición?
La juventud política kirchnerista conecta con dos tradiciones: el populismo de los 40 y la militancia de los 70. Siempre que se construye algo se mira para atrás y se hace un recorte. Sin embargo yo creo -y esto es una idea que es polémica pero que creo que es correcta- que la comparación más adecuada de La Cámpora no es con los 40 ni con los 70 sino con la Coordinadora radical de los 80.
¿Cómo podés argumentar eso pero hablando bien de la Coordinadora? (risas)
Como el kirchnerismo, el alfonsinismo fue un movimiento en clave reformista (después discutimos las claudicaciones, si quieren), que también surge de un partido tradicional, después de combatir una hegemonía conservadora (balbinista en lugar de menemista) en su propio partido, tiene un líder enérgico que es considerado hegemónico en su momento, cuyo triunfo no era esperado, que hace una reescritura de la historia en clave progresista, y que relee a los líderes del partido opositor de otra manera (basta como ejemplo el reconocimiento que hace Alfonsín a las políticas sociales del peronismo y ahora Cristina a Yrigoyen a raíz de PYF). He aquí una serie de buenos paralelismos con el kirchnerismo. Me parece que así como la Coordinadora fue el núcleo más dinámico del alfonsinismo, La Cámpora puede serlo del kirchnerismo. Creo que la Coordinadora fracasó de manera unánime básicamente porque cuando Alfonsín pegó un giro en su política económica y de derechos humanos, lo acompañó sin fisuras. Todos los diputados de la Coordinadora, salvo tres, votaron a favor las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. La novedad es que el kirchnerismo no gira a la derecha como el alfonsinismo, sino que, todo lo contrario, ante la crisis gira a la izquierda (AFJP, Ley de Medios, YPF, lo que sea, siempre gira a la izquierda). Entonces, el riesgo no es acompañar a un gobierno que se derechiza sino absorber algunos tics políticos propios del poder, como cierto hermetismo, por ejemplo. Claro que este es un riesgo completamente distinto al de aquellos jóvenes radicales de los 80.
El kirchnerismo ha sabido en todos estos años nutrirse de procesos que preexistían a su propia conformación a los que supo tomar y expandir, como hizo con la Asignación Universal, con la Ley de Medios, con el Matrimonio Igualitario, etc. Bueno, con la juventud pasa, en algún sentido, algo parecido. La politización que arranca en los 90 como ya dijimos y estalla en 2001 es un proceso que el kirchnerismo toma e impulsa. Esa dinámica también implica un riesgo para las juventudes políticas en términos de qué relativa autonomía ellos puedan construir.
Eso puede ser visto de dos maneras: desde esa lectura que siempre se hace del kirchnerismo como una especie de apropiador indigno de cosas que no le pertenecen; o desde una lectura más en la lógica de la política como un universo de posibilidades en la que los actores políticos operan, y en donde esa especie de moralismo de las biografías que siempre se esgrime para descalificar todas la medidas del gobierno no tendría mayor sustento.
Estoy de acuerdo con la segunda opción. Habla bien del kirchnerismo eso de estar atento a las necesidades sociales, e incluso muchas veces actuar como vanguardia de esas necesidades. Porque, además, pongamos que Kirchner en los 80 no hubiera tenido posiciones públicas vinculadas a los derechos humanos (aunque está ese video que circuló con un discurso suyo que desmentiría eso, y aunque habría qué preguntarse cómo opera sobre los derechos humanos un gobernador de Santa Cruz), pero pongamos que no la hubiera tenido. El kirchnerismo desde que es gobierno actuó en este tema verdaderamente como vanguardia, porque el tema de los derechos humanos estaba instalado pero en un sector de la sociedad, no era un tema «de toda la sociedad», y el kirchnerismo es el que lo masifica.
¿Cuál es el futuro «canalizable» de esta juventud?
Despejado el riesgo de la derechización, el riesgo que queda, me parece, el que terminó en buena medida con la Coordinadora, es que una vez que se consiguen espacios de poder esos mismos espacios se terminan convirtiendo en mochilas de plomo. Quiero decir: el amodorramiento institucional, la comodidad de la burocracia, que es una oportunidad pero al mismo tiempo una posibilidad de que te sofoque. La juventud debería aportar lo nuevo, y ahí volvemos a lo de antes: el poder es la oportunidad para eso, pero también implica el riesgo de que te aplaste. Ahí esta el riesgo y el desafío. ¿Qué es lo nuevo que aporta la juventud kirchnerista, además de energía militante, que también está en las organizaciones sociales, sindicales, en el peronismo tradicional clásico, y además de funcionarios, que también se pueden reclutar en la sociedad civil, la academia, etc.?
Y ya mirando en términos de estricto futuro, y yendo a cierto psicologismo político, para trascender a un líder vos tenés que destronarlo simbólicamente, así como tenés que matar simbólicamente a tu padre para hacerte grande. Los jóvenes de la Coordinadora no pudieron «destronar» a Alfonsín, que siempre se mantuvo en el centro de la escena radical incluso cuando gobernaba De la Rua. La pregunta para las juventudes kirchneristas, no ahora obviamente, pero sí en el futuro, es si van a poder hacer esa operación de destronar simbólicamente a sus padres políticos.
Si hablamos de Alfonsín, con todas las adaptaciones de un liderazgo radical que siempre es un poco más conservador; si hablamos de los Kirchner, de Néstor y Cristina, hablamos de líderes que no tienen eso que a uno le quedó pegado de Perón que es que su última palabra siempre fue conservadora, siempre fue «ahorrar sangre». Ni siquiera cuando habló del 5 por 1 y tenía a toda la CGT armada en el 55, porque ahí también decidió irse del país y «no derramar sangre». Pero lo que tienen estos líderes es que parecen salir siempre por izquierda, siempre a riesgo.
Esa es la gran cuestión para mí, que es que no hay un espacio a la izquierda del kirchnerismo. El problema es cómo, sin volverte conservador, trascendés a un gobierno que siempre gira a la izquierda. Yo sobre eso no tengo respuestas a futuro, sólo tengo preguntas.
Pareciera que la novedad es que el kirchnerismo construyó una dinámica política que es estructuralmente reformista, es un gobierno que vive si gira a su izquierda todo el tiempo. En ese sentido habría que reformular eso de que a la izquierda del kirchnerismo está la pared porque en realidad, la pared está a la derecha.
Es cierto eso, el kirchnerismo construye hegemonía entre otras cosas porque no deja espacio para una construcción a su izquierda, porque ocupa constantemente el universo de la representación política de ese espacio.
Estás escribiendo sobre la figura del Nestornauta, ¿qué es lo que te interesa ahí?
Para mí es una figura súper interesante porque creo que ahí se pueden observar al mismo tiempo muchas de las características de los jóvenes kirchneristas. En los 70 a nadie se le hubiera ocurrido agarrar la figura de Perón o de Evita y transformarla en un personaje de historieta, es decir, jugar gráficamente con los dos soportes biológicos del mito peronista. La JP de los 70 reescribió a Perón y a Evita en su clave, convirtieron a Evita en una líder revolucionaria que no había sido, no es que no hizo ninguna operación sobre ellos, pero la figuras gráficas permanecieron igual. Ahora, lo que se hace con el Néstornauta es notable. Se toma un personaje que no es actual, es más, que es de los 60 y 70, y se le sobreimprime la figura de Kirchner y se lo trabaja con las técnicas actuales, el stencill, el fotoshop, internet. Me parece una operación simbólica súper ambiciosa, muy osada y que al mismo tiempo tiene cierta liviandad de la época actual como es agarrar un personaje denso como el Eternauta, hecho por alguien que está desaparecido, que viene cargado con todo el discurso de los derechos humanos de los 80 y 90, y reescribirlo con el fotoshop y sobreimprimirle a Kirchner. Y me parece que eso resume a una juventud que va mucho a los 70 pero que también es actual, que dialoga con la tradición de lucha por los derechos humanos de los 80, pero que dialoga tensamente.
¿A qué le decís Ni a palos?
A Jorge Drexler.     

    


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