Naufragio opositor. Columnista de La Nación lo describe

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De no creer

Se hunde (sin capitanes) el barco de la oposición

Por Carlos M. Reymundo Roberts | LA NACION

"¡Vuelva al barco, carajo!" No, no es la famosa orden al capitán del crucero hundido en el Mediterráneo. Es el clamor de esas gentes raras que en octubre no votaron a Cristina. Les están gritando a sus candidatos: "¡Vuelvan al barco de la oposición, no lo dejen hundir! ¡Estamos a la deriva!"

Pobres. Me da cosa. Fueron muchos los que se embarcaron llenos de ilusión, pensando que iban a vivir la gran aventura de derrotarnos. Se llenaban los oídos con mensajes de que todo lo malo se terminaba y todo lo bueno estaba por venir. Pero cuando se toparon con la gran roca, Cristina, vieron cómo los capitanes se tiraban de cabeza a los botes salvavidas y los dejaban a ellos allí, solos, angustiados, sumergiéndose.

¿Dónde están los comandantes mientras el crucero se pierde en las profundidades? No se sabe. ¿Dónde está Duhalde? Propongo una búsqueda del tesoro, porque en algún lado tiene que estar. lanacion.com ha informado que se dedica a "pensar el futuro del país" y escribir libros. Se ve que está pensando y escribiendo muchísimo, acaso en un desierto o en una playa remota. Yo muero por leer esas páginas. Las imagino llenas de vivencias, de planes de gobierno, de sabiduría política. Y si es un libro autobiográfico, qué lindo será repasar la historia de un hombre que no era nadie, que llegó a ser intendente, gobernador y presidente, y que, bueno, después volvió adonde había empezado.

Me pregunto también dónde está Binner, el gran ganador entre los grandes perdedores de octubre. Días pasados quebró el silencio para hablar de la salud de la Presidenta. Che, ¿no habrá vuelto a ejercer la medicina? Es cierto que soy un inconformista: cuando no habla me quejo y si habla me aburre. El problema soy yo.

De Ricardo Alfonsín sabemos algo más. Parece que, frustrado por no haber podido ser Alfonsín, como nos prometía en la campaña, ha vuelto a ser Ricardito. Confieso que lo extraño. Me gustaba prender la televisión y ver los trajes de su padre, la verba de su padre, la épica de su padre y los gestos de su padre, y quedarme horas enteras esperando que en un momento el tipo se plantara y nos dijera: "Bueno, se acabó, ahora les voy a hablar yo".

Ricardito volvió a ocupar su banca en el Congreso, y los bloques opositores saben que pueden recurrir a él no tanto para presentar grandes proyectos o para ingeniosas operaciones políticas, pero sí para verlo encenderse en discursos memorables. En la Argentina, todo Congreso que se precie debe tener un radical que nos muestre el camino con palabras iluminadas. De la sanción de las leyes se ocupa el peronismo.

¿Dónde están los Rodríguez Saá? Me imagino: pensando y escribiendo con Duhalde. ¿O habían terminado distanciados? Ya no me acuerdo. Creo que ellos tampoco. Su santo y seña es: ¡A los botes!

Pino Solanas. Otra ausencia que no es buena. Pino es renovación, es originalidad, es desparpajo, es hablar de frente y sin eufemismos, es, es, es cualquier cosa menos cintura política. Se peleó con todos y se quedó solo. Es un capitán, pero sin barco y sin marineros.

¿Y Lilita? Sus allegados dicen que se mantendrá apartada de la actividad partidaria y que hará cursos sobre gestión y filosofía, "que son los temas que más le apasionan". Acá hay algo raro, y no es ni la gestión ni la filosofía. Es que no hable Lilita, sino sus allegados. Ella nunca tuvo allegados. No le duran. Y menos si hablan. Si está ella, los demás tienen la palabra prohibida. Por lo tanto, que nos digan la verdad. ¿Se mudó a Punta del Este? ¿Está en un safari persiguiendo al sol? ¿Se recluyó en un convento? ¿Investiga un caso horrible de corrupción y mafias? Por favor, díganme que está activa, que no la hemos perdido. Sin Lilita, ya nada sería igual. La quiero acá, pronosticando catástrofes políticas y económicas y animando con su presencia y su oratoria programas de televisión. Lilita, volvé y perdonanos. Algún día te vamos a votar.

Francisco de Narváez. El Colorado es un tipo de recursos, en todo sentido, y ya se ve en una nueva campaña para renovar, en dos años, su banca de diputado. Pero dice que por ahora está en un tiempo de introspección. ¡Otro que se le da por reflexionar! No sabemos si los opositores se proponen ser oposición o fundar una escuela filosófica.

Por suerte está Macri, que si algo odia es sentarse a pensar. Para eso lo tiene a Durán Barba. Mauricio dice que no se bajó de ningún barco y que sigue siendo el mismo. Que quiere llevarse bien con nosotros, los K. Yo diría que nos tiene un poquitín de miedo y que siente más ser socio que rival, a tal punto de que su mayor arrebato opositor, su mayor rebeldía, fue jugar al fútbol con Scioli.

Ayer me presenté en Olivos para mi reporte semanal. A tono con los acontecimientos de la semana en el Mediterráneo, seguí con las figuras náuticas. Abrí mi cuaderno de bitácora y dije:

Señora, nos dirigimos a buen puerto. Navegamos a la velocidad prevista y sin inconvenientes de relevancia. La única novedad es que a estribor vemos un crucero que se hunde y sin comandantes a bordo, lleno de gente que grita y protesta. ¿Qué hacemos?

-Qué lástima que no hayan sabido elegir. Ahora es tarde. Que nada detenga nuestra marcha -respondió la Gran Capitana.


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