NISMAN – AMIA. «Moshen Rabbani compró la (supuesta) Trafic-bomba», afirma experto yanqui-israelí

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Desesperación imperial por el derrumbe de la Historia Oficial II

 

Hace meses que voceros habituales de la disuelta Secretaría de Inteligencia susurran en los rincones que existe un escucha entre Carlos Telleldín y quien fuera el agregado cultural de la embajada iraní, Moshen Rabbani. Aseguran seguidamente que eso dará un vuelco copernicano a la causa. Son pamplinas. Aun cuando ese audio existiera -lo que no creo- de por si no probaría nada porque es natural que las víctimas de una misma persecución terminen por comunicarse entre si (si yo, después de veinte años, me comunicara con algun iraní, no tendría nada de raro). Sin embargo, parece que los superexpertos de los Estados Unidos no sólo producen sino que también comen lo que excretan, pues afirman dislates semejantes.
Recomiendo leer con atención la opinión que con el títulos «La causa AMIA, en puntos suspensivos» (pueden cliquear o bien leerla debajo) le publicó hoy Clarin a Mathew Levitt, un analista de inteligencia que pasa por ser el mayor experto en «el terrorismo» de Hezbolá e Irán (acaba de publicar su primer libro sobre este tema) con muchos títulos y pergaminos de universidades yanquis y de Israel. No van a encontrar más que generalidades, en general mentiras muy fáciles de descubrir, lo que desnuda la miseria conceptual del Imperio en su lucha por mantener en pie el encubrimiento acerca de cómo, quienes y por qué volaron la Embajada de Israel y la sede de la DAIA-AMIA. Es decir, La Historia Oficial II, pergeñada por el tándem Stiuso-Nisman para salvar lo esencial de la derrumbada Historia Oficial I erigida por Galeano-Mullen-Barbaccia bajo la batuta de Corach-Beraja-Anzorreguy (es decir, Menem). Levitt afirma que esa manganeta «dejo claro, con sumo detalle» que Irán y Hezbola protagonizaron el segundo ataque, a pesar de que no hay un sola prueba de ello. Para colmo, agrega que «las restantes teorías … fueron investigadas cuidadosamente… y cerradas por falta de pruebas», un chiste sin gracia. El agente Levitt abre luego el paraguas al macanear que los pobres dirigentes de «la cole» ¡y los familiares de las víctimas! están siendo amenazados/as «con acusaciones falsas que incluyen lavado de dinero, obstrucción de la justicia, e incluso traición», en alusión a las comprabaciones de que Nisman no sólo trabajaba por cuenta de los servicios de inteligencia locales, sino también de los extranjeros.
Pero lo más demencial, como ya adelentamos, que es asegura que esta probado que no sólo Moshen Rabbani dirigía una red continental de espias iraníes, sino también que compró la supuesta camioneta-bomba que habría volado la DAIA-AMIA.

Para más escarnio, termina denunciando que está en marcha una conspiración dirigida por  «un fugitivo de la justicia iraní», Entedemos que ha de ser un error de traducción y querrá decir «un iraní profugo de la justicia». En cualquier caso, Levitt debería leer un poco más y/o despedir a su asesor y/o dejar de comer, fumar o beber esas cosas.

JS

PS. Telleldín dice que no conoce personalmente ni jamás habló por teléfono con Rabbani. Curándose en salud, dice que fue el abogado de un ex embajador de Túnez, un tal Mohamed (no entendí el apellido) al que le habrían cortado las manos en aplicación de la sharia o ley islámica «porque se casó con una rusa» y al que le negaban el asilo, que él logró que se le concediera. Sospecha que como el hombre hablaba español con mucho acento árabe quizá pueda hacerse un montaje. Y hablando de intervenciones de teléfonos, dice que innominados servis le hackearon recientemente sus tres I-phones. haciendo con ellos llamadas al exterior por unos 600 pesos como acaba de denunciar en sede judicial

DEBATE: La causa AMIA, en puntos suspensivos

 

Mathew Levitt

Como una variación moderna de Alicia en el país de las Maravillas, la investigación del atentado terrorista contra el centro de la comunidad judía AMIA se ha aventurado hacia lo desconocido; una metáfora sobre el ingreso a una dimensión desconocida y confusa donde la lógica se suspende y la fantasía se convierte en realidad.

En menos de dos meses se recordará el vigésimo primer aniversario del atentado a la AMIA, el asesinato de 85 personas y muchas más heridas. La investigación original estuvo enturbiada por la negligencia judicial, que incluyó soborno a testigos. Una investigación posterior descartó todas las pistas y dejó en claro, con sumo detalle, que Irán y Hezbolá perpetraron el atentado de 1994 contra AMIA.

Las restantes teorías -la conexión siria, un complot extremista judío, contrabandistas de armas de la extrema derecha argentina- fueron investigadas cuidadosamente, desprestigiadas, y cerradas por falta de pruebas.

Entretanto, se reforzaban las pruebas que revelaban los roles precisos desempeñados por efectivos de Hezbolá como Salman al-Reda, y agentes iraníes como Mohsen Rabbani. Personalmente documenté gran parte de las pruebas que revelaban los roles de Irán y Hezbolá en el atentado en mi reciente libro «Hezbolá: las huellas en el mundo del partido de Dios».

Ahora, sin embargo, intereses creados en Argentina parecen ansiosos por encubrir esta prueba, pero no plantean objeciones a la abrumadora y detallada evidencia sino manchando la reputación del fiscal federal Alberto Nisman incluso después de su aparente asesinato.

Estos sectores poderosos están intimidando a las víctimas del atentado a la AMIA, a miembros de la comunidad judía argentina, y amenazando con acusaciones falsas que incluyen lavado de dinero, obstrucción de la justicia, e incluso traición.

Entretanto, algunos de los iraníes imputados por las autoridades argentinas por sus roles en el atentado a la AMIA se sienten cómodos en este nuevo ámbito de Alicia en el país de las Maravillas -en gran medida resultado del Memorándum de entendimiento firmado con Teherán que pretendía poner en marcha una “Comisión de la verdad”- y aparecen en la televisión local insistiendo que las acusaciones contra ellos son sólo mentiras.

Ali Akbar Velayati, ministro de Relaciones Exteriores de Irán en 1994 y actualmente asesor del Líder Supremo de Irán, rehusó presentarse ante un tribunal argentino pero dijo al canal de televisión C5N que las acusaciones en su contra representan una “acusación infundada”, y agregó que Argentina está “bajo la influencia del sionismo y de Estados Unidos”.

Peor aún, el hombre descripto en su momento por las autoridades argentinas como impulsor del atentado a la AMIA, Mohsen Rabbani, declaró ante la televisión argentina que la investigación de Nisman se basaba solamente en “los inventos de los diarios sin prueba alguna contra Irán”. De hecho, la prueba más poderosa contra Irán fue la evidencia del propio rol de Rabbani en el complot, desde gestionar una red de agentes de inteligencia en Buenos Aires hasta comprar el vehículo usado como autobomba en el atentado.

Y permanece activo: según llamadas telefónicas interceptadas, incluidas en las investigaciones más recientes de Nisman, agentes iraníes en Argentina actuando por orden de Rabbani y reportándose directamente a él estaban conspirando para fraguar “nuevas pruebas” para suplantar la evidencia real recogida en la causa.

Y aquí estamos, en esta aventura hacia lo desconocido, mientras un fugitivo de la justicia iraní coordina una conspiración para socavar la investigación de las autoridades policiales argentinas del asesinato de 85 civiles en el centro de Buenos Aires. No debe sorprendernos que mucha gente se refiera a Nisman como la víctima número 86 del atentado a la AMIA.


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