No paró naranja. La huelga en el conurbano sur

Compartí

Desde Lomas de Zamora, escribe Jorge Hugo Leiva


Misceláneas del 20-N

Ayer se realizó el paro convocado por  la CGT (Azopardo), parte de la CTA y la CGT Azul y Blanca, y que contó con el apoyo de la Federación Agraria y partidos de izquierda. La medida de fuerza, dicen los medios periodísticos, tuvo dispar acatamiento pero inusitada repercusión mediática el impacto que causó en el microcentro porteño debido a los piquetes que impidieron la circulación.

A primera hora se conocieron las por lo menos llamativas declaraciones de Pablo Micheli, titular de la fracción de la CTA que impulsaba la huelga, quien en un rapto de sinceridad dijo «de lo que se trata es que,quien tenga ganas de ir a trabajar, no vaya«.

Algo así como van a parar aunque no quieran.

Llamó la atención la variopinta (por decirlo de alguna manera) alianza que motorizó la medida de fuerza.

Ver juntos a Moyano, Micheli y Barrionuevo, justo es reconocerlo fue todo un logro, aunque no se sepa bien por qué y para qué.

Micheli hace un culto de la construcción de una nueva representatividad sindical, por eso se creó la CTA, y ahora se lo ve abrazado a los adalides del sindicalismo tradicional.

Recordemos que Moyano fue uno de los puntales que sostuvo al gobierno en la disputa por la Resolución Nº 125, y ahora cierra filas junto a Buzzi, representante de los patrones agrarios.

Los partidos de izquierda (PO, PST, MST, etc.) tienen como principal bandera la erradicación de la «burocracia sindical», pero ayer no tuvieron problema alguno en encolumnarse detrás de Barrionuevo y Moyano.

Más allá de todo, es válido afirmar que ninguno de las grandes cadenas de medios se ocupó o preocupó de reflejar lo que sucedía durante la jornada en los barrios del conurbano bonaerense, como llegó a sostenerWashington Uranga en Pagina 12, que dijo que «el Gran Buenos Aires no es el país» dando a entender que la situación del microcentro se replicaba en el cordón suburbano.

Desde ya debemos aclarar que no fue así. La situaciòn fue bien distinta a la supuestamente «histórica jornada» según la calificó Moyano.

Si bien no circularon los trenes, lo que obligó a que los colectivos pasaran sobrecargados, y los piquetes impidieron que algunas líneas de micros que tienen cabecera en la Capital, no funcionasen, no sucedió lo mismo que en el centro porteño. 

También en las zonas céntricas hubo «aprietes» a algunos comercios y a estaciones de servicio a los que obligaron a cerrar; y se vio circular a varios ómnibus viejos, que alguna vez fueron transportes escolares, con barras de ocupantes a bordo que no parecían ser boy scouts o peregrinos de alguna iglesia precisamente.

En los barrios el panorama cambiaba, desde la mañana fue un día como cualquier otro: los comercios abrieron, los colectivos circulaban, los chicos iban a las escuelas y la gente iba a trabajar o salía a hacer trámites.

A partir del levantamiento de los piquetes, después del mediodía, y al retornar la circulación del transporte público los efectos de la huelga se esfumaron, y la tarde en los barrios centrales del conurbano pasó a ser como cualquier otra tarde. La gente iba a hacer compras, a pasear, las parejas a hacer lo suyo, y a la noche muchos iban a comer en los restaurantes o pizzerías.

Esto que escribo lo vi no me lo contaron, y esta nota demuestra que tan loco no estoy:

Que la  Argentina no termina en la General Paz en una frase harto repetida, en el conurbano también vive gente, y mucha gente, que también trabaja y vota, ayer por lo que se vio trabajaron, la pregunta es si también habrán votado.


Compartí

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *