ONOMÁSTICO. Hoy fue mi santo, y yo sin enterarme

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Juan Evangelista 

Apóstol, m. hacia 101
Discípulo predilecto de Jesús hasta el punto de que algunos han llegado a creerlo mujer, es considerado el más joven de los apóstoles. Abandonó a su prometida en el momento en que iba a celebrarse la boda, y siguió la llamada del Señor sin volver la cabeza.
Todos los creyentes conocen bien sus hechos a través de su Evangelio y el más tardío Apocalipsis. Durante mucho tiempo se discutió si el autor de este último texto no sería otro Juan, apodado “el divino”, pero ambos resultaron ser la misma persona.
Ocurrió que tras la Crucifixión, Juan marchó a Efeso, donde
escribió su Evangelio, para dirigirse luego a Roma. Ahí lo sorprendió la persecución de Diocleciano, fue apresado y frente a la Puerta Latina, arrojado dentro de un caldero con aceite hirviendo. Frustrando las expectativas de los paganos, surgió de la cocción, no sólo incólume, sino también rejuvenecido.
De vuelta en Efeso, recibió una copa de veneno pero, ante la señal de la cruz, la ponzoña se retiró del brebaje en la forma de una serpiente.
De Efeso viajó a Patmos, donde experimentó las visiones psicodélicas que relata en el Apocalipsis, lo que ha inducido a algunos estudiosos a pensar que el veneno no había desaparecido por completo de la copa. O que no era exactamente veneno.
Como sea, volvió a Efeso y vivió hasta sobrepasar los cien años aburriendo a sus discípulos con una cantinela que repetía en forma incesante: “Amaos los unos a los otros”.
Antes de morir, cavó su propia tumba con forma de cruz y se tendió en ella y, tras un estallido de luz, su cuerpo y su alma desparecieron de este mundo. Patrono de la amistad, es protector de los escritores, los alquimistas, encuadernadores, impresores, libreros, lampistas y fontaneros, así como de vidrieros, grabadores, maleteros, copistas, litógrafos, pintores, notarios, talabarteros, papeleros, cartoneros, espejeros, teólogos y viticultores.
Útil contra la epilepsia, las dolencias de los pies, las intoxicaciones, envenenamientos y quemaduras, propicia la fertilidad y es invocado con singular éxito contra el granizo, hasta el punto de que muchos lo prefieren al Bautista.



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