OPINIÓN. «No quiero asistir a los funerales de la República», por Carlos A. Lator*

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Ex intendente de Chos Malal, Neuquén

“No quiero asistir a los funerales de la República”*

“No quiero asistir a los funerales de la República”* | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Igual que la última dictadura genocida, el proyecto neoliberal de Milei no es sólo de ajuste, de desguace del Estado, despidos y represión. Es también un modelo de disciplinamiento.

El proyecto de Milei está a la vista. Su objetivo es pulverizar definitivamente la idea de construir una Nación libre y soberana. Implica sepultar nuestra moneda, abrirle definitivamente las puertas a EE.UU. y entregarle en bandeja los recursos naturales. Es volver a ser un laboratorio de ideas vetustas que nada tienen que ver con nuestra identidad y nuestro destino latinoamericano.

Es echar por tierra todos los logros conquistados por la sociedad argentina durante 40 años de democracia. Es convalidar el racismo, el negacionismo y el autoritarismo de un presidente que ha manifestado que la educación y la salud no constituyen un derecho. Ya lo dijo el actual Ministro de Salud de la Nación Mario Russo: “vacunarse contra el dengue es una decisión personal y el ministerio no es un supermercado para proveer al país de insumos contra la enfermedad”.

Un desbocado Tiburcio Benegas Lynch, redobló la apuesta. En abierta contradicción con la Ley Nacional N° 1420, de Educación Común, símbolo de igualdad y ascenso social de varias generaciones de argentinos, expresó que para él “la educación no debía ser obligatoria”.

Como integrante de una “familia de bien”, el diputado nacional oficialista no ocultó en sus dichos la nostalgia que le produce la época donde la educación no era ni gratuita ni obligatoria y tanto niños como jóvenes eran mano de obra barata de empresarios y patrones de estancia. Justamente, Benegas Lynch es bisnieto de Robustiano Patrón Costas, el magnate salteño que a principios del siglo XX se apropió de tierras que pertenecían a las comunidades indígenas, a quienes explotó, les pagó con vales y obligó a las infancias a trabajar desde los 4 años.

En Neuquén, el diputado provincial del Pro Marcelo Bermúdez no se quedó atrás. Prometió que va a presentar un proyecto de ley para abolir el Consejo Provincial de Educación porque a su criterio es un organismo que “no sirve para nada”.

Estos ataques a los trabajadores de la educación, a la educación pública y a la participación democrática, que se suman al pedido del presidente de denunciar a los docentes que “adoctrinen” a sus alumnos, no son azarosos.

En efecto, igual que la última dictadura genocida, el proyecto neoliberal de Milei no es sólo de ajuste, de desguace del Estado, despidos y represión. Es también un modelo de disciplinamiento, homogeneizacion, silenciamiento y construcción de nuevas subjetividades. Por eso el cierre de Télam, la intervención de Radio Nacional, la guerra contra los hacedores culturales, el congelamiento de los presupuestos universitarios, el vaciamiento de la Televisión Pública, el cierre del INADI, entre otros.

El pomposo «Pacto de Mayo» que propone el gobierno nacional es un nuevo “Estatuto legal del coloniaje», como llamó Arturo Jauretche, en los años ´30, al pacto Roca-Runciman que entregó todos los resortes de la economía nacional al imperio británico.

Lo que anuncian como Reforma Previsional es el regreso de las AFJP privadas; lo que llaman apertura del comercio internacional, es la destrucción de la industria nacional; y lo que definen como reforma laboral, no es otra cosa que empobrecer y quitar derechos adquiridos. La tan mentada reducción del déficit fiscal y el gasto público es con la gente afuera y la guerra contra las provincias no tiene otra finalidad que entregar nuestras riquezas al capital extranjero.

Ahora bien. ¿Cómo hacemos para “no asistir a los funerales de la Nación” como señaló el fiscal Ricardo Molinas y reprodujo Jaime de Nevares cuando renunció a la Convención Nacional Constituyente de 1994?

La derrota del Frente de Todos no fue una más, fue la peor derrota electoral que tuvo el campo popular desde 1983. Y con este resultado mucho tuvo que ver el internismo y la escasa vocación de profundizar los cambios y las nuevas agendas sociales. La dirigencia política debe tomar nota de esto. La Patria está en peligro y ya no hay lugar para el “carguismo”, los fundamentalismos ni las vanguardias iluminadas. Hay que escuchar, habilitar la palabra y realizar una profunda autocrítica de cara a la sociedad de porqué el pueblo nos dio la espalda y le entregó un cheque en blanco a un personaje mediocre, siniestro y sin historia.

Son tiempos de resistencia, de confrontar ideas y de combatir los atropellos a obreros, científicos, artistas, docentes, jubilados y mujeres empoderadas. Pero también son tiempos de organización y construcción política desde abajo. Si hay algo que distinguió al peronismo fue su capacidad de dar respuesta en los momentos de crisis. De articular las demandas sectoriales, de interpretar los desafíos de la coyuntura y de recuperar la política como instrumento de trasformación y desarrollo nacional.

Hay que volver a pensar y construir el país porque, como dice Atilio Boron, “ninguna derrota es definitiva y las luchas siguen”. 

Nota:

*La frase es del obispo de Neuquen Jaime de Nevares (foto de presentación)  al retirarse de la Convención Constituyente Nacional de 1994.


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