OPINIÓN. Todos estamos presos, por Carlos Valle

Carlos Valle Docente, economista, historiador, periodista y escritor. Enlace de la Resistencia  (1956). Presidente de la Asociación de Periodistas Latinoamericanos (1965-1976). Decano de los periodistas de Radio Nacional. Sindicalista y asesor gremial y político (CGT hasta 1991). Exiliado en 1962.

Más de cuarenta y cinco millones de argentinos, un avión de la hermana Venezuela, once tripulantes venezolanos e iraníes, la soberanía argentina, las jubilaciones y pensiones, Milagro Sala.

Todos secuestrados, todos presos, en la tierra de San Martín; de Belgrano y Moreno; de Güemes; de Perón y Evita; de Néstor y Cristina. También Cristina está presa. Y llevamos mas de 6 años y 7 meses, en este infierno sin final. En este enclave colonial; el mas grande del mundo, el de mayor cantidad de cipayos, mercenarios, sicarios y miserables personajes.

EE.UU. y sus aliados (eje del mal), nos tienen maniatados y los funcionarios del gabinete, bajo la batuta de un miembro del partido republicano -desde hace mucho-, un pervertido, capaz de cualquier infamia, para estar, aunque solo sea un servidor del imperio. Capaz de cualquier cosa, ya antes de militar en las filas de Alsogaray.

Su socio, desde hace tiempo se identificó con Cavallo. Dos ejemplos de lo peor que deambula en nuestra Patria; que no es la de ellos, aunque hayan nacido aquí. La diferencia con Macri, puede pasar porque éste, ha sido el mayor corrupto, ladrón, asesino, narcotraficante, tratante de personas, el mas atroz personaje de la historia. De toda la historia. Que no es poco.

Su servidumbre al imperio, por otra parte, tiene una contraprestación; licencia para matar, para evadir, para fugar divisas y para hacer gala de impunidad. Macri es como los economistas que nos vendieron y entregaron, en más de un siglo; vaciaron todo; entregaron todo y ninguno conoció cárcel alguna, nunca.

Los jubilados argentinos, que tuvieron sus años de gloria, desde el 2003 al 2015, fueron, antes y después, los condenados; los hambreados; los mas castigados del sistema. Tener los mas altos ingresos, de América Latina y de parte del mundo, todo, era imperdonable.

Ello determinaba, por ejemplo, que la Argentina era un país soberano. Soberano, independiente, justo -de justicia social- y libre -mas allá del acoso permanente de la embajada; de las mafias judicial y mediática; de la economía concentrada; de financistas y bancos; de la propia N’drangheta-; porque es posible. Porque fue posible.

La cuestión pasa por terminar con las mentiras y canalladas, de los 400 medios corporativos y de una justicia absolutamente miserable; ilegítima e ilegal. Todos los argentinos (naturales, o por opción), debemos terminar con ese estado de cosas, “a como de lugar”. Porque nuestras vidas sojuzgadas por el imperio y los cipayos, de marca mayor, son las de nuestros hijos y nietos, como las de la futuras generaciones.

No debemos, ni podemos, dejarles un país sometido, porque tienen derecho a una existencia digna; a una vida justa. Porque cuarenta y cinco millones de argentinos, no pueden seguir siendo presos del sistema. Porque la Argentina no puede secuestrar un avión y sus once tripulantes, impunemente, porque un tribunal norteamericano, lo decidió así, sin causa real alguna (un bochorno histórico, que nos enfrenta a una nación hermana y a otra -amiga-).

A mi ya no me caben dudas, respecto a que la personalidad mas relevante del país, es hostigada y amenazada, por esta miserable extranjería, porque se trata de -tal vez-, la estadista mas notable del mundo y la que han elegido, todos los argentinos cuyas mentes no han sido lavadas, convirtiéndose en zombies y títeres, de esos “lavadores”, que son quienes les inyectan odio y no les permiten pensar, convirtiéndolos en la masa amorfa que son.

Tampoco, que los protagonistas de este gobierno, sucesor del mas infame de la historia, deseen la libertad de  Cristina. Ayer impusieron la frase que bajó de EE. UU.: “sin Cristina, no se puede; con ella sola no basta”. Hoy, coinciden con el resto de la miserabilidad reinante: “hay que terminar con la Cristina eterna”, de idéntica procedencia. El acuerdo, entre la carroña, propia y extraña, pasa por ahí.

Se trata del único obstáculo; sin ella, podemos ser un bocado, sin remedio. Pongámonos de pie y ya, movilicémonos, ratificando la unidad, imprescindible. Cambiemos la realidad. Que Milagro sea liberada. Que el avión venezolano, vuelva a las manos de Venezuela y se libere a sus tripulantes; secuestrados (privación ilegítima de su libertad). Y que se nos devuelva la calidad de vida  del 2015.

No se puede continuar quitando dinero, a los jubilados, para dar a los jubilados de menores ingresos. Son capaces y decididos, para robarle a los pobres e indigentes, pero se arrodillan ante la economía concentrada; ante los exportadores; ante los formadores de precios; ante los contrabandistas; ante los concesionarios de servicios públicos (cuyas concesiones están caducas); a los que delinquen, a diario, por el Paraná y las vías navegables, todas; para los que explotan los puertos nacionales, etc. porque no hay voluntad política; ni dignidad.

Lo que sobran son los recursos, si hay Soberanía. ¡Digamos basta!!!. Pero hagámoslo ya. Y que se devuelva el poder adquisitivo de nuestras jubilaciones y pensiones, como nuestra propia vida. Esta existencia no puede seguir.

12 de agosto de 2022 (gesta de una grandeza inmortal que debe ser imitada)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Columnista invitado

 

 

 

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