OPUS DEI. El Papa Francisco mandó al descenso a “La Obra” preferida de Franco y Juan Pablo II

Esta noticia no debe caer en el olvido. Es bien sabido que el Opus Dei, “La Obra”, considerada una “masonería blanca”, ha sido tradicionalmente enemiga de la Compañía de Jesús dentro de la Iglesia Católica, y muy favorecida durante todo el papado de Karol Wojtyla, Juan Pablo II, que detestaba al general Pedro Arrupe, conocido como “El Papa Negro”, vasco como San Ignacio de Loyola, promotor de la Teología de la Liberación y alejado del furibundo anticomunismo del polaco. Agnóstico como soy, aunque culturalmente cristiano (algo casi inevitable en quienes descendemos de celtíberos y vascones) balconeé estos enfrentamientos en cuyo caldo ascendió la figura de nuestro Jorge Bergoglio, que ahora parece haberse tomado (a mi modo de ver, justificada) revancha.

Disto años luz de ser un experto en política vaticana (para eso está Guillermo Olivieri) y durante mi exilio en  Barcelona me reí mucho con los chistes del catalán Jaume El Perich (que se portó muy bien con los exiliados argentinos) que se tomaba a la chacota a la obra (que tantísima influencia tuvo en los gobiernos de la dictadura franquista) al punto de parodiar Camino, “el” libro del fundador de “la” obra, monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo hizo con su Autopista, el best seller del año (1971) en España.

Claro, la realidad no está exenta de contradiciones. Por ejemplo, el general Juan Jaime Cesio, al que siendo coronel la derecha peronista estigmatizó como “comunista” por haber sido el redactor del discurso que el entonces (1973) jefe del Ejército, general Jorge Raúl Carcagno pronunció en la Xª Conferencia de Ejércitos Americanos realizada en Caracas, me dijo que él y su familia pudieron sobrevivir económicamente durante la dictadura exterminadora gracias a la ayuda que le prestó el Opus Dei.

Los dejo ahora con la noticia, y seguidamente con una ficha de la obra confeccionada por el memorioso Roberto Bardini.

El Papa Francisco ‘degrada’ al Opus Dei: deja de depender del pontífice y su cabeza ya no será obispo

La obra del jesuita Francisco Javier Hernández, El alma victoriosa de la pasión dominante Escrivá de Balaguer, frente a la imagen de José María Escrivá de Balaguer.  

“Esperábamos muchas cosas, pero no que se atreviera a meter mano al Opus Dei”. Estas palabras de un curial llegaron tras que el pasado viernes, el papa Francisco publicara Ad charisma tuendum (Para proteger el carisma), un Motu Proprio en el que, por primera vez en cuarenta años, aprieta las riendas a La Obra.

“El Opus Dei es una prisión”

El texto exige abrir ventanas del colectivo fundado por Escrivá de Balaguer, y lo obliga, en la práctica, a refundarse. Una noticia que, como muestra este curial en conversación con elDiario.es, fue toda una sorpresa.

Porque el Opus Dei fue, durante décadas, intocable. Puros, sin mancha, hasta el punto de asegurar (a pesar de portar, al menos, dos condenas en firme) estar limpios del mal de la pederastia en su seno. Pero la realidad escondía otras verdades, algunas de las cuales, como la situación de las mujeres en algunos de sus centros, como contó elDiario.es, terminaron por estallar.

La idea es terminar con esa omerta. El papa Francisco degrada en su escrito al prelado del Opus, es decir, su cabeza. Desde el 4 de agosto no podrá ser obispo, ni podrá portar los ropajes ni el anillo episcopal. También obliga a la organización, la única que gozó del carácter de Prelatura Personal en la vida de la Iglesia, a pasar a depender de la Congregación para el Clero, que monitorizará todas sus actividades. Cada año habrá una revisión y se podrán impedir algunos de los abusos que, en muchas partes del mundo, se denunciaron contra el Opus Dei, sus políticas de segregación y su absoluto control en las casas y colegios propiedad de la Obra.

Carisma más que jerarquía

En el escrito, Francisco “considera oportuno confiar al Dicasterio para el Clero la competencia para todo lo que corresponde a la Sede Apostólica en materia de Prelaturas personales, de las cuales la única hasta ahora erigida es la del Opus Dei”. La norma, que entrará en vigor el 4 de agosto, quita al prelado la condición episcopal (aunque el actual, Fernando Ocáriz, no era obispo, porque Francisco no quiso ordenarlo) y, en una sonora bofetada, recuerda a la Obra que “es necesaria una forma de gobierno basada más en el carisma que en la autoridad jerárquica”.

Una frase que supone una contradicción con lo que el mismísimo Juan Pablo II, el principal valedor del Opus Dei y de las polémicas beatificación y canonización exprés de Escrivá de Balaguer, pensaba que debía ser la Obra. Wojytla erigió el Opus Dei como Prelatura Personal con la Constitución Apostólica Ut sit, el 28 de noviembre de 1982 (ahora se cumplen 40 años), reivindicando “la naturaleza jerárquica del Opus Dei”. Algo que Francisco deroga con su legislación.

Enojo interno

Además, la Obra habrá de presentar cada año “al Dicasterio para el Clero un informe sobre el estado de la Prelatura y sobre el desarrollo de su labor apostólica”. “Deseando, por tanto, salvaguardar el carisma del Opus Dei y promover la acción evangelizadora que sus miembros llevan a cabo en el mundo, y debiendo al mismo tiempo adaptar las disposiciones relativas a la Prelatura a la nueva organización de la Curia Romana, ordeno que se observen las siguientes normas”, señala el Papa, quien ordena que “los Estatutos propios de la Prelatura del Opus Dei serán convenientemente adaptados”.

La respuesta oficial del prelado (que no obispo) del Opus Dei, fue que “aceptamos filialmente” la resolución papal. Pero de puertas adentro el enojo es importante. Y más cuando se sospecha que este es el primer paso antes de que Bergoglio decrete nuevas Prelaturas personales (se habla de alguna en el Amazonas) y quite a la Obra de Escrivá su privilegio exclusivo.

La elección de la fecha no es baladí: el día antes de comenzar su viaje a Canadá (abandonando una Curia que ya estará de vacaciones a su vuelta), y el día después de que ‘la Santa Sede’ (el documento no tenía firma) advirtiese al Camino Sinodal alemán de posibles excesos en sus peticiones de apertura a los gays, divorciados y mujeres sacerdotes. “Da la impresión de que el Papa sabe dar una de cal y una de arena, para no contentar a nadie, o tenerlos a todos en vilo”, destaca una teóloga española, que en los últimos meses trabajó codo con codo con el Papa en la elaboración de la reforma de la Curia. Lo que sí parece claro (y el ‘cónclave’ cardenalicio de finales de agosto lo demuestra) es que este verano será todo, menos tranquilo, entre los muros vaticanos.

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La “Santa Mafia”

POR ROBERTO BARDINI

El periodista Héctor Ruiz Núñez, autor de “La cara oculta de la Iglesia”, publicado en 1992, escribió que el Opus Dei, tras su fachada espiritual-religiosa era “una empresa privada de gestión”.Otros autores han definido a esta organización ultra conservadora como “una mezcla de congregación religiosa y empresa capitalista”, “una multinacional de la fe” y “una Santa Mafia”. Enrique Pavón Pereira, en sus “Conversaciones con Juan Perón”, cita una frase el general: “El Opus Dei es algo así como la catolización del dólar”.

La corporación, creada en España el 2 de octubre de 1928 por el sacerdote Josemaría Escrivá de Balaguer, ganó espacio bajo la dictadura de Francisco Franco para luego expandirse a todo el mundo. Está en 70 países y tiene cerca de 100.000 miembros.
En Argentina desembarcó en 1950, cuando el entonces arzobispo de Rosario, Antonio Caggiano, le solicitó a Escrivá de Balaguer que instale una filial en su diócesis. Con el tiempo, se fueron sumando empresarios, banqueros y profesionales.
El Opus Dei adquirió relevancia durante los diez años de gobierno de Carlos Menem, por gestiones del entonces ministro del Interior, Gustavo Béliz. Muchos opusdeístas coparon resortes de la economía, la diplomacia y la Corte Suprema de Justicia. Rodolfo Barra, ministro de Justicia entre 1993 y 1996, fue uno de sus integrantes, aunque luego se alejó.
Bajo la presidencia de Fernando de la Rúa, el economista Juan José Llach, ex jefe de asesores de Menem, ex colaborador de Domingo Cavallo, ex responsable del INdEC y efímero ministro de Educación, cumplió la misma función que Béliz como vínculo con la congregación empresarial.
La organización maneja 20 colegios y jardines de infantes, hospitales y centros de formación profesional en Buenos Aires, La Plata, Tucumán, Mendoza, Córdoba y Santa Fe, además de la Universidad Austral, con sedes en Buenos Aires y Rosario. Actualmente, Llach es uno de sus profesores.
El empresario Gregorio Pérez Companc donó más de 50 millones de dólares para la construcción del campus y el hospital que esa universidad tiene en Pilar.
La corporación posee 20 edificios en Buenos Aires, además de un centenar de grandes propiedades, casas de retiros y tierras a través de 17 asociaciones civiles en la Argentina.
La sede del Opus está en la calle Vicente López N° 1950, en el barrio de Recoleta. Tiene unos 30 metros de frente en un terreno que llega hasta casi la mitad de la manzana y dos cuerpos: uno de ocho pisos, en el que viven sacerdotes y miembros numerarios, y otro de seis, donde se aloja el servicio doméstico.
El terreno de la sede fue una donación de la Municipalidad de Buenos Aires en 1972, durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse. La mayor parte de la construcción se hizo con un subsidio por decreto del dictador Jorge Rafael Videla en 1980.
El periodista e historiador Emilio Corbière menciona en su libro “Opus Dei: el totalitarismo católico”, publicado en 2002 una constante en la historia argentina desde 1930 hasta 1976: los “nacionalistas católicos” fomentan los golpes militares, pero los liberales vinculados a intereses transnacionales se quedan con el gobierno.

Se dice que “los caminos del Señor son inescrutables”. Desde su creación, el Opus Dei manifestó una fobia especial hacia los jesuitas. Su reglamento interno y secreto estipulaba que ninguno de ellos sería bienvenido en sus filas. Y justo les vino a tocar uno de Papa.

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