Papel Prensa. Lo que dice Caraballo (con Loboalpha)

La Nación de ayer, lunes

Papel Prensa: carta de un testigo clave

“Vincular la venta a la tortura es falso”
Gustavo Caraballo, compañero de cautiverio de Lidia Papaleo, desmiente su acusación

Pocas horas antes de que la Presidenta presente un informe sobre Papel Prensa, Gustavo Caraballo, ex embajador argentino en la Unesco, detenido en 1977 y torturado en el centro clandestino Puesto Vasco junto con Lidia Papaleo de Graiver, rechazó en una dura carta las acusaciones de ésta y del Gobierno sobre la transferencia de la empresa, en noviembre de 1976, a los diarios LA NACION, Clarín y La Razón .

“Más de treinta años después, se pretende vincular esa transacción a la tortura y persecución de Juan, Isidoro y Lidia Graiver por recibir fondos de Montoneros. Todo ese andamiaje es falso”, dice en su carta, titulada “No hay democracia sin verdad”, que envió ayer a LA NACION con pedido de publicación. “Pretender ahora construir una nueva teoría de los hechos a fin de controlar un insumo básico para la prensa libre es ofensivo a la dignidad pública e inmoral”, sostiene Caraballo, ex secretario técnico de Juan Domingo Perón y estrecho colaborador también del presidente Arturo Frondizi.

Como abogado del ex ministro de Economía José Ber Gelbard, Caraballo tomó contacto con Lidia Papaleo por una deuda de 6 millones de dólares contraída con aquél por David Graiver, su difunto marido. “La familia Graiver soportó todo tipo de apremios y vejámenes, pero [éstos] no tuvieron que ver con Papel Prensa. Como alguien que está apremiado por las deudas, ya se había desprendido legítimamente meses antes de Papel Prensa”, relata.

Explicó que también tuvo la oportunidad de hablar con los miembros de la familia Graiver durante su detención. “Jamás mencionaron que la venta de Papel Prensa estaba vinculada a las presiones que soportaron durante su injusta detención”, puntualiza la misiva de quien también estuvo detenido por la dictadura.

“Como tuve conocimiento de los hechos, creo que esta carta puede contribuir a la verdad”, relata en la misma carta.

A continuación, se publica la carta completa de Caraballo, que envió ayer a LA NACION para su difusión.

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“No hay democracia sin verdad. Se anuncia la intención del Gobierno de querer anular la venta de Papel Prensa realizada en 1976 por la familia Graiver al consorcio integrado por los diarios LA NACION, Clarín y La Razón . Más de treinta años después, se pretende vincular esa transacción a la tortura y persecución de Juan, Isidoro y Lidia Graiver por recibir fondos de Montoneros. Todo ese andamiaje es falso.

“Como tuve conocimiento de los hechos, creo que esta carta puede contribuir a la verdad. Como abogado del ex ministro de Economía José Ber Gelbard, éste me encomendó visitar a Lidia Papaleo de Graiver para gestionar el pago de una deuda por 6.000.000 de dólares.

“La visité a principios de 1977, creo que en febrero o marzo. La Sra. Papaleo me dijo que estaba acorralada por las deudas y me mostró la nómina de compañías que conservaban, ofreciéndome Marmicoc y La Opinión, para cancelar el crédito de mi cliente. Mi cliente no aceptó y me pidió que les hiciera juicio. No estaba en esa nómina Papel Prensa, pues la había vendido con anterioridad.

“En enero de 1977 no había aparecido la conexión de David Graiver con Montoneros, de lo que tuvieron conocimiento las autoridades militares recién en marzo con la detención de Juan e Isidoro Graiver.

“En enero de 1977 no había contra esa familia ninguna persecución por parte del gobierno. Por el contrario, siguiendo un proceso que ya había iniciado David Graiver con la contratación de dos expertos en imagen muy vinculados a los militares, buscaba un acercamiento al régimen dictatorial.

“A mí, sin acusación alguna, me detuvieron el 1º de abril de 1977, y tras el paso obligado por los centros clandestinos de detención y tortura de Puesto Vasco y el Pozo de Banfield, me pusieron a disposición del Poder Ejecutivo. Los encargados de Puesto Vasco eran ciertamente muy rudos con los detenidos que no tenían registro ni nombre, como dice el título del libro de Jacobo Timerman, Prisionero sin nombre, celda sin número .

“Tras soportar jornadas de tortura en las que negué toda vinculación mía y de Gelbard con Montoneros, me dijeron que llevarían a mis hijas menores a ser torturadas conmigo. Todo hombre tiene un punto de flaqueza cuando se amenaza a sus hijos. Ofrecí firmar una hoja en blanco para que la llenaran a su arbitrio, pero una voz puso fin a la tortura y a la amenaza y me devolvió a mi celda. Meses después era liberado sin cargo alguno por decreto del PE de noviembre de 1977.

“Desde la ventana de mi celda en Puesto Vasco vi varias veces a Lidia Graiver, tabicada y guiada por los carceleros para ir y volver de los cuartos de tortura. La familia Graiver soportó todo tipo de apremios y vejámenes, pero no tuvieron que ver con Papel Prensa. Como alguien que está apremiado por las deudas, ya se había desprendido legítimamente meses antes de Papel Prensa, aunque quedaran formalidades pendientes. Tuve oportunidad de hablar con los miembros de la familia Graiver durante mis meses de detención y jamás mencionaron que la venta de Papel Prensa estuviera vinculada a las presiones que soportaron durante su injusta detención.

“Cuando el gobierno de Alfonsín indemnizó a los Graiver por la privación de sus bienes, nunca estuvo incluida Papel Prensa, pues la familia no vinculó su venta con maniobras de la dictadura.

“Pretender ahora construir una nueva teoría de los hechos para restituir acciones de Papel Prensa a Lidia Graiver mediante un acuerdo probable con ella, a fin de controlar un insumo básico para la prensa libre, es para mí tan ofensivo a la dignidad pública y tan inmoral como aquel esbirro que me coaccionó a mentir mediante una amenaza sobre mis hijas.”
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A los 73 años, Gustavo Caraballo jura que no tiene nada a favor o en contra de los Graiver, de los Papaleo o del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. De hecho, remarca que tiene muchos amigos dentro del kirchnerismo por una cuestión de vivencias políticas y de militancia común. “Espero que no lo tomen como algo personal. Esto es una cuestión de justicia”, afirma.

Sus antecedentes refuerzan sus dichos. Trabajó con Arturo Frondizi, conoció a Juan Domingo Perón y se obnubiló con el general, hasta asumir como su secretario técnico durante su tercera presidencia. Fue entonces cuando padeció “ataques”, como los define, de José López Rega, el ministro de Bienestar Social y creador de la Triple A.

Detenido en 1977, desaparecido y luego puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, con el retorno de la democracia declaró ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y su testimonio figura en el informe Nunca Más . Ayudó, además, a la identificación de varios centros clandestinos de detención y testificó ante la Justicia en contra de varios genocidas.

En 1983, Caraballo también colaboró en la redacción de la plataforma del candidato presidencial justicialista Italo Argentino Luder. Y en 1989 repitió esa labor con Carlos Saúl Menem, aunque se distanció del PJ cuando el riojano comenzó a aplicar políticas neoliberales. Se sumó entonces al Frepaso junto a Carlos “Chacho” Alvarez y dirigió su Centro de Estudios. Pero también se alejó del Frente cuando se concretó la Alianza. “Comprendí que los radicales querían hacer lo mismo que Cavallo [Domingo, ministro de Economía]”, rememora.

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Hugo Alconada Mon
LA NACION

Gustavo Caraballo sabe de lo que habla. Autor de la carta que ayer publicó LA NACION, en la que refutó la versión que difunde el Gobierno y Lidia Papaleo de Graiver sobre cómo se concretó la venta de Papel Prensa en 1977, detalló en una entrevista sus vivencias, antes, durante y después de que un grupo de tareas del Ejército lo “chupara” el 1° de abril de 1977, cuando volvió de Estados Unidos como abogado del ex ministro de Economía de Juan Domingo Perón, José Ber Gelbard.

“Cuando regresé a la Argentina, me enteré de que habían detenido a los Graiver, que habían vinculado políticamente a Gelbard con Montoneros y los Graiver, y entonces me buscaron a mí. Vinieron a casa, me secuestraron”, sintetiza.

Lo que siguió fueron dos semanas desaparecido y casi ocho meses detenido, mientras era torturado, hasta que recuperó la libertad en noviembre de 1977, después de pasar por varios centros de detención: Puesto Vasco, Pozo de Banfield, la comisaría de Banfield y el Departamento de Policía. En ese periplo, volvió a ver a varios miembros del Grupo Graiver.

-¿Usted se había contactado antes, estando en libertad, con alguno de los Graiver?

-Me había encontrado una vez con Lidia, en 1977, en las oficinas que tenían ellos cerca de la plaza San Martín. Yo fui porque a Gelbard le debían seis millones de dólares y [Gelbard] tenía una carta en la que [los Graiver] le daban en garantía las acciones de un banco en Bélgica [por el Banque pour l´Amerique du Sud]. Pero yo había estado averiguando y ese banco no valía nada.

-¿Por qué Gelbard le encargó el cobro de esos millones?

-Yo era su abogado y viajé a Nueva York a verlo. David Graiver ya había muerto [en agosto de 1976] y Gelbard estaba preocupado por recuperar su dinero. Según me contó Gelbard, Graiver tenía un piso enorme en el Olimpic Tower , en la Quinta Avenida de Nueva York. Allí trabajaba la gente que lo había asesorado para comprar. Ellos le aconsejaron a la familia Graiver que vendiera todo, que estaban en un despelote.

-Y entonces usted vuelve de Nueva York y decide ir a ver a…

-… A Lidia Papaleo, con una carta de José, en la que le comunicaba que “Gustavo le va a hablar para ver cómo solucionamos el asunto”. Entonces, ella me ofreció empresas del Grupo: una empresa de ollas a presión, una fábrica que hacía jeringas y el 50% que tenía en La Opinión , el diario. Cuando le comuniqué la oferta, José me dijo que ni loco, que en eso estaba [Jacobo] Timerman. Entonces, yo, que había viajado a Estados Unidos para comunicarle a Gelbard la oferta, di por terminadas mis gestiones y ahí, tres, cuatro días después de volver, me secuestraron.

-¿Adónde lo trasladaron?

-En ese momento, no lo supe porque estaba encapuchado. Al día siguiente, llegó el coronel Camps, se presentó y me preguntó si Gelbard era el dueño de La Opinión , de Papel Prensa y del Canal 2 de La Plata. Le dije que no y montó en furia. Se puso loco y a gritar: “¡Interróguenlo!”.

-¿Por qué Camps quería saber si Gelbard tenía algo que ver con Papel Prensa?

-Los militares creían que Gelbard era una suerte de jefe de los Montoneros o el financista de Montoneros. No olvide que era judío, extranjero y comunista. Era como el diablo para las Fuerzas Armadas.

-¿Vio a los Graiver mientras estuvo detenido/desaparecido?

-Sí, claro. Vi a Juan e Isidoro Graiver y a Lidia Papaleo. A ella hablé en la comisaría. Nunca me dijeron que les habían preguntado por Papel Prensa. Yo hablaba con ellos para saber si alguno me había metido en algo raro por maldad o por interés en algo que yo no tenía. Eso era básicamente lo que yo quería saber cuando nos encontrábamos.

-¿Nunca le comentaron que los presionaran por Papel Prensa?

-No, nunca hablaron de Papel Prensa. Pero recuerde que para ellos Papel Prensa era un hecho consumado. La habían vendido. Sus asesores le habían recomendado eso. Papel Prensa no se vendió porque el Ejército dijera “firmá acá”. Eso es falso.

-¿Por qué decidió salir al cruce, ahora, de la versión que difunde el Gobierno sobre Papel Prensa?

-Porque están ligando la persecución a los Graiver con los diarios, como que fueron medio responsables. Eso es mentira y me pareció correcto ajustarlo a la realidad.

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