POR ERIC LAGORIO / DIAGONALES

En el peronismo tienen una hipótesis: si nos unimos todos, ganamos. Hay 2019. Esta idea, bastante endeble, no se sostiene por ningún sondeo de opinión serio. El amontonamiento no define una elección. ¿Por qué? Porque los votos no se suman.

El peronismo podría poner en la misma boleta la cara de Cristina, Randazzo y Massa, y posiblemente esa lista no alcanzaría siquiera el 50%. Porque la sociedad no se enamora de las sociedades políticas. En cualquier situación, el camino es construir algo nuevo, distinto, y eso fue lo que hizo Cambiemos. Juntar todo y armar algo nuevo, con las mismas caras de siempre o, de casi siempre.

Más allá de la discusión por el sistema electoral, la filiación política dejó de ser el principal motivador en la decisión del voto. Es más, hoy la elección del candidato es, en mucho casos – o en casi todos -, el motivador más importante. Por eso el trinomio Cristina, Randazzo y Massa, no garantizan, juntos, absolutamente nada.

El Mono Gatica trabajo como cicerone en la parrilla “El Abrojito” que estaba en México y Bernardo de Yrigoyen a comienzos de los ’60. Lamento ser tan autorreferencial pero más abajo aparecen Juan, Eva, Néstor y Cristina delante del edificio del Ministerio de Obras Públicas, luego de Salud, situado en medio de la avenida Nueve de Julio, a dos cuadras y media de aquel restorán, en el barrio de Montserrat, antaño barrio del tambor, centro secreto de la ciudad según Borges.

 

El error interpretativo del peronismo radica, entonces, en suponer que la sociedad elige por filiación política. Que si el peronismo se ordena y muestra un solo candidato o una gran interna y luego todos van detrás, la victoria es el hecho inevitable. Ni la gente decide por identificación política, ni los votos se suman. Hoy ese tipo de motivación electoral es una más, en un amplio espectro de variables, donde también priman las ideas y el relato emotivo, las expectativas, las propuestas y, principalmente, el candidato.

El peronismo hoy no tiene ideas. Ya ni siquiera se habla, ante la sociedad, de justicia social, independencia económica y soberanía política. El peronismo no tiene agenda o, la única agenda, es la unidad. Y la unidad es un proceso interno, no tiene nada que ver con lo que le pasa a la gente en el día a día. Por eso, hoy el peronismo carece de ideas, no genera expectativas de futuro, más allá del relato de los “12 años”. Y, en virtud de las causas de corrupción, hay una parte importante de la sociedad – que es la que define una elección – que hoy se resiste a escuchar el término “década ganada”.

Uno de los aspectos más importantes de la campaña presidencial del FPV en 2015, fue carecer de un relato emotivo. Scioli no transmitía nada. Era, posiblemente, el aspecto más débil del candidato que, además, estaba solo. La construcción simbólica y emotiva de Cambiemos era, en cambio, muy sólida y, lo más importante, generó expectativas de grupo, de equipo, de una construcción colectiva con personajes públicos muy claros: Carrió (Moral y Justicia), Vidal (Lo nuevo), Macri (Empresario exitoso), Larreta (Gestión) y Michetti (Sensibilidad); sostenidos por una estructura territorial nacional, como el Radicalismo. Y sobre ello, un gran relato emotivo, bajo la inagotable premisa del CAMBIO, con tres ideas fuerza, con las que todos – en apariencia – estamos de acuerdo: lucha contra el narcotráfico, pobreza cero y unir a los argentinos. El peronismo, en cambio, no tenía nada. Salvo 12 años de buen gobierno, con los que llamativamente el 60% estaba de acuerdo, y sin embargo el FPV en ballotage no llegó al 50%.

A casi tres años de la derrota electoral, el peronismo no logró revertir esa situación de desventaja respecto de Cambiemos y es un elemento que, si bien no define una elección, es fundamental en cualquier victoria. Hoy, los únicos aspectos que identifican al peronismo como relato emotivo son: el chori, el bombo y, con suerte, los patios militantes, novedad comunicacional que inauguró Cristina en los últimos años de mandato. Cambiemos, en cambio, construye relato emotivo en cualquier intervención pública. En un encuentro con jubilados, en una visita a alguna provincia, en particular las del norte, en un acto partidario. De todo construye un relato y el punto de unidad siempre es el mismo: la comunicación horizontal.

Entonces, ¿qué le queda al Peronismo? ¿Esperar a 2023? No. Reinventarse. Lograr, en principio, la unidad. Y generar algo nuevo que incluya todos estos aspectos: ideas, relato emotivo, un programa de gobierno y, lo más importante, candidatos que puedan romper la barrera de los 45%.

 

Sin lugar a dudas, hoy la candidata que más mide es Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, todos los estudios de opinión pública indican que, en cualquier escenario, la ex Presidenta perdería. ¿Hay que fiarse de estos estudios? No, pero son una variable importante que, en cualquier proceso electoral, hay que mirar.

El último elemento de la reinvención es la forma en que se construye un relato de este proceso, es decir, en la comunicación. El peronismo hoy tiene un relato disperso, con construcciones fraccionadas, sin una unidad conceptual. Sin orientación, sin planificación, sin método. Todas ideas disgregadas y, la mayoría de ellas, como construcción residual del proceso anterior. El peronismo necesariamente debe reconstruir su forma de comunicar, que no es otra cosa que construir un nuevo relato. De lo contrario, es imposible pensar en una victoria.

Todos, de manera fragmentada y partidaria, están intentando reconstruir en el Peronismo su forma de comunicar. Quizás el que más se acerca a eso es hoy el Frente Renovador, que sin embargo tiene un gran problema: sus voceros son siempre los mismos y no logran penetrar en la sociedad. El Frente Renovador, en términos de portavoces, no ofrece nada nuevo y eso entra en crisis con la propuesta de renovación. El PJ, en cambio, está en una etapa experimental, saliendo de una meseta. El último acto provincial, en la localidad de Hurlingham, fue la demostración de que el PJ, a pesar del intento de renovación, sufre la herencia de varios años de estancamiento partidario.

El peronismo debe consolidar un sentido comunicacional integral que transmita certezas a la sociedad, para recuperar la confianza, la identificación, el sentido de pertenencia y, lo más importante, para lograr cierta motivación electoral, más allá del piso del peronismo o del techo que significa la figura de CFK.

Está claro que hoy es el momento de la unidad que llevó dos años empezar a re-construir. Con sus formas, el peronismo en su sentido más amplio, dio las primeras señales de unidad, que no son más que encuentros donde quizás poco se discute y lo más importante es lograr la foto. En este escenario, el Peronismo hoy no tiene nada, y a la vez lo tiene todo.

 

El peronismo hoy no tiene ideas. Ya ni siquiera se habla, ante la sociedad, de justicia social, independencia económica y soberanía política. El peronismo no tiene agenda o, la única agenda, es la unidad. Y la unidad es un proceso interno, no tiene nada que ver con lo que le pasa a la gente en el día a día. Por eso, hoy el peronismo carece de ideas, no genera expectativas de futuro, más allá del relato de los “12 años”. Y, en virtud de las causas de corrupción, hay una parte importante de la sociedad – que es la que define una elección – que hoy se resiste a escuchar el término “década ganada”.
Por eso creo que hay que reforzar un partido y sus vínculos con el interior, y bajar una agenda sobre todo cultural y joven a todo el país.  La salida de todo esto es orgánica e institucional. Sino caemos en la crisis de representatividad de 2001 y en las fórmulas electorales de diseño. NC