PRENSA HEGEMÓNICA. Estupor por su derrota

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Desde el domingo, es un placer sintonizar La Nación+, el canal de Macri y observar las cambiantes expresiones de sus periodistas requetecontraensobrados, obligados a seguir los cambios de su campeona en desgracia, la Pato Bullshit, obligada por su jefe a chuparle las medias a un desconcertadísimo Milei al borde del nocáut (K.O). Un campeonato de desvergüenza.
Está crónica la escribió Hugo Muleiro el lunes, conviene repasarla:
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El azoramiento del conglomerado de medios que tanto luchó para causar la derrota electoral del oficialismo no encuentra palabras ni ideas para explicar el resultado del domingo y, en estas primeras horas, tampoco atisba caminos para empezar a trabajar por el triunfo de Milei en el balotaje, un trabajo que sin embargo no demorará en emprender.
Es que el derrumbe de Juntos por el Cambio y el techo que parece haber encontrado el ultraderechista son, en primer lugar, la expresión del fracaso de una escandalosa estrategia electoralista cometida bajo la mascarada de periodismo. También lleva a pensar que dio con su límite el control de la agenda informativa diaria de un conglomerado gigante de medios que funciona con relato unánime y palabras y enunciados resueltos en laboratorio y aplicados a rajatabla.
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La circulación de los primeros datos el domingo por la noche despertó reacciones azoradas en las y los animadores de los canales de Clarín y La Nación. Algunas frases lanzadas al aire, al borde del colapso emocional, fueron muy ilustrativas: “A Massa no le entraron las balas de la corrupción”, “Influyeron el plan platita y el miedo y el terror”, “El hombre de la devastación económica está haciendo una gran elección”, “La peor gestión económica de la historia sacó el 35 por ciento”, “Massa debe saber que gran parte de los votos son por espanto”, y otras, muy parecidas.
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Hubo una, en uno de esos canales, especialmente ilustrativa de la confesión de una derrota sentida como propia. Con los primeros datos del triunfo peronista en Formosa, afloró una exclamación indignada: “¡Formosa! Una dictadura, con todo lo que hemos hablado aquí…”. Y otra, muy similar, de Lanata en Canal 13: “Yo pensé que entendía, pensé que a la gente le importaba (Chocolate) Rigau, le importaba Insaurralde”.
En ese paneleo deprimente empezaron a hacerse los primeros cálculos sobre una suma de votos de Milei y de Juntos por el Cambio que consiga la derrota del peronismo en noviembre.
En algunas de las notas editoriales del lunes esta derecha rancia, incapaz de descifrar lo que acontece en la base social, volvió a mostrar el pelaje de toda la vida, al recuperar el discurso del electorado inculto, negligente, sobornado. Lo hizo Roa, en Clarín, al caracterizar al resultado de las urnas como una muestra de la “decadencia”.
Ricardo Roa, otro ex montonero renegado.
Van der Kooy, en tanto, ve una sociedad “fragmentada y confundida” y recuperó una línea que había anticipado el miércoles anterior, cuando escribió sobre una “crisis de sentido” que lleva a esta “decadencia”. Las y los argentinos votan al peronismo y por lo tanto, desliza, no saben lo que hacen.
Alguna vez Eduardo Van der Kooy fue joven. “Joven brillante” de la dictadura de Videla.
Ese menosprecio afloró una vez más en La Nación, en las líneas de Morales Solá: “Una parte importante de la sociedad argentina eligió perseverar en el facilismo”. Salva a la querida capital amarilla, bastión de “ciudadanos libres del padrinazgo estatal” y que en su mayoría votan, en consecuencia, a la derecha.
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Un joven Joaquín Morales Sola con larga cabellera visitando la Escuelita de Famailla, el primer centro clandestino de detención y exterminio, en Rucumán, durante el Operativo Independencia (1975)
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El reparto de reproches y quejas recae mucho más en Juntos por el Cambio que en Milei. Al político ultraderechista se le acusa en especial de ser al final parte de la casta a la que dice combatir, de no haber evitado errores fatales y no haber explicado bien cómo llevará adelante sus planes económicos, desaprobados incluso a escala mundial, con la excepción de algunos grupos de la carroña financiera. Este es un factor de poder que estuvo pisando fuertemente en la corrida cambiaria de la semana pasada y que, hay que tomarlo en cuenta, no se quedará quieto en las semanas que vienen.
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En cuanto al macrismo y los partidos que hasta ahora funcionan como sus satélites, hay acusaciones coincidentes por las disputas internas y las fallas en la campaña. Pero Clarín y La Nación, y sus canales afines, ya abrieron la pregunta sobre el destino de los votos obtenidos el domingo.
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Algunas notas apuntan a la perspectiva de una fractura: de un lado, la coincidencia que Macri expresa con las “ideas” de Milei y las expresiones asiduas de simpatía hacia él. Del otro, especialmente el radicalismo. Hay otras posibilidades, como la que Clarín le atribuye a Rodríguez Larreta: “prescindencia” en el balotaje y llamado a votar en blanco.
                   Sueños húmedos. Los de Morales Solá: que Cris y STM vuelvan a distanciarse
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Mientras decide su estrategia hacia noviembre, en algunas líneas perdidas se admite la posibilidad del triunfo oficialista en segunda vuelta y, por ello, lo que en teoría será la futura presidencia. En esas, Morales Solá expresa deseos que son permanentes en el círculo de poder para el que escribe: Massa, saborea, se peleará con Cristina Kirchner, quien a la vez enfrentará ya en 2024 “reiteradas condenas judiciales”. La derecha nunca abandona sus objetivos de fondo.

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