Santa Ebba de los imposibles, y dos santos rescatados de las cloacas…

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O de cómo Dios, que cuando quiere, aprieta, ahorca y se vale de cualquier medio, sin hacerle asco a nada, castiga.

26 de agosto

Ireneo y Abundio 

Mártires, m. hacia 259

 

En tiempos de la persecución de Valeriano, Ireneo y Abundio recogieron el cadáver de santa Concordia (martirizada a latigazos hasta la muerte) que había sido arrojado a la cloaca pública. Descubiertos por los paganos, fueron ahogados en el mismo inmundo canal. Por la noche, el sacerdote Justino extrajo sus cuerpos del agua y los enterró en una gruta, junto a los del mártir Lorenzo. No se sabe qué fue de los restos de Concordia ni por qué Justino se abstuvo de enterrarlos. Tal vez no lo mereciera, ya que no tenemos más referencias de ella que la de haber sido quien con su muerte, provocó la de dos insignes cristianos.
Quien sí mereció su suerte fue el emperador Valeriano. Quiso el Señor que fuera hecho prisionero por los persas y entregado al rey Sapor, quien, entre otros usos viles, lo empleaba como banqueta para subir al caballo o apoyar los pies durante las audiencias.

Para mayor oprobio, quiso también el Señor que nadie exigiera la liberación de Valeriano, ni ofreciera rescate, ni nada. Fue como si jamás hubiese existido, y así murió miserablemente, en tierra extraña.

Banqueta mientras vivió, a su muerte le fue arrancada la piel que, teñida de rojo, fue expuesta como trofeo en el templo del sol.

El Señor, que es muy creativo y versátil, obra de múltiples y misteriosas maneras.

25 de agosto

Ebba la Mayor

Abadesa, m. entre 683 y 869 

Hermana de Oswy, el muy católico rey de Nortumbria, la sajona Ebba debía ser desposada con el rey de los escoceses, según un plan trazado por Oswy, quien así pretendía contar con un aliado de confianza contra los paganos de Mercia. Sin embargo, Ebba rechazó con tenacidad todas las proposiciones y, de manos de san Finan de Lindisfarne, recibió el velo de esposa de Cristo. Resignado, Oswy le regaló tierras a orillas del río Dervent, donde Ebba hizo construir el monasterio de Ebchester y, más tarde, el monasterio mixto de Coldingham.

 Durante treinta años la princesa estuvo al frente de sus monjes y monjas, pero no siempre consiguió mantener el espíritu de celo y disciplina de la orden. Mujer de excepcional inteligencia, desde un punto de vista práctico era una abadesa muy ineficiente, tanto por razones de edad avanzada como por su tiempo dedicado a la oración. En cierta oportunidad, un piadoso sacerdote irlandés le hizo caer en la cuenta de las graves irregularidades que tenían lugar en las celdas del monasterio y, entre lágrimas, profetizó: “Todo lo grande y hermoso que se ha desarrollado en este lugar, pronto se convertirá en cenizas“.


Ebba protestó, pero el irlandés le confió que por la noche se le había aparecido un desconocido que tuvo a bien informarle que al inspeccionar los dormitorios y las camas no había hallado a nadie orando o aplicado al estudio, sino a holgazanes, frívolos, glotones y sexópatas que únicamente pensaban en maldades. Por esa razón el monasterio sería destruido y sus moradores castigados.
La abadesa se tomó la amonestación muy en serio e intentó cuanto estuvo a su mano para restablecer el orden y la disciplina. Sin embargo, luego de su muerte un gran incendio redujo a cenizas el monasterio y mató a todos sus ocupantes, prueba de la gravedad de los pecados que ahí se cometían.

El incendio provocó la desaparición de todas las pruebas posibles de su primitivo culto primitivo y tampoco se sabe por qué habría sido canonizada, a no ser que se la confunda con otra abadesa llamada Ebba que también dirigió un convento en Coldingham.
Cuando los brutales piratas daneses asolaban las costas de Bretaña, acercándose a la abadía, esta otra Ebba reunió a sus monjas. Les expuso la violencia de los bárbaros con tan conmovedoras palabras que en defensa de su virginidad todas se cortaron la nariz y el labio superior. Fue así que cuando los daneses irrumpieron en el monasterio huyeron despavoridos ante la visión de esas mujeres mutiladas de modo tan horrendo, pero luego recapacitaron, decidieron librar al mundo de semejantes monstruos y, tras volver sobre sus pasos, incendiaron la abadía. Santa Ebba y todas las monjas perecieron en las llamas, vírgenes.
Señora de los Imposibles, sus reliquias, encontradas en el siglo XI, se dividieron entre Durham y Coldingham y en consecuencia, aun sin saberse por qué, se la venera a lo largo de toda la frontera entre Escocia e Inglaterra.

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