¿Será Marcela Noble Matilde Lanuscou?

Una crónica de los hechos (dignos de una gran película, espeluznantes)  y, acá, las últimas declaraciones del tío de la bebita desaparecida. JS
La heredera del paquete mayoritario del Grupo Clarín y los padres  montoneros de Matilde
ABATIERON A EXTREMISTAS EN SAN ISIDRO Y TUCUMAN fue el títular “tipo catástrofe” de la portada de Clarín el domingo 5 de septiembre de 1976.  “Tras un prolongado tiroteo, las fuerzas de seguridad abatieron a cinco extremistas que se resistieron a desalojar una finca en San Isidro, donde se realizaba una reunión…”, informó  la “bajada” o “copete”.
Fue aquella una noche muy fría y las acciones comenzaron “a las 21.30 con una continua detonación que finalizó a las dos de la mañana, casi cinco horas después”, recuerda Marcelo Turdo, que entonces tenía 11 años y se escondió en el baño de su casa, apretujado con su familia, pared de por medio con la pequeña finca de 70 metros cuadrados objeto del ataque, ubicada en la esquina de las calles Asunción y Catamarca.
La zona, recordó Turdo estaba rodeada por “doscientos efectivos del Ejército de la policía, equipados con una bazooka y hasta con un jeep con ametralladora antiaérea”.
“La última de las explosiones que para rematar el enfrentamiento el Ejército argentino detonó en la finca donde ya no estaban reunidos Bárbara  Miranda, Roberto Lanuscou y sus tres hijos, Roberto de cinco años, Bárbara, de cuatro y Matilde, de seis meses” ironizó con amargo sarcasmo. “Detonó, a las 7 de la mañana del 4 de septiembre. Los festejos se escucharon más allá de Boulogne. Esa última explosión, según dijeron ‘para eliminar cazabobos’, reverberó durante 26 años”.
Marcelo jamás olvidó aquella noche. Ni la tapa de Clarín. ·”Recuerdo muy bien que las voces de los militares que llevaron a cabo aquél operativo afirmaban lo mismo que el diario: que allí se estaba reuniendo una célula de subversivos.  La absoluta inexistencia de impactos de bala en las viviendas de enfrente, en cuyos techos se habían apostado los soldados, probaba cuan escasa era la posibilidad de que hubiese habido un enfrentamiento con los ocupantes de la casita. Qué paradojas presentan los diferentes sentidos, las direcciones que pueden tomar los significados de las noticias difundidas: el rumbo que eligió Clarín al tomar la decisión de publicarla en su tapa no hizo sino explotar 26 años después: La señora Noble estuvo presa, y la razón puede encontrarse en aquel titular, en aquel copete y en aquella nota de su diario, tantos años atrás”.
“Sin embargo –continúa Turdo- más macabro que todo lo acaecido aquella increíble y siniestra noche (¡cómo si existiera el metaterror!) fue lo que ulteriormente llegó a descifrar un equipo de antropología forense: en enero de 1984 fueron halladas cinco tumbas N.N. en el cementerio de Boulogne. Pertenecían a la familia Lanoscou-Miranda y tras la exhumación de los cadáveres se comprobó que todos los cráneos encontrados tenían perforaciones de bala”.
El jefe del equipo, el estadounidense Clyde Show denunció poco después que “en el ataúd de Matilde, la beba de seis meses supuestamente abatida, no había restos óseos; sólo un chupete, un osito de felpa y unas ropitas. Y también desmintió la versión oficial que se basaba en una leyenda gauchesca: que pasado un tiempo, los huesitos de un bebé se desintegran”, señala Turdo.
Desde ese momento, puntualiza, los familiares tuvieron “una certeza: que la beba podía estar viva”.
“La muerte de Matilde Lanoscou fue simulada. Sin embargo, ¿quiere esto decir que no existen asesinos de Matilde? El certificado de defunción lo firmó el doctor Roberto Bettale. La muerte de Matilde fue simulada. Empero, verdaderamente la mataron. Y esa es la rúbrica de toda desaparición. Los militares la mataron civilmente, el diario, socialmente, y sus adoptantes mataron su nombre, su historia, su identidad”.
En el caso de que Marcela, la hija adoptiva de Ernestina Laura Herrera de Noble, resulte ser Matilde, insitió, “habrá que decir que para adoptarla la dueña y Clarín debió haber pasado como verdadera una simulación”  que la obligó “a afirmar y confirmar la muerte simulada de una beba de seis meses”.
“Qué paradoja: Noble es un atributo y una etiqueta transferidos de estructura social en la que el mundo de la moral está ligado al Bien, y sin embargo ¡qué indecente el titular de Clarín: Cinco extremistas abatidos!”, señaló Turdo. Tras recordar que “la abuela de Plaza de Mayo Amelia Herrera de Miranda ya no podrá preguntarle a la señora Ernestina Herrera de Noble acerca de la confusa muerte y simulada adopción de Matilde Lanoscou, ya no podrá oír su silencio”, Turdo insiste en la absoluta pertinencia de “escribir sobre las diferentes responsabilidades que todas las instituciones y personas tuvieron en el desenlace de esta triste historia argentina”.[1]
Los responsables de aquel ataque, el jefe de Institutos Militares –del que dependía la guarnición de Campo de Mayo, la más grande del país- general Omar Santiago Riveros, y sobre todo quien era el director de la Escuela de Comunicaciones (y como tal jefe del Area 420, cuya jurisdicción abarcaba el partido de San Isidro), el coronel Luis Sadi Pepa, jamás debieron rendir cuentas de sus actos.
Aunque no fue directamente beneficiado por la “Ley de Obediencia Debida” dictada por el presidente Raúl Alfonsín bajo presión de los militares, el coronel Pepa zafó. Estaba procesado por trece privaciones ilegales de la libertad, diez homicidios, dos tormentos y dos robos, delitos todos cometidos mientras se desempeñó como Jefe del Area 420. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia lo exculpó y desprocesó en aplicación de aquella “ley”. La misma que el Congreso declaró anticonstitucional y “nula de toda nulidad” en agosto de 2003.

[1] Carta de lectores publicada bajo el título Yo fui testigo por el semanario Veintitrés el 10 de abril de 2003.

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