SEMANA DE MAYO. Simples hijos de familia, bolicheros y otras personas sin arraigo de vecindad, piden la destitución del virrey

“La revolución de América no fue un suceso repentino que debía sorprender a un sujeto medianamente pensador.”  Juan Ignacio Gorriti.

El calendario escolar, a fuerza de reiteraciones, ha logrado extender la idea de que la historia argentina es una concatenación de hechos autoconclusivos poco relacionados unos con otros pero que guardan una cierta ilación argumental porque se presentan cronológicamente ordenados. Así, al 25 de mayo DE 1810 le sigue la creación de la bandera; a ésta, la declaración de la independencia; luego la gesta sanmartiniana; la celebración de la escuela, y enseguida se complican un poco las cosas con la conquista y colonización de América. Porque nos obliga a volver más de quinientos años atrás en el tiempo.

Justo es considerar que desde 2006 la efeméride escolar incorpora al 24 de marzo en el calendario y de esa manera la historia reciente “ingresa” de alguna manera a las aulas y, con los actos por la Memoria, la Verdad y la Justicia, se inicia la temporada de actos en patios, con bandera de ceremonia, himno y discurso. Es poco el tiempo transcurrido desde esa primera recordación para analizar si la misma constituye una ruptura en la interpretación escolar de la historia como una sucesión de hechos, así que, a los efectos de estas líneas, vamos a aprovechar el almanaque y sobrevolaremos lo que conocemos como el primer gobierno patrio y las interpretaciones que del mismo se pueden desprender, según el relato presentado desde la escuela.

La Semana de Mayo

El 18 de mayo, además de ser el día de la escarapela, el del nacimiento de Augusto César Sandino y de la presentación de la fórmula presidencial que dejaría sin reelección a la última experiencia neoliberal en nuestro país, inicia lo que conocemos como “Semana de Mayo”: siete días que, si bien no conmovieron al mundo, trastocaron el orden colonial en el Río de la Plata e incidieron notablemente en la Región latinoamericana y en la metrópoli española.

Pasar de considerar que la Primera Junta de gobierno de lo que años después será la Argentina es resultado de las acciones emprendidas por un conjunto de hombres y mujeres a lo largo de una semana se acerca más a la realidad que pensar que todo el fenómeno se circunscribió a una reunión de vecinas y vecinos frente al Cabildo de Buenos Aires en una jornada lluviosa entre los pregones de vendedores de empanadas y mazamorreras. Pero podemos seguir preguntándonos: ¿alcanza una semana para llevar adelante una revolución?

 ¡El pueblo quiere saber de qué se trata!, de Ceferino Carnacini

Ceferino Carnacini, “El Pueblo quiere saber de qué se trata”. ¿Era tranquila la espera del Pueblo reunido en la Plaza de la Victoria mientras se discutía en el Cabildo?

La previa

Quizás sea necesario abrir la lente que la escuela, entre otras instituciones, nos ha propuesto para mirar nuestra historia y pensar que sucedía en ese territorio conocido como virreinato del Río de la Plata desde su creación hasta esa Semana de Mayo; es decir desde 1776 hasta 1810.

En ese período, que apenas superaba los 33 años, tienen lugar: la rebelión originaria y criolla de Túpac Amaru, primero, y de Túpac Katari, después; el proceso a los franceses acusados de difundir materiales revolucionarios; algunos levantamientos de negros; la invasión británica de 1806 – 1807[i]; la revolución de Chuquisaca y la proclamación de la Junta Tuitiva de La Paz, en 1809.

Como se podrá apreciar, son variados los movimientos insurreccionales que se agitan desde hace tiempo en el territorio virreinal y que pueden tomarse como fermento revolucionario. Cada uno de ellos merece un tratamiento particular, algo que no vamos a realizar en estas líneas.  Pero, si fuera necesario, señalaremos que su análisis contribuye a poner en contexto el Mayo de 1810 a la vez que le otorga un marco regional, que ayudaría a poner en cuestión la centralidad de Buenos Aires en el proceso emancipador.

Cabildo(s) Abierto(s)

En el tomo II de su monumental “Historia Argentina”, José María Rosa inicia el acápite sobre el 21 de mayo de 1810 de la siguiente manera,

“El lunes 21 de mayo fue de conmoción callejera.  Se oyen en la plaza ‘voces tumultuosas’ que piden la ‘suspensión del virrey’, desde antes de reunirse el cabildo ordinario.  Que ese tumulto gritase ‘¡Cabildo abierto! ¡cabildo abierto!’ es una suposición de Mitre; clamaba, según las actas, por ‘la suspensión del virrey’.”[ii]

Ambas consignas formaban parte de la historia política del Río de la Plata. El 14 de agosto de 1806, lxs habitantes de la ciudad de Buenos Aires que horas antes habían logrado la rendición de los invasores británicos se acercan a las puertas del Cabildo, donde se deliberaba sobre cuestiones concernientes a la Reconquista de la ciudad, para exigir que le fuera retirado el mando militar al entonces virrey De Sobremonte y que las tropas pasaran a la dirección de don Santiago de Liniers y Bremond.  Hay idas y vueltas, pero finalmente Sobremonte accede, en virtud de las circunstancias (léase: el pueblo en la Plaza), a delegar en Liniers la comandancia militar del virreinato.

Un episodio similar tendrá lugar en febrero del año siguiente cuando lleguen a Buenos Aires las noticias de la caída de Montevideo a manos de los británicos. Sucede que Sobremonte no había regresado a Buenos Aires porque los ánimos en su contra no se habían disipado. Optó por retirarse a la Banda Oriental, convencido de que una exitosa defensa de la plaza montevideana frente a los invasores le haría recuperar prestigio.  El desembarco británico se produce en tierras orientales pero la exitosa defensa no sucede. La incapacidad de Sobremonte se impone y Montevideo será la segunda ciudad que el malogrado virrey pierde frente a las tropas de su graciosa majestad. El 10 de febrero se reúne un Consejo de Guerra en el Cabildo de Buenos Aires para analizar la situación frente a la amenaza británica. Una vez más se hará presente el Pueblo frente al Cabildo al grito de “¡Viva el Rey!  ¡Muera el virrey!  ¡Fuera la Audiencia!  ¡Viva la Libertad!  ¡Viva la Patria!  ¡Viva la República!”. La voluntad del Pueblo reunido en la Plaza Mayor, luego Plaza de la Victoria y actualmente Plaza de Mayo, se impone a la voluntad real y a las leyes de Indias y las autoridades de Buenos Aires suspenden la autoridad del virrey, le ordenan entregar los documentos de gobierno y lo arrestan, confinándolo a la villa de San Fernando.

Estos antecedentes, ¿no agregan pinceladas al cuadro del Cabildo Abierto del 22 de mayo?

 

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Pedro de Subercaseaux, “Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810”. En el extremo inferior derecho, sentado y pensativo está Mariano Moreno.

El territorio de las Barracas, ¿Escenario de la Revolución de Mayo?

Al recorrer las calles del barrio de Barracas podemos recorrer también nuestra historia.  Y quizás por tener tantos puentes es que estamos tentados a tender uno más entre los Cabildos Abiertos de la invasión británica y el más famoso del 22 de mayo de 1810.  Ese puente será un habitante de este territorio orillero.

Los caprichos de los nomencladores catastrales han determinado que en Barracas convivan la Avenida Vieytes y la calle Orma. Ustedes se preguntarán adónde quiero ir con esta referencia, y yo les devolveré la pregunta: ¿qué tienen en común Vieytes y Orma?

Quizás recuerden a Hipólito Vieytes como el fundador del “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”, el segundo periódico publicado en Buenos Aires. Pero es más seguro que lo recuerden como el propietario de la jabonería donde se realizaban las reuniones de los patriotas, previas al estallido de la Revolución de Mayo. De Vieytes escribe Ignacio Núñez:

“(…) él había sido si no el primero, uno de los primeros cuatro hombres que empezaron a trabajar en el cambio político de estos países, como lo fueron don Manuel Belgrano, don Juan José Castelli, don Nicolás Rodríguez Peña, y él: concurrió por consiguiente a las primeras conferencias reservadas, y votó en el congreso general por la deposición del virrey (…)”[iii].

Ahora, si les pregunto por Orma estoy dispuesto a apostar a ver cuántos de ustedes saben de quién se trata.

Los invito a que se trasladen por un instante a la Buenos Aires de 1810 y a que se pongan las ropas de alguno de los revolucionarios que más les guste.  Mariano Moreno ocupa un lugar destacado en el cuadro del Cabildo Abierto del 22 de mayo pintado por Subercaseaux, así que es una buena opción. Si ustedes fueran Moreno y tuvieran que organizar reuniones a espaldas de Cisneros no las harían siempre en el mismo lugar, porque correrían el riesgo de que las tropas del virrey les siguieran los pasos. Pues bien, cuando los patriotas tienen que reunirse un poco más lejos de la, por entonces pequeña, ciudad de Buenos Aires, le piden a Francisco Mariano de Orma la quinta que tiene a orillas del Riachuelo, cerca del puente de Gálvez.

“Una sociedad secreta elegida por los mismos patriotas era el foco invisible de ese movimiento (…) reuníase unas veces en la fábrica de Vieytes o en la quinta de Orma (…)”[iv].

De la invasión británica al Cabildo Abierto del 22 de mayo

Pero, ¿quién es el propietario de esas tierras suburbanas donde conspiraban los revolucionarios? Natural de Cantabria, Francisco Mariano de Orma llegó al Río de la Plata para dedicarse al comercio.  Ocurrida la ocupación de Buenos Aires por los británicos en 1806, Orma se suma a las fuerzas que Juan Martín de Pueyrredón está reuniendo en Perdriel. Será uno de los que se enfrente a los invasores cuando estos descubran la reunión de hombres y pertrechos en la quinta de Perdriel. Producida la Reconquista de Buenos Aires, Orma se incorpora como oficial al cuerpo de Húsares, más conocido como “Húsares de Pueyrredón”, y marchará a combatir a los británicos a Montevideo cuando estos desembarquen en la Banda Oriental.  La incorporación a las milicias hará que fermente en Orma, como en muchos hombres y mujeres, la idea de la necesidad y oportunidad para la emancipación de estas tierras. Consecuente con esta idea, Orma participará de los movimientos insurgentes que llevarán a que la “Semana de Mayo” tenga lugar. Las Actas Capitulares del Cabildo registran su participación en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Las dos veces que aparece –cuando se registran los presentes y cuando se toma nota de los votos– el nombre de Francisco Mariano de Orma aparece a continuación del de Domingo French, Vicente Dupuy y Buenaventura de Arzac, todos agitadores de las jornadas, comenzando por French, el cartero de la ciudad, quien, junto a Antonio Luis Beruti, empleado de cajas[v]

“fueron en Mayo típicos agitadores jacobinos: los llamados chisperos por la chispa de los arcabuces que cargaban. Los más de 20 años de entregador de cartas a domicilio y una notable aptitud para granjearse amistades y simpatías entre el criollaje de pata al suelo, gente de los suburbios, con frecuencia deudora de cuentas a la justicia, lo encontraron en los días previos al 25 y el 25 mismo liderando una plebe, nada bien entrazada ni muy pulcra de modales, decidida a seguirlo en la aventura revolucionaria”[vi].

Esa cercanía en la lista del Cabildo, pero también en las ideas y en el territorio, nos permite suponer la pertenencia de Orma al grupo de French y Beruti, a los chisperos de las orillas de la ciudad.

En 1812, luego de la llamada conspiración de Álzaga, Francisco Mariano de Orma decide “despegarse” de cualquier vínculo que lo pueda vincular a “los godos” y solicita al Primer Triunvirato se le reconozca su naturalización como “ciudadano americano del Estado de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, lo que el gobierno otorga “en virtud de su distinguido mérito, patriotismo y adhesión al sistema liberal que han adoptado los pueblos”.

Antes de cobrar mi apuesta, cabe preguntarnos por qué es tan poco lo que conocemos de Francisco Mariano de Orma.  Una posible respuesta viene de las últimas referencias que pudimos encontrar sobre él. Sucede que, como su compañero Domingo French, en la década del ’20 del siglo XIX, Orma adhiere al Partido Federal y eso es algo que la historiografía liberal no deja pasar así nomás. Miliciano, reconquistador y defensor de Buenos Aires durante la invasión británica, independentista, chispero, agitador, orillero, americano, revolucionario, patriota, ¿qué más podríamos decir de don Francisco Mariano de Orma?  ¿Qué era vecino de Barracas?

Notas:

[i] Compartimos la concepción de Rudy Varela, historiador de Barracas al Sud, quien sostiene que las llamadas invasiones inglesas fueron en realidad una sola invasión que tiene dos momentos centrales en 1806 y en 1807.  Al no retirarse del Estuario las naves al mando de Popham hay una continuidad en la operación militar. Respecto al gentilicio “inglesas”, Rudy Varela observa que las tropas pertenecían a todo el Reino Unido de la Gran Bretaña e incluso se incrementaron con soldados de otras naciones derrotadas que fueron obligados a engancharse en los regimientos británicos a cambio de conservar la vida.

[ii] Rosa, José M., “Historia Argentina – Tomo II La Revolución (1806 – 1812)”, Bs. As., Oriente, 1974.

[iii] Núñez, Ignacio, “Noticias Históricas – Tomo II”, Bs. As., OCESA, 1952.

[iv] Mitre, Bartolomé, “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”, Bs. As., Estrada, 1947.

[v] La historiografía liberal rescata las figuras de French y Beruti casi como simpáticos distribuidores de cintas entre quienes seguían las alternativas del Cabildo Abierto desde la Plaza de la Victoria.  Ese rescate oculta que siendo cartero, uno, y empleado de cajas, el otro, ambos eran empleados públicos.

[vi] Pomer, León, “Continuidades y rupturas: de la Colonia a Mayo”, Bs. As., Colihue, 2012.

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