SOBRE LOS BOMBARDEOS DEL 16 DE JUNIO DE 1955: Las patas de la fuente

Las patas de la fuente

 

POR GOGO MORETE*

Hasta las 3 de la tarde del 16 de junio, Carlos de la Fuente, era camarógrafo de Sucesos Argentinos. Poco antes de las 13 le ordenaron que fuese a Plaza de Mayo. Llegó alrededor de las 14. La primera bomba había caído a las 12,40, entre la Casa Rosada y el Ministerio de Hacienda, impactando en algunas personas que salían del subte y de lleno en un trolebús, que quedó fotografiado con los primeros muertos aquella trágica jornada: el mayor atentado terrorista de la historia argentina.

Contaba Carlos que tuvo mucho cuidado al elegir las escenas para filmar. La autonomía de su cámara era de 8 minutos y su gran peso dificultaba la agilidad de las tomas, así que con su juventud y fortaleza fue recorriendo la plaza, hasta que a las 15, el fuego cruzado de los infantes de marina, desde el Ministerio del arma (hoy edificio Guardacostas, sede dela Prefectura Naval) y los Glosters que venían desde el Sur, estaban causando el mayor número de víctimas.

Decía Carlos que cuando sintió el fuego en la pierna, nunca imaginó, que a partir de ese momento iba a ser el “pata de la fuente”.

Abrazado a su cámara fue llevado al Hospital de Clínica, no quería soltarla. Era parte de su cuerpo. Una amable enfermera lo convenció de que no podía llevarla a la sala de operaciones.

Cuando volvió en sí, la enfermera con sonrisas y fraternidad lo fue anoticiando. Había habido más de 300 muertos, entre ellos niños que volvían o iban a la escuela y, agarrándole la mano, lo tuteo al decirle que “que vos solo hayas perdido una pierna, no deja de ser una suerte”.

Nunca olvidó a esa enfermera y siempre decía que uno de los recuerdos más dulces que tenía era evocar esa imagen, la de la enfermera sentada al borde de su cama con su mano apretada, contándole que su vida había cambiado para siempre.

Cuando lo conocí, era flaco, alto y buen mozo, siempre se llamaba asimismo “El Pata” y se reía, con una risa cascada. Era muy simpático y solía contar: “Me instalé junto al trole incendiado y a un tipo muerto, con las muletas al lado. Me acuerdo de otra, que un oficial me impidió tomarla, un tipo afanando un cadáver. Cuando quise enfocarlo ya era fiambre él también. Filmé todo, nunca me desprendí de la cámara. Cuando iba hacia el Ministerio de Marina, después de haber izado la bandera blanca para poder filmar la entrevista con la “gente del Ejército” que iba hacia allí, una andanada de metralla me agarró de lleno. Mejor olvidar. La gente disparaba, se tiraba al suelo, gritaban como locos, Quede tirado una hora y media. Pasaban los autos y nadie me levantaba. En la barriga. Fíjese más de 20 centímetros. Por fin, me llevaron  a la Asistencia Pública. Había que hacer cola. Una enfermera anotaba no sé qué en un papel, con lápiz labial, y lo dejaba en los cadáveres; los apilaba como si fueran bolsas. Me salvé gracias a esos médicos. Tengo una esquirla de recuerdo adentro, no se puede ver. A veces la siento”.

La vida se le había hecho difícil, con una sola gamba no era fácil sostener la cámara y después del Golpe del 55, era imposible ocultar la mutilación y fundamentalmente explicar dónde estaba la pierna que arrancaron los aviadores.

Tuvo que pasar medio siglo para que el estado reconociera su responsabilidad y sancionara una ley que proporcionaba un resarcimiento económico, pero, sobre todo, un reconocimiento histórico, para aquello que había sido el episodio más silenciado y oculto de la historia reciente.

 

Un amigo, conociendo esta historia, hizo una inteligente observación.

“Casi 10 años después los milicos asesinos se cargaron las patas en la fuente”,

A mí, me tocó en suerte conocer tres:

NATIVIDAD LOPEZ

LAURA ABATÁNGELO

y  CARLOS DE LA FUENTE,

Me pregunto ¿Cuántas patas quedaron en la fuente el 16 de junio de 1955?.

En la investigación que hicimos en el Archivo Nacional de la Memoria, tuvimos un piso de 308 víctimas, nunca contamos los NN, ni los restos mutilados que figuraban en los documentos médicos o policiales.

Como el libro nunca se reeditó, quedó la lista original y no se pudo corregir, algunos nombres aparecen repetidos, en los LIBROS DE PAPEL.

Siempre dijimos que nuestra investigación fue un primer abordaje  a un episodio oculto, silenciado, un piso.

A Carlos “El Pata” le gustaba  charlar con nosotros. Cuando no le dolía mucho, venía. A medida que el expediente avanzaba,  los llamados eran más frecuentes, vivía con su esposa en un pequeño departamento.

Las secuelas de la mutilación, implicaba que la mayor parte de su magro sueldo de jubilado, se fuera en remedios. Lo ayudaban los hijos.

Pero estaba contento, por primera vez era recibido y reconocido.

Fue uno de los primeros que cobró, al otro día se apareció con una bandeja de sandwiches de miga,

Eran los primeros que comíamos con sabor a reparación.


*Gogo Morete integró la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación desde que en tiempos de Carlos Menem tenóa sede en el ex Banco Nacional de Desarrollo y fue un claro impulsor de que se beneficiara con las leyes reparadoras a los familiares de los muertos y a loo mutilados en esa aciaga jornada.

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